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lunes, 30 de noviembre de 2015

Ian Gibson

(A unos meses del centenario del gallego universal, 1916-2016)

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CELA, EL HOMBRE QUE QUISO GANAR



     Camilo José Cela sigue siendo, un año y medio después de su desaparición, ese hombre que, tras resistir tantos años, consiguió el galardón literario más importante del mundo, el Nobel. Acaba de aparecer un nuevo libro sobre el más polémico de los escritores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Quizá éste sea uno de esos textos necesarios tras el fallecimiento del escritor ocurrido en la mañana del 17 de enero de 2002, y esclarecedor, al mismo tiempo, tras la aparición de Cela, mi padre (edición ampliada) (2002), de Camilo José Cela Conde, Desmontando a Cela (2002), de Tomás García Yebra, Cela, el hombre que vi llorar (2002), de Gaspar Sánchez Salas o Cela: un cadáver exquisito (2002), de Francisco Umbral. Porque, entre otras cosas, Cela, el hombre que quiso ganar (2003), pese a no ser, visiblemente, el estudio o biografía que se merece el gallego universal, tras sesenta años dedicados al arte de la escritura, con sus aciertos o desvaríos, sino que más bien resulta una mesa revuelta que comprende parte de sus memorias, entendimientos y voluntades. Algo que, su autor Ian Gibson, ha sabido combinar de forma pormenorizada, para ofrecer el retrato sesgado, con sus exabruptos, sus jactancias y salidas de tono, de buena parte de su vida literaria y de los últimos años más públicos del escritor que, en buena medida, encantaban a unos y escandalizaban a otros, pero que a nadie dejaban indiferentes. Gibson es un riguroso estudioso de nuestra literatura como lo avalan sus monumentales biografías sobre García Lorca o Dalí y, en su prólogo, deja bien claro que algún día alguien deberá afrontar el reto de escribir la biografía definitiva del escritor gallego, puesto que su libro bien puede entenderse tanto como parte de esa biografía inacabada como un pequeño estudio parcial de buena parte de su obra, con algunos otros asuntos de la vida del Nobel sobre todo, sobre todos los referidos a sus polémicos últimos años, incluido el sonado divorcio y la anulación eclesiástica del matrimonio con Charo Conde, su compañera de los últimos cuarenta años, su unión con la joven periodista Marina Castaño y, sobre todo, el asunto del plagio de, La cruz de San Andrés, su sonado Premio Planeta de 1994.



     ¿Qué nos importa realmente de Camilo José Cela como lectores? Fundamentalmente que es el autor de tres novelas esenciales en la literatura española del siglo XX, La familia de Pascual Duarte (1942), La colmena (1951) y San Camilo, 1936 (1969), tres excelentes propuestas narrativas que Gibson aborda, con cuidado, en el análisis del conjunto de sus principales obras. A ellas dedica tres amplios capítulos de un total de doce y ofrece un repaso somero, pero acertado, de algunas de las connotaciones de estas novelas, incluidas notas importantes que servirán al curioso lector para situarse en la narrativa celiana. Para su estudio, el autor recaba, expresamente, información en la obra del gallego, así como el libro escrito por su hijo Camilo José Cela Conde, además de diversas fuentes periodísticas para subrayar que la veracidad de muchos juicios pertenecen más al arte de la conjetura, como era habitual en la vida de Cela. Por ejemplo, cuando repasa su pasado ideológico y de compromiso, éste no sale bien parado y muestra como, en la juventud de un incipiente escritor, Cela se mostró ansioso colaborador con el nuevo régimen. Da cuenta de numerosos asuntos de su vida más pública que nunca ponen de manifiesto, una vez más, la polémica visión que lectores, simpatizantes o detractores tenían del octogenario en esos difíciles últimos años. Los capítulos que ocupan su relación con Marina y su vida nueva, así como la vertiginosa rapidez con que quiso zanjar algunas cuestiones de su producción, sus últimas novelas, las cuestiones en torno a la Fundación, las sociedades fundadas para gobernar sus intereses económicos, sus bravuconadas y su expresa soberbia y petulancia hacia el  premio Cervantes, despreciado una y otra vez por él públicamente o el asunto del plagio motivo de la querella, que Gibson trata con una exquisita crudeza y desvela, además, cierta sospecha de culpabilidad. Datos que sirven, después de leer este libro, para que Cela y su obra sean actualizados con el rigor que se merece el autor de La familia de Pascual Duarte, el libro más traducido de la historia de la narrativa española, pero sobre todo, para no dejar de plantear ciertas preguntas o cuestiones relativas a la obra y la vida de tan polémico personaje.










CELA, EL HOMBRE QUE QUISO GANAR
Ian Gibson
Madrid, Aguilar, 2003




domingo, 29 de noviembre de 2015

Desayuno con diamantes, 63



       LA REALIDAD Y LA FANTASÍA EN LOS CUENTOS DE MUJICA LAINEZ

      Manuel Mujica Lainez (1910-1984) ilustra el arquetipo del escritor americano en el que confluyen la herencia hispana con una más amplia impregnación europea: francesa, sin que ambas culturas signifiquen una renuncia o volverle la espalda a la realidad, la historia o la literatura de su país: Argentina. En Alfaguara aparecen sus Cuentos completos (2001), dos volúmenes que incluyen sus libros publicados en vida, además de algunos relatos dispersos y no recogidos en libro anteriormente.



     Manuel Mujica Lainez fue siempre un autor fiel a sí mismo, mantuvo durante toda su vida sus convicciones como escritor y como hombre. Sus temas y, sobre todo, el estilo esbozado desde sus primeras publicaciones obedecían a inclinaciones que provenían de su profunda preparación que arrancaban desde el realismo decimonónico de Proust, pasando por Flaubert, Stendhal o Henry James, que muestran mundos aristocráticos y refinados y que entroncarían con otros autores argentinos como Manuel Gálvez, Benito Lynch, incluso de Enrique Larreta; convivió, igualmente, con el ultraísmo español, asistió al nacimiento de la revista Sur, tomó partido por los aliados en la Segunda Guerra Mundial y posteriormente se opuso al régimen de Perón. Sus libros —como afirma Jorge Cruz—han seguido, durante todos estos años, su propio camino y su poder de seducción ha conquistado a fieles lectores, dispuestos, desde siempre, a saborear el placer de leer de quien siempre mostró el placer de contar. Reina Roffé, en una amplia entrevista realizada en Buenos Aires, en su casa del barrio de Belgrano, en 1977, calificaba al autor «dotado de un ingenio mordaz y de una prosa rica en inflexiones clásicas, casticismos y voces arcaicas que remiten a la escritura de los maestros del Siglo de Oro».
    Durante su infancia Mujica Lainez, se nutrió de los relatos que le contaban las mujeres de su familia, sobre todo su abuela Justa Varela de Lainez y, sobre todo, sus tías Lainez que conocían las cosas más insólitas de la familia, de las leyendas argentinas y de la historia intelectual del país. Quizá por esto el joven Mujica mostró desde muy pronto su vocación por la letra impresa. Advirtió, no obstante, que para llegar a ser un auténtico escritor debía sumergirse en la profundidad del idioma. Nacido en Buenos Aires en 1910, descendiente de antiguas familias españolas: vasca por rama paterna, castellana por la materna, sobresalen, en su álbum familiar, dos figuras de las letras argentinas del XIX: el poeta Juan Cruz Valera y el prosista Miguel Cané. Dotado de una educación exquisita, primero en su ciudad natal, posteriormente en París y algo después en Londres. Inició estudios de Derecho, carrera que abandonaría por el periodismo. De 1928 datan sus primeros relatos, cuatro cuentos en los que se manifiesta tanto lo real como lo irreal de las cosas, e incluyen, además, algunas de las claves de su posterior narrativa, como por ejemplo ya se percibía en los primeros cuentos «Una tragedia del Renacimiento», retrato de boato de los Borgia a través de la filmación que están llevando a cabo unos actores; o en «Un artista», un ser espiritual y sensible que se descubre totalmente distinto; en «La mesa estilo Imperio», es la historia de un mueble que perteneció a Josefina Bonaparte, pero que, en realidad, no es ni antiguo ni tan ilustre. Incluso el gran señor inglés de «El mail coach»ha perdido su fortuna, pero un lujoso carruaje convertido en atracción turística le sirve a su dueño para subsistir. A lo largo del año 1934 aparecieron sucesivas colaboraciones en el prestigioso periódico La Nación, pero Mujica nunca recogió estos cuentos en forma de libro, aunque a lo largo del año comenzaron a aparecer numerosas páginas basadas en lecturas españoles que dos años más tarde se convirtieron en su primer libro Glosas castellanas, en realidad ocho ensayos sobre temas quijotiles, una especie de invención del autor a partir de la invención cervantina.

Primeras obras

     A lo largo de la década de los cuarenta, el escritor afianzó su pasión literaria preparándose para su primeros éxitos, sobre todo en el terreno del cuento. En 1949 apareció Aquí vivieron y en 1950, Misteriosa Buenos Aires, dos libros de estructura muy semejante, próximos al concepto de lo que el autor entendía por novela. En realidad, se trata de reconstruir la historia argentina a lo largo de más de cuatro siglos. El primero de ellos situado en los Montes Grandes o San Isidro y el segundo, evidentemente en Buenos Aires. Aquí vivieron lleva un ilustrativo subtítulo, «Historias de una quinta de San Isidro, 1583-1924», ocho de los veintitrés relatos se desarrollan durante la colonia española y el resto durante la Argentina independiente. Lo esencialmente importante en estos relatos, al margen de la fidelidad histórica con referencias a personajes, detalles y escenarios reconocibles, es que sus protagonistas forman parte de esa sociedad común que otorga credibilidad a lo narrado y se diluye en el tiempo, como era la pretensión del escritor, memoria de su infancia, adolescencia, en el viejo San Isidro definitivamente desaparecido en 1924. Aunque con un plan muy similar al anterior, Misteriosa Buenos Aires, es superior y se convierte en una obra maestra. El desarrollo temporal aquí es desde 1536 hasta 1904. Por esta ciudad pululan temas como la codicia, la lujuria, los amores prohibidos, la crueldad, la locura, la hechicería y por sus barrios, plazas y calles, el vicio, la delincuencia, las enfermedades, pero, a pesar de todo, la ciudad emerge, majestuosa, espiritual, gracias al heroísmo de sus habitantes. El escritor emplea el realismo, aunque nunca de forma directa y ofrece una elaboración que lo aleja de la crudeza de algunas de las situaciones descritas. Siempre se percibe una distancia en el narrador. Estos cuentos son, generalmente, violentos, contienen adulterios, homicidios, odios raciales; ejemplos ilustrativos, son «Los pelícanos de plata» o «La mojiganga», incluso hay relatos sobre la lujuria como «La casa cerrada», aunque en este volumen también pueden leerse algunos relatos realistas sin una extremada violencia, casos de «La ciudad encantada», la vida de dos hermanos, uno soñador y otro pragmático, incluso algunos con protagonistas históricos como Luis de Miranda, en el relato, «El primer poeta», Ana Díaz, la única mujer que acompañó a los repobladores de Buenos Aires, en el cuento, «La fundadora» o el gobernador, Jerónimo Luis de Cabrera, en el titulado «Crepúsculo». En otra dimensión— señala Jorge Cruz —fuera de la palpable realidad, están esos otros cuentos sobre hechizos, apariciones fantásticas, espectros, milagros y fábulas. En estas fábulas hablan seres irracionales, inanimados y abstractos, como por ejemplo una ninfa marina, un hombre que distrae a la Muerte con sus relatos, un prestamistas que ve en un espejo sus desgracias, el anillo de un arzobispo, embrujado, claro está, una muchacha víctima de los maleficios de una mulata. En realidad, este amplio friso de la vida porteña, resume los temas que más preocuparon a Mujica Lainez: el menoscabo por el paso del tiempo, la decadencia, la vitalidad y la amenaza de los objetos, la pasión adolescente, la prioridad del amor, la equívoca relación entre hermanos y entre personas del mismo sexo, el resentimiento del hombre, la tiranía de los prejuicios sociales, la gravitación de otra dimensión de la realidad, la manifestación de la magia y el milagro, la presencia de espectros, y todo esto, además, narrado, como señala Cruz, con una lujosa fantasía.
               
Madurez
   Durante los años 50 y 60 el autor publicó una variada y amplia muestra de su mejor literatura, sobre todo una serie de obras conocidas como la «saga de la sociedad porteña», entre ellos Los ídolos (1953), La casa (1954), Los viajeros (1955) o Invitados en El Paraíso (1957). De esta época son dos cuentos nunca recogidos por el autor y que ahora se publican en esta edición completa de sus cuentos, se trata de «Los anteojos azules» (1951) y «La última Navidad del escribano» (1955). Seguirán otras novelas importantes, Bomarzo (1962) y El unicornio (1965). En 1967 apareció, recordando en cierta manera, su Misteriosa Buenos Aires, las Crónicas reales, aunque no es un libro de tema argentino, sino un indeterminado país, quizá Rumanía. Estas doce crónicas tienen una intención satírica y ratifican la visión que el autor tiene de la Historia. Hércules, el picapedrero, es el fundador de una dinastía, se casa con una Von Orbs, de noble linaje en el reino y se convierte en Hércules el Grande. Así comienzan crónicas irreverentes, divertidas, sobre la sociedad y sus debilidades. Durante los años 70 varios proyectos quedaron truncados, hasta que publicó un libro biográfico titulado Cecil (1972) y El laberinto (1974). El libro El viaje de los siete demonios (1974) está a medio camino entre la novela y el cuento. Cada uno de estos relatos es representativo de los pecados capitales y están enmarcados en el juego de la utopía histórica y en un vasto arco temporal que oscila entre el siglo I de nuestra era hasta el futuro siglo XXIII. Publica dos novelas más, Sergio (1976) y Los cisnes (1977), hasta que en 1978 aparece, en un volumen, una serie de relatos dispersos, El brazalete y otros cuentos. Todos están escritos a lo largo de la década de los sesenta y principios de los setenta; en todos vuelve a lo misterioso, lo insólito, lo que pertenece a un orden convencional.
    Un novelista en el Museo del Prado, fue un proyecto de Televisión Española que, inicialmente, quedó truncado, pero que después, a instancias de su mujer Ana de Alvear, retomó y finalizó en el verano de 1983; en realidad, fue su último libro publicado, una docena de relatos, cuyo nexo de unión es el famoso museo madrileño. El escritor imagina que por las noches cuando las salas quedan vacías, los personajes de la gran pinacoteca se animan y protagonizan escenas variadas, animados sobre todo por el papel que cada uno de ellos tiene asignado en el lienzo o en la escultura de donde proceden. El autor muestra un conocimiento amplio de las obras que alberga el Prado y sobre todo resalta una especial inventiva en esta obra no menos singular que sus anteriores.
     Estos Cuentos completos, con un ilustrativo prólogo de Jorge Cruz, quien se viene ocupando de la totalidad de las obras del escritor argentino desde 1978, recogen toda amplia producción breve de este excepcional representante de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Incluye, además, veinte piezas que Mujica había publicado en diversos medios y que nunca habían sido editados en forma de libro. Formas, relieves y colores, componen el mundo particular de este narrador con una vocación y una predestinación para contar.
 

sábado, 28 de noviembre de 2015

Caricaturas



     La caricatura como género artístico suele ser un retrato, u otra representación humorística que exagera los rasgos físicos o faciales, la vestimenta, o bien aspectos de comportamiento o los modales característicos de un individuo, con el fin de producir un efecto grotesco. Si bien el término caricatura es extensible a las exageraciones por medio de la descripción verbal, su uso queda generalmente restringido a las representaciones gráficas.
     


 Medardo Fraile
Cop. Pablo garcía

viernes, 27 de noviembre de 2015

José María Vaz de Soto



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DESDE MI CELDA



     La narrativa de José María Vaz de Soto (Paymogo, Huelva, 1938) arranca de esa definición esgrimida por Ruiz Copete que calificó sus primeras obras de «nuevo realismo tradicional» para insistir en que, más bien, se trataba de una técnica, tanto temática como narrativa que provocó no menos escándalos y anatemas, porque, entre otras cosas, ponía de manifiesto la realidad de muchos de los problemas sociales del momento, incluida una evidente desesperanza, la trágica visión de un pasado cercano y, sobre todo, el validez satírica de sus personajes hacia una vida cotidiana que se caracterizó por una censura en todos sus sentidos. Las primeras novelas de Vaz de Soto, dotadas de diálogos incisivos y filosóficos, se debatían entre un alto nivel de existencialismo y de rebeldía; así ocurría con El infierno y la brisa (1971), Diálogos del anochecer (1972) o El precursor (1975), distintas en su planteamiento, iguales en un propósito denunciador. Transcurrida una década, ese tamiz pesimista, ese carácter reflexivo e, incluso, la densidad filosófica o intelectual desarrollada a lo largo de su narrativa de los setenta, se acentuará en Despeñaperros (1988), quizá la obra que cerrará un ciclo para iniciar una nueva aventura; la de una literatura de factura expresa donde predomina lo narrativo, capaz de adscribirse a un género, el policíaco o detectivesco, que incluye Las piedras son testigo (1994), novela que contiene en igual proporción cierto costumbrismo, Síndrome de Oslo (1998), más ambiciosa y Perros ahorcados (2000). Tres resultados excelentes de la capacidad narrativa de Vaz de Soto sin bajar el nivel tanto estructural como expresivo.
   La nueva novela de Vaz de Soto Desde mi celda (2002), con un evocador titulo becqueriano, repasa y reconstruye parte de su mundo anterior y nos propone una lectura nihilista del mundo porque todo o casi todo se ha acabado para sus personajes, sobre todo para Was confinado en una celda desde donde evoca buena parte de su pasado aunque a lo largo de la novela no lleguemos a entrever el sentido último de su confinamiento y más bien pensemos en una de esas celdas hipotéticas de un futuro no muy lejano donde nos encontraremos algunos de los seres de la vida actual. En realidad, quiero creer que, Vaz de Soto, propone con esta novela una profunda reflexión sobre la vida, sobre la muerte, sobre el vacío existencial, sobre el destino irremediable de unos seres que nunca volverán a ser conscientes de la realidad de su libertad. Sobresale en el relato el valor de unas voces, las de Was, en su prolongado monólogo, o las puntuales conversaciones con su compañero Wer, ambos aislados, sin posibilidad de poder verse las caras, y la de un vigilante que, hipotéticamente libre, corrobora el mismo sistema que rige su propia vida, es decir, la ausencia de libertad para superar las actitudes de una vida que, en condiciones normales, no llevarían a los seres humanos a esa tesis del fracaso esgrimida por el novelista o, tal vez, por el hombre.









DESDE MI CELDA
José María Vaz de Soto
Renacimiento, Sevilla, 2002


jueves, 26 de noviembre de 2015

Ana María Navales



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CUENTOS DE BLOOMSBURY



 El mundo y la atmósfera bloomsburineanos que tan magistralmente recrea literariamente Ana María Navales ha ido creciendo y expandiéndose con el paso de los años, con esa maestría, además, que caracteriza a su narrativa última. Desde una primera edición aparecida en 1991, una segunda en 1999 y, una tercera, por ahora definitiva, en estos Cuentos de Bloomsbury (2003), encontramos, en una primera instancia, el proceso de complicidad con una realidad tan simbólica y tan lírica como la expresada en estos relatos porque, por encima de todo, denotan que ese espacio donde Virginia Woolf y Ethel Smyth o el resto de los contertulios de Bloomsbury sintieron sus pasiones y respiraron, sigue tan vivo como siempre. Doce cuentos integraban la primera versión del relato de toda una serie de sensualidades enfrentadas a un mundo nuevo,  lugar donde la mediocridad intelectual los llevó a un misero decadentismo o, en algunos casos, a la perdición final. Frustraciones amorosas, incertidumbre existenciales, obsesivas dependencias de unos y de otros, fuerzas interiores en lucha por sobrevivir y, además, una atmósfera tan lírica como escalofriante, son algunos de los conflictos analizados por la narradora aragonesa que recoge, con una total identificación de los registros, de una forma magistral, las inquietudes de toda una época literaria y del grupo intelectual británico en el que participaron, por igual, hombres y mujeres, conducta que ha provocado no poca bibliografía en el último siglo. Un nuevo cuento se añadió a la segunda edición y dos más en esta tercera, «Mi corazón está contigo», «Aquel verano en Carbis Bay» y «La última carta», respectivamente. El primer relato, una extensa carta que la narradora aragonesa imagina dieciséis días antes del suicidio de la escritora inglesa; el segundo, muestra el mundo lésbico tan intrínseco a la personalidad de Virginia y, el tercer relato, una declaración apasionado y sutil sobre el dramático final de la escritora, interpretado por otra mujer que muestra una elegante sutileza en el tratamiento y el conocimiento de la obra y la vida de narradora británica.
  El lenguaje utilizado por Ana María Navales se percibe ajustado, incluso—como alguien anteriormente lo ha calificado—de una cadenciosa musicalidad y de tonos melancólicos. Algo lúgubre, misterioso, decadentista, se percibe en muchas de las historias narradas que descubren la certidumbre de una existencia mediocre en un mundo tan ajeno como moderno, pero por encima de todo se perfila un estilo representado por una imaginería y una belleza que roza la perfección poética, redondeado todo con la caracterización de unos personajes tan excéntricos como creíbles, muestra, aún hoy, de esa esencialidad misma de la buena literatura.



   






CUENTOS DE BLOOMSBURY
Ana María Navales
Madrid, Calambur, 2003
               

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Óscar Aibar



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TU MENTE EXTIENDE CHEQUES
QUE TU CUERPO NO PUEDE PAGAR



     Óscar Aibar (Barcelona, 1967) ha ejercido, hasta el momento, en diversos frentes culturales: guionista de cómics, realizador de televisión y director de cine. Ahora entrega su primera obra literaria, Tu mente extiende cheques que tu cuerpo no puede pagar (2002), un conjunto de historias cotidianas, triviales, que sorprenden por una aparente simpleza y por una no menos ingeniosa provocación. Cercanas al mundo del cómic, como si de un magazine de vanidades se tratara, sus historias con títulos tan hilarantes como «Sex Mex», «La reina de los hogares con estilo», «Miles de conejitas» o «¿Me has llamado hijo de puta, hijo de puta?» son, en realidad, un haz de chispazos que pretenden retratar, sin demasiada hondura, las perplejidades de una sociedad que vive, evidentemente, tan rápida como banalmente. Al mismo tiempo  teoriza, sin mayores pretensiones, sobre esos otros proyectos secretos de vida que solamente se cumplen a través de los sueños. Buena muestra es «Miles de conejitas» o el deseo de cualquier humano: vivir una aventura sexual en la mansión que Playboy tiene en Los Ángeles. Esto le ocurre a Eustaquio un simple cartero dueño de un pequeño apartamento en Pozuelo, Madrid.
   Aibar simplifica con una estilística muy sencilla todo su proceso creativo, no pretende ir más allá, quiere que la mirada certera del lector que pasa de una a otra historia esboce una sonrisa o deje aflorar, con su mirada, toda una suerte de visiones y, aún más, intenta que su propia vida se parezca a la de muchos de los personajes que protagonizan estas historias. Una constatación que, por otra parte, ofrece ese doblez que lleva a una banalidad absoluta en los argumentos de cierta literatura de consumo actual. Es decir, la certeza de que lo superficial también tiene su lugar en la sociedad contemporánea, como consumimos los muchos productos enlatados y preparados para servir comprados en un supermercado. Es otra forma de alimentarse, insustancialmente eso sí, y Aibar no promete una solución definitiva con sus historias pero sí momentos estelares que recrean la brillantez de una sociedad sin esa aparente esencialidad que lograría cambiar nuestro mundo.








TU MENTE EXTIENDE CHEQUES
QUE TU CUERPO NO PUEDE PAGAR
Óscar Aibar
Madrid, Debate, 2002

martes, 24 de noviembre de 2015

Antonio Ferres



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MEMORIAS DE UN HOMBRE PERDIDO



     El realismo fue un movimiento literario narrativo comprometido que ocupó los primeros años de la segunda mitad del siglo XX y, aún hoy, sigue teniendo esa misma vigencia de hace cincuenta años, porque, entre otras cosas, los autores que entonces fueron quienes, con su actitud y su literatura, sorprendieron a una sociedad inmersa en el miedo y la miseria, contaron y siguen narrando con esa clarividencia que otorga la verdad o la realidad de la vida. Jesús López Pacheco, Armando López Salinas, Alfonso Grosso, Juan Eduardo Zúñiga y Juan García Hortelano, son algunos de los nombres que Antonio Ferres (Madrid, 1924) rememora, junto a su propia experiencia, en su último libro Memorias de un hombre perdido (2002); en realidad, una revisión del realismo comprometido que proporcionó a los lectores un buen puñado de novelas de corte sociológico y resumen una etapa interesante de esa larga posguerra cuyo giro social a la izquierda se vislumbraba ya por entonces. Ferres es autor de una amplia obra iniciada en 1959 con La piqueta, los libros testimonio, Caminando por las Hurdes (1960), Tierra de olivos (1964) y las novelas, Con las manos vacías (1964), Los vencidos (1965), Ocho, siete, seis (1972), Al regreso de Boiras (1975), Los años triunfales (1978), El gran gozo (1979) y Los confines del reino (1997).
    Estos autores habían recibido el magisterio de una obra literaria anterior comprometida en los nombres Cela, Azcoaga, Romero, Delibes, Laforet o la alternativa posterior de los realistas, Aldecoa, Fraile, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, y así el propio Ferres junto a López Pacheco, López Salinas y Grosso, llevaron su particular cruzada antifranquista a su obra, aunque esta lucha los llevaría a un largo autoexilio y llegar a ser considerados auténticos autores de culto por las generaciones de lectores de los años sesenta y setenta, porque, entre otros motivos, sus obras fueron prohibidas sistemáticamente en nuestro país. Memorias de un hombre perdido es un relato autobiográfico tan desolado que contiene todo ese patetismo con que un escritor puede contar su pasado, empezando por su niñez y sus vivencias adolescentes de preguerra y postguerra, hasta llegar a una juventud inquieta que le llevaría a contactar con un grupo de jóvenes de activa militancia de izquierdas, enfrentada al régimen político. En realidad, se trata de visión personal de aquella época en la que lo íntimo y lo colectivo se convierten en el mejor relato que Ferres podría construir desde el frágil equilibrio de una memoria que repasa en capítulos muy significativos la visión de un Madrid actual junto al pasado de aquella ciudad entonces sombría y cuyo testimonio particular se convierte en una realidad universal. Pero, sobre todo, habrá que significar en este texto el valor social que aún mantiene su literatura puesto que su narrativa oscila, desde hace más de cincuenta años, entre un compromiso testimonial y otro más personalista.

MEMORIAS DE UN HOMBRE PERDIDO
Antonio Ferres
Madrid, Debate, 2002



lunes, 23 de noviembre de 2015

Félix J. Palma



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LAS INTERIORIDADES



     El nuevo libro de Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968) Las interioridades (2002) pone de manifiesto, una vez más, que la invención breve está ganándole terreno a la narrativa de extenso aliento y que cada vez son más los escritores dedicados a plasmar la realidad en historias que se desarrollan en unas cuántas páginas, pero con un domino absoluto de lo que pretenden contar. Añade, además, Palma a estas premisas, esa visión especial de una verosimilitud que se convierte en paradoja para unos y en evidente objetividad imaginativa para otros. Este es el caso de todas o casi todas las historias que nos plantea el gaditano en su libro de cuentos que ha sido distinguido, con todo merecimiento, con el Premio Tiflos de Cuento, 2001. Su mundo particular es el de los conflictos humanos y el de las aspiraciones que éstos tienen en su vida cotidiana; es decir, la soledad, el desvalimiento o ese otro sentimiento de fracaso y de  crisis de identidad, en realidad, las fobias y los miedos que pueblan nuestras ciudades. Aunque su mundo participa un poco del absurdo, al menos desde un punto de vista racional, y sólo se sostiene porque ese espacio de lo onírico subyace en muchas de sus historias que, pese a todo, no pierden el punto de vista de lo aprehensivo, de lo real que, por otra parte, contrastan con esa visión de lo extraño que pueda parecer.
    Las interioridades es una invitación a realizar un viaje hacia una fantasía con un fondo idealista que chocará sobre todo con el materialismo reinante. Pero si uno es capaz de imaginar aventura tras aventura a través de los armarios de amigos y conocidos o aceptar a un tipo, emboscado, en su salón comedor, detrás de una cortina y convertir su propia casa en una especie de arca de Noé por amor, habrá ganado un puesto en ese lugar que Palma propone en defensa de lo imaginario, de la libre elección de sus historias que traspasan nuestra propia capacidad de soñar.  Entre otras cosas, se trata de soñar despiertos para aumentar nuestra estima y reconocer lo extraordinario de nuestro complicado mundo. Añade Palma a sus propósitos la medida exacta de una ironía y de un humor sanos, para terminar contando unas historias creíbles en la medida que éstas puedan parecerlo, ajustando en gran medida su visión de las cosas y lo que éstas, por añadidura, puedan proyectar a unos lectores cómplices porque de otra forma no sería posible reconocer que su mundo y el nuestro coinciden, al menos, desde el punto de vista literario. Y esto es ya un artificio que, alegóricamente, se justifica por sí mismo.










LAS INTERIORIDADES
Félix J. Palma
Madrid, Once/ Castalia, 2002
               

domingo, 22 de noviembre de 2015

Desayuno con diamantes, 62



                        EL MARAVILLOSO MUNDO DE OZ
       
      Las tradiciones populares, leyendas, mitos y cuentos de hadas han acompañado a la infancia a lo largo de todas las épocas—afirma L.Frank Baum—porque todo jovencito sano acusa una saludable tendencia instintiva hacia los relatos fantásticos, prodigiosos e irreales.



     Cuando Dorothy y Totó emprendieron el camino por el sendero de los adoquines amarillos, nunca imaginaron que su aventura se convertiría en un auténtico cuento de hadas que cautivaría durante todo un siglo a jóvenes y a adultos de todo el mundo. El cuento que L. Frank Baum ideó, El maravilloso mago de Oz (1900), agotó muy pronto los primeros diez mil ejemplares editados por la editorial de George M. Hill. En poco más de dos años, 1903, fue reimpreso y en el centenario del autor, en 1956, la cifra de ejemplares ascendía a más de cinco millones y hoy nadie podría asegurar la cantidad exacta editada y vendida por todo el mundo. La película realizada, en 1939, por la Metro-Goldwyn-Mayer  y protagonizada por Judy Garland es posiblemente la más citada en el mundo del cine y la más vista de la historia de Hollywood, aunque se realizaron numerosas versiones anteriores de cine mundo y fantasías musicales de teatro.
     Cien años más tarde, el estudioso Michael Patrick Hearn, ha realizado una interesante edición anotada del clásico de la literatura infantil y juvenil norteamericana aportando numerosas noticias en torno a la gestación del libro así como detalles de la vida y del resto de la obra de L. Frank Baum. Hearn señala que existen tres grandes relatos iniciáticos clásicos en la literatura estadounidense: Moby Dick o la ballena (1851), de H. Melville, Las aventuras de Huckleberry Finn (1883), de Mark Twain y El maravilloso mago de Oz (1900), de L. Frank Baum; en realidad, resultan tres textos muy controvertidos porque cada uno de ellos ha acarreado numerosas dificultades de todo tipo: Moby Dick fracasó desde su primera publicación y tanto el público como la crítica rechazaron el libro; solamente setenta años más tarde obtuvo el reconocimiento como una de las obras más singulares de la literatura de aventuras norteamericana; lo mismo ocurrió con Huckleberry Finn, prohibido y tachado de racista; y no menos le ocurriría a la aventura de la niña, el espantapájaros, el leñador de hojalata y el león cobarde, es decir, la historia de Oz, de quien se llegó a afirmar que era una deliciosa y absurda fantasía. 



Vida
     Lyman Frank Baum nació en Chittenango, N.Y. el 15 de mayo de 1856. Su padre ejerció diversos oficios a lo largo de su vida e incluso amasó alguna fortuna en la industria petrolera de Pensilvania. La familia se trasladó a Syracusa donde Frank, que fue un niño enfermizo, sensible e imaginativo, y sus hermanos fueron felices. Junto a Henry Clay compartió gustos literarios y se aficionó al periodismo, editando, junto a éste, The Rose Lawn Home Journal, una revista literaria de cuatro páginas; proyectó The Empire, junto a un compañero de colegio, una revista mensual de poesía, noticias sobre filatelia y temas de aficionados e incluso una revista del amante del arte de la filatelia titulada The Stamp Collector. Pasada su adolescencia tuvo que dejar sus fantasías periodísticas para dedicarse a los negocios familiares, primero venta de ropa al por mayor y más tarde, la cría de aves de pura raza, especialidad que le reportó un prestigio a nivel de todo el Estado. Pero abandonó estos negocios fascinado por el teatro, sobre todo influenciado por su tío y una tía profesora de dicción que lo animó para trasladarse a Nueva York y encontrar trabajo como galán en una compañía de segunda categoría. Estaba tan fascinado por el mundo del teatro que escribió varias obras para estrenar y obligó a su padre a construir un local que abrió sus puertas en diciembre de 1881, aunque algunos meses más tarde ardería completamente; ocurrió en el mes de marzo de 1882. Siguió con su carrera teatral y llegó a estrenar The Maid of Arran en mayo de 1882; continuó escribiendo obras que nunca estrenó. En diciembre de ese mismo año se casó con Maud Gage, una joven de veinte años, hija de la feminista Matilda Joslyn Gage; la familia se trasladó al Oeste, se asentaron en Aberdeen, estado de Dakota, un paisaje que acompañaría al escritor toda su vida. Allí abrió un pequeño negocio de novedades y muy pronto se dedicó al periodismo comprando uno de los periódicos de la localidad que él rebautizó con el nombre de Saturday Pioneer. El primer ejemplar salió a la calle el 25 de enero de 1890 y sobresalía la columna que el propio Baum escribía sobre los más curiosos acontecimientos locales.
        El escritor fue siempre un amante de la familia y el momento preferido de sus cuatro hijos era cuando el padre les leía en voz alta o les contaba cuentos. Muy pronto se inventó un país infantil de fantasía llamado Phunniland y surgieron, Cuentos de mamá oca (1897) y Aventuras en Phunniland. En 1898 conoció a William Wallace Denslow un ilustrador bohemio que había recorrido medio país en busca de fortuna y Baum pensó en él para ilustrar su libro de poemas Bajo la luz del candelabro (1898) y Padre oca, su libro (1899). Un año más tarde firmaron un contrato de colaboración y el gran momento de ambos llegó con la publicación de El maravilloso mago de Oz (1900). Baum continuó con la saga de Oz, trece libros en total, durante buena parte de su vida hasta que murió en Hollywood en 1919. Hoy, tal vez, nadie sabe cuántos ejemplares de El mago de Oz se han vendido ni cuántas nuevas ediciones se han puesto a la venta a lo largo de su primer siglo de existencia. 



El cuento

  El maravilloso mago de Oz salió a la venta a finales de mayo de 1900 y unas semanas más tarde, en junio, se imprimió la segunda edición, otros cinco mil ejemplares; en octubre de ese mismo año se habían alcanzado los primeros diez mil ejemplares. El maravilloso mago de Oz se convirtió en el libro infantil más vendido de la temporada navideña y siguió vendiéndose a lo largo del año siguiente. Hill, el editor, afirmó que se habían editado casi noventa mil ejemplares, aunque el dato no está lo suficientemente constatado. Contenía veinticuatro láminas a color y más de cien ilustraciones de texto con colores variados que lo convertían en el libro más lujoso de los editados a lo largo del siglo XX. Baum y Denslow corrieron con los gastos de las ilustraciones que, según constata Hearn, se reprodujeron en grabados de zinc o en planchas del mismo material y así se reimprimió el libro hasta el inicio de la década de los 20 cuando el desgaste acabó con las planchas y hubo que recomponer el libro completamente. La respuesta que tuvo el libro, sobre todo desde el punto de vista de la crítica, fue favorable aunque algunas malintencionadas opiniones lo comparaban necesariamente con Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, sobre todo porque Carroll había muerto en 1898 y en Estados Unidos su libro había iniciado todo un marketing de literatura juvenil con las consabidas imitaciones. Otros críticos consideraron que El maravilloso mago de Oz era muy superior a lo que habitualmente leían los niños quienes—afirmaba, algún medio— «se van a volver locos con el cuento...», incluso un periódico de Filadelfia aseguraba que «No le falta una filosofía y un sentido satírico que proporcionará diversión al adulto e inspirará algunas ideas nuevas y saludables a los jóvenes». Tanto Baum como Denslow aprendieron de las quejas que podían encontrarse en un libro como el de Alicia: las ilustraciones. Denslow incorporó al libro muchas de sus ilustraciones más atractivas, aquellas que, según la prensa, tenían vida propia, con trazos resueltos y colores planos y sólidos.
        Con respecto al mago de Oz lo que, realmente, le interesaba a Baum era contar un cuento absorbente, buscaba la claridad en la expresión, en realidad pretendía escribir «cuentos modernos sobre hadas modernas». Los personajes de este libro pueden ser considerados como simbólicos y cuando nos metemos de lleno en el mundo de la simbología este concepto nos puede llevar a representaciones muy diversas. Podemos comprobar cómo además de la «valentía», la «inteligencia» o la «bondad», los tres personajes que acompañan a Dorothy representan el mundo animal, vegetal y mineral. Quizá Baum quiso expresar lo maravilloso de su país en una simbólica visión de la realidad o para ser más exactos, un maravilloso país «modernizado», al igual que pretendieran Irving o Hawthorne buscando una mitológica visión estadounidense indígena; Baum se adelantaba y buscaba formas nuevas y como señaló Edward Wagenknecht, el escritor enseñaba a los niños «a buscar el elemento maravilloso de la vida que les rodea, a darse cuenta de que incluso el humo y la maquinaria pueden transformarse en tradición maravillosa con sólo tener la energía y la visión suficientes como para descubrir su significado en transformarlos a nuestro gusto» Lo sorprendente, además, es que los adultos acogieran este libro infantil y sigan haciéndolo con el mismo interés que sus hijos un siglo más tarde.
     Cuando en 1902 se montó la fantasía musical El mago de Oz, Baum había perdido a su ilustrador y al editor pero la obra resultó todo un éxito. Se dedicó a nuevos proyectos y poco después intentó montar un nuevo espectáculo con una segunda parte que tituló Otras aventuras del espantapájaros y el leñador de hojalata. El libro tuvo, también, un enorme éxito, ilustrado por John R. Neill. A partir de este momento los Baum se hicieron ricos y consiguieron la fama. Los ingresos por todos los libros publicados sobre la tierra de Oz le proporcionaron una vida desahogada para poder viajar por medio mundo: buena parte de Europa y Egipto, país donde proyectó otra serie de títulos que nunca se publicaron, pero sí llegó a editar una novela de adultos titulada Los últimos egipcios que publicó, de forma anónima, en 1908. En París se interesó por el incipiente mundo del cine y muy pronto se empezaron a filmar películas animadas. La primera película basada en El maravilloso mago de Oz se estrenó en 1910, fue una versión muda dirigida por W.N. Selig, un pionero del cine caído en el olvido. Ese mismo año la familia Baum se declaró en bancarrota y tuvieron que trasladarse a Hollywood.
     L. Frank Baum llegó a escribir trece libros sobre el maravilloso mundo de Oz pero con La Ciudad Esmeralda de Oz en 1910 cerró su colección. Dorothy escribe una carta donde explica que no habrá más cuentos porque Oz queda aislado del resto del mundo por una barrera de invisibilidad que lo protege de todo daño exterior. En la «Introducción» Baum aseguraba que El maravilloso mago de Oz se escribió únicamente para complacer a los niños de hoy. Aspira a ser un cuento de hadas modernizado que conserva la magia y la dicha y deja de lado el sufrimiento y las pesadillas. En realidad, con esta afirmación trata de realizar un manifiesto por la liberación de la literatura infantil en Estados Unidos. El libro surgió cuando se pretendía renovar la literatura norteamericana del Oeste y sobre todo porque el autor  consideraba necesaria la independencia de la literatura juvenil, a comienzos del siglo XX, y el derecho que tenían los niños norteamericanos de buscar la felicidad en los libros.