Páginas vistas en total

lunes, 31 de octubre de 2016

Medardo Fraile



… me gusta  
LOS  MEJORES CUENTOS DE FRAILE

 Foto. Belén Díaz

       Medardo Fraile (Madrid, 1925) cuenta ya con una excelente edición de sus mejores cuentos o al menos con una selección tan variada y rica como abundante que permite al lector tener una amplia visión de su obra cuentística hasta el momento. En Cuentos de verdad, que se edita en la prestigiosa colección «Letras Hispánicas», se recoge una variada muestra de los libros publicados por el autor desde 1954 hasta 1999, el último volumen publicado por el autor tan solo hace unos meses. La edición de María del Pilar Palomo es ejemplar, aunque ella misma señala que la selección ha sido realizada por el autor expresamente, lo que añade aún más interés al libro mismo. En la amplia introducción, la profesora Palomo hace un repaso exhaustivo de los primeros pasos literarios del autor, reconocido miembro de la «generación de los niños de la guerra» junto a Aldecoa, Fernández Santos, Martín Gaite, Sastre, Sánchez Ferlosio y otros. Hay un excelente recorrido por la etapa infantil del escritor, plasmada en muchos de sus cuentos posteriormente. A propósito del autobiografismo contenido en sus relatos, el autor, ha advertido siempre escribir narrativamente y no literariamente, porque las evocaciones biográficas son una auténtica creación literaria.
       La introducción recorre, igualmente, el mundo madrileño de Fraile en los años 40 y su amistad con Alfonso Sastre, Alfonso Paso y Carlos José Costas, amigos de Arte Nuevo, interesante proyecto de teatro experimental colectivo. Más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras, su grupo de amistades de ampliará, y a los miembros ya citados de los «niños de la guerra» se unirán José María Valverde, Juan Guerrero Zamora, Alfonso Albalá, Manuel Seco, Lauro Olmo y Antonio Prieto, entre otros. La literatura y la amistad irrumpe en la vida del joven Fraile. Entretanto van surgiendo títulos como Cuentos con algún amor (1954) y A la luz cambian las cosas (1959). La obra literaria de Medardo Fraile se expande cosmopolitamente en 1964 cuando se incorpora a la Universidad de Southampton. De esta larga estancia surgirán sucesivas impresiones de un español en Inglaterra, de alguien que tiene siempre España en su interior: La penúltima Inglaterra (1973), ampliada posteriormente en La familia irreal inglesa (1993), además de otras recopilaciones de artículos que seguirán con el paso de los años, Entre paréntesis (1988) y Documento Nacional (1997).
       La gran innovación de Fraile, en palabras de la profesora Palomo, fue la creación de un tipo de cuento ajeno a ese denominado realismo social que imperó en los cincuenta y parte de los sesenta. Su preocupación literaria por la individualidad humana le han apartado, desde siempre, de los problemas colectivos de una literatura coetánea. La prueba de esa atemporalidad puede verse en el resto de sus colecciones, Cuentos completos (1991) que recoge su producción hasta el momento y añade algunos inéditos y, posteriormente, Contrasombras (1998) y Ladrones del Paraíso (1999). Lo mejor de los relatos del escritor madrileño es que «no ayudan a soñar» porque no acaban cuando acaba el cuento, sino cuando acaba el hombre mismo. Pero siguen, siguen... acompañándole hasta que se convierten en una sola palabra, una voz única y se muestran como lo que son, auténticos «cuentos de verdad».







CUENTOS DE VERDAD
Medardo Fraile
Madrid, Cátedra, 2000

domingo, 30 de octubre de 2016

Caricaturas



         Don Pío Baroja, 60 años después.
30 de octubre de 1956, Madrid-30 octubre de 2016



© Marcelo Pereira Pinto

sábado, 29 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 85



ALGO NUEVO SOBRE EL INFIERNO


       Malcolm Lowry (1909-1957) considerado hoy como un clásico por su novela, Bajo el volcán (1947), nunca dejó de escribir cartas a lo largo de su vida, una actividad que para él constituía la otra cara de la ficción, la materia prima de la que se nutriría su obra posterior; llegó, incluso, a escribir cartas personales que más tarde incluía en un texto narrativo o las convertía en poemas. Ocurre, por ejemplo, con la apasionada carta que el cónsul escribe en el primer capítulo de Bajo el volcán, supuestamente una de las muchas que redactara el novelista desde Oaxaca a su primera esposa Jan Gabrial que, por entonces, ya lo había abandonado y que más tarde sería la modelo Yvonne de su más famosa novela. Es Lowry, por consiguiente, un escritor de cartas muy peculiar—según comenta Carmen Virgili, la autora de la selección y del prólogo de El viaje que nunca termina (Correspondencia, 1926-1957)—, alguien que partía de la base de que sus cartas podían convertirse en ficción, y de este modo, en la voz de algún personaje también. Rompía Lowry con los límites establecidos entre realidad y ficción y confirmaba, así, el carácter autobiográfico de muchos de sus textos.
               El período que abarca la correspondencia es de 1926 a 1957, una de las últimas está fechada a mediados de junio, unos días antes de fallecer en Ripe (Sussex), a donde se había recluido un año antes para volver a escribir. La correspondencia editada por Tusquets es una selección de los dos gruesos volúmenes publicados por Sherrill E. Grace en 1995. La presente edición se ha dividido en ocho grandes apartados que corresponden a fechas muy emblemáticas de su vida, además al final de la edición se incorporan unos apéndices que incluyen su famosa «Carta al Querido Señor Dios», y una pequeña cronología. Los diferentes apartados van introducidos por una explicación de la editora que comenta aquellos aspectos biográficos de Lowry a tener en cuenta ante la lectura de las cartas seleccionadas. El contenido es variado: breves, muy breves anotaciones, extensas misivas que analizan algunos aspectos importantes de la vida del escritor o las dirigidas a su primera esposa Jan Gabrial, a algunos amigos como los poetas Aiken, Grieg, sus agentes literarios o su misiva más famosa al editor Jonathan Cape, fechada el 2 de enero de 1946 en Cuernavaca, un auténtico ensayo defendiendo su novela más famosa, Bajo el volcán, en la que desmenuza capítulo a capítulo su contenido. La mayoría de las dirigidas a su familia se han perdido, aunque se conservan algunas enviadas al padre y su hermano Stuart, que muestran las relaciones tortuosas que mantuvo con ellos.


        Debemos entender que la vida de Lowry se confunde con el mundo de su propia ficción y el conjunto de estas cartas son buena prueba de ello, quizá la muestra inequívoca de una vida en marcha, como ese proceso escriturario del que da sobradas referencias el escritor a lo largo de esta selección. El universo lowryano queda manifiesto en El viaje que nunca termina y su representatividad queda manifiesta en el esfuerzo que Tusquets está haciendo por recuperar la singular obra de este no menos singular fracasado de la literatura. Es, pues, parte de la reconstrucción de un itinerario vital y la autenticidad de una biografía supuesta.

EL VIAJE QUE NUNCA TERMINA
(Correspondencia (1926-1957)
Malcolm Lowry
Tusquets, Barcelona, 2000


viernes, 28 de octubre de 2016

Luisgé Martín



… me gusta
 
OTRA AUTOBIOGRAFÍA SENTIMENTAL


       En el curioso mundo de la ficción, el fingimiento, la postulación sobre una identidad, y aun más la conformación de una doble vida, convierte en rareza todo aquello que no catalogamos como el corsé de la normalidad, y así desde un punto de vista temático cuanto podamos calificar de sentimental, del amor como un auténtico paraíso, de la sexualidad como pulsión y pilar de la personalidad, y que podamos conformar esa definitiva idea de nuestra identidad, de lo que somos, y/ o dejamos ver. Luisgé Martín (Madrid, 1962) resuelve su nueva obra, El amor del revés (2016), en un conmovedor viaje por las sombras que protegen a nuestra identidad, y una vez cuando nos quitamos la máscara, el resto de nuestra existencia se traduce en esa ansiada búsqueda de la felicidad, o en el decepcionante temor a un continuo fracaso.
       Luisgé Martín descubre en su adolescencia su homosexualidad y aterrado por la época vivida entonces, finales de los 70, se juró que jamás nadie lo sabría nunca, pero transcurridos los años, cubierto todo una largo camino de perfección, pone al descubierto su mayor secreto y nos entrega una memorable autobiografía sentimental, que titula curiosamente, El amor del revés, en la que cuantifica, se sincera y expone valientemente toda su trayectoria homosexual, los difíciles años de la represión, tanto física como psicológica experimentada en una desordenada adolescencia hasta el presente, la plenitud de una madurez en la que ya no hay motivos para esconderse de una determinada condición sexual y la homosexualidad es una opción más en una sociedad progresista. Luisgé Martín ya había explorado su condición en libros anteriores, en las colecciones de relatos Todos los crímenes se comenten por amor (2013) y Lo que no se dice (2014), y también en algunas de sus novelas, Los amores confiados (2006) y La vida equivocada (2015), que procuraban sondear esos sentimientos más profundos que soslayaban una realidad de aparente normalidad.  En esta ocasión, el madrileño traza un relato veraz y exhaustivo, hasta donde ha sido posible hacerlo, y convierte su lucha particular por ser en la historia de alguien diferente. La suya, esa primera persona, es un yo tan convincente como medido que dosifica a lo largo de los años su condición de homosexual, desvelando capítulo a capítulo, las diferentes actitudes adoptadas en el momento, los sufrimientos y esos guetos de protección y libertad que vivió en un Madrid más oscuro y vulgar.
       Luisgé Martín escribe sobre lo que ha vivido, sobre aquello que ha sentido e, incluso, imaginado tras la máscara de una masculinidad, pero sobre todo, al final del texto, nos desvela cómo solo él ha logrado, pese a las muchas dificultades, restituirse a sí mismo en persona, tras una adolescencia de frágil identidad y abrumada por la brutalidad de un mundo inmaduro que no comprende y destruye esa otra forma de ser, una sociedad que, pese a una aparente permisibilidad y tolerancia es capaz de destruir a un individuo, sin tener en cuenta que es un individuo quien, sin condición alguna, construye la sociedad. Es decir, que el resultado va mucho más allá de unas “sinceras memorias o una autobiografía novelada” sino que la historia que cuenta Luisgé Martín nos hace ver que el amor sincero, el deseo sexual sin condicionamientos y la moral aparecen en una luz nueva que, en una u otra medida, a todos nos concierne, y un texto como El amor del revés se convierte en el más honesto, descarnado y estremecedor relato que a estas alturas de nuestra vida podamos leer.










 EL AMOR DEL REVÉS
Luisgé Martín
Barcelona, Anagrama, 2016

miércoles, 26 de octubre de 2016

Una gavilla de cuentos



La universalidad del hombre, el novelista y el genio

La editorial Traspiés edita la antología, Cervantes tiene quien le escriba.

  
   Una gavilla de cuentos para un clásico, motivo más que suficiente para recordar, de alguna manera, el cuarto centenario de su muerte, la del inmortal Miguel de Cervantes, el universalmente celebrado autor de los personajes, Don Quijote y su inseparable Sancho.

   Carolina Molina y Ana Morilla, editoras del volumen, Cervantes tiene quien le escriba (2016), aseguran que, “tal vez nadie sabe a ciencia cierta por qué Cervantes fue un peregrino de la vida como los protagonistas del Persiles, un caballero andante como don Quijote y alguien tan errante como su Gitanilla, sin una continuada residencia fija y estable, un vagamundo formado intelectualmente en Italia, cautivo en Argel y encarcelado en numerosas ocasiones en España. Este libro justifica buena parte de su vida, e intenta dar respuestas a esos interrogantes".

   La antología según, María Pilar Queralt del Hierro, historiadora y prologuista, engloba toda la vida del escritor aunque encontrarnos otras narraciones centradas en los hechos más destacados de su vida: su bautismo en Alcalá de Henares, su infancia en Córdoba, su traslado a tierras vallisoletanas y su estancia en la cárcel de Sevilla; o el aspecto soldadesco y la pérdida y lesión del movimiento de la mano izquierda, su cauterio en Argel, sin dejar en el olvido las facetas más personales, como su casamiento con Catalina de Salazar o los enfrentamientos literarios con Quevedo o Lope de Vega.


    Se trata de recreaciones y una acertada ambientación que incluye, características y lenguaje cervantino, todo un recorrido desde su infancia a su muerte, aunque eso sí con esos diferentes estilos, los que indudablemente ofrecen veinte conocidos escritores de novela histórica: María Pilar Queralt del Hierro, José Calvo Poyato, Antonio Gómez Rufo, Antonio Mateo-Sagasta, Luis García Jambrina, Baltasar Magro, José Vicente Pascual, José Luis Muñoz, Nerea Riesco, Ramón Acín, Francisco Morales Lomas, Carolina Molina, Olalla García, Herminia Luque, Alfonso Cost, David Yagüe, Víctor Fernández Correas, Francisco Gallardo, Ana Morilla y Brígida Gallego-Coín, y con títulos tan evidentes como, “El preso de las sierpes”, “Breve crónica necrológica o sucinta noticia de la muerte de Cervantes”, o los sugerentes, “La verdadera historia del Quijote” y “El soldado hidrópico o bien la braveza de Claudia Rentoy”.

   Una ocasión para recrear los escenarios cervantinos, volver la mirada a nuestro clásico y, también, degustar relatos más o menos extensos que nos sorprenden por las curiosidades con que podemos encontrarnos en esta singular recopilación. Merece la pena.








V.V.A.A.; Cervantes tiene quien le escriba; Carolina Molina y Ana Morilla (Coord.);  Granada, Traspiés, 2016; 224 págs.


martes, 25 de octubre de 2016

Voces



LOS CUENTOS CUENTAN


      Una diversidad y riqueza del cuento en la literatura española de las dos últimas décadas del siglo pone de manifiesto el empleo de fórmulas diversas que dan sentido a un género que vuelve una y otra vez a recuperar el protagonismo porque en esencia se retoma el interés por contar historias, Antologías, colecciones, revistas, editoriales que se vuelcan sobre este arte narrativo evidencian que los hallazgos narrativos están el relato corto, con una variedad técnica y estilística dignas de lo mejor que se escribe hoy. La apuesta de la editorial «Páginas de Espuma» confirma hasta el momento esa pujanza del relatos en el ámbito de la escritura en castellano.
                               
     Resulta arriesgado aventurarse en el mundo literario español iniciando una colección de narrativa breve y publicando, esencialmente, volúmenes de cuentos o relatos en su sentido estricto. Quizá por ello, quienes de alguna forma nos dedicamos a dejar constancia de lo que se publica en narrativa, debamos acercarnos a una propuesta tan singular y en un país donde desde siempre se ha escrito sobre la miseria del género. La década de los 80 y, también, la de los 90 resultaron importantes porque numerosos autores vieron publicadas sus colecciones de una u otra forma y sobre todo se pudo hablar de un renacimiento de este género breve. Francisco Umbral escribía en la década de los 70 que «para él, el cuento era el género que mejor se correspondía con el estado de conciencia del hombre actual». Durante estas décadas el relato vuelve a su concepto tradicional, aquel en el que lo narrativo constituye el elemento esencial del cuento, y no importa que durante estos años se hayan escrito cuentos de terror, policíacos, eróticos, históricos, humorísticos y que editoriales como la reciente «Páginas de Espuma» se aventuren con colecciones agrupadas por temas: el mar, el adulterio, los trenes o recetas y cocina.

El mar
        El mar, según constata José María Merino, en su prólogo a Rumores de mar. Relatos sobre el mar (2000), siempre ha guardado la atracción de lo misterioso, esperanzas de riqueza y de cambio, amenazas de horror (...) El mar es el escenario óptimo de la aventura, y como tal pasa a las ficciones más populares en cada época, en la imaginería de lugares y circunstancias extraordinarias. Y termina afirmando que «el mar es un cuento que nunca concluye». Veinticinco autores y otros tantos cuentos se recogen en esta atípica antología que seleccionan Viviana Paletta y Javier Sáez de Ibarra, y la nómina no puede ser más heterogénea: Onetti, Cabrera Infante, Aldecoa, González León, el propio Merino, Coloane e incluso García Márquez y uno de sus cuentos más difundidos, «El ahogado más hermoso del mundo». Una apuesta arriesgada de lo mejor de aquí y de allá del Atlántico. Para Sergio Pitol, «el triángulo amoroso has sido, es, y sin duda será uno de los temas más trabajados en la literatura». Para el autor mejicano, «la mujer ha ganado casi todas las batallas y la literatura no necesita rescatarlas de la zona de sombra o de olvido donde moraban». Veinte relatos componen la selección, No hay dos sin tres. Historias de adulterio (2000), donde Benedetti, Garmendia, Giardinelli, Muñoz Molina, Pitol, Arreola, Vicent..., enfocan el tema desde la pasión o la demencia para poner de manifiesto que la cuestión femenina ha cambiado con el paso del tiempo.
      
Los trenes
          Literatura y trenes corren parejos tanto por los paisajes de nuestras letras como por los de la geografía, según afirma Julio Llamazares. Este volumen de relatos, Vidas sobre raíles. Cuentos de trenes (2000), diecinueve en total, y el tercero de la colección, posiblemente el más representativo, el mejor hasta el momento, cuenta con algunos de los mejores cuentos que se han escrito sobre el tema: Arreola, Hipólito G. Navarro, Ribeyro, desde donde se nos redescubre como telón de fondo del escenario donde la mayoría de estos cuentos desarrollan sus acciones, pero, además, en cada vagón, están las vidas que viajan en él, a cada paso de estación y a ritmo de una modernidad que se impone, se constata esa otra  realidad vivida de la condición humana y que se resume la historia de los viejos trenes arrastrados por sus locomotoras y el destino de los hombres y las mujeres de todas las épocas. Aperitivos y entrantes, relatos sobre la carne, postres e incluso sugerencias del chef, forman parte de Relatos a la carta. Historias y recetas de cocina (2000). «Ni saciedad ni hambre, sólo placer encerrado en el círculo de la boca que se expande radial y desesperado por asir lo que se fuga. Eso es la literatura», afirma Tununa Mercado en su prólogo del cuarto volumen de la colección «Narrativa Breve» para comentar los cuentos, acompañados de sus respectivas recetas, las de Perucho, Clara Obligado, Pereira, García Pavón o el excéntrico Armando Morón Martínez, el mejor ejemplo de todos, que tras un «Ragout a la húngara» escribe un ingenioso relato donde el humor es su mejor ingrediente. La vida, la literatura y la cocina, en un hermoso conjunto de magníficos relatos.
     Otras colecciones sirven a Juan Casamayor para seguir insistiendo en el arte del relato y así en «Voces» han aparecido hasta el momento, La lucidez de un siglo (2000), El cuento es la noticia (2000), Qué fabulan los filósofos (20019 y los Cuentos completos (2001), de Ana Rosetti.

lunes, 24 de octubre de 2016

M. Mar Langa Pizarro



… me gusta                     



NOVELA ESPAÑOLA EN LA DEMOCRACIA

       El estudio de la novela de los últimos veinticinco años empieza a ser estudiado con la seriedad y la profundidad que se merece en estos últimos años y, cabe esperar, que en los próximos proliferen aún más las monografías y estudios referidos al tema. Del franquismo a la posmodernidad. La novela española (1975-1999), recoge un análisis lo suficiente completo como para darnos una idea de cuáles eran todas las cuestiones que se refieren al mundo de la narrativa de los años de la transición y de la democracia., las principales editoriales que han aportado su grano de arena a la difusión del género, premios, revistas y una pormenorizada clasificación de las corrientes que se extienden aún hasta nuestros días. Su autora M. Mar Langa Pizarro parece tener una visión clara del conjunto de lo ocurrido en novela española desde 1975 hasta 1999 y, además, ofrece una orientada guía de autores que han publicado durante estos años, es más, se atreve con una especie de diccionario alfabético de las distintas generaciones que han ido proliferando y publicando en el vasto panorama.
       La novela en el franquismo o al menos una somera referencia a la época, la transición desde 1975 a 1982 que incorpora un nuevo concepto de narrar y la novela en la democracia, 1982-1999, un apartado mucho más extenso que incluye una clasificación del género y un análisis del futuro del relato, conforman la primera parte del libro para llegar a una segunda, más voluminosa, que enumera alfabéticamente a los autores, una relación de su vida y de las obras publicadas, sobre todo, las referidas a este período. En este apartado se filtran algunos errores, pero que son fácilmente salvables. El más notorio, el de Medarno Fraire (en realidad, Medardo Fraile, el conocido autor de la generación realista de los 50, contemporáneo de Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, Martín Gaite...), sin duda el mejor cuentista de su generación y de la actualidad. La obra concluye con una amplia bibliografía referida a los principales estudios aparecidos en el período. La obra de Langa Pizarro resulta, por consiguiente, útil y manejable porque servirá de referencia a quienes, de alguna forma u otra, tengan necesidad de estudiar el pasado de la  narrativa española del último cuarto de siglo.

 DEL FRANQUISMO A LA POSMODERNIDAD
LA NOVELA ESPAÑOLA (1975-1999)
M. Mar Langa Pizarro
Universidad de Alicante,
Servicio de Publicaciones, 2000.

domingo, 23 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 84



ZELDA Y SCOTT FITZGERALD AL OTRO LADO DEL PARAÍSO

       Considerada la pareja perfecta de la «era del jazz», Zelda Sayre y Francis Scott Fitzgerald, rebosaron talento y hermosura, ambición y proyectos, y encarnaron el sueño americano de riqueza y felicidad. El libro Zelda y Francis Scott Fitgerald, de Kyra Stromberg que acaba de editar Muchnik (2001), recoge la relación que vivieron ambos, una historia de amor que al final se convirtió en un infierno.


       Lo curioso de esta historia real entre Scott Fitzgerald y Zelda Sayre es que ambos la vivieron como si de una novela se tratase, una relación en la que los protagonistas se convierten en modelo y retrato al mismo tiempo de toda una época, producto de su propia invención. Y estas vivencias en medio de una «nueva literatura» que no sólo llevó a cabo el propio Fitzgerald en sus novelas y relatos, sino toda una generación de escritores de los años veinte. La atracción que ejerció esta pareja sobre sus contemporáneos fue realmente increíble. Muy pronto fueron reconocidos en los personajes inventados de sus primeras novelas y relatos,  se imitó su forma de hablar, actuar, pensar y comportarse. Era la época de la provocación, de la publicación de las vidas privadas, la época del coche, el teléfono, el cine y el avión comercial, del éxito, de la fama, y de la riqueza inmediata. Esta actitud se convirtió muy pronto en una arrogancia peligrosa, pero el resultado para los Fitzgerald no fue malo del todo: Scott dejó el legado de cinco grandes novelas y una buena cantidad de relatos repartidos por revistas y periódicos de la época, además de varias colecciones, textos de ensayos y una abundantísima correspondencia. El éxito le proporcionó todo tipo de satisfacciones, aunque al final de los veinte la crítica vapuleó algunas de sus obras, los treinta estuvieron marcados por su declive personal para caer en el olvido tras su temprana muerte en 1940. Desde los años 60 y 70 su biografía y su obra han sido redescubiertas para el gran público. Zelda, la joven flapper, musa de vivencias y de sus textos, imprescindible en la relación de ambos, se convirtió, pese a todo, en un personaje secundario, vista como una relación subordinada al gran escritor. Escribió durante toda su vida una única novela, una docena de relatos, una obra de teatro, una serie de artículos y reseñas críticas, además de mantener una correspondencia con Scott. «Me he casado con la heroína de una mis novelas», llegó a declarar el escritor refiriéndose a la figura de la flapper, el estereotipo de mujer moderna y atrevida que vio en Zelda y que él inventó para su literatura. Realidad y ficción se mezclaron en la vida de esta singular mujer que tras muchos años de permanecer a la sombra de su marido, ha visto como su propia existencia era revalorizada en los años setenta, sobre todo, a raíz de los trabajos y testimonios de Sara Mayfield, Nancy Milford (1970) y Broccoli y Kerr (1974).


Los personajes
       Francis Scott Fitzgerald, de familia refinada y cosmopolita, había nacido en septiembre de 1896 en el estado de Minnesota. Ingresó en la universidad de Princeton y aunque no fue un modelo universitario si llamó la atención por sus primeras colaboraciones literarias; la entrada de Estados Unidos en la primera guerra mundial provocó el alistamiento del joven Scott. Durante su formación militar empezó a trabajar en lo que sería su primera obra, el retrato del autor y de su generación. Disfrutó de grandes éxitos desde la publicación de su primera novela: A este lado del paraíso (1920), a la que siguieron Hermosos y malditos (1922), El gran Gatsby (1925), su éxito más sonado de crítica. Eliot la calificó como «el primer paso que ha dado la ficción americana desde Henry James». Su siguiente obra Tierna es la noche (1934) inició una decadencia que acusaría el escritor a lo largo de toda la década y cuando en 1940, algo repuesto, se propuso terminar El último magnate murió dejando la obra inacabada. Su amigo Edmund Wilson la editaría un año más tarde. Zelda Sayre nació en el estado de Alabama, concretamente en Montgomery, una ciudad de tradición y buen gusto. Tenía gran facilidad para expresarse, dibujaba y pintaba. Dedicó buena parte de su adolescencia al ballet, pero a los diecisiete años lo abandonó completamente. La joven empezaba a cumplir el tradicional papel de belle indolente, conforme a los ideales del viejo sur. Los amigos que la trataron durante estos años y más tarde en Nueva York la retratan como una persona de mente clara, de rápida capacidad de reacción, perspicaz, de gusto por la fantasía, incluso por todo lo fantástico. Publicó Resérvame el vals en 1932, un relato autobiográfico que ofrecía el otro lado de la novela americana. La vida de una chica americana del profundo Sur antes de la Primera Guerra Mundial, alguien que más tarde, en los años veinte, queda expuesta, a causa del extraordinario éxito de su marido, a una vida ostentosa e inestable en ciudades como Nueva York, París o la Riviera francesa. Cuando apareció la crítica vio en ella la obra de una nueva autora. Escribió, además, algunos cuentos, la obra de teatro Scandalabra numerosas críticas y artículos de periódico, y una abultada correspondencia con su marido Scott, sobre todo del tiempo que duró su noviazgo.


















El encuentro
    Zeda Sayre y Scott Fitzgerald se encontraron, por primera vez, una noche de verano de 1918. Las jovencitas sureñas se divertían en las noches de baile, y en un sentido más amplio, con los apuestos jóvenes oficiales que estaban acuartelados en el cercano campamento Sheridan. Los biógrafos de ambos describen este encuentro como si del texto de solapa de una novela rosa se tratara. Ella representaba un estilo de vida sureño que no deseaba más que vivir en la abundancia, ser bella y admirada, centro de atención de una vida social de continuas excitaciones. Él, un joven excepcionalmente dotado, egocéntrico y ambicioso que, por encima de todo, deseaba alcanzar la fama y la riqueza a través de la literatura. ¿Cómo llegaron a conciliarse las exigencias y esperanzas antagónicas de la futura pareja—se pregunta Kyra Stromberg en esta apasionante mirada crítica sobre la vida de ambos? Scott debía alcanzar su meta lo más rápidamente posible; Zelda debía oficiar de musa y modelo, una fuente inagotable de inspiración, asegurándole al escritor la tranquilidad y el estimulo necesarios para trabajar incansablemente, cediéndole ideas y pensamientos, además de sus cartas y diarios; a cambio, él le ofrecería una vida extraordinaria, llena de clímax, alejada de una rutina cotidiana. Para ambos el proyecto de vida en el que se embarcaban les parecía coherente y realista. El 30 de marzo de 1920 Scott envió un telegrama a Zelda en el que le hablaba de la conveniencia de casarse ese mismo sábado al mediodía. La joven sureña abandonó por primera el sur acompañada de su hermana. La boda, efectivamente, se llevó acabo el día previsto ante un reducido número de invitados. El 7 de abril, el periódico local Montgomery Advertiser trataba de darle brillo social al evento: «La señorita Zelda Sayre, la encantadora hija del juez A.D. Sayre y señora, de Montgomery, y Francis Scott Fitzgerald, hijo de Edward Fitzgerald y señora, de Minnesota, contrajeron matrimonio en la sacristía de la catedral de St. Patrick´s el sábado a mediodía. La boda ha sido el feliz desenlace de un noviazgo que se inició cuando el teniente Fitzgerald se encontraba estacionado en la Novena División en Camp Sheridan».  A partir de aquí empieza la leyenda, el mito del sueño americano de riqueza y felicidad.

sábado, 22 de octubre de 2016

Curiosidades



         Miguel de Cervantes Saavedra
29 de septiembre de 1547, Alcalá de Henares
                               22 de abril de 1616, Madrid




martes, 18 de octubre de 2016

Gustavo Adolfo Bécquer



… me gusta
LEYENDAS DE BÉCQUER

                         
       Un loable intento para difundir nuestros clásicos es el que está llevando a cabo el reciente sello 451 Editores, con ediciones de ¡Mio Cid!, Lazarillo de Tormes, Leyendas de Bécquer o Tragedias griegas, hasta el momento. Propósito que, evidentemente, siempre hay que celebrar, sobre todo si se trata de autores de la trascendencia de Gustavo Adolfo Bécquer, un autor que, como señala Lorenzo Silva, responsable de la edición de esta especie de «Bécquer revisado», perdura porque su lenguaje es exquisito, su capacidad de sugerir y suscitar emociones, inmensa, y su intuición del misterio, el dolor y el mal, extraordinaria. La propuesta de Leyendas de Bécquer, un Bécquer reloaded, siguiendo la definición de Silva, es captar, en esencia, el espíritu de los originales, capaz de trascender a la actualidad, en una especie de diálogo apasionado entre generaciones de narradores tan distantes. Los autores seleccionados Elia Barceló, Juan Bonilla, Carlos Castán, Fernando Marías, Marta Sanz, Juan Bas, Mercedes Abad y el propio Lorenzo Silva, componen una nómina lo suficiente atractiva como para garantizar el éxito de una antología puesto que, según el deseo del editor, de eso se trata. Casi todos los autores, exceptuando a Barceló, Marías y Sanz, han publicado algún libro de relatos, algunos casi con dedicación exclusiva, y lo que se pretende de ellos, al menos así puede imaginarlo un lector interesado, es que sus textos, actualicen al autor sevillano, partiendo, eso sí, de premisas semejantes, incluida la atmósfera y la historia a contar.
       Las leyendas becquerianas, desproporcionadamente calificadas, con respecto al resto de su obra por estudiosos y ensayistas, apenas algunas monografías y pequeños estudios, han valorado la trascendencia literaria de este puñado de historias que, Baquero Goyanes, calificaba de «modélicas narraciones en prosa en las cuales la poesía brota no sólo de un lenguaje cuidado, musical, colorista, sino también, de la belleza de sus temas». Y, aún añade el estudioso, que «el secreto de estas leyendas estaría situando a idéntico nivel la calidad de su prosa y su valor como forja de un mundo poético». En este mismo sentido, aunque con una profundidad poética mayor, Luis Cernuda, con una aguda distinción puntualizaba que, «paralelamente a como aproxima el verso a la prosa, trata también de acercar la prosa al verso, no para escribir una prosa poética, sino para hacer de la prosa instrumento efectivo de la poesía».
       Merece la pena hacer un repaso de las leyendas escogidas, quizá las más efectistas y conocidas por su tema y tratamiento, porque, además, conviene resaltar los puntos de vista esgrimidos por estos autores y el resultado final. Los títulos son: Los ojos verdes, vista la historia como la obsesiva visión de una irrealidad que magistralmente traslada Lorenzo Silva a una protagonista contemporánea, personificada en una prometedora ejecutiva con final trágico; El beso, con asombrosos elementos fantásticos, reconocibles por la habilidad de Elia Barceló para ambientar su relato en una funeraria, donde uno de los chicos sorprende a sus amigos, besando a una joven difunta; El Miserere, música y fantasía dominan en un relato que Juan Bonilla justifica sobre una perdida partitura del músico Ackerman para así reinventar una visión miserere del mundo; La promesa, los amores de Margarita y Pedro que Carlos Castán traslada a una compañía de cómicos, con primer actor incluido que cumplirá, finalmente, su promesa; El Monte de las Ánimas, Alonso y Beatriz vuelven, en el cuento de Fernando Marías, a vivir un intenso amor, trasladado magistralmente a una actualidad convencional en la que la atmósfera persiste, aunque en esta ocasión con una Beatriz rendida a los pies de un Alonso altivo y casquivano; el no menos interesante y magistral Maese Pérez, el organista, o el espíritu del prodigioso músico ciego que, Marta Sanz, traslada al protagonismo de una joven que adquiere el compromiso de sustituir a su padre muerto, aunque con algunos sucesos no menos fantásticos que en la propia leyenda, con apariciones incluidas y una atmósfera creíble. Publicada como segunda leyenda, en el orden cronológico, por el escritor sevillano, La cruz del diablo, versa sobre el eterno concepto del mal, ese caballero a quien sus súbditos asesinan, pero regresa para volver a sus tropelías aunque finalmente es vencido con una oración de San Bartolomé; quizá la más fantástica de todas las historias reunidas que Juan Bas ensaya con lenguaje lo menos convencional posible; y, finalmente, La corza blanca, una de las más sutiles leyendas del andaluz universal, la transformación de una joven en corza blanca, tema muy europeo, y que Mercedes Abad pasea por Europa hasta una Ibiza turística, envuelta en el glamour de la isla y en una descarnada visión del mundo de las drogas, capaces de transformar a cualquier ser humano; una espléndida metáfora, quizá uno de los cuentos más conseguidos, adaptado en todas las posibilidades que ofrece la narración breve, la precisión,  el tema y el lenguaje, tan medido con conseguido.


      Nunca resulta fácil reinventar, trasladar ambientes, incluso personajes desde un original, si hablamos ciento treinta años después, incluso en literatura, aunque sí es esencialmente posible porque algunos de estos autores contemporáneos han optado por una simple variación, otros han conservado la atmósfera y el espíritu y poco más, actualizando, de alguna forma, unas historias que no dejan de cautivar a quienes ven en Bécquer al representante de la mejor literatura europea del momento, discípulo del idealismo germánico de fondo que diferencia al sevillano del resto de los románticos españoles. Por aquellas y por estas leyendas, hay que decirlo, pervive una ardiente imaginación, un ansioso deseo de silencio y una no menos deseada soledad y, esto, es lo mejor que se puede afirmar del resultado final. 







LEYENDAS DE BÉCQUER
Lorenzo Silva y otros
451 editores, Madrid, 2007; 233 págs.
 

domingo, 16 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 83



CORTÁZAR RECUPERADO



      A Julio Cortázar (1914-1984) no es necesario recuperarlo para la literatura contemporánea, ni siquiera actualizarlo porque la profundidad de su escritura lo convierten en ese escritor universal cuya lectura siempre hay que volver a hacer. Suma de Letras recupera buena parte de su obra en la colección «Punto de lectura» porque, paradójicamente, pese a tratarse de uno de los mejores autores del siglo XX, obras como Rayuela (1963) se habían convertido en rarezas en los estantes de las librerías españolas.
       Julio Cortázar ha sido definido como un escritor fantástico que amaba, sobre todo, este tipo de literatura. Escribió algunos cuentos maravillosos en los que ocurren hechos no menos extraordinarios y sobre todo inventó un mundo para constatar la extraña simbiosis que puede darse entre el espacio de lo real y de lo fantástico. El mundo de Cortázar es el de los juegos virtuales que hoy en día estarían de completa actualidad. La magia de su juego verbal sirve de refugio a la imaginación y a los seres en cuya sensibilidad muestran cierta ingenuidad, un hecho que les lleva a luchar contra lo pragmático de este mundo y contra la utilidad del mismo. La noción que percibimos en los juegos cortazarianos es el de la libertad absoluta, una libertad que pretende, necesariamente, transmutar el orden establecido de las cosas. «En los libros de Cortázar—escribe Vargas Llosa—juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada».
       Cuando Rayuela apareció en 1963, una novela de la razón y la sinrazón, la literatura se vio abocada a explorar secretos que antes no habían sido ensayados: la objetividad y la subjetividad perdían sus valores de condiciones excluyentes, el sueño y la vigilia se aliaban para formar parte de un mundo nuevo en el juego formal de la experimentación. Calificar a esta novela de experimental sería un rasgo algo caduco hoy en día; en realidad, la obra está planteada como un desafío para ese lector de novelas miméticas. Bestiario (1951) inicia el mundo resignadamente enclaustrado del joven escritor Cortázar y las posibilidades posteriores a ensayar. Las armas secretas (1959) enumera algunos de los temas capitales y los procedimientos narrativos que desarrollará posteriormente el escritor argentino. Historias de cronopios y de famas (1962), un año antes de Rayuela, se planteaba como un jocoso manual burlesco que condujese al lector hacia esa autenticidad deseada y en Todos los fuegos el fuego (1966), reúne sus principales cuentos sobre los conflictos de la existencia cotidiana. Con Un tal Lucas (1979), casi al final de su trayectoria Cortázar, ofrece nuevamente una mirada caleidoscópica sobre las posibilidades del lenguaje. Todo en Julio, afirma Vargas Llosa, es distracción, divertimento, fabulación, recursos mágicos que constatan la anarquía secreta del mundo, el enigma de su origen, su condición y su destino.

UN TAL LUCAS,
HISTORIAS DE CRONOPIOS
Y DE FAMAS,
TODOS LOS FUEGOS EL FUEGO,
BESTIARIO,
LAS ARMAS SECRETAS,
RAYUELA.
Julio Cortázar
Madrid, Suma de Letras, 2001


sábado, 15 de octubre de 2016

Hoy tomo café con…



Claudio Cerdán

 “Las etiquetas muchas veces solo sirven para poder colocar el libro en una estantería o en otra del centro comercial”.



El autor murciano publica un thriller, El Club de los Mejores (2016) que firma con el seudónimo de Arthur Gunn.


Claudio Cerdán (Yecla, Murcia, 1981), es un escritor de novela negra. Con El país de los ciegos, ganó el Premio Novelpol a la Mejor Novela Negra del año en 2012, y finalista del XIII Premio Lengua de Trapo y del Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón. Un año después publicó, Cien años de perdón (2013), un thriller que fue recomendado por El País como una de las mejores novelas negras de 2013. Le siguió Un mundo peor (2014), una nueva incursión en el género policiaco que ganó el I Premio Ciudad de Santa Cruz a la Mejor Novela Negra de 2014. En 2014 publicó La revolución secreta, una mezcla de novela histórica, detectivesca y de terror ambientada en los últimos años de la Revolución Rusa, editada también en Sudamérica. Sangre fría (2015) es una historia de criminales y supervivencia no exenta de humor. Su última obra, El club de los mejores (Ediciones B, 2016) está firmada bajo el seudónimo de Arthur Gunn, y es una adictiva novela de intriga que ya ha sido comparada con Mystic River de Dennis Lehane y El cuerpo, de Stephen King.
        Cerdán había publicado dos títulos de género fantástico, El Dios de los Mutilados (2008) y Cicatrices (2010), y en 2012 en Francia La casa de chocolate, una inquietante novela aún inédita en español.

¿Todos guardamos un secreto de nuestra pasada infancia?
        Más bien todos tenemos un recuerdo oculto de lo que fue nuestra niñez. Nos acordamos de momentos concretos, detalles sueltos, pero nadie se atrevería a decir qué ocurrió exactamente tal día a tal hora.

Tal vez, por eso se justifica una novela como El club de los mejores (2016).
        La pregunta que me hice al escribir esta novela fue si en esos recuerdos neblinosos de mi infancia ocurrió algo que he suprimido. La respuesta está en la novela.

¿Cómo defendería su dedicación a la literatura de género?
        Guelbenzu asegura hacer alta literatura, pero sus tramas van de una jueza que resuelve crímenes. Yo creo que todo se puede enmarcar en un género, pero al final es el lector el que decidirá qué ha leído. Las etiquetas muchas veces solo sirven para poder colocar el libro en una estantería o en otra del centro comercial.

Sus temas oscilan entre el terror, la ciencia ficción o la novela negra, ¿dónde se encuentra más cómodo?
        Intento salir constantemente de mi zona de confort, encontrar nuevos retos, otros horizontes por explorar. Reconozco que tiendo a ir hacia la acción, los diálogos afilados y al humor negro, pero todo depende de lo que pida la historia.

Desde El dios de los mutilados (2008) hasta hoy su producción literaria ha sido vertiginosa, ¿el éxito llama a producir más?
        Escribo porque no sé hacer otra cosa. Yo no usaría la palabra éxito, sino privilegio. Hoy día es muy complicado que una editorial apueste por tu obra y en ese aspecto he sido muy afortunado.

Además, esta primera novela es el comienzo de una trilogía, ¿cómo en las grandes sagas el tema es necesario prolongarlo para tener una visión completa?
        No sé por qué me decidí a hacer tres libros, porque finalmente solo publicaron dos. Fantaseo con reescribir los dos primeros y añadir el tercero en una fabulosa edición de un solo tomo. Serían unas 800 páginas, así que no es tan descabellado. Es una trilogía algo distinta, dado que cada libro es autoconclusivo.

Sus novelas precedentes, Un mundo peor (2014) y Sangre fría (2015), son ya auténticos ensayos de la mejor novela negra. Si es así, ¿quiénes son sus maestros a la hora de abordar el género?
        En Sangre fría salen zombis, así que quizá no es un buen ejemplo. En cuanto a mis referentes, me gusta mucha gente como James Ellroy, Garth Ennis, Warren Ellis o Francisco González Ledesma, por citar solo unos pocos.


Foto: Laura Muñoz Hermida
Su última entrega, El club de los mejores, podría haber sido una historia de recuerdos infantiles, de esa etapa donde los días son agradables, se lleva una existencia apasionada, y sobre todo, se confía en los amigos, ¿por qué elaborar un auténtico relato en la mejor tradición de novela negra norteamericana?
        Quise alejarme lo más posible de mis propios recuerdos, dado que al tratar el tema de la infancia inevitablemente iban a aparecer. Así que situé la novela en EEUU y traté de hacer un homenaje a todos esos escritores norteamericanos que tanto me gustan. Al final me salió un thriller donde la parte nostálgica tiene mucho peso.

En la vida de Walter Millar, el protagonista de El club, hay mucho de thriller, ¿era inevitable un desarrollo como el que nos ha contado para desarrollar la historia?
        La vida de cualquiera está llena de claroscuros. No conozco a nadie que haya sido constantemente feliz. Siempre ocurre algo negativo, antes o después, y a veces te marca. Con Walter quería crear un personaje tridimensional, verosímil, con sus cualidades y mezquindades, sus puntos fuertes y sus flaquezas, sus aciertos y sus errores.

¿Por qué se esconde usted bajo un seudónimo tan característico: Arthur Gunn?
        Al plantearme El club de los mejores me di cuenta de que iba a exponerme demasiado. Esta novela tiene mucho de mis recuerdos, de mi infancia, de mi visión del mundo, y me aterraba que alguien se diera cuenta. Necesitaba alejarme lo más posible para así contar algo muy íntimo. Así que decidí esconderme tras una máscara, y Arthur Gunn me pareció la más apropiada.

¿El juego que inician Walter y Cormac es el eslabón perdido de su infancia?
        A las personas que se han leído el libro siempre les pregunto si han tenido a un Cormac en su vida, y la mayoría me responden que sí sin dudarlo un instante. Creo que personas como Cormac abundan más de lo que pensamos.

En esta novela, ¿lo importante son los personajes?
        Son una parte importante, sin duda. Sin buenos personajes no se puede hacer una buena novela. Además, creo que tiene muchas sorpresas y giros, por lo que la trama también tiene un gran peso dentro de la historia.

Es curioso que pese a tratarse de una novela negra nadie muere, ¿es quizá su recurso para alejarse del cliché del género?
        Fue un reto que me impuse antes de escribir. No me gustan los escritores tramposos que, para disimular que su novela es aburrida, meten un crimen cada 50 páginas para así reactivar el interés. Me parece un recurso de mal escritor. Así que decidí escribir una novela negra donde nadie muriese… o esa era mi intención al principio.

La amistad en la infancia es uno de los firmes valores de su historia, y la madurez de sus protagonistas adultera ese sentimiento, ¿esa es otra de las posibles lecturas de su novela?
        En El club de los mejores hablo del drama de hacerse mayor, de crecer, madurar, olvidar al niño que fuimos. A partir de ahí será el lector el que encuentre la lectura que quiera, no me corresponde a mí juzgarlo.

Su relato, con una trama perfecta, se inicia con el reglamento de unos niños, y al final, esos adultos ponen el punto y final a ese juramento, ¿ese era el precio que debían pagar por el secreto guardado en la niñez?
        Llega un momento en la vida en el que toca pasar página. No se puede vivir siempre anclado en el pasado. El reglamento del Club de los mejores es la clave donde se encuentra todo el enigma, y aparece ya en la primera página. Las consecuencias de ello lo pagan durante toda la novela.