Vistas de página en total

viernes, 28 de marzo de 2025

Lecturas de Primavera, 2


 

Luciérnagas en Manhattan

Pilar Muñoz Aguilar

Poesía

“Anduvimos longitudinales calles

de un tablero de ajedrez y sus

cuerdas, siguiendo el rastro profundo

del swing amarillo en el aire.”

 

Resumen

La poesía es la casa donde se abrazan las ausencias y tiembla el amor de los días que se fueron comprimiéndolo todo en una estancia o un arcón donde se mezclan las sombras y los olvidos con los amaneceres y el misterio de los días felices que siempre volverán, pues siguen tatuados en el aire de la piel. La poesía de Pilar es un tatuaje luminoso que enciende las sombras y el viento más huraño inundando de azul las fechas grises, ya borrosas de los viejos almanaques que hay en el corazón.                                                             
 (Alejandro López Andrada)

 

jueves, 27 de marzo de 2025

Cuaderno en blanco

 

Marzo, 2025

 

 

       El mes de marzo está lleno de contradicciones, de tiempo, de reflexiones, de noticias o de esos mensajes amigos que no llegan, y por añadidura se sitúa en el comienzo de una primavera que no acaba de llegar, estamos disfrutando de abundantes lluvias que nos devuelven la fe en la naturaleza, un aire limpio y la seguridad de unos campos regados como siempre fue.

      

       Cambiamos de hora a finales de mes, una costumbre un tanto irónica para ahorrar energía, aunque nunca hemos sabido si es así.

       Llegan algunos libros, y celebramos centenarios de Martín Gaite, Matute, Aldeco


a y Fraile sobre quienes iré escribiendo a lo largo del año.

       He visitado estos días un Club de Lectura con El secreto de las beguinas, y curioso y decepcionante, aunque se hubo interés por el mundo de estas singulares mujeres. Seguiremos insistiendo, merece la pena.

 

 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Hoy tomo café con...

María Fernanda Ampuero

 

 


 

       María Fernanda Ampuero nació en Guayaquil, Ecuador, en 1976 y estudió literatura. Colabora con numerosos medios internacionales y hasta la fecha ha publicado dos libros de crónicas, Lo que aprendí en la peluquería (2011) y Permiso de residencia (2013). En 2016 ganó el premio Cosecha Eñe de relato. Pelea de gallos (2018), su primer libro de cuentos, le ha situado como una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana actual. Ha sido traducida a distintos idiomas. En Páginas de Espuma ha publicado, además de Pelñea de gallos, Sacrificios humanos (2021) y más recientemente ha aparecido, Visceral (2024). De la narradora ecuatoriana se ha dicho, "Las imágenes de Ampuero crean un estado de malestar que, por acumulación, podría dejar de oírse; sin embargo, el cúmulo de devastaciones, narradas con espeluznante eficacia, llegan a provocar una respuesta ética en ese lector que no se tapa los ojos ante las violencias de capitalismo y patriarcado en sociedades cada día más vulnerables a la pobreza y el miedo." Marta Sanz, Babelia, El País. Y, además, "Sus personajes son mujeres rotas y violentadas, y hombres desesperados y hundidos. Monstruos todos. Monstruos sensibles que se friccionan, viven y matan impulsados por el poder incontestable de saberse, a la vez, víctimas y verdugos." Antonio Ortuño, Tales.

 

 

¿La muerte es un tema que, desde un punto de vista narrativo, impacta y conmueve al lector?

       La muerte es el tema narrativo por excelencia. La vida y la muerte, su contracara. La certeza de que todos vamos a morir, pero no sabemos cuándo, hace que nuestro paso por el mundo tenga esa torpeza y esa magia y ese egoísmo y esa desesperada búsqueda de inmortalidad(es).

 

¿La realidad es materia narrativa siempre, o tal vez debamos echarle imaginación?

       No es posible una narrativa sin realidad. Hasta la más demencial criatura de la ciencia ficción tiene algo que nos permita imaginarla: gelatinosa, transparente, reptiliana. La realidad es lo único que permite la imaginación.

¿Se siente usted una provocadora con su literatura?

       No lo sé. Depende de cómo entendamos el término provocadora. Si ser provocadora es estar en los márgenes y defender ese lugar de enunciación marginal, entonces sí, porque hasta ahora la literatura se movía en los centros (hombre, heterosexual, blanco, occidental u occidentalizado, con mente colonizada y colonizadora, privilegiado a nivel económico y social, etcétera) y todo lo que quedaba fuera de eso era considerado provocador porque no era ‘la norma’. Claramente yo no soy normativa ni mi literatura lo es (por fortuna). Si eso es provocador, pues, lo agradezco. 

Ahora, si pensamos en que ser provocadora es alguien que busca una respuesta basada en el amarillismo y el sensacionalismo y que se quede ahí, entonces no.

 

¿Deberíamos calificar sus personajes femeninos y masculinos como víctimas y verdugos?

       No. Y si alguien lo hiciera es porque o no me ha leído o me ha leído mal.

 

¿Un bien cuento se acerca a una ética realista, o a un ensayo profundo sobre la condición humana?

       Un buen cuento es un artefacto narrativo que es verosímil, que conmueve, que no se puede dejar de leer de un tirón, que se queda en la memoria mucho más de lo que duran sus páginas. No creo que tenga que ver nada con la ética. Un buen cuento es un buen cuento porque mueve una emoción a pesar de ser sólo un fogonazo. Un buen cuento es un rayo.

 

¿Tras Pelea de gallos (2018) y Sacrificios humanos (2021) se hacía necesario una reflexión ensayística sobre algunos de esos temas que había convertido en literatura?

       Necesario, creo, no es nada más que la paz. No creo que la literatura sea necesaria. Sí que paren de bombardear Palestina, sí que haya políticas migratorias que no permitan que mueran tantas personas intentando llegar a Europa o Estados Unidos. Lo que pasa es que, como yo no puedo dar mi vida por la paz o por los derechos humanos básicos, escribo.

 


Un libro como Visceral (2024) se acerca más a un concepto híbrido de la literatura?

       Visceral es híbrido, sí. Responde un poco a esa idea contemporánea de literatura queer en el sentido de tener un género (literario) fluido: no binario, una cosa y la otra también. Es poesía, periodismo, diario, narrativa, memoria, ensayo. Es todo eso y, a la vez, no es ninguna de esas cosas. Es un artefacto queer. 

 

¿La furia y la réplica, el rencor y la ira nunca han sido señas de identidad de la mujer?

       No y debería. Lo que pasa es que se nos enseña que la mujer sumisa, en el caso de las sociedades católicas la Virgen, es el ideal de mujer. Y cuando entra en juego la fe, las políticas patriarcales encuentran un campo fértil para el castigo autoimpuesto por la víctima. Se nos enseña a no buscar la libertad, sino la aceptación social. Eso, por ejemplo, nos convierte en cuerpos e identidades en constante revisión y censura. Creo que lo único que nos puede sacar de ese círculo vicioso es el feminismo.

 

¿Los textos que compone, Visceral, son una revisión sobre la memoria?

       También, pero, como decía, son mucho más que eso.

 

¿La madre sigue siendo ese núcleo esencial e importante que vertebra, en cierto modo, todo el entorno familiar?

       Ese es un tema importantísimo porque la madre es la gestante, pero también la que cría, la que nutre, la tierra, la Virgen María. El concepto de lo materno es bastante amplio y abarca muchas instituciones e ideologías incuestionables. Lo incuestionable se convierte rápidamente en dictatorial y fascista. Pensar en una madre como una dictadura, tanto para hijes como para madres, creo que ayuda a romper esas cadenas de perfección, devoción y perdón absolutos porque eso no existe.

 

El cuerpo femenino y sus connotaciones, ¿cómo se ve desde la perspectiva de una narradora?

       De la única forma en la que puedo verlo: mi cuerpo. Mi lugar de batalla y de enunciación es mi cuerpo.

 

La trasgresión, la vulneración y la violación, ¿parece que en ciertos países nunca se termina con esta lacra, y por consiguiente es necesario denunciarlo desde cualquier óptica?

       Ya no es solamente cuestión de denuncia. Creo que es cuestión de (re)pensarnos como sociedad y como individuos, quiero decir, como especie. No hay ningún país del mundo en el que no se vulneren los derechos de las mujeres, en los que no se cosifiquen sus cuerpos y exista un ordenamiento frente a sus deseos y libertades. Ninguno. La tasa de violencia contra la mujer cero no existe ni en los países nórdicos ni en Japón ni en ninguna sociedad que entendamos como ‘avanzada’ en cuestión de derechos civiles. Eso hay que pensarlo a nivel mundial porque echar balones fuera y considerar que los machistas son los países con desigualdad social es una forma más de racismo, colonialismo y xenofobia.  

 


¿Seguimos siendo enfermos en este mundo contemporáneo?

       Estamos más enfermos que nunca.

 

¿A estas alturas concibe su literatura, la función de sus textos, como posible terapia?

       No. Hace mucho tiempo que la única cosa que entiendo como terapia es la terapia.

 

¿La pandemia, reciente, supuso algo más que el contagio y la posible muerte?

       Sí, supuso un enfrentar que los seres humanos somos peores que los virus. Somos la enfermedad más mortal.

 

¿Después de escribir este libro sigue usted siendo tan visceral como antes de ponerse con su escritura?

       Mucho más. Muchísimo más.

 

 

 

 

martes, 25 de marzo de 2025

500.000 visitas

 

Hace unos días el blog alcanzaba una increíble cifra de visitas, 500.000, y eso a lo largo de los últimos diez años que, divididos anualmente, se convierten en 50.000 visitas al año, y por meses, algo más de 4.800 redondeando. Es una suerte tener seguidores en medio mundo, o quizá en todo el mundo que sigan mis reseñas, trabajos literarios de fondo, entrevistas, imágenes y cuanto doy de contenido a estas páginas.

 

Gracias,   

                 Gracias,

                                Gracias

                                             Y de nuevo gracias.