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jueves, 25 de mayo de 2017

Ernesto Pérez Zúñiga



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SOMBRAS
              
        Una anterior novela, Santo diablo (2004), situaba a Ernesto Pérez Zúñiga (Granada, 1971) razonablemente bien ante la crítica. Una historia sobre nuestra guerra civil situada en una innombrada geografía donde señoritos y jornaleros protagonizaban esa vieja dualidad de enfrentados socialmente. Es autor, también, de alguna colección de relatos y varios libros de poesía. Ahora sorprende con El segundo círculo (2007), avalado por el XVI Premio de Novela Luis Berenguer.
        ¿Es esta novela acaso otra historia de fantasmas? Literariamente, se trata, una vez más, de un descenso al infierno de Dante, a esos círculos por los que el poeta vagaba para desentrañar el alma humana; técnicamente, Pérez Zúñiga ensaya un intenso diálogo entre la vida y la muerte, entre el presente y el pasado, en medio de un ambiente rural, una aldea semi abandonada, Lumbres, muy cerca de una urbanización donde todo es moderno y nuevo. Es una novela que exige distintos niveles de lectura porque, como ha llegado a afirmar el autor en alguna que otra ocasión, para hablar y para escribir sobre el mundo psicológico de la muerte y sus consecuencias, sería necesario hacerlo de una forma muy sencilla.
        El narrador indaga en esa otra ley del deseo, en medio de un territorio mágico a donde han llegado unos advenedizos domingueros, Sandra y Joan, Helena y Ramón, para disfrutar de su duplex y su parcela o para olvidar sus problemas. La historia está narrada con esa característica cinematográfica que han incorporado algunas de nuestras mejores novelas de las últimas temporadas y se caracteriza, además, por un sentido de lo imprevisible que hace del relato su mejor atractivo para seguir leyendo. Los vivos y los ocultos conviven entre ese margen de separación que se supone entre la modernidad y lo antiguo y solo los dos adolescentes, Lorenzo y Naná, con su mirada inocente de la vida, lograrán traspasar esa frontera que no se les permite a los adultos, contagiados como están de la avaricia  y de la lujuria que se supone mantiene aislados a los últimos habitantes de Lumbres: cuatro viejos, provistos de ese alegórico deseo por alargar la memoria de otro tiempo y que, por sentirse en la más absoluta soledad, crean esa otra realidad, un mundo dominado por fuerzas superiores. Novela gótica, tragedia que dramatiza esa visión  de la soledad humana en su sentido circular como ocurre en el infierno dantesco, condenados por no haber consumado sus deseos y vagando inexplicablemente por un mundo real. También aquí se crea el ambiente propicio: la iglesia de Lumbres, una cripta, un cementerio, el más tenebroso lugar cuando uno se acerca al pueblo abandonado como característica de un relato al uso, convertido en el retrato de la más absoluta soledad humana.






EL SEGUNDO CÍRCULO
Ernesto Pérez Zúñiga
XVI Premio de Novela Luis Berenguer
Sevilla, Algaida, 2007

José María Merino



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MINIATURAS

              
     Hay que viene sosteniendo en estos últimos tiempos que el microrrelato, los hiperbreves o los microcuentos son, sin lugar a duda, la literatura del futuro, a tenor de las prisas y del escaso tiempo de ocio del que disponemos a diario. Pero nada más lejos de esta afirmación o consideraciones al respecto que para nada benefician a una literatura ensayada por autores como Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca y anteriormente buena parte de autores significativos del siglo XIX. Es indudable que las editoriales, las revistas especializadas, incluso los suplementos han incorporado textos de una extrema brevedad en estas últimas décadas y si se me apura, insistentemente, en el último lustro, pero también habrá que apuntar que algunos autores de relatos breves o de cuentos en su sentido más estricto, siempre han incluido en sus colecciones relatos de una variada factura. Buena cuenta de ello ha dado siempre, José María Merino (La Coruña, 1941) autor de una amplia narrativa breve que demostraba un especial talento para el género en Días imaginarios (2002) o Cuentos del libro de la noche (2005), además de colaborar en numerosas antologías de las que se da cumplida referencia en el final de este libro, La glorieta de los fugitivos (2007), en realidad, recuento de esos libros señalados y algunos inéditos y dispersos, además de una extraordinaria segunda parte titulada «La glorieta miniatura». Merino califica a la criatura, como él la llama, de «nanocuentos» que es otra más de esas definiciones que ya deambulan por ahí como microrrelato, minicuento, minificción, minihistoria o cuento cuántico. En realidad, poco importa salvo que los autores y, en este caso Merino lo hace sobradamente, otorgan categoría a este género de la brevedad, como ese vicio o voluntad inconfesable para someter al lenguaje a una extremada concisión.  
        Estos cuentos que se reúnen por primera vez en un solo volumen tienen un hilo común conductor, al margen de su brevedad, y es la extrañeza de lo cotidiano, el misterio que nos otorga nuestra vida diaria, además de esos otros temas que literariamente hablando suelen repetirse como la muerte, el horror, la historia, el sueño, la memoria y todos aquellos aspectos que asolan a la existencia del ser humano con sus aciertos y equivocaciones. Algunos son un fogonazo de ritmo expositivo que sorprenden por la resolución de los mismos y en ellos, precisamente, se aprecia ese valor anecdótico que el autor otorga a muchas de estas historias.  La segunda parte contiene «veinticinco pasos» que suponen su intervención en el Congreso Internacional de Minificción en la Universidad de Neuchâtel, un auténtico ensayo sobre teoría lingüística y la necesidad de la ficción como vivencia existencial paralela a la propia o, lo que es lo mismo, «la ficción, —como señala el profesor Souto, alter ego, de Merino—  primera sabiduría de la humanidad.






LA GLORIETA DE LOS FUGITIVOS
José María Merino
Madrid, Páginas de Espuma, 2007


martes, 23 de mayo de 2017

Alejandro López Andrada



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SÍMBOLOS
              
        El ser humano siente, alguna vez en la vida, esa necesidad de una explicación, de justificar o rememorar un pasado porque, los sentimientos y las razones que, por algún motivo, han permanecido ocultos durante buena parte de su vida, vuelven en forma de recuerdos como si de una secreta esperanza invertida se tratara. Transcurrido un tiempo razonable, la adolescencia y la juventud, camino ya de la madurez, se inicia ese proceso involutivo que lleva a recuperar esa olvidada identidad para sobrevivir, finalmente, a una vida relegada por un involuntario extrañamiento.
        Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, Córdoba, 1957) ha construido un mundo propio desde sus inicios literarios, un mundo personal que, como ha señalado Santos Alonso, «pone en convivencia íntima la vida de las gentes y el fluir del tiempo en los pueblos con la naturaleza en plena palpitación». Localizado geográficamente en los Pedroches, la zona más olvidada y abandonada de la provincia de Córdoba, lugar donde el escritor ha construido su reino secreto engalanado con una naturaleza tan exuberante como extraordinaria. Una tierra desgarrada por los triunfos y las derrotas de tantos compatriotas, reveses que le sirven al autor para afirmar con toda rotundidad que «la memoria de los pueblos no reside en la cal y en la piedra de sus casas y de sus cortijos, sino en los hechos y en el alma de las personas». No es extraño encontrar semejantes juicios en la escritura de López Andrada, porque para él la literatura es un ejercicio intelectual y emotivo, esencialmente unido a la vida, a la experiencia humana, a la tradición y al arraigo de la tierra, todo cuanto pueda verse desde su particular Colina del Verdinal.
        Ángel Pedraza, el protagonista de El libro de los aguas (2007), vuelve a su pueblo para reconstruir parte de su pasado familiar, después de una prolongada ausencia que cubre la dictadura franquista, para justificar, de alguna manera, toda una época, esa larga posguerra que conservó, sobre todo en los ambientes rurales, parte del odio acumulado en la contienda civil. Frente a él, la imagen fantasmal de un pueblo que tras la guerra civil, en los primeros meses, le ofreció algunos momentos de contenida felicidad: el amor de la familia, el amor adolescente, perspectivas para una nueva vida, pero también le enseñaría el conflicto entre la bondad de las gentes del lugar y la villanía de los poderosos. Será en Peñas Grises, con la tía Lorenza y sus primos, donde el joven Ángel pretende reconstruir su vida, porque fallecido el tío Braulio, abandonará Bruma para siempre, alejándose de un terror profundo e irracional que le impide seguir allí. Víctima, además, de las consecuencias funestas de la guerra pronto le atormentarán  una serie de visiones y sucesos extraordinarios que se fundirán con los recuerdos del resto de su vida.
        A medida que el lector avanza en el relato, cuando la vida de Ángel se mueve entre esos parámetros de una felicidad sostenida y un futuro posible, surgen episodios que convierten la historia en algo tan terrible como poético; terrible porque muestra la realidad más dolorosa del ser humano, el aislamiento de la familia del mundo exterior, el injusto encarcelamiento del tío Ángel, los encuentros con los maquis, y numerosos sucesos que vivirá el joven y le mostrarán los desajustes sociales que conducen a la misera, al abuso, a la locura y a la brutalidad de las gentes del lugar que actuarán de una forma irracional frente a sus semejantes; y poético porque, López Andrada, dueño también de una voz lírica singular, depurada, sintética, es capaz de convertir cada párrafo en una unidad extremadamente intensa, eternizando así, a través del lenguaje, el presente narrado, de mostrar esa tremenda solidaridad con la raza humana, con el hombre, con la tierra, hasta lograr que, como lectores, nos sintamos seducidos por su tremendo amor a la vida.
        Al final de la novela, el protagonista, derrotado por el silencio y el olvido de tantos años, concibe su vida como una imagen onírica poblada de rostros y de voces del pasado, y cuando, desvanecida la atmósfera de aquel tiempo, envuelto en una luz tímida y hermosa que le provoca tantos recuerdos, mientras percibe el olor de ese fulgor en mitad de la noche, entre las viejas paredes de su casa ruinosa y rodeado por un ambiente mortecino, entonces será, y solo entonces, cuando consigue perdonarse a sí mismo y a todos los demás, a aquellos que, de una manera u otra,  dejaron su nombre escrito en el Libro de las Aguas.








EL LIBRO DE LAS AGUAS
Alejandro López Andrada
Sevilla, Algaida, 2007

Salvador Compán,2



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SEGUNDAS INSTANCIAS                             
              
        Momentos de extrañeza, impulsos o simples impresiones que justifican, algunos años después, historias inventadas en una época de tanteos, cuando el narrador busca con cada página escrita la expresión personal de una posible y futura voz literaria. Se percibe esa voluntad juvenil por encontrar expresiones artísticamente válidas y experimentar nuevos temas y formas de expresión con que reinventar argumentos universales: deseo, amor, infidelidad, libertad o locura, telón de fondo de esta colección de relatos. El libro Cuídate de los poemas de amor (2007) es, en palabras de Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1951), una autobiografía sumergida, aunque la heterogeneidad de los catorce cuentos va mucho más allá de esta afirmación. Él autor justifica, uno a uno, su prehistoria porque, en algunos momentos de su vida, le advirtieron que algo iba a suceder. Un espectáculo que no quiso perderse y pudo retener. Y esa «involuntaria unidad temática» esgrimida por Compán para reunir, por primera vez, aquellos textos que le proporcionaron algún premio y una no menos importante causa de satisfacción, se muestra en la fuerza y contundencia de varios de ellos, caso de «Jiménez, el Espeso» una visión más de las atrocidades de nuestra guerra civil con los inevitables fusilamientos en los pueblos de nuestra España más rural. O «Trenes» hermosa historia de amor que sobresale por el paralelismo planteado en sus dos protagonistas: Ana y Juan, cuyas voces, alternativamente, se van apagando a medida que se intensifica su relación y la acción del cuento llega al final, cuando el joven maquis cae abatido sobre la vía. Dos perspectivas ofrecen en este relato una perfecta visión de esa acción interna y secreta que continúa en otra externa y visible, un todo voluntariosamente oculto por acciones accesorias, por esa actividad que no persigue otra finalidad, sino la de conducir al lector al hecho en sí, la fatalidad. Y «La reina del carnaval» otro cuento de amor fallido con una duplicidad narrativa que propone un narrador, en primera y tercera persona, y que, de alguna manera, sirve de unión a las diferentes situaciones y está presente, como si de un confidente se tratara, para contar una alocada visión de un fortuito encuentro carnavalesco y sus funestas y dramáticas consecuencias.
               Lirismo, violencia, locura individual o colectiva como la practica Compán en los tres relatos anteriores, muestran el inequívoco talento de un autor con capacidad para sintetizar con garantía de calidad el difícil arte del cuento. El algunos casos, la economía mínima de los medios de expresión provoca una explosión y, lo insignificante y lo accidental, muestra el lado amable de la vida, como en «El limpiador de cristales», relato característico por su brevedad, por sus alusiones, convertido casi en un poema en prosa, que vertebra el tema a otros relatos en Cuídate de los poemas de amor. Finura literaria, en suma, manchas de conciencia para dejar constancia de una meditación que suavice algunas actitudes de nuestra vida y, por añadidura, siembre algo de verdad en nuestra existencia porque, los argumentos de este libro y los personajes, trasiegan en lo verosímil y, también, en lo inverosímil mostrando las pasiones que arrastran. Los cuentos de Salvador Compán, al menos, los se que incluyen en este volumen, no ayudan a soñar, sino realizar aspectos de una existencia cualquiera que sea esta.







Salvador Compán; Cuídate de los poemas de amor; Córdoba, Almuzara, 2007; 120 págs.

lunes, 22 de mayo de 2017

200.000 visitas


     Gracias amigos lectores... esta mañana llegamos a 200.000 visitas, y la alegría de saber que siempre hay algún lector en cualquier rincón del mundo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 111



EL EROTISMO COMO POSIBILIDAD

         Libro deslumbrante, curioso y audaz, Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006) que el granadino Gregorio Morales entrega y con el que propone sumergirnos en lo más variado del mundo del erotismo, en cuanto a imaginación y realidad.

              
         No resulta nada fácil escribir y teorizar sobre la variedad de las prácticas sexuales o acerca de las curiosidades del mundo del erotismo. Gregorio Morales (Granada, 1952), autor de un completísimo libro anterior titulado El juego del viento y la luna. Antología de la literatura erótica (1998), y de numerosos trabajos sobre sexo y erotismo, publica ahora Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006), un extenso ensayo donde desglosa la historia del erotismo desde puntos de vista tan curiosos para poder vislumbrar aspectos tan comunes como  «La historia de la mamada» o la  «Historia del 69» y se incluyen, entre otros interesantes capítulos, un repaso documentado de las grandes ninfómanas de la historia, el curioso mundo de los sex-shop, las lolitas o las chicas de calendario o se describe el mundo de los susurros, los suspiros y los jadeos que pueden rastrearse en las grandes obra de la literatura, como el oportuno apartado dedicado al erotismo en El ingenioso hidalgo don Quijote de las Mancha. Morales sostiene en su libro que, en la actualidad, hay un exceso de pornografía y una gran escasez de erotismo y afirma que lo afrodisíaco constituye la esencia de cuanto nos rodea. El cine X o la Historia de la Literatura Erótica, también, forman parte de otros de los más interesantes capítulos de este volumen.

¿Qué es erotismo?
         Se pregunta el autor al comienzo mismo del tratado para situar al lector desde las primeras líneas y en el prólogo mismo acerca de lo esencial de su libro. Para Morales el erotismo no es acto, sino la pura potencialidad del mismo y, al mismo tiempo, la posibilidad. Reside, por tanto, en lo invisible, en aquello que no se ve y se agota cuando puede verse y medirse.  Y responde por consiguiente a: erotismo o verdad, imaginación o realidad y deseo o fisiología. El erotismo se convierte en un juego, como afirma el autor, si por jugar entendemos la capacidad de fabular, de ensayar por medio de la ficción otros mundos y otros lugares. La historia del erotismo nos da los suficientes ejemplos de hasta qué punto hombres y mujeres de todas las épocas han centrado su atención en el otro, porque el deseo nos lleva a cifrar nuestros anhelos en otras personas. Gregorio Morales llega a la conclusión de que el hombre occidental está tan falto de erotismo como de amor y esta Historia del erotismo, que él mismo escribe y presenta, es una oportunidad para aunar con la propia experiencia el bagaje que va desde los antepasados de todos los tiempos hasta la más absoluta contemporaneidad, reavivando siempre una fuente en plena efervescencia.


Ninfomanía
         Cantidad, compulsividad, insatisfacción, fuerza irreprimible de deseo, transposición de los límites, larvada o patente potencia..., así queda calificada por el autor la ninfomanía de la que escribe un interesante capítulo dedicado a las grandes ninfómanas de la historia, empezando por María Magdalena y ese concepto esgrimido por la Biblia de ser una mujer habitada por siete demonios que ungió los pies de Cristo. Pero será Mesalina la ninfómana por antonomasia, casada con el emperador Claudio a los dieciséis años se dio a todo tipo de excesos y buscaba a los hombres con las artes propias de una meretriz hasta el punto de que muchos de los varones de Roma llegaron a temer por su seguridad y la de sus familias o el caso de Anula, la «viuda negra», reina del antiguo Ceilán durante los años 48-44 a.C., cuya principal actividad, además de la ninfomanía, fue la de ir envenenando a los distintos reyes con quienes se casaba: príncipes, guardias de palacio, carpinteros, leñeros incluso un sagrado brahmán, todos ellos sucumbieron al excesivo apetito sexual de una reina que nunca tuvo suficiente con un solo hombre. Algo semejante se puede afirmar de Cleopatra que llegó a tener un templo especial donde residían vigorosos jóvenes, cuya misión consistía estar al servicio sexual de la reina, y la lista que Morales añade a este capítulo sigue en Catalina la Grande, Gala y su castillo de Púbol, lady Jane Ellenborough, la actriz Vivien Leigh, sin olvidar algunas jóvenes en la actualidad como Annabel Chong, Jasmine St. Clair, o una tal Houston que ha batido el récord hasta el momento: seiscientas veinte veces ininterrumpidamente.

Sex-Shop
         La curiosidad de los sex-shop data de los años sesenta, pero parece ser que, ciertos artículos eróticos, se vendían de los tiempos más inmemoriales: fundas, aumentadores, anillos, y preservativos de toda clase y especies. Y aún más antiguos, muñecos, filtros de amor, cinturones de castidad o consoladores de la antigüedad griega y romana o la Edad Media. Está constatado cómo a partir del siglo XIX las principales capitales europeas albergaban lujosos prostíbulos que se servían de abundante material erótico, por ejemplo, las «sillas del amor» donde era posible practicar algunas de las posturas más inusuales. Hoy se utilizan piercings, cremas y ampollas y, cada vez más, los artículos de lencería que ocupan un lugar primordial con atrevidos, fantásticos y afrodisíacos diseños. Y sobre todo en los modernos shops abundan los artículos para homosexuales, sin olvidar ese tipo de artilugios que se concretan en bozales, fustas, correajes, esposas, máscaras, cadenas que dan lugar a lo que moderna y comúnmente se denomina como erotismo colectivo.
         Aún cabe esperar más del desarrollo del cibersexo, un proceso parecido al que llevaron a cabo las cabinas privadas y que nos trasladarán a realizar nuestros caprichos virtualmente y nos transportarán a nuevas experiencias, aunque como señala el autor, lo interesante de todo este proceso es que tiendas y objetos seguirán cumpliendo ese objetivo propuesto que constituye incentivar nuestra fantasía, quizá el motor más importante del erotismo.

Lolitas
         ¿Qué es una lolita? se pregunta Gregorio Morales en uno de los más interesantes capítulos de Por amor al deseo. En realidad, es una preadolescente que desgarra los corazones de los hombres maduros. Fundamentalmente de la novela de  Nabokov, Lolita, publicada en 1955, proviene, realmente, el término y, sobre todo, el escándalo que produjo la obra y las prohibiciones que se sucedieron con respecto al nombre de la protagonista, la niña de once años. Pero en realidad, fue Lewis Carroll uno de los primeros varones atraídos por lolitas y lo mismo le ocurrió al rey David, eclipsado por la belleza de Abisag o Mahoma cuando vio por primera vez a Aixa, una niña de siete años.  El cine moderno ha alimentado el mito durante estos últimos años y a las versiones de la obra de Nabokov, la filmada por Kubrick en 1962 y Lyne en 1997, el tema se ha repetido una y otra vez, vuelve en Taxi Driver (1976), de Scorsese, en Pretty Baby (1978), de Malle, Las edades de Lulú (1990) o American Beauty (1999). A parte de la explicación jungniana del anima masculino y el animus femenino, existe una explicación mitológica, según la cual el complejo de lolita estaría relacionado con el mito del vampiro, y esa suerte de dráculas que, agobiados por los años, tienen esa continua necesidad de sangre fresca. O una explicación biológica, cuando uno descubre pelo, piel suave, grandes ojos, mejillas sonrojadas, nariz pequeña que nos atrae por los recuerdos del bebé y nuestra inclinación biológica a amar por encima de todo; una antropológica que nos remonta a la historia de la humanidad y esos matrimonios celebrados en la adolescencia, entre los doce y quince años; y una final, psicoanalítica que habla, en realidad, de una homosexualidad disfrazada, ya que lo que realmente amarían sería al andrógino o efebo. 
                 Un repaso interesante por las «chicas de calendario» calificadas de simpáticas, guapas, pícaras, hospitalarias, frágiles, alocadas, maternales y tentadoras. Calificadas, también, como pinups , así se definen como esa chica de quince años en un cuerpo de veinte.


El cine X
         Unas semanas después de las primeras proyecciones de los hermanos Lumiére en 1895 se rodó una película Bain (1895) protagonizada por una bailarina de striptease, la francesa Louise Willy. Desde esta fecha hasta la Segunda Guerra Mundial no existió la censura en Europa y el cine vivió su época dorada hasta que el 1975 fue relegado a las famosas salas X.  El porno vivió en la clandestinidad y durante años fue impulsado y distribuido por verdaderas mafias, pero los tiempos cambiaron y poco a poco la pornografía se legalizaría en Austria, en Dinamarca, en Estados Unidos y en España, finalmente en 1983. El capítulo extenso que dedica Morales al tema es lo suficiente ilustrativo como para no reproducirlo aquí, y está lo suficientemente documentado como para que el lector pueda tener una idea clara al respecto. Quizá una última y valiosa reflexión debida a Patricia Highsmith que no duda en afirmar que, en su opinión, «la pornografía ha sustituido a las religiones».
         Términos como «kiki», «fast web», «aventura», «cipote de Archidona» son explicados con esa gracia que aboga por una vida sexual plena. Incluso la literatura no queda al margen del análisis de Gregorio Morales que, resulta obvio, dedica en un extenso capítulo a la figura y obra de Don Quixote. El ensayista Alexandrian en su Historia de la literatura erótica (1989) reflexionaba sobre numerosos textos con indicaciones biográficas que subrayaban la psicología de sus autores y el objeto que planteaba al evaluar dicha literatura. Sin olvidar que esta había nacido en Europa precisamente importada de Oriente de donde había llegado tras otorgarle un sentido profano. Existen, pues, obras maestras griegas, latinas, francesas, italianas, inglesas y alemanas porque la censura de la Inquisición en España relegó el género a la literatura sentimental y caballeresca. El libro de Alexandrian hace un minucioso recorrido por el arte de amar en la antigüedad, la lujuria en la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración y la edad de oro del libertinaje, o los grandes libros clandestinos del XIX, incluida la literatura erótica femenina hasta llegar al erotismo surrealista. Morales añade, también un somero repaso por «Historia de la literatura erótica» para terminar con el curioso capítulo de la «Historia del cinturón de castidad», ese invento u objeto del que se empezó a hablar, precisamente, en la Edad Media, cuando el flujo de hombres a las cruzadas dejó a cientos de mujeres que podían ser violadas o entregarse a sus furores eróticos. 

         Un documentado «Diccionario del Erotismo» cierra el curioso libro Por amor al deseo, con entradas tan variadas que recogen nombres propios relativos al mundo del erotismo, películas famosas y actores o simplemente voces que explican ese sentido que no se les da en los diccionarios al uso.
         El mundo erótico o la literatura, pese a lo esgrimido por numerosas voces, no es síntoma de decadencia porque como es sabido ha florecido en los grandes períodos de nuestra civilización, el siglo de Augusto, el Quatrocento, el Siglo de las Luces, incluso no se puede calificar como un signo de inmoralidad o abyección puesto que numerosos autores, entre otros el cristiano Ausonio, lo cultivaron sin remordimiento alguno. Nos quedaría quizá pensar en si, todo lo relativo a lo erótico, tiene algo de corruptor puesto que este siempre fue el motivo invocado para pasar a la proscripción. Que cada cual juzgue tras la lectura de este interesante libro y practique, en la medida de lo posible, la fantasía de su propia sexualidad.

sábado, 20 de mayo de 2017

Caricaturas



50 años sin Azorín

      José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, fue un novelista español, además de ensayista, dramaturgo y crítico literario, miembro de la Generación del 98.


                                       8 de junio de 1873, Monóvar (Alicante).
                                2 de marzo de 1967, Madrid.

viernes, 19 de mayo de 2017

Henry James



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DE VIAJE CON HENRY JAMES

Ediciones B reúne por primera vez los reportajes de viajes que Henry James publicó en la revista The Nation, entre 1870 y 1879, que titula, Viajes con Henry James (2017).

       La escritura de Henry James abarcó un amplio abanico que no dejaba género sin que el narrador impusiera su sello personal: textos de crítica literaria, novelas, relatos o nouvelles, memorias, relatos de viajes, e incluso teatro, aunque con este intento solo cosechara repetidos fracasos, y esa falta de éxito en el escenario le ocasionara cierto desánimo en algunos periodos de su vida, si bien en sus últimos años amplió su reputación de excelente escritor en sectores restringidos pero fieles que a partir de la Segunda Guerra Mundial porque fue este un periodo donde las reflexiones sobre la interioridad de los humanos cobró mayor presencia e importancia, y sus textos se caracterizan por ese interiorismo con que se califica al conjunto de su obra.

Viajes
       Los reportajes de viajes de Henry James para la revista The Nation, veintiuno en total, entre el 3 de agosto de 1870 y el 24 de mayo de 1879, se reúnen por primera vez en un libro, al mismo tiempo que empezaba una fructífera labor como novelista. James se convierte así, según The Wall Street Journal, en “un encantador compañero de viaje” que inicia su andadura por algunos paisajes de su amado Nueva York, concretamente “Saratoga”, “Lake George”, “Del lago George a Burlington”, “Newport” y finalmente “Niágara”, que corroboran la idea de un joven James que se siente extranjero en su propia tierra apara emprender su trabajo de campo y escribir sobre esos rasgos geográficos cercanos y siempre desde un punto de vista social. Como señala en el prólogo, Hendrik Hertzberg, “viajar con James en estas páginas es tomarse unas apacibles vacaciones con un compañero totalmente avezado, sumamente culto e inteligente en extremo”. Estas postales jamesianas, según Hertzberg, se alejan de las crónicas o noticias de la época, las tribulaciones de la guerra franco-prusiana, la política o la perspectiva de las revoluciones por llegar.
       El detalle sobresale en muchas de estas páginas de Viajes con Henry James, porque el autor se detiene en describir con minuciosidad el paisaje y los elementos que lo pueblan, incluye el urbanismo y cuando pasea por la vieja Europa destaca sus viejas ciudades y catedrales, y como en el resto de su obra, las páginas de este libro respiran esa libertad expresa, sus movimientos por el viejo continente le llevaron a una experiencia inigualable para el resto de su vida, y su amor por lo europeo le llevaría a escribir lo mejor de su narrativa. Dejó constancia en estas páginas de su primer verano europeo recorriendo el paisaje inglés, Lichfield, Warwick, Devon, Wells y Salisbury como ejemplares visitas con una notable capacidad de abstracción mental, conmovido por el deleite de los teatros parisinos o la visita a una exposición de arte en el París de 1872, y vendrían las ciudades toscazas, Livorno, Pisa, Lucca y Pistoia y su colorido local, o las innumerables vistas de Londres y sus teatros, sin olvidar Escocia y su imponente Edimburgo. Sin duda, el conjunto muestra una extraordinaria colección de textos evocadores, repletos de humor y aun se añade ese punto de acidez característica del mejor James, en los que el lector reconocerá su incomparable genio.


Compañero de viaje

       Henry James (Nueva York, 15 de abril de 1843 – Londres, 28 de febrero de 1916) fue un escritor y crítico literario estadounidense, aunque pasó buena parte de su vida en Europa y se nacionalizó británico. Conocido por sus novelas y relatos basados en la técnica del punto de vista, característica que le permite el análisis psicológico de los personajes desde el interior de los mismos. A los veintiséis años ya había iniciado una prometedora carrera literaria y escrito relatos breves y reseñado algunos libros para revistas como North American Review, Atlantic y Nation, revista donde publicaría sus primeros reportajes de los pequeños viajes realizados por el noroeste americano para después iniciar su periplo europeo. Algunas de sus principales obras, Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller (1879) y Retrato de una dama (1881) fueron escritas en esta primera etapa viajera. Después exploraría los tipos y costumbres del carácter inglés, como en La musa trágica (1890), Los despojos de Poynton (1897) y La edad ingrata (1899). Para sus tres últimas y grandes novelas, Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904), vuelve al esquema del contraste que vivió y constató entre las sociedades europea y americana que conocía perfectamente.







Henry James, Viajes con Henry James; trad., de Borja Folch; Barcelona, Ediciones B, 2017; 284 pp.

jueves, 18 de mayo de 2017

Esther García Llovet



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EL MUNDO SIGUE VIVO
           
       Esther García Llovet (Málaga, 1963) ha ensayado en todos sus textos hasta el momento una incesante búsqueda, y en su nueva entrega, Cómo dejar de escribir (2017), su personaje protagonista pretende, mientras deambula por los barrios más anónimos de un Madrid reconocible, encontrar un manuscrito; se trata del hijo apócrifo del gran Ronaldo, el mítico escritor latinoamericana/ léase, sin duda, Bolaño. Ya en anteriores tanteos narrativos, valga Coda (2003) describía una atmósfera asfixiante para sus personajes, convertidos en seres sujetos a códigos no establecidos, y cuyas relaciones cruzadas constataban que existe una sociedad suburbana de tintes tan inquietantes como imprevisibles, y parte de un cotidiano vivir en nuestras ciudades.
       Resolviendo sus referentes literarios, la devoción de García Llovet por el chileno es manifiesta desde sus comienzos, así convierte su novela, breve por extensión y trama novelesca, en un diálogo con el narrador de culto que provoca en los lectores esa mirada entrevista por la malagueña con las necesarias referencias a la literatura de Bolaño. Renfo, un veinteañero, busca en un caluroso verano madrileño y bajo una mirada tan absurda como brillante, el manuscrito perdido de su padre fallecido años atrás, al tiempo que se propone reconstruir su figura escribiendo una biografía de la que apenas si lleva redactada media página. El curioso personaje se cruza en su deambular con tipos igualmente extravagantes y grotescos: el expresidiario Curto, un parado de larga duración que ejerce de jardinero, Claudia la chica pija o la extraña pareja de Los Maridos que forman Pato y Carnicero; todos coinciden en numerosos espacios cutres, calles que huelen a meadas de perro, bares con olor a fritanga, pero también se pasean por fiestas de gente acomodada, desde Arturo Soria a Sol, donde abundan las drogas y el ambiente sórdido.
       Cómo dejar de escribir está contado desde un presente narrativo que nos sitúa en plena crisis actual, abundan las supresiones de acontecimientos obviados en la linealidad temporal del relato, y las oportunas secuencias en la recuperación de historias y episodios del pasado cuando el narrador sueña con su padre o se apuntan los recuerdos de experiencias vividas por otros personajes. La novela ofrece una estética cuya brevedad se condensa en capítulos de cuatro o apenas cinco líneas, muy próximos en su estructura al microrrelato, de tanta actualidad. García Llovet apuesta por una narrativa fragmentaria porque de lo que se trata es de constatar que sus personajes aislados se esfuerzan por comunicarse en esta sociedad de la incomunicación, en un espacio y con esas relaciones que sólo se logran a través de la esperanza de un seguir avanzando. La prosa de la narradora malagueña es sobria, los recursos visuales empleados efectivos y la variedad de sentimientos expuestos deja constancia de lo que está pasando. La narración ensayada elabora sus resonancias a partir de la simplicidad, posee una estructura que hace del todo la suma de las partes. Y así los significados de esa narración lineal se elaboran con sencillez, resultan verosímiles, casi relatos propios, y sus personajes acosados por una variada gama de problemas, personales en su mayoría, los une esa realidad solo percibida por quienes nos acercamos a ella.







CÓMO DEJAR DE ESCRIBIR
Esther García Llovet
Barcelona, Anagrama, 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

Salvador Compán



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UNA METÁFORA DE LA EXISTENCIA
              
       Con Cuaderno de viaje (2000) Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1960) ha logrado ser finalista del Premio Planeta después de tres entregas anteriores no menos interesantes,  El Guadalquivir no llega hasta el mar (1990), Madrugada (1995) y Un trozo de jardín (1999), que consiguió el Premio de la Crítica Andaluza, ese mismo año. De una autorreflexión como concepto de materia, habitual en la narrativa de los noventa, para contar una crónica familiar y diversos episodios de corte folletinesco componen lo esencial de la novela ganadora, que es, por cierto una excelente finalista y que cabe esperar sirva de precedente, para dignificar este premio de no abundantes aciertos en las últimas convocatorias. El marco es el último tercio del siglo XIX español, social e históricamente convulsivo, y que sirve, además, para mantener una tensión literaria que no defrauda al lector en las casi trescientas páginas del volumen, además de ofrecer cierta abundancia de datos y personajes que se asoman, acertadamente, a la ficción de Compán.
       El narrador, Juan García Martínez, periodista y escritor de folletines, viajará desde Madrid hasta el Sur, concretamente hasta Aroca, en la provincia de Jaén, lugar a donde lo ha llamado su tío, un juez retirado porque necesita su ayuda para redactar las memorias familiares y poner un poco orden en su vida. El ínclito jurista, Cándido Espejo, le propondrá que cambio de treinta mil reales escriba una especie de versión heroica de toda una saga familiar, olvidándose de aquellos episodios y aspectos más oscuros y deplorables del pasado reciente en los que participaron algunos miembros más destacados de la estirpe: hurtos, fechorías, asesinatos, malas compañías de suegros y cuñados, acompañados de secuaces que en otros tiempos mancillaron el buen nombre de la familia, sobre todo durante la Guerra de la Independencia y los años posteriores. Documentos, opiniones, referencias y abundantes viajes por toda la comarca, se convierten en el primer contacto de García Martínez con la historia a contar, datos y testimonios que el joven irá contrastando con su tío para ir ordenando el manuscrito que se va transcribiendo a lo largo del libro. Surgen así esas constantes temáticas que forman parte de la novela y que Compán maneja con tanta habilidad, el viaje asociado a toda una tradición decimonónica, el diario o cuaderno como justificación de toda una estructura y, al mismo, tiempo el estudio psicológico de muchos de los personajes que va entrevistando el joven periodista: Margarita Seisdedos, o los recuerdos de Rafael, su hermano, y Ana Bárcena, todo lo investigado acerca de las actividades de Saturio y Elías Seisdedos, hechos y descubrimientos que llevan al escritor a planteamientos de ética profesional porque una cosa es la crónica de lo sucedido y otra cosa es lo que el narrador pretende escribir. En realidad, algo de biografía y de ficción, algo de verdad y de mentira, para contar finalmente una buena historia y poder establecer lo ocurrido en honor al hecho intrínseco de la escritura, como esa concepción que defiende el protagonista de esta novela, «un acto para mostrar la naturaleza de las cosas», juicio que tiene mucho que ver con el estilo de novela de la época retratada, y las alusiones que en ella se hacen al Naturalismo porque la novela se desarrolla en torno a 1874, año de la Restauración que en literatura desembocaría en obras como Doña Perfecta, Gloria, Marianela y posteriormente La Regenta, quizá la más representativa de lo para el narrador manifiesta su ética y su estética.  








CUADERNO DE VIAJE
Salvador Compán
Planeta, Barcelona, 2000