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miércoles, 17 de mayo de 2017

Salvador Compán



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UNA METÁFORA DE LA EXISTENCIA
              
       Con Cuaderno de viaje (2000) Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1960) ha logrado ser finalista del Premio Planeta después de tres entregas anteriores no menos interesantes,  El Guadalquivir no llega hasta el mar (1990), Madrugada (1995) y Un trozo de jardín (1999), que consiguió el Premio de la Crítica Andaluza, ese mismo año. De una autorreflexión como concepto de materia, habitual en la narrativa de los noventa, para contar una crónica familiar y diversos episodios de corte folletinesco componen lo esencial de la novela ganadora, que es, por cierto una excelente finalista y que cabe esperar sirva de precedente, para dignificar este premio de no abundantes aciertos en las últimas convocatorias. El marco es el último tercio del siglo XIX español, social e históricamente convulsivo, y que sirve, además, para mantener una tensión literaria que no defrauda al lector en las casi trescientas páginas del volumen, además de ofrecer cierta abundancia de datos y personajes que se asoman, acertadamente, a la ficción de Compán.
       El narrador, Juan García Martínez, periodista y escritor de folletines, viajará desde Madrid hasta el Sur, concretamente hasta Aroca, en la provincia de Jaén, lugar a donde lo ha llamado su tío, un juez retirado porque necesita su ayuda para redactar las memorias familiares y poner un poco orden en su vida. El ínclito jurista, Cándido Espejo, le propondrá que cambio de treinta mil reales escriba una especie de versión heroica de toda una saga familiar, olvidándose de aquellos episodios y aspectos más oscuros y deplorables del pasado reciente en los que participaron algunos miembros más destacados de la estirpe: hurtos, fechorías, asesinatos, malas compañías de suegros y cuñados, acompañados de secuaces que en otros tiempos mancillaron el buen nombre de la familia, sobre todo durante la Guerra de la Independencia y los años posteriores. Documentos, opiniones, referencias y abundantes viajes por toda la comarca, se convierten en el primer contacto de García Martínez con la historia a contar, datos y testimonios que el joven irá contrastando con su tío para ir ordenando el manuscrito que se va transcribiendo a lo largo del libro. Surgen así esas constantes temáticas que forman parte de la novela y que Compán maneja con tanta habilidad, el viaje asociado a toda una tradición decimonónica, el diario o cuaderno como justificación de toda una estructura y, al mismo, tiempo el estudio psicológico de muchos de los personajes que va entrevistando el joven periodista: Margarita Seisdedos, o los recuerdos de Rafael, su hermano, y Ana Bárcena, todo lo investigado acerca de las actividades de Saturio y Elías Seisdedos, hechos y descubrimientos que llevan al escritor a planteamientos de ética profesional porque una cosa es la crónica de lo sucedido y otra cosa es lo que el narrador pretende escribir. En realidad, algo de biografía y de ficción, algo de verdad y de mentira, para contar finalmente una buena historia y poder establecer lo ocurrido en honor al hecho intrínseco de la escritura, como esa concepción que defiende el protagonista de esta novela, «un acto para mostrar la naturaleza de las cosas», juicio que tiene mucho que ver con el estilo de novela de la época retratada, y las alusiones que en ella se hacen al Naturalismo porque la novela se desarrolla en torno a 1874, año de la Restauración que en literatura desembocaría en obras como Doña Perfecta, Gloria, Marianela y posteriormente La Regenta, quizá la más representativa de lo para el narrador manifiesta su ética y su estética.  








CUADERNO DE VIAJE
Salvador Compán
Planeta, Barcelona, 2000

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