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jueves, 18 de mayo de 2017

Esther García Llovet



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EL MUNDO SIGUE VIVO
           
       Esther García Llovet (Málaga, 1963) ha ensayado en todos sus textos hasta el momento una incesante búsqueda, y en su nueva entrega, Cómo dejar de escribir (2017), su personaje protagonista pretende, mientras deambula por los barrios más anónimos de un Madrid reconocible, encontrar un manuscrito; se trata del hijo apócrifo del gran Ronaldo, el mítico escritor latinoamericana/ léase, sin duda, Bolaño. Ya en anteriores tanteos narrativos, valga Coda (2003) describía una atmósfera asfixiante para sus personajes, convertidos en seres sujetos a códigos no establecidos, y cuyas relaciones cruzadas constataban que existe una sociedad suburbana de tintes tan inquietantes como imprevisibles, y parte de un cotidiano vivir en nuestras ciudades.
       Resolviendo sus referentes literarios, la devoción de García Llovet por el chileno es manifiesta desde sus comienzos, así convierte su novela, breve por extensión y trama novelesca, en un diálogo con el narrador de culto que provoca en los lectores esa mirada entrevista por la malagueña con las necesarias referencias a la literatura de Bolaño. Renfo, un veinteañero, busca en un caluroso verano madrileño y bajo una mirada tan absurda como brillante, el manuscrito perdido de su padre fallecido años atrás, al tiempo que se propone reconstruir su figura escribiendo una biografía de la que apenas si lleva redactada media página. El curioso personaje se cruza en su deambular con tipos igualmente extravagantes y grotescos: el expresidiario Curto, un parado de larga duración que ejerce de jardinero, Claudia la chica pija o la extraña pareja de Los Maridos que forman Pato y Carnicero; todos coinciden en numerosos espacios cutres, calles que huelen a meadas de perro, bares con olor a fritanga, pero también se pasean por fiestas de gente acomodada, desde Arturo Soria a Sol, donde abundan las drogas y el ambiente sórdido.
       Cómo dejar de escribir está contado desde un presente narrativo que nos sitúa en plena crisis actual, abundan las supresiones de acontecimientos obviados en la linealidad temporal del relato, y las oportunas secuencias en la recuperación de historias y episodios del pasado cuando el narrador sueña con su padre o se apuntan los recuerdos de experiencias vividas por otros personajes. La novela ofrece una estética cuya brevedad se condensa en capítulos de cuatro o apenas cinco líneas, muy próximos en su estructura al microrrelato, de tanta actualidad. García Llovet apuesta por una narrativa fragmentaria porque de lo que se trata es de constatar que sus personajes aislados se esfuerzan por comunicarse en esta sociedad de la incomunicación, en un espacio y con esas relaciones que sólo se logran a través de la esperanza de un seguir avanzando. La prosa de la narradora malagueña es sobria, los recursos visuales empleados efectivos y la variedad de sentimientos expuestos deja constancia de lo que está pasando. La narración ensayada elabora sus resonancias a partir de la simplicidad, posee una estructura que hace del todo la suma de las partes. Y así los significados de esa narración lineal se elaboran con sencillez, resultan verosímiles, casi relatos propios, y sus personajes acosados por una variada gama de problemas, personales en su mayoría, los une esa realidad solo percibida por quienes nos acercamos a ella.







CÓMO DEJAR DE ESCRIBIR
Esther García Llovet
Barcelona, Anagrama, 2017

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