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domingo, 7 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 109



PAUL AUSTER, UN CAZADOR DE CONCIENCIAS*

   El escritor estadounidense Paul Auster (1947), reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2006), afirma que «lo real siempre va más allá de lo que podamos imaginar» porque, entre otras cosas «nuestras vidas no nos pertenecen, pertenecen al mundo, y a pesar de nuestros esfuerzos por darle un sentido a éste, el mundo es un lugar que va más allá de nuestro entendimiento».


              
       Cuenta el escritor granadino Justo Navarro que, para su primera novela, Paul Auster se inspiró en un número de teléfono equivocado. En realidad, la historia es la siguiente: un hombre llama una noche preguntando por la agencia de detectives Pinkerton y un jovencísimo Auster le explica que se ha equivocado de número, pero a la noche siguiente se repite la misma llamada y el interlocutor recibe la misma respuesta. Transcurrido un tiempo el novelista comenzó, intrigado por la incertidumbre de la llamada, a preguntarse qué hubiera sucedido de haber fingido que el número era cierto y poder así construir una historia. «Los teléfonos son enigmáticos y amenazadores», sostiene Justo Navarro en su prólogo a El cuaderno rojo (1994).Y surge así la historia de cómo un hombre llamado Quinn recibe la llamada de alguien que quiere hablar con el detective Paul Auster, un relato que daría lugar a Ciudad de cristal, la primera novela del escritor estadounidense recién galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2006.
       En una entrevista que Joseph Mallia realizaba a Paul Auster en 1987 el crítico le preguntaba al novelista si la frase con que encabezaba uno de sus libros, «Habrá una forma nueva», de Samuel Beckett, podría ser un ejemplo para su obra. Auster señalaba que, en realidad, podría dar la impresión de que sus libros, el conjunto de su obra hasta el momento, podrían ser extraños, que sus libros no se parecen a otros libros, pero que en ningún momento podía asegurar que fuesen nuevos.
       Inicialmente Auster comenzó a escribir poesía y ensayos literarios, durante la década de los setenta, en realidad pequeños poemas que escribía durante meses pero que comenzaron a abrirse de forma gradual hacia la sobriedad de una prosa, influenciado, fundamentalmente, por Kafka y Beckett, la poesía francesa contemporánea, los objetivistas americanos y sobre todo el poeta alemán, Paul Célan. Su primer libro en prosa, La invención de la soledad (1982), es un texto seudoautobiográfico o una reflexión sobre ciertas cuestiones con el propio autor como personaje central. Contiene dos secciones, escritas independientemente, separadas por el intervalo de un par de años. Una primera parte titulada «Retrato de un hombre invisible», elaborado a consecuencia de la muerte del padre del escritor, y la segunda, «El libro de la memoria» precisamente, acerca de la memoria y lo que tiene de desarrollo en el tiempo, con un orden y con textos repletos de sinceridad o como ha escrito Miguel Sánchez-Ostiz «una emocionante reflexión sobre la paternidad y sobre la muerte, sobre el ejercicio de la memoria y de la escritura». Para el escritor, esta segunda parte, se basa en las coincidencias, en las extrañas intersecciones de sucesos en el mundo como ocurrirá en Trilogía de Nueva York (Ciudad de cristal, 1985, Fantasmas,1986, La habitación cerrada, 1986), donde se percibe que la realidad es mucho más misteriosa de lo que estamos dispuestos a creer. Los tres textos nacen de un homenaje que el escritor ofrece a su esposa, una especie de autobiografía ficticia y subterránea, un invento por imaginar cómo se hubiera desarrollado su vida si no la hubiera conocido a ella. Esto motiva que el personaje sea el propio Auster y también Quinn, aunque, como ha señalado el novelista, en un universo distinto. Los libros, en general, para Auster están relacionados con la idea del misterio de muy diferentes formas. Rodeados de cosas que no comprendemos, de misterios, y es precisamente en los libros donde existen personas que se enfrentan con ellos porque es obvio que lo desconocen y no lo comprenden, a veces ocurre que algunas de estas cosas se traducen en confusión y en desconcierto. Sus entregas hasta el momento a veces oscilan entre ese límite que otorga lo real y lo imaginario, ocurría ya en La ciudad de cristal, esa búsqueda de Quinn cuando hace lo que debe o no hacer, incluso en Fantasmas, una especie de derroche de pasión o en La habitación cerrada con la que se pretende esa evidente resolución de rechazar el estilo de vida americano.
       Sus libros, como ha señalado el propio Auster, son la historia de sus obsesiones. Esa saga de cosas que perturban al autor, sobre los mismos interrogantes y dilemas humanos. Como si escribir para él fuese una cuestión de libre albedrío o un acto de supervivencia. Las imágenes surgen y poco a poco se siente acorralado por estas, empieza así a cobrar fuerza un libro.


Su biografía
       Paul Auster creció en los suburbios de Newark (Nueva Jersey) en 1947 y como tantos niños estadounidenses sentía verdadera pasión por el baseball aunque su afición a la literatura pronto oscureció sus sueños de posible jugador. La lectura de Crimen y castigo le llevó a la profesión de escritor. Cuando terminó sus estudios de bachillerato viajó por varios países europeos: Irlanda, Francia, Italia, España. Poco después pasaría una larga temporada en París, con su primera mujer, Lynda Davis, desde donde enviaba reseñas para subsistir a The New York Review of Books y posteriormente  en Harper´s, Saturday Review, The San Francisco Review of Books y otros, además de traducir algunos de los autores más importantes de Europa. El reconocimiento en 1987 por su Trilogía de Nueva York le llevaría al gran público y a una carrera de abundantes éxitos.  En la actualidad vive en uno de los barrios más conocidos de Nueva York, en Brooklyn con su nueva esposa, Siri Hustvedt, también narradora y sus dos hijas.  Diversas líneas trazan la obra de Paul Auster desde su primera novela. El autor concibe su narrativa como un conjunto por el cual se explayan sus temáticas. El dolor y la alegría de vivir, la vida y la muerte, el blanco y el negro, un juego de dualidades por el que transitan todos sus personajes. Sus obras son como continentes de ideas que no por su reiteración aburren al lector, los argumentos giran en torno a la casualidad y la sincronía, si bien esta ha sido una constante en su obra, Auster explota hasta las máximas consecuencias la influencia de la coincidencia en El libro de las ilusiones (2003) y aunque se trata de un azar que encaja a la perfección en una narración realista, como ha manifestado el autor en más de una ocasión: «Yo me considero un realista en el sentido más estricto de la palabra. El azar es parte de la realidad; continuamente nos vemos transformados por las fuerzas de la coincidencia». El gran personaje de Paul Auster no tiene rostro ni apariencia, es «lo desconocido» que nos acecha. Su prosa es sencilla pero hipnótica, que atrapa sin remisión al lector gracias a un perfecto dominio de la narración clásica. Auster llegó a afirmar que toda su obra era en realidad el mismo libro, como ya hemos apuntado. Autor de una amplia bibliografía que está editada, esencialmente, en Anagrama, como El país de las últimas cosas (1987), El palacio de la luna (1989), La música del azar (1990), Leviatán (1992), Mr. Vértigo (1994), Smoke (1995), A salto de mata (1997), Lulú on the brigde (1999), Tombuctú (1999), El libro de las ilusiones (2002), La noche del oráculo (2003), Ciudad de cristal. Novela gráfica (2005), Brooklyn follies (2006). Sus novelas han sido adaptadas al cine y él mismo ha dirigido algunas versiones propias, La música del azar (1993), dirigida por Philip Haas, Smoke (1995), dirigida por Wayne Wang, Blue in the face (1995), dirigida por Wayne Wang y el propio Auster, Lulú on the bridge (1998), dirigida por Paul Auster y El centro del mundo (2001), por Wayne Wang.

Brooklyn Follies       
       Su último libro, Brooklyn Follies (2006) es la historia de un hombre que regresa a su barrio para morir tranquilo, pero en ese proceso conocerá a todo tipo de personajes y afronta situaciones que lo llevarán a un auténtico reencuentro con su vida. Nathan Glass es un agente de seguros jubilado que en el regreso al lugar donde transcurrió su infancia, en el lugar donde ahora pretende refugiarse, se propone escribir un libro sobre ese desvarío humano que él mismo ha vivido. A medida que avanza en su proyecto irá conociendo una serie de tipos humanos que le harán ver la vida y su propia existencia de una forma distinta.
       Auster propone en su nueva entrega que el mundo ha ido de tragedia en tragedia, de guerra en guerra, de desastre en desastre, pero aún así los seres humanos consiguen seguir existiendo, amar y encontrar una justificación en la vida. Las historias de Glass se entrecruzan con otras historias que dan lugar a nuevas, y así hasta el final de la novela en la que una serie de personajes están dispuestos a entregarse a otros a despecho de un mundo moderno y poco solidario. El narrador propone, en realidad, un cuento de hadas para entender que el protagonista de su novela y ese grupo de gente que ha conseguido concentrar en torno a él son capaces de ver el lado bueno de las cosas y, uno por uno, se irán librando de esa ambigüedad que nos propone la vida porque todos descubren que el principio de la causalidad existe y todo lo que sucede tiene un sentido, y un antes y un después en la propia narración. Solo así hay que entender esta nueva entrega de Paul Auster empeñado en contar las cosas desde el lado bueno. La novela, como ha señalado el propio narrador, surgió a lo largo del año 1993 y su estructura era muy diferente puesto que el propio protagonista, Glass, no existía como personaje, aunque sí estaba en su mente otro llamado Willy Christmas, un mendigo y su perro, Mr. Bones. Tanto le gustaron ambos personajes que en aquellos momentos decidió dedicarles una novela completa que se convirtió en Tombuctú (1999). Hasta algunos años después no surgió Nathan Glass y sólo entonces pudo recomponer el relato y escribir su historia, esa que él mismo ha aclarado surge de las profundidades, de un abismo al que no tiene acceso hasta que un día surge una idea, una palabra, una imagen, y el principio de una historia.
       Auster ha señalado que cada vez que termina una novela tiende a olvidarse de ella aunque los personajes siguen viviendo en su interior y continuamente se preguntara por ellos. Un largo tiempo sin planear ni hacer nada hasta que surge una nueva historia y de nuevo vuelve a encerrarse para escribirla.
* Este extenso artículo fue escrito y publicado a propósito de la concesión del Premio Príncipe Asturias de las Letras en el año 2006; la bio-bibliografía, por consiguiente, se concreta hasta ese mismo año; el autor ha continuado escribiendo y publicando sus libros para deleite de sus lectores españoles.

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