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sábado, 6 de mayo de 2017

Hoy tomo café con…



María Tena

 “Ahora soy china y soy gay”, afirma María Tena que rompe una barrera literaria y retrata un amor homosexual en el marco de la Expo de Shanghái en su novela El novio chino.



       María Tena (Madrid, 1953) pasó su infancia en Irlanda y Montevideo, entre libros y escritores paseando por el mundo con un padre diplomático, una madre poeta y ocho hermanos que también acabaron escribiendo o siendo lectores compulsivos. Se licenció en 1975 en Filosofía y Letras especialidad en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, y al mismo tiempo en Derecho. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, y siempre ha trabajado y desempeñado cargos en la Administración en temas culturales y educativos. Estuvo a cargo de la Dirección del Centro del Libro y de la Lectura y de la Dirección del Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura de España.
       Semifinalista del Premio Herralde 2002 con su novela Tenemos que vernos,  publicó su segunda Todavía tú en 2007, que también fue semifinalista del Premio Herralde. Su tercera obra, La fragilidad de las panteras, fue finalista del Premio Primavera de Novela 2010. Recientemente ha obtenido el Premio Málaga de Novela por su cuarta entrega, El novio chino (2017), ambientada en el Shanghái de la Exposición Universal de 2010, cuenta la historia de Bruno, que consigue un puesto de jefe de protocolo en la delegación española, y allí conoce a Ben, un muchacho que ha huido de su aldea y vaga por la ciudad.

¿La ficción, de alguna manera, completa nuestra vida real?
       También es real la ficción. Ocupa un espacio,  pesa y a veces significa mucho en una vida. El escritor comercia con los límites, con lo que sueña, con lo que nunca tuvo o podrá tener. El mundo imaginario es lo que nos regalamos los escritores para saciar la insatisfacción. Todos esos retazos de realidad reconstruida de pronto tienen sentido. Sí, de algún modo, eso nos completa.

¿Para escribir recurrimos a nuestra memoria, quizá porque de alguna manera ordena nuestra existencia?
       La memoria ordena y tranquiliza, y la imaginación, “La loca en la casa”, desordena y mezcla las imágenes. Las pone a parir, es decir a crear. Las convierte en semillas de sus locas historias. Son esas dos fuerzas lo que llena de sentido nuestros libros.

Sus novelas están pobladas, en cierto modo, de paisajes, ¿qué representan para sus personajes?
       El espacio físico, en literatura, no solo hace que nuestros personajes sean creíbles sino que también funciona en clave psicológica. Un elemento que refuerza el sentido de nuestras historias. En el siglo XXI el paisaje ya no puede ser un  adorno. Si no funciona, dramáticamente, a través del personaje, ya no sirve. Sucede igual en el arte contemporáneo. Hemos incorporado el paisaje al hombre como algo que ya no puede estar fuera de él.

La crítica ha calificado su prosa de “transparente” y “natural”, ¿es un obligado propósito para usted, o en realidad fluye con el lenguaje mismo?
       “La única obligación moral del escritor es el esmero”, decía Carver. Intento llevar esa cita al límite.  Trabajo en ello igual que el mar trabaja a cada instante con las piedras de la playa. Escribir es contar historias pero el lenguaje, para mí, tiene que ser exacto, conciso, transparente.

Y por insistir, ¿cómo consigue usted acercarse a sus personajes con tanta sencillez?
       Intento no andarme las ramas y, a la vez, poner emoción en lo que hago.


Clara, el arquitecto, Itziar, Laura y Teresa, incluso Bruno, están caracterizados por sostener fuertes deseos en su vida, ¿es una forma de enfrentarnos a nuestro cotidiano subsistir?
       Dice la ciencia que es el deseo lo que nos mantiene vivos. Estructuro mis historias contando con esos deseos, esos conflictos. Mis personajes existen  por eso. Ese es su motor, el modo en que  consigo que tengan relieve, que parezcan humanos.

¿Pasión y fuerza, sobre todo, en su propósito exclusivo para escribir una historia?
       Más que un propósito es una manera de vivir. No consigo templarme con la vida ni con la literatura. Soy una extremista tranquila.

La Exposición Universal de 2010 es el trasfondo de su nueva novela, El novio chino (2017) ¿cabría imaginar otra historia parecida sin el escenario de Shanghái?
       Sí, claro que sí. Las historia de dos seres distintos y solos que se quieren, que luchan por  encontrarse, porque lo suyo dure en el tiempo, sucede cada día y en todas partes.      Pero Shanghái con sus disparatadas contradicciones y sus 24 millones de almas es el lugar ideal para esta historia. A la vez refinada y canalla, poderosa y miserable, bellísima y asquerosa… tenía todas la papeletas para ser elegida.

¿La cultura tan diferente de ambos personajes condiciona la relación de ambos, o más bien se dejan arrastrar por una pasión?
       Todo les condiciona. Cuando se encuentran ni siquiera tienen un idioma común, pero quieren estar juntos. La fuerza de ese deseo mueve la historia. Y los transforma. Al final ninguno se parece al que conocimos antes de que empezara su historia juntos.

¿Es un atrevimiento escribir una historia homosexual literariamente hablando?
       Es algo que, al principio,  ni me planteé. Pero es verdad que esta novela  me ha obligado a afinar mucho. A meterme en la cabeza de un chino y en las relaciones entre dos hombres. Y he intentado hacerlo con naturalidad. Como si nada. (y, mientras lo digo, me doy cuenta de que estoy citando la última frase de la novela).

La sutilidad y una delicada relación entre Bruno y John es lo más sorprendente de la novela, ¿quizá no estamos tan alejados como creemos de una cultura tan ancestral?
       Esa sutileza es querida. No es un rollo solo sexual, están enamorados. Y en ese amor pesa la historia  de sus dos países. Sus costumbres y sus prejuicios. Todo pesa.

¿Lo hermoso y lo ignominioso de la condición humana nos permite vislumbrar ese oscuro fenómeno que llamamos amor?
       Dices muy bien al mencionar la palabra “vislumbrar”. Todos sabemos lo que es el amor pero ninguno conoce bien de qué materia está hecho o cuáles son sus límites. Un misterio con el que vivimos y morimos. Por eso nos apasiona tanto.

¿Se ha sentido usted tentada de establecerse en China?
       Me hicieron una oferta tentadora. Y fui muy feliz en China. Pero el amor, todos los amores, estaban aquí. No hay nada que pueda con eso.

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