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martes, 23 de mayo de 2017

Salvador Compán,2



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SEGUNDAS INSTANCIAS                             
              
        Momentos de extrañeza, impulsos o simples impresiones que justifican, algunos años después, historias inventadas en una época de tanteos, cuando el narrador busca con cada página escrita la expresión personal de una posible y futura voz literaria. Se percibe esa voluntad juvenil por encontrar expresiones artísticamente válidas y experimentar nuevos temas y formas de expresión con que reinventar argumentos universales: deseo, amor, infidelidad, libertad o locura, telón de fondo de esta colección de relatos. El libro Cuídate de los poemas de amor (2007) es, en palabras de Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1951), una autobiografía sumergida, aunque la heterogeneidad de los catorce cuentos va mucho más allá de esta afirmación. Él autor justifica, uno a uno, su prehistoria porque, en algunos momentos de su vida, le advirtieron que algo iba a suceder. Un espectáculo que no quiso perderse y pudo retener. Y esa «involuntaria unidad temática» esgrimida por Compán para reunir, por primera vez, aquellos textos que le proporcionaron algún premio y una no menos importante causa de satisfacción, se muestra en la fuerza y contundencia de varios de ellos, caso de «Jiménez, el Espeso» una visión más de las atrocidades de nuestra guerra civil con los inevitables fusilamientos en los pueblos de nuestra España más rural. O «Trenes» hermosa historia de amor que sobresale por el paralelismo planteado en sus dos protagonistas: Ana y Juan, cuyas voces, alternativamente, se van apagando a medida que se intensifica su relación y la acción del cuento llega al final, cuando el joven maquis cae abatido sobre la vía. Dos perspectivas ofrecen en este relato una perfecta visión de esa acción interna y secreta que continúa en otra externa y visible, un todo voluntariosamente oculto por acciones accesorias, por esa actividad que no persigue otra finalidad, sino la de conducir al lector al hecho en sí, la fatalidad. Y «La reina del carnaval» otro cuento de amor fallido con una duplicidad narrativa que propone un narrador, en primera y tercera persona, y que, de alguna manera, sirve de unión a las diferentes situaciones y está presente, como si de un confidente se tratara, para contar una alocada visión de un fortuito encuentro carnavalesco y sus funestas y dramáticas consecuencias.
               Lirismo, violencia, locura individual o colectiva como la practica Compán en los tres relatos anteriores, muestran el inequívoco talento de un autor con capacidad para sintetizar con garantía de calidad el difícil arte del cuento. El algunos casos, la economía mínima de los medios de expresión provoca una explosión y, lo insignificante y lo accidental, muestra el lado amable de la vida, como en «El limpiador de cristales», relato característico por su brevedad, por sus alusiones, convertido casi en un poema en prosa, que vertebra el tema a otros relatos en Cuídate de los poemas de amor. Finura literaria, en suma, manchas de conciencia para dejar constancia de una meditación que suavice algunas actitudes de nuestra vida y, por añadidura, siembre algo de verdad en nuestra existencia porque, los argumentos de este libro y los personajes, trasiegan en lo verosímil y, también, en lo inverosímil mostrando las pasiones que arrastran. Los cuentos de Salvador Compán, al menos, los se que incluyen en este volumen, no ayudan a soñar, sino realizar aspectos de una existencia cualquiera que sea esta.







Salvador Compán; Cuídate de los poemas de amor; Córdoba, Almuzara, 2007; 120 págs.

lunes, 22 de mayo de 2017

200.000 visitas


     Gracias amigos lectores... esta mañana llegamos a 200.000 visitas, y la alegría de saber que siempre hay algún lector en cualquier rincón del mundo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 111



EL EROTISMO COMO POSIBILIDAD

         Libro deslumbrante, curioso y audaz, Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006) que el granadino Gregorio Morales entrega y con el que propone sumergirnos en lo más variado del mundo del erotismo, en cuanto a imaginación y realidad.

              
         No resulta nada fácil escribir y teorizar sobre la variedad de las prácticas sexuales o acerca de las curiosidades del mundo del erotismo. Gregorio Morales (Granada, 1952), autor de un completísimo libro anterior titulado El juego del viento y la luna. Antología de la literatura erótica (1998), y de numerosos trabajos sobre sexo y erotismo, publica ahora Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006), un extenso ensayo donde desglosa la historia del erotismo desde puntos de vista tan curiosos para poder vislumbrar aspectos tan comunes como  «La historia de la mamada» o la  «Historia del 69» y se incluyen, entre otros interesantes capítulos, un repaso documentado de las grandes ninfómanas de la historia, el curioso mundo de los sex-shop, las lolitas o las chicas de calendario o se describe el mundo de los susurros, los suspiros y los jadeos que pueden rastrearse en las grandes obra de la literatura, como el oportuno apartado dedicado al erotismo en El ingenioso hidalgo don Quijote de las Mancha. Morales sostiene en su libro que, en la actualidad, hay un exceso de pornografía y una gran escasez de erotismo y afirma que lo afrodisíaco constituye la esencia de cuanto nos rodea. El cine X o la Historia de la Literatura Erótica, también, forman parte de otros de los más interesantes capítulos de este volumen.

¿Qué es erotismo?
         Se pregunta el autor al comienzo mismo del tratado para situar al lector desde las primeras líneas y en el prólogo mismo acerca de lo esencial de su libro. Para Morales el erotismo no es acto, sino la pura potencialidad del mismo y, al mismo tiempo, la posibilidad. Reside, por tanto, en lo invisible, en aquello que no se ve y se agota cuando puede verse y medirse.  Y responde por consiguiente a: erotismo o verdad, imaginación o realidad y deseo o fisiología. El erotismo se convierte en un juego, como afirma el autor, si por jugar entendemos la capacidad de fabular, de ensayar por medio de la ficción otros mundos y otros lugares. La historia del erotismo nos da los suficientes ejemplos de hasta qué punto hombres y mujeres de todas las épocas han centrado su atención en el otro, porque el deseo nos lleva a cifrar nuestros anhelos en otras personas. Gregorio Morales llega a la conclusión de que el hombre occidental está tan falto de erotismo como de amor y esta Historia del erotismo, que él mismo escribe y presenta, es una oportunidad para aunar con la propia experiencia el bagaje que va desde los antepasados de todos los tiempos hasta la más absoluta contemporaneidad, reavivando siempre una fuente en plena efervescencia.


Ninfomanía
         Cantidad, compulsividad, insatisfacción, fuerza irreprimible de deseo, transposición de los límites, larvada o patente potencia..., así queda calificada por el autor la ninfomanía de la que escribe un interesante capítulo dedicado a las grandes ninfómanas de la historia, empezando por María Magdalena y ese concepto esgrimido por la Biblia de ser una mujer habitada por siete demonios que ungió los pies de Cristo. Pero será Mesalina la ninfómana por antonomasia, casada con el emperador Claudio a los dieciséis años se dio a todo tipo de excesos y buscaba a los hombres con las artes propias de una meretriz hasta el punto de que muchos de los varones de Roma llegaron a temer por su seguridad y la de sus familias o el caso de Anula, la «viuda negra», reina del antiguo Ceilán durante los años 48-44 a.C., cuya principal actividad, además de la ninfomanía, fue la de ir envenenando a los distintos reyes con quienes se casaba: príncipes, guardias de palacio, carpinteros, leñeros incluso un sagrado brahmán, todos ellos sucumbieron al excesivo apetito sexual de una reina que nunca tuvo suficiente con un solo hombre. Algo semejante se puede afirmar de Cleopatra que llegó a tener un templo especial donde residían vigorosos jóvenes, cuya misión consistía estar al servicio sexual de la reina, y la lista que Morales añade a este capítulo sigue en Catalina la Grande, Gala y su castillo de Púbol, lady Jane Ellenborough, la actriz Vivien Leigh, sin olvidar algunas jóvenes en la actualidad como Annabel Chong, Jasmine St. Clair, o una tal Houston que ha batido el récord hasta el momento: seiscientas veinte veces ininterrumpidamente.

Sex-Shop
         La curiosidad de los sex-shop data de los años sesenta, pero parece ser que, ciertos artículos eróticos, se vendían de los tiempos más inmemoriales: fundas, aumentadores, anillos, y preservativos de toda clase y especies. Y aún más antiguos, muñecos, filtros de amor, cinturones de castidad o consoladores de la antigüedad griega y romana o la Edad Media. Está constatado cómo a partir del siglo XIX las principales capitales europeas albergaban lujosos prostíbulos que se servían de abundante material erótico, por ejemplo, las «sillas del amor» donde era posible practicar algunas de las posturas más inusuales. Hoy se utilizan piercings, cremas y ampollas y, cada vez más, los artículos de lencería que ocupan un lugar primordial con atrevidos, fantásticos y afrodisíacos diseños. Y sobre todo en los modernos shops abundan los artículos para homosexuales, sin olvidar ese tipo de artilugios que se concretan en bozales, fustas, correajes, esposas, máscaras, cadenas que dan lugar a lo que moderna y comúnmente se denomina como erotismo colectivo.
         Aún cabe esperar más del desarrollo del cibersexo, un proceso parecido al que llevaron a cabo las cabinas privadas y que nos trasladarán a realizar nuestros caprichos virtualmente y nos transportarán a nuevas experiencias, aunque como señala el autor, lo interesante de todo este proceso es que tiendas y objetos seguirán cumpliendo ese objetivo propuesto que constituye incentivar nuestra fantasía, quizá el motor más importante del erotismo.

Lolitas
         ¿Qué es una lolita? se pregunta Gregorio Morales en uno de los más interesantes capítulos de Por amor al deseo. En realidad, es una preadolescente que desgarra los corazones de los hombres maduros. Fundamentalmente de la novela de  Nabokov, Lolita, publicada en 1955, proviene, realmente, el término y, sobre todo, el escándalo que produjo la obra y las prohibiciones que se sucedieron con respecto al nombre de la protagonista, la niña de once años. Pero en realidad, fue Lewis Carroll uno de los primeros varones atraídos por lolitas y lo mismo le ocurrió al rey David, eclipsado por la belleza de Abisag o Mahoma cuando vio por primera vez a Aixa, una niña de siete años.  El cine moderno ha alimentado el mito durante estos últimos años y a las versiones de la obra de Nabokov, la filmada por Kubrick en 1962 y Lyne en 1997, el tema se ha repetido una y otra vez, vuelve en Taxi Driver (1976), de Scorsese, en Pretty Baby (1978), de Malle, Las edades de Lulú (1990) o American Beauty (1999). A parte de la explicación jungniana del anima masculino y el animus femenino, existe una explicación mitológica, según la cual el complejo de lolita estaría relacionado con el mito del vampiro, y esa suerte de dráculas que, agobiados por los años, tienen esa continua necesidad de sangre fresca. O una explicación biológica, cuando uno descubre pelo, piel suave, grandes ojos, mejillas sonrojadas, nariz pequeña que nos atrae por los recuerdos del bebé y nuestra inclinación biológica a amar por encima de todo; una antropológica que nos remonta a la historia de la humanidad y esos matrimonios celebrados en la adolescencia, entre los doce y quince años; y una final, psicoanalítica que habla, en realidad, de una homosexualidad disfrazada, ya que lo que realmente amarían sería al andrógino o efebo. 
                 Un repaso interesante por las «chicas de calendario» calificadas de simpáticas, guapas, pícaras, hospitalarias, frágiles, alocadas, maternales y tentadoras. Calificadas, también, como pinups , así se definen como esa chica de quince años en un cuerpo de veinte.


El cine X
         Unas semanas después de las primeras proyecciones de los hermanos Lumiére en 1895 se rodó una película Bain (1895) protagonizada por una bailarina de striptease, la francesa Louise Willy. Desde esta fecha hasta la Segunda Guerra Mundial no existió la censura en Europa y el cine vivió su época dorada hasta que el 1975 fue relegado a las famosas salas X.  El porno vivió en la clandestinidad y durante años fue impulsado y distribuido por verdaderas mafias, pero los tiempos cambiaron y poco a poco la pornografía se legalizaría en Austria, en Dinamarca, en Estados Unidos y en España, finalmente en 1983. El capítulo extenso que dedica Morales al tema es lo suficiente ilustrativo como para no reproducirlo aquí, y está lo suficientemente documentado como para que el lector pueda tener una idea clara al respecto. Quizá una última y valiosa reflexión debida a Patricia Highsmith que no duda en afirmar que, en su opinión, «la pornografía ha sustituido a las religiones».
         Términos como «kiki», «fast web», «aventura», «cipote de Archidona» son explicados con esa gracia que aboga por una vida sexual plena. Incluso la literatura no queda al margen del análisis de Gregorio Morales que, resulta obvio, dedica en un extenso capítulo a la figura y obra de Don Quixote. El ensayista Alexandrian en su Historia de la literatura erótica (1989) reflexionaba sobre numerosos textos con indicaciones biográficas que subrayaban la psicología de sus autores y el objeto que planteaba al evaluar dicha literatura. Sin olvidar que esta había nacido en Europa precisamente importada de Oriente de donde había llegado tras otorgarle un sentido profano. Existen, pues, obras maestras griegas, latinas, francesas, italianas, inglesas y alemanas porque la censura de la Inquisición en España relegó el género a la literatura sentimental y caballeresca. El libro de Alexandrian hace un minucioso recorrido por el arte de amar en la antigüedad, la lujuria en la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración y la edad de oro del libertinaje, o los grandes libros clandestinos del XIX, incluida la literatura erótica femenina hasta llegar al erotismo surrealista. Morales añade, también un somero repaso por «Historia de la literatura erótica» para terminar con el curioso capítulo de la «Historia del cinturón de castidad», ese invento u objeto del que se empezó a hablar, precisamente, en la Edad Media, cuando el flujo de hombres a las cruzadas dejó a cientos de mujeres que podían ser violadas o entregarse a sus furores eróticos. 

         Un documentado «Diccionario del Erotismo» cierra el curioso libro Por amor al deseo, con entradas tan variadas que recogen nombres propios relativos al mundo del erotismo, películas famosas y actores o simplemente voces que explican ese sentido que no se les da en los diccionarios al uso.
         El mundo erótico o la literatura, pese a lo esgrimido por numerosas voces, no es síntoma de decadencia porque como es sabido ha florecido en los grandes períodos de nuestra civilización, el siglo de Augusto, el Quatrocento, el Siglo de las Luces, incluso no se puede calificar como un signo de inmoralidad o abyección puesto que numerosos autores, entre otros el cristiano Ausonio, lo cultivaron sin remordimiento alguno. Nos quedaría quizá pensar en si, todo lo relativo a lo erótico, tiene algo de corruptor puesto que este siempre fue el motivo invocado para pasar a la proscripción. Que cada cual juzgue tras la lectura de este interesante libro y practique, en la medida de lo posible, la fantasía de su propia sexualidad.

sábado, 20 de mayo de 2017

Caricaturas



50 años sin Azorín

      José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, fue un novelista español, además de ensayista, dramaturgo y crítico literario, miembro de la Generación del 98.


                                       8 de junio de 1873, Monóvar (Alicante).
                                2 de marzo de 1967, Madrid.

viernes, 19 de mayo de 2017

Henry James



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DE VIAJE CON HENRY JAMES

Ediciones B reúne por primera vez los reportajes de viajes que Henry James publicó en la revista The Nation, entre 1870 y 1879, que titula, Viajes con Henry James (2017).

       La escritura de Henry James abarcó un amplio abanico que no dejaba género sin que el narrador impusiera su sello personal: textos de crítica literaria, novelas, relatos o nouvelles, memorias, relatos de viajes, e incluso teatro, aunque con este intento solo cosechara repetidos fracasos, y esa falta de éxito en el escenario le ocasionara cierto desánimo en algunos periodos de su vida, si bien en sus últimos años amplió su reputación de excelente escritor en sectores restringidos pero fieles que a partir de la Segunda Guerra Mundial porque fue este un periodo donde las reflexiones sobre la interioridad de los humanos cobró mayor presencia e importancia, y sus textos se caracterizan por ese interiorismo con que se califica al conjunto de su obra.

Viajes
       Los reportajes de viajes de Henry James para la revista The Nation, veintiuno en total, entre el 3 de agosto de 1870 y el 24 de mayo de 1879, se reúnen por primera vez en un libro, al mismo tiempo que empezaba una fructífera labor como novelista. James se convierte así, según The Wall Street Journal, en “un encantador compañero de viaje” que inicia su andadura por algunos paisajes de su amado Nueva York, concretamente “Saratoga”, “Lake George”, “Del lago George a Burlington”, “Newport” y finalmente “Niágara”, que corroboran la idea de un joven James que se siente extranjero en su propia tierra apara emprender su trabajo de campo y escribir sobre esos rasgos geográficos cercanos y siempre desde un punto de vista social. Como señala en el prólogo, Hendrik Hertzberg, “viajar con James en estas páginas es tomarse unas apacibles vacaciones con un compañero totalmente avezado, sumamente culto e inteligente en extremo”. Estas postales jamesianas, según Hertzberg, se alejan de las crónicas o noticias de la época, las tribulaciones de la guerra franco-prusiana, la política o la perspectiva de las revoluciones por llegar.
       El detalle sobresale en muchas de estas páginas de Viajes con Henry James, porque el autor se detiene en describir con minuciosidad el paisaje y los elementos que lo pueblan, incluye el urbanismo y cuando pasea por la vieja Europa destaca sus viejas ciudades y catedrales, y como en el resto de su obra, las páginas de este libro respiran esa libertad expresa, sus movimientos por el viejo continente le llevaron a una experiencia inigualable para el resto de su vida, y su amor por lo europeo le llevaría a escribir lo mejor de su narrativa. Dejó constancia en estas páginas de su primer verano europeo recorriendo el paisaje inglés, Lichfield, Warwick, Devon, Wells y Salisbury como ejemplares visitas con una notable capacidad de abstracción mental, conmovido por el deleite de los teatros parisinos o la visita a una exposición de arte en el París de 1872, y vendrían las ciudades toscazas, Livorno, Pisa, Lucca y Pistoia y su colorido local, o las innumerables vistas de Londres y sus teatros, sin olvidar Escocia y su imponente Edimburgo. Sin duda, el conjunto muestra una extraordinaria colección de textos evocadores, repletos de humor y aun se añade ese punto de acidez característica del mejor James, en los que el lector reconocerá su incomparable genio.


Compañero de viaje

       Henry James (Nueva York, 15 de abril de 1843 – Londres, 28 de febrero de 1916) fue un escritor y crítico literario estadounidense, aunque pasó buena parte de su vida en Europa y se nacionalizó británico. Conocido por sus novelas y relatos basados en la técnica del punto de vista, característica que le permite el análisis psicológico de los personajes desde el interior de los mismos. A los veintiséis años ya había iniciado una prometedora carrera literaria y escrito relatos breves y reseñado algunos libros para revistas como North American Review, Atlantic y Nation, revista donde publicaría sus primeros reportajes de los pequeños viajes realizados por el noroeste americano para después iniciar su periplo europeo. Algunas de sus principales obras, Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller (1879) y Retrato de una dama (1881) fueron escritas en esta primera etapa viajera. Después exploraría los tipos y costumbres del carácter inglés, como en La musa trágica (1890), Los despojos de Poynton (1897) y La edad ingrata (1899). Para sus tres últimas y grandes novelas, Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904), vuelve al esquema del contraste que vivió y constató entre las sociedades europea y americana que conocía perfectamente.







Henry James, Viajes con Henry James; trad., de Borja Folch; Barcelona, Ediciones B, 2017; 284 pp.

jueves, 18 de mayo de 2017

Esther García Llovet



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EL MUNDO SIGUE VIVO
           
       Esther García Llovet (Málaga, 1963) ha ensayado en todos sus textos hasta el momento una incesante búsqueda, y en su nueva entrega, Cómo dejar de escribir (2017), su personaje protagonista pretende, mientras deambula por los barrios más anónimos de un Madrid reconocible, encontrar un manuscrito; se trata del hijo apócrifo del gran Ronaldo, el mítico escritor latinoamericana/ léase, sin duda, Bolaño. Ya en anteriores tanteos narrativos, valga Coda (2003) describía una atmósfera asfixiante para sus personajes, convertidos en seres sujetos a códigos no establecidos, y cuyas relaciones cruzadas constataban que existe una sociedad suburbana de tintes tan inquietantes como imprevisibles, y parte de un cotidiano vivir en nuestras ciudades.
       Resolviendo sus referentes literarios, la devoción de García Llovet por el chileno es manifiesta desde sus comienzos, así convierte su novela, breve por extensión y trama novelesca, en un diálogo con el narrador de culto que provoca en los lectores esa mirada entrevista por la malagueña con las necesarias referencias a la literatura de Bolaño. Renfo, un veinteañero, busca en un caluroso verano madrileño y bajo una mirada tan absurda como brillante, el manuscrito perdido de su padre fallecido años atrás, al tiempo que se propone reconstruir su figura escribiendo una biografía de la que apenas si lleva redactada media página. El curioso personaje se cruza en su deambular con tipos igualmente extravagantes y grotescos: el expresidiario Curto, un parado de larga duración que ejerce de jardinero, Claudia la chica pija o la extraña pareja de Los Maridos que forman Pato y Carnicero; todos coinciden en numerosos espacios cutres, calles que huelen a meadas de perro, bares con olor a fritanga, pero también se pasean por fiestas de gente acomodada, desde Arturo Soria a Sol, donde abundan las drogas y el ambiente sórdido.
       Cómo dejar de escribir está contado desde un presente narrativo que nos sitúa en plena crisis actual, abundan las supresiones de acontecimientos obviados en la linealidad temporal del relato, y las oportunas secuencias en la recuperación de historias y episodios del pasado cuando el narrador sueña con su padre o se apuntan los recuerdos de experiencias vividas por otros personajes. La novela ofrece una estética cuya brevedad se condensa en capítulos de cuatro o apenas cinco líneas, muy próximos en su estructura al microrrelato, de tanta actualidad. García Llovet apuesta por una narrativa fragmentaria porque de lo que se trata es de constatar que sus personajes aislados se esfuerzan por comunicarse en esta sociedad de la incomunicación, en un espacio y con esas relaciones que sólo se logran a través de la esperanza de un seguir avanzando. La prosa de la narradora malagueña es sobria, los recursos visuales empleados efectivos y la variedad de sentimientos expuestos deja constancia de lo que está pasando. La narración ensayada elabora sus resonancias a partir de la simplicidad, posee una estructura que hace del todo la suma de las partes. Y así los significados de esa narración lineal se elaboran con sencillez, resultan verosímiles, casi relatos propios, y sus personajes acosados por una variada gama de problemas, personales en su mayoría, los une esa realidad solo percibida por quienes nos acercamos a ella.







CÓMO DEJAR DE ESCRIBIR
Esther García Llovet
Barcelona, Anagrama, 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

Salvador Compán



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UNA METÁFORA DE LA EXISTENCIA
              
       Con Cuaderno de viaje (2000) Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1960) ha logrado ser finalista del Premio Planeta después de tres entregas anteriores no menos interesantes,  El Guadalquivir no llega hasta el mar (1990), Madrugada (1995) y Un trozo de jardín (1999), que consiguió el Premio de la Crítica Andaluza, ese mismo año. De una autorreflexión como concepto de materia, habitual en la narrativa de los noventa, para contar una crónica familiar y diversos episodios de corte folletinesco componen lo esencial de la novela ganadora, que es, por cierto una excelente finalista y que cabe esperar sirva de precedente, para dignificar este premio de no abundantes aciertos en las últimas convocatorias. El marco es el último tercio del siglo XIX español, social e históricamente convulsivo, y que sirve, además, para mantener una tensión literaria que no defrauda al lector en las casi trescientas páginas del volumen, además de ofrecer cierta abundancia de datos y personajes que se asoman, acertadamente, a la ficción de Compán.
       El narrador, Juan García Martínez, periodista y escritor de folletines, viajará desde Madrid hasta el Sur, concretamente hasta Aroca, en la provincia de Jaén, lugar a donde lo ha llamado su tío, un juez retirado porque necesita su ayuda para redactar las memorias familiares y poner un poco orden en su vida. El ínclito jurista, Cándido Espejo, le propondrá que cambio de treinta mil reales escriba una especie de versión heroica de toda una saga familiar, olvidándose de aquellos episodios y aspectos más oscuros y deplorables del pasado reciente en los que participaron algunos miembros más destacados de la estirpe: hurtos, fechorías, asesinatos, malas compañías de suegros y cuñados, acompañados de secuaces que en otros tiempos mancillaron el buen nombre de la familia, sobre todo durante la Guerra de la Independencia y los años posteriores. Documentos, opiniones, referencias y abundantes viajes por toda la comarca, se convierten en el primer contacto de García Martínez con la historia a contar, datos y testimonios que el joven irá contrastando con su tío para ir ordenando el manuscrito que se va transcribiendo a lo largo del libro. Surgen así esas constantes temáticas que forman parte de la novela y que Compán maneja con tanta habilidad, el viaje asociado a toda una tradición decimonónica, el diario o cuaderno como justificación de toda una estructura y, al mismo, tiempo el estudio psicológico de muchos de los personajes que va entrevistando el joven periodista: Margarita Seisdedos, o los recuerdos de Rafael, su hermano, y Ana Bárcena, todo lo investigado acerca de las actividades de Saturio y Elías Seisdedos, hechos y descubrimientos que llevan al escritor a planteamientos de ética profesional porque una cosa es la crónica de lo sucedido y otra cosa es lo que el narrador pretende escribir. En realidad, algo de biografía y de ficción, algo de verdad y de mentira, para contar finalmente una buena historia y poder establecer lo ocurrido en honor al hecho intrínseco de la escritura, como esa concepción que defiende el protagonista de esta novela, «un acto para mostrar la naturaleza de las cosas», juicio que tiene mucho que ver con el estilo de novela de la época retratada, y las alusiones que en ella se hacen al Naturalismo porque la novela se desarrolla en torno a 1874, año de la Restauración que en literatura desembocaría en obras como Doña Perfecta, Gloria, Marianela y posteriormente La Regenta, quizá la más representativa de lo para el narrador manifiesta su ética y su estética.  








CUADERNO DE VIAJE
Salvador Compán
Planeta, Barcelona, 2000

martes, 16 de mayo de 2017

José López Rubio



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AÑOS VEINTE
              
       El joven José López Rubio (Motril, Granada, 1903-Madrid, 1996), se inició, literariamente, con un volumen de cuentos, que ahora reedita MenosCuarto, titulado Cuentos inverosímiles, publicado por Caro Raggio en 1921, aunque ya había escrito cuatro comedias que no había logrado estrenar.
       Hombre polifacético, narrador, periodista, traductor, guionista y director de cine y de televisión, destacaría, sin embargo, como comediógrafo. El historiador Ruiz Ramón destacaría en él su extraordinaria facilidad para hacer comedia o farsa fantástica, sátira ingeniosa o burlesca, teatro de costumbres con tendencia al vaudeville o al sainete, pero sobre todo por ser un genio del teatro de evasión. Maestro en desarrollar el doble juego del teatro dentro del teatro, la ficción dentro de la ficción, quizá por todo esto, el presente libro no deje de ser curioso y acertada su reedición, porque apareció en una época en la que no fue excesivamente brillante para el género, como señala el prologuista Fernando Valls, teniendo en cuenta que tanto la poesía como el teatro gozaban entonces de más prestigio literario y social.  Sin embargo, los escritores de la época contribuyeron cultivando una narrativa breve de estilos y tendencias muy variadas que no dejan de sorprender aún hoy día. El libro está compuesto por veintiuna narraciones, acompañadas de otras tantas ilustraciones, realizadas por los dibujantes más importantes de la época; Valls señala, en su introducción, que el granadino publicaría otros cuentos no recogidos en el volumen: «Al revés» (1925), «Mi calle con dos serenos» (1927), «La ciudad que tenía sed» (1927), «El dueño de la i» (1928) y «El bebedor de luz», «El agua que canta» y «El cazador de estrellas», sin fechar.
       El concepto de inverosímil proviene del gran Gómez de la Serna y de sus teorías opuestas a la verosimilitud y coherencia de la narrativa realista, aunque tampoco hay que clasificar el conjunto así porque se refieren a los primeros tanteos literarios de un joven veinteañero. Lázaro Carreter calificaba estos cuentos de «descaradamente informales, en los que apunta una fantasía, aún ingenua, instigada por Fernández Flórez y por el maestro de Pombo, y expresada en un lenguaje desenvuelto y limpio, pero aún no libre...». Algunos de estos cuentos tienden a la fábula, otros se decantan por el espiritismo, incluso la actualidad más rabiosa está presente, tampoco faltan esos pinitos metaliterarios en los que una reflexión sobre la verosimilitud se hace necesaria, algunos se plantean un reto literario, incluso pueden leerse cuentos con niños, esos seres tan desvalidos, como «El plátano», la historia de Polín, un niño hiperactivo. López Rubio apunta, en definitiva, con estos relatos sus buenas maneras de narrador que confirmaría a lo largo de su vida.







CUENTOS INVEROSÍMILES
José López Rubio
Prólogo de Fernando Valls
Palencia, MenosCuarto, 2007

lunes, 15 de mayo de 2017

Ian Gibson



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LA GUERRA Y LOS POETAS
              
        Cuatro de las voces más importantes de la poesía española del siglo XX, señala Ian Gibson (Dublín, 1939), pagaron, con la muerte o el exilio, el sueño de una España libre, culta y progresista. En su libro más reciente, Cuatro poetas en guerra (2007) el hispanista reconstruye la lucha y la muerte de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y el joven Miguel Hernández. De la mano de Pablo Suero, Gibson, cuenta la aventura del periodista y dramaturgo argentino en nuestro país, su llegada en diciembre de 1935, para informar a los lectores del diario porteño Noticias Gráficas acerca de la situación política y social del viejo gran pueblo, el relato de momentos de extraordinario interés y el objetivo de entrevistar a personajes destacados de la actualidad. El periodista llegará a la conclusión de que si la hostilidad de la derecha no remite contra la República, tarde o temprano, habrá una revolución marxista. En España, escribirá Suero, sólo consiguen vivir bien algunos políticos y los toreros; para el resto hay una insalvable, terrible, limitación económica.
        Cuando llega a Madrid, en enero de 1936, se espera la disolución de la Cortes y el anuncio de nuevas elecciones. Se encontrará con buenos amigos, García Lorca a quien promocionó durante la estancia del granadino en Buenos Aires, a Gómez de la Serna y pretende conocer a los Machado, a Juan Ramón Jiménez y a un joven, cabrero durante años, llamado Miguel Hernández. El 7 de enero de 1936 se disuelven las Cortes. Suero se encargará de entrevistar a los políticos del momento: Azaña, Largo Caballero, Primo de Rivera, Prieto e, incluso, en la cárcel a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, material que después convertirá en España levanta el puño (1936). Suero afirma que Azaña representa, mejor que nadie, el auténtico centro republicano y comenta: «Azaña es el fiel de la balanza española en este instante. Si las derechas fuesen sinceramente republicanas estarían con él, y entonces el marxismo se vería alejado del panorama social, como ellos quieren». Al hilo de las biografías de los poetas, Gibson se esfuerza  por transmitir desde un punto de vista ideológico el compromiso de las cuatro figuras retratadas: la visión de un Machado a la altura de la circunstancias, la llamada de la República en Hernández, el firme compromiso de Lorca pese a ciertos detractores inequívocos o el cliché de poeta en su torre de marfil de Juan Ramón , ocupado en salvar su obra Canción, una antológica visión de veintiún volúmenes. Una densa reconstrucción documental y numerosas fotografías completan un libro de fácil y amena lectura para quienes requieran un testimonio de la guerra y de los avatares de cuatro grandes poetas de nuestro siglo XX.







CUATRO POETAS EN GUERRA
Ian Gibson
Barcelona, Planeta, 2007


domingo, 14 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 110



PÍO BAROJA EN SU ÚLTIMA VUELTA DEL CAMINO*

       A los 50 años de la desaparición de Pío Baroja, el 30 de octubre de 1956, la edición de Desde la última vuelta del camino (Tusquets, 3 volúmenes), sus memorias literarias, nos devuelven la prosa de uno de los mejores novelistas del siglo XX.
               

       Siempre se ha escrito que la personalidad de Pío Baroja es el resultado de un conflicto propio entre las dos tendencias que discurrían por su vida: de una parte,  la rebeldía juvenil de sus primeros años,  su admiración por la aventura o la acción sin límites, y de otra, ese deseo de una vida tranquila, ordenada y segura. Y así, paradójicamente, pese a una primera juventud vivida con alguna intensidad en sus años universitarios, su larga vida se materializó en una monótona sucesión de momentos mediocres y nunca consiguió escapar a esas condiciones corrientes y vulgares que ofrece la vida, hasta el punto de que él mismo llegó a caracterizarse de la siguiente manera: «Yo no soy ni he sido un tipo fuerte y duro, de voluntad enérgica, sino más bien flojo y un tanto desvaído». La vida que nunca pudo llevar el escritor se convirtió en materia literaria para su obra y en este ámbito Baroja se sintió libre para realizar sus aventuras y fantasías o para vivir aquellas otras vidas que nunca se atrevió a llevar a cabo en la realidad.  La vasta obra del escritor vasco es una buena muestra de ello, sus trilogías, novelas, narraciones breves, ensayos y críticas, biografías, teatro, poesía, incluso guiones de cine, además de sus voluminosas memorias Desde la última vuelta del camino, dan fe de una inquebrantable labor literaria durante su larga existencia.

Vida y Memoria
       Pío Baroja nació en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872, hijo de un ingeniero de minas, colaborador en prensa y de ideas progresistas; su madre era una mujer tradicional, activa, dominante, severa y muy religiosa, con ella compartió el escritor buena parte de su vida. Unos años más tarde la familia se trasladaría a Madrid.
       Las Memorias de Baroja, escribe Fernando Pérez Ollo, son las más amplias, vivaces y desahogadas de la literatura en castellano; también, por supuesto, las más importantes pese a las circunstancias sociales y políticas en que se publicaron, la década de los cuarenta; y, además, Anna Caballé, habla «de un texto-río, caudaloso, sorprendente, teñido de pesimismo realista y denso de ideas a contrapelo (...). Un texto fiel reflejo del autor y muestra inequívoca de su ideología, su visión del mundo y sus ideas, como por ejemplo, sus apreciaciones políticas, y sobre políticos, literarias y sobre literatos, sobre filosofía, arte, el vasquismo o su profundo amor al paisaje natal y el de su residencia en Itzea». La editorial barcelonesa Tusquets edita, con motivo del cincuentenario de su muerte, en tres lujosos volúmenes, Desde la última vuelta del camino (1944-1949), entregas programadas desde mayo a septiembre de 2006, en un intento por publicar, por primera vez, la edición completa de los ocho libros de los que constan las memorias, porque anteriormente, aunque habían sido publicadas por Biblioteca Nueva, solo se publicaron los siete primeros y el octavo, en una edición inédita, en junio de 2005. Es decir, que pese a las manifestaciones de Baroja, después de 1943 siguió escribiendo sus memorias y preparó una nueva entrega que tituló La guerra civil en la frontera que Pérez Ollo data entre 1952 y 1953.
       Parece que, en realidad, el germen de estas memorias podría estar en un libro que el autor vasco publicara, veinticinco años antes, titulado Juventud, egolatría (1917) aunque también se preocupó de hablar, abundantemente, sobre aspectos autobiográficos y familiares, en obras como Páginas escogidas (1918), Las horas solitarias (1918), Divagaciones apasionadas (1924), Intermedios (1931), Vitrina pintoresca (1935), Rapsodias (1935) y Pequeños ensayos (1943). Tampoco parece que Baroja preparase, para la redacción de las 2.637 páginas, un guión previo, no existe un hilo cronológico y tampoco esquemas a seguir, pero lo que si está claro es que en los ocho libros de que consta la obra completa, don Pío conservaba perfectamente el recuerdo fresco de nombres, situaciones, vivencias, como una especie de evocación obsesiva de las cosas. Este juicio evidencia que el testimonio barojiano sobre personas y acontecimientos merecería mayor atención y estudio, como ocurre con sus silencios, omisiones e incluso con algunas lagunas, a veces, no menos sorprendentes. Las sombras que más aparecen, según Pérez Ollo, son las de él mismo y su familia, sobre todo quizá de su sobrino preferido, el mayor de todos, Julio Caro Baroja (1914-1995), el más citado y, además, con admiración, pero a su hermano Ricardo, pintor, grabador y escritor, cuesta imaginarlo integrado en estas Memorias. Otras deducciones sorprenden porque Baroja nace, crece y madura en una época caracterizada por la filosofía crítica de la historia, el historicismo que, frente al positivismo, sostiene la insuperable subjetividad personal del historiador como base del conocimiento objetivo del pasado; así conoce la obra de Marx, Carlyle, Gobineau, Taine y Barrès; también encontramos prolijas y rotundas disquisiciones sobre la Generación del 98 y sus miembros; Baroja siempre negó la influencia socio-política de la literatura, repitió que nunca había creído en el concepto de grupo porque, según manifestaba, toda la obra de un escritor es un reflejo desvaído de su «yo». A lo largo de sus Memorias el autor vasco canoniza a Dickens, Tolstói y Dostoievski, pero no entiende a Proust y Joyce y, aún más, desconoce la literatura alemana del siglo XX, con la excepción de Kafka, y había leído a autores como Gide, Colette, Celine, Green, Renard, Kipling, Huxley, Somerset Maugham, Hemingway y Dos Passos.


       El plan de la obra es el siguiente: en el primer tomo se incluyen los libros El escritor según él y según los críticos, Familia, infancia y juventud y Final del siglo XIX y principios del XX; el segundo tomo, Galería de tipos de la época, La intuición y el estilo y el inédito Ilusión o realidad; el tercero incluye Reportajes, Bagatelas de otoño, La guerra civil en la frontera y, el inédito, Blancos y rojos, en realidad la memoria de la estancia de Baroja en la capital francesa durante la guerra civil, época en la que visitó Basilea, en la hermosa Suiza, donde pasó unos días tranquilos aunque de cierta incertidumbre y a punto estuvo de embarcar para América; comienza donde termina La guerra civil en la frontera y finaliza con el regreso del escritor a Itzea.  Julio Caro Baroja escribe en las «Palabras preliminares» del primer tomo que «Estas Memorias (...) no fueron recibidas por la crítica de una manera unánimemente favorable, ni mucho menos. Una vez más, su autor fue acusado (...) por su falta de respeto a hombres famosos y su poca benevolencia al juzgar instituciones de cierta popularidad. Se dijo (...) que era egocentrista y soberbio».

Obra
       En 1900, costeándose la edición, Baroja publica su primer libro, Vidas sombrías, un conjunto de cuentos breves, escritos con una técnica impresionista. Poco después publicaría su primera novela, La casa de Aizgorri (1900), apareció en Bilbao y no es de las obras más divulgadas del autor. En 1902 abandona el negocio familiar, la gerencia de la panadería de su tía, en Madrid, a donde había llegado después de renunciar a su plaza de médico en Cestona, y decide aventurarse a vivir de y para la literatura, entendiéndola como un trabajo ordenado y metódico, compatible con una vida modesta y hogareña lo que muy pronto le permitirá tener una producción literaria muy amplia, Camino de perfección (1902), o pasión mística, su siguiente obra está escrita en una época en que el autor tenía preocupaciones que luego eliminaría de su conciencia, sobre todo las anticlericales. Durante años simultaneó las colaboraciones periodísticas con la creación literaria y aunque no tuvo un gran éxito con su literatura, sus obras se vendían y le permitieron llevar una vida sencilla, sin grandes pretensiones. Compró la casa de Itzea en Vera de Bidasoa (un pueblo cercano a la frontera francesa) donde pasará los veranos escribiendo y visitando la zona. Militó en el Partido Radical de Alejandro Lerroux, aunque posteriormente lo abandonaría tras algunos fracasos políticos. Durante la Primera Guerra Mundial mostró sus simpatías hacia Alemania y permaneció indiferente a la caída de la Monarquía y la posterior proclamación de la Segunda República. En 1934 fue elegido miembro de la Real Academia a instancias de su amigo Azorín, hecho que causó alguna expectación por su rebeldía e inconformismo; el estallido de la guerra le sorprende en Vera de Bidasoa, donde es detenido por un grupo de carlistas que dudan en fusilarlo por sus ideas antirreligiosas y por haber criticado al carlismo en sus novelas. Tras ser puesto en libertad, cruza la frontera y se refugia en París durante cuatro años, vuelve en 1940 y ya no será jamás molestado aunque su prestigio fue usado con fines propagandísticos por los falangistas durante los duros años del franquismo. Se instaló de nuevo en Madrid, en casa de su hermana Carmen y siguió escribiendo y publicando con regularidad; su obra ocupó un lugar de lo más paradójico en la España franquista porque había sido detenido por los carlistas y elogiado por los falangistas, aunque el régimen nunca vio muy bien parte de su producción, de hecho algunas de sus novelas fueron censuradas en diversas ocasiones, pero sin embargo se convirtió en un modelo de honestidad y rebeldía poco comunes y así los jóvenes escritores de los cuarenta y de los cincuenta intentaron revalorizar su obra como un claro antecedente del realismo social. Autores como Cela o Hemingway fueron sus grandes admiradores. En 1956 se rompió una pierna a causa de una caída, fue operado y cayó gravemente enfermo. Murió el 30 de octubre, a las cuatro de la tarde y será enterrado el 31 a las diez y media de la mañana en el Cementerio Civil de Madrid. Títulos como La busca, Mala hierba, Aurora roja (1904), Zalacain el aventurero (1909), Las inquietudes de Shanti Andía, El árbol de la ciencia (1911), El mundo es ansí (1912), Juventud, egolatría (1917), El laberinto de las sirenas (1923), una novela fechada en Rotterdam, tras un viaje por Alemania, Holanda y Dinamarca, aunque su redacción se llevó a cabo tras una visita a Italia y la fascinación de don Pío por el Mediterráneo; publicada por Caro Raggio, más tarde por Espasa-Calpe y recientemente, en una nueva edición, por Tusquets, con un prefacio del sobrino Pío Caro Baroja, La nave de los locos (1925), Los pilotos de altura (1928), Las noches del Buen Retiro (1934) y tras la guerra civil El caballero de Erlaiz (1943), El puente de las ánimas (1945), El país vasco (1953), son algunas de las obras de la amplia producción de autor vasco.   
* Este artículo se publica con motivo del 50º aniversario de la muerte de Baroja, en 2006, en las páginas de Cuadernos del Sur, diario Córdoba.