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jueves, 7 de diciembre de 2017

Félix J. Palma



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PASADO, PRESENTE, FUTURO

              
       La distinción entre pasado, presente y futuro —escribió Albert Einstein—es una ilusión, aunque se trata de una ilusión muy persistente, tanto que la literatura universal se ha empleado a fondo para desarrollar argumentos, tan hermosos que han pervivido en el tiempo, han cautivado a los lectores del pasado, divierten en el presente y tal vez ocurra lo mismo en el futuro. Un novela como El mapa del tiempo (2009), de Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1968), reconocido como uno de los jóvenes escritores españoles más originales, ofrece un singular viaje al Londres de finales del siglo XIX, ese lugar donde parecía que todo iba a ser posible y el desarrollo científico no tendría límites. Quizá por eso, un escritor como H.G. Wells conseguía con sus cuentos fantásticos y con su novela La máquina del tiempo rellenar de imaginación el prodigio de la ciencia, en una época de grandes inventos. Félix J. Palma ha recreado algunos de los momentos históricos que reproducían los periódicos de la época: los asesinatos de Jack, el Destripador o la doble vida de Jekyll y Hyde, pero sobre todo consigue una maravillosa recreación de la época victoriana, con las invenciones de Wells como trasfondo.
       La novela se estructura en tres partes diferenciadas, aunque con un denominador común, los viajes temporales, la posibilidad de cambiar el curso de la historia, el sueño que Wells inventó literariamente, y que Palma desarrolla en su novela, protagonizada en buena parte por el escritor británico: en la primera Andrew Harrington recurre al conocido Wells porque pretende viajar ocho años atrás para adelantarse el asesinato de Mary Jane Kelly, la prostituta asesinada por el Destripador en el barrio de Whitechapel, y de la que el joven aristócrata está enamorado; en la segunda parte, la más literaria y sorprendente, se relatan los viajes a través de la empresa de Viajes Temporales Murray, paradojas temporales sin realizar esa inmersión, en la que se cuenta una auténtica historia de amor entre Claire Haggerty con un hombre del futuro, el capitán Derek Shackleton, un héroe que salvará al mundo en el año 2000, y donde se nos da conocer la entrega de toda una vida al servicio del amor, y como en otros muchos casos entre una joven distinguida y un pobre desgraciado que, paradójicamente, se busca la vida en el mismo plano presente; y en la tercera, el ingenio del propio Wells se pondrá a prueba cuando debe esclarecer el crimen de un hombre que viene del futuro y pretende arrebatarle la autoría de algunas de sus novelas. Le ayudarán Conan Doyle y Stoker, personajes reales, que se suman a la ficción y que de alguna manera enlazan las historias que el gaditano ha ido contando en las más de seiscientas páginas de El mapa del tiempo, sin duda, un ejercicio de estilo que se articula como un auténtico folletín victoriano, configurando en este caso un infinito universo paralelo que enlaza con la mejor tradición literaria anglosajona, elevada en esta novela a la categoría de maravilla por el manejo de la introspección en la mente del escritor, anotando las dudas que asaltan su existencia y la luz creadora con que maneja su mejor ficción.    






Félix J. Palma, El mapa del tiempo; Sevilla, Algaida, 2008; 622 págs.

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