Páginas vistas en total

viernes, 8 de diciembre de 2017

La tradición del cuento



CUENTO AL SUR*

       La tradición del cuento en España no es ya sólo un hecho constatado sino que en las últimas décadas del pasado siglo XX se ha venido confirmando la vigencia y el interés que el género ha despertado en aquellos autores más jóvenes que durante las dos últimas décadas se han  incorporado al panorama narrativo. El almeriense Fernando Valls calificó, hace unos años, a este fenómeno de «resurrección del género», desde la tierra quemada de los años setenta, aunque también señalaba como, una y otra vez, se enlaza con un cultivo continuado del mismo en cada etapa de las letras españolas desde el último tercio del siglo XIX.  Ahora en las décadas que nos ocupan, 1980-2000, se vive un momento estable y creativamente muy variado en el que los editores no arrugan la nariz ni se encogen de hombros y los escritores no se sienten minusválidos o disminuidos literarios por el cultivo de la narrativa breve y quizá porque, —como sigue señalando el profesor Valls— «de Hispanoamérica llegó hace ya muchos años la conciencia de la perfección literaria a través de la narración corta con autores como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares, pero también con Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro o Augusto Monterroso. Y en nuestro país, y es más, en el Sur, no sólo son muchos los escritores con devoción expresa por el género (...), sino que sirve cada vez más de carta de presentación del escritor nuevo». De la nómina que se compone Cuento al Sur Romero Peche, Ruiz Torres, Busutil, Hipólito G. Navarro, Ramírez Escoto, Álamo, Bonilla, Palma y Felipe R. Navarro empezaron su vida literaria escribiendo cuentos y lo siguen haciendo, los novelistas tampoco han obviado el género y Campos Reina, Talens, Rossetti, Morales, Muñoz Molina, Téllez, Benítez Ariza y Gutiérrez Solís han escrito y siguen escribiendo buenos relatos.

       Hace unos años, concretamente en 1993, Ángeles Encinar y Anthony Percival, justificaban su Cuento español contemporáneo, argumentando la ausencia de un volumen de cuentos que englobara escritores representativos del momento y, además, argumentaban que aunque se habían publicado algunas antologías, en general, habían quedado restringidas dentro del contexto de la narrativa de postguerra, o bien habían sido realizadas con enfoques monotemáticos, con fines comerciales o estructuradas, y esto resultaba interesante, con una perspectiva regional: se refería, por citar algunas, a Narradores andaluces (1981), de Rafael de Cózar, Los andaluces cuentan (1981), de José Antonio Fortes, Narradores murcianos (1986), de Ramón Jiménez Madrid, Figuraciones (1986), de Santos Alonso, Cuentos barceloneses (1989), Cuentos literarios de autores asturianos (1990), de María Elvira Muñiz o Narradores almerienses (1991), de quien suscribe. Hay, además, toda una pequeña bibliografía en torno al género y en cuyos volúmenes, de una manera u otra, se incluyen bastantes autores nacidos en nuestra región, sin que, por este hecho, haya que leer necesariamente entre líneas. Lo mismo que en la colección de Encinar y Percival se cuenta con Muñoz Molina, en Verte desnudo (1992), se incluye a Ana Rossetti, Últimos narradores (1993) incorpora a Eliacer Cansino, Antonio Muñoz Molina, Son cuentos (1993), de nuevo a Muñoz Molina, Trece historias breves (1995) a Juan Bonilla y Juan Madrid, Páginas amarillas(1997), a Antonio Álamo, Felipe Benítez Reyes y Juan Bonilla, Relatos para un fin de milenio (1998), a Eduardo Mendicutti, Los cuentos que cuentan (1998), a Juan Bonilla, Antonio Soler y Manuel Talens, Vidas de mujer (1998), a Fanny Rubio y Ana Rossetti, Cien años de cuentos (1998) a José Moreno Villa, Francisco Ayala, Manuel Andújar, Carlos Edmundo de Ory, Antonio Martínez Menchén, Fernando Quiñones, Antonio Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes y Juan Bonilla, Cuentos eróticos (1999), a Manuel Talens, Eduardo Mendicutti y Felipe Benítez Reyes, Lo de amor es un cuento, 2 vol. (1999) a José Navarro, Antonio Álamo, José Manuel Benítez Ariza y Juan Bonilla, Historias de adulterio (2000), a Muñoz Molina, Cuentos de trenes (2000), a Hipólito G. Navarro y José Antonio Muñoz Rojas, Historias de recetas de cocina (2000), a Francisco Ayala, Cuentos españoles (2000), a Fernando Quiñones. Evidentemente el muestrario es amplio y no menos significativo de lo que estamos defendiendo.
       Lejos de pretender una parcelación o adjudicación de un fenómeno para Andalucía, la presente muestra que no excluye, y por consiguiente, tampoco agota autores o libros, sirve de una referencia más a este género que sigue siendo cenicienta de las letras españolas pero que no deja de estar presente en forma de antologías, compilaciones, selecciones, encargos de revista o periódico o en cualquier  manifestación donde se precie y se pueda disfrutar de un buen relato. Ya  hemos señalado como Valls afirmaba que la situación del cuento mejoraba: había salido del encasillamiento en el que se hallaba. Los autores de las últimas generaciones lo cultivan con acierto y los editores están dispuestos a publicarlos. «La diversidad y riqueza del cuento—señalaba José Luis Martín Nogales— en la literatura española actual se pone de manifiesto en el empleo de múltiples fórmulas en los libros publicados. Se teoriza, dramatiza o se mantiene una actitud lírica sobre diferentes aspectos para llegar a una síntesis argumental y a una condensación narrativa que ofrece una heterogeneidad tan amplia como sorprendente. Formas, recursos, procedimientos y sobre todo dominio del lenguaje caracterizan al cuento español».    
       Para las referencias al relato andaluz, al menos escrito en Andalucía o por andaluces, tendríamos que remontarnos al XIX con autores como los que, hace ya bastantes años, señalaba el profesor Baquero Goyanes, es decir, Fernán Caballero o Pedro Antonio de Alarcón, el malagueño Arturo Reyes, incluso Colombine y Villaespesa que participaron y contribuyeron a la expansión del género con las características de la época y la diversidad de nombres o definiciones o autores que siguieron a estos andaluces universales. Antes de la guerra civil, Francisco Ayala y José Antonio Muñoz Rojas, en la posguerra Manuel Andújar, Rafael Narbona, Concha Lagos, Sebastián Bautista de la Torre, Carlos Edmundo de Ory, Alfonso Grosso, José Fernández Castro, Fernando Quiñones, Antonio Martínez Menchén. Durante las últimas décadas, las que por necesidades de espacio y dimensión temporal, nos ocupan, 1980-2000, otros autores se han sumado a la nómina señalada contribuyendo desde diversas provincias a engrandecer aún más su actitud ante el relato breve: Diego Granados, Julio Alfredo Egea, Francisco Izquierdo, Carlos Muñiz Romero, Pilar Paz Pasamar, José Asenjo Sedano, Julio Manuel de la Rosa, María José Clemente, Herminia Luque y me consta que jóvenes narradores están obteniendo premios en sonados concursos como el NH de Relatos, instituido por primera vez en 1996, y en el que ya figuran autores como José Fernández Reyes, José Villalba, Luis M.. Fuentes, Antonio Gallo y Juan Antonio Sánchez.
       La nómina de autores durante los últimos años, sobre todo los referidos a la denominada «transición democrática» no ha hecho sino afianzar el papel importante de los autores más jóvenes que se han incorporado al panorama literario y que hoy se muestran en el esplendor de su actividad creativa. Cuento al Sur no es, evidentemente, una propuesta definitiva, no pretende hacer resurgir un fenómeno a propósito de un boom comercial, sino reunir una nómina nunca completa de autores que a lo largo de su vida literaria han trabajado el cuento, lo siguen trabajando o se encuentran en estos momentos en pleno proceso de producción en este género que, por otra parte, hace falta reivindicar desde los ángulos más diversos. Compilaciones o antologías como la presente quieren ayudar a engrandecer y difundir a autores y sus obras.  No habrá que ver en esta selección nada más que el rigor de un cuento bien escrito, y por autores que en su obra lo han abordado con esa suficiencia de la que queda aquí manifiesta presencia, porque quizá, para la mayoría de ellos, como ya he dicho en alguna otra ocasión, la literatura y la vida quedan concebidas como un proyecto común del que se da noticia en su escritura y, además, se convierte en un propósito que va más allá del didactismo o la moralidad, porque de lo que se trata es de ofrecer variadas voces del cuento y esto avalado por una invención que celebra la realidad más inmediata, repleta tanto de tensión como de esa amenidad que ofrecen las experiencias propias. Las características más relevantes que puede proporcionar al lector la presente selección es la diversidad  tanto en temas, como enfoques y estéticas si hemos de hablar aquí de este concepto que bien puede aplicarse al cuento, pero sobre todo habría que hablar de un gran desarrollo del género por parte de estos autores cuya aparición en el panorama literario se cifra en los años de la transición, los felices 80 e incluso, el final del siglo en los 90. Muchos de ellos configuran sus historias entre lo absurdo, lo fantástico, la realidad, lo erótico o la fabulación; en suma, levantan un acta cotidiana desde enfoques irónicos o humorísticos, paródicos o caricaturescos, con personajes excéntricos, infantiles o femeninos, desde una categoría sumamente expresiva, inmersos por supuesto, en un mundo contemporáneo que proporciona relaciones interpersonales que ofrecen una proyección mayor. Estos autores muestran una sólida condición literaria como puede desprenderse de sus textos, y se afirman en un discurso que ejemplificaría esa adecuación a un proyecto narrativo concreto y su calidad expresiva como soporte conceptual. Existe entre ellos fervor y pasión por el relato como vehículo de expresión preferente en un universo discursivo mayor que pretende mostrar esa imagen equívoca de una realidad distorsionada o el esfuerzo por cambiarla.
       El panorama narrativo breve en Andalucía, escrito entre nuestras fronteras o fuera de ellas, es mucho más amplio pero quizá no más heterogéneo. Algunos autores no ha querido sumarse a esta reunión de amigos que es en lo que se ha convertido este puñado de buenos relatos: casos de Felipe Benítez Reyes, hemos llamado insistentemente a un teléfono de Antonio Soler, no he podido contactar con Juan Madrid o Juan Herrezuelo, aunque autor madrileño, reside en nuestra tierra desde hace años y escribió cuentos en los albores de su labor literaria y no sé si continúa haciéndolo, lo mismo que Pilar Mañas, igualmente madrileña, y otros autores citados en la bibliografía que han escrito de forma casual relatos y que con el tiempo nos ofrecerán nuevas obras. En definitiva, con los aquí antologados, los señalados, los desconocidos y quienes se vayan sumando lentamente a esta gran familia, la suerte del relato o del cuento está asegurada, independientemente del sentimiento regional o nacional. Quienes quieran ver una obra total en esta modesta muestra pronto se darán cuenta de que nada más lejos de semejante presupuesto. Eso sí, a excepción de dos nombres, Miguel Ángel García Argüez y Andrés Pérez Domínguez, ambos como una apuesta válida para el futuro, el resto de la nómina corresponde a excelentes narradores que hasta el momento, en su producción narrativa, han ensayado tanto el relato breve como el extenso y figuran ya en los estudios y monografías de la narrativa española del último cuarto de siglo.
       Finalmente un cuento—según apunta el maestro Antonio Pereira—« es el resultado de saber una buena historia y saber contarla con la intensidad y brevedad necesarias». Creo que los relatos aquí reunidos tienen mucho que ver con esta afirmación porque todos y cada uno de ellos se concretan en esa sabia mezcla de equilibrio que se produce entre la precisión y la vaguedad.

* Monográfico de la revista literaria Batarro publicado en 2001.
                                      

No hay comentarios:

Publicar un comentario