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martes, 5 de diciembre de 2017

Enrique Vila-Matas



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VOLUBLE VILA-MATAS
              
        El impulso de la escritura, la intimidad voluble y esa permanente tentación consecuente por dejar constancia, provocan rarezas de todo tipo que necesariamente incluyen renuncias, pero posibilitan el relato de viajes horizontales que confirma esa tensión ensayada  entre ficción y realidad con la que se alcanza la verdad, y en este devenir se añaden lecturas y reencuentros a un cotidiano existir, incluso invitaciones a festivales o centros culturales que se acercan a los conceptos de lo estrictamente metaliterario, y se transforman en un gigantesco depósito de referencias. Treinta y cinco años de oficio han llevado a Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) a convertir su propia experiencia en literatura y sucesos recientes, observaciones cotidianas, frases recordadas, libros leídos o anotaciones que brotan sin orden, se resuelven en un auténtico discurso y se convierten en un Dietario voluble (2008), una entrega caracterizada deliberadamente de híbrida, mitad reflexión y mitad relato, análisis y descripción, para contar en un conjunto de anotaciones de extensión y profundidad diversas, cuatro años, entre diciembre de 2005 y abril de 2008, de una intimidad personal. Una vez más, el escritor, en esa búsqueda permanente de su obra, explora el vacío, y nos invita a un círculo del que no se puede salir voluntariamente, que reúne a toda una estirpe de escritores, a Cervantes y a Shakespeare, a Sterne y a Conrad, a Coetze y a Pitol, citados en estas páginas y en numerosos otros textos anteriores del narrador barcelonés.
        Los lectores de Vila-Matas reconocerán en las páginas de Dietario voluble algunas colaboraciones periodísticas semanales que, reunidas ahora en un volumen, ofrecen una lectura más afortunada y feliz por ese secreto intimismo que el barcelonés otorga a este dietario; en realidad, una culta visión por pasajes literarios, autores y libros, algunas de sus predilecciones y manías que desembocan en Kafka, Sebald, Gracq, Bolaño, Tabucchi, Montaigne o Magris, una auténtica estrategia narrativa con inequívocos referentes a los nombres universales apuntados. En sus páginas se muestra una defensa contra los desmanes urbanísticos de su ciudad, su visión irritada por la transformación turística contemporánea que se ofrece de su Barcelona natal, y se lee su renuncia a una ciudad narcisista y pueril, o su visión se extiende a una explícita crítica de una cultura tremendamente idiota, cuando habla del nivel de ignorancia de este país y, sobre todo, la conformada y maniquea satisfacción de esa ignorancia esgrimida que desemboca, además, en una fervorosa inquina y una escasez de catadura moral. Como es habitual en este tipo de libros, se trata de un discurso deliberadamente híbrido, sin posibles límites entre el relato, la anotación, la reflexión, la descripción o el análisis, con esa voluntad de ofrecer un tipo de literatura que fluye libre y ofrece asociaciones múltiples con un fondo muy literario y de carácter comunicativo y lleva al lector a establecer un auténtico diálogo silencioso y lo convierte en esa especie de sujeto activo que tanto interesa a Vila-Matas puesto que con él subraya o anota aquellos aspectos más significativos de su lectura.




Enrique Vila-Matas; Dietario voluble; Barcelona, Anagrama, 2008; 275 págs.


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