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jueves, 21 de junio de 2018

José Luis Muñoz


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CRÓNICA DE UN VIAJE

                     
       El narrador José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) convierte en novela la crónica de un viaje a la ciudad de Nueva York, y de la mano de Martin Eden y de Marc Emmerich, un guía particular, recorren algunos de los rincones, avenidas y barrios que Eden no había visitado en dos ocasiones anteriores. El escritor califica N.Y. como “todas las ciudades del mundo en una”, porque existe una Nueva York italiana, china, polaca o judía, y la convierte en una ciudad tan literaria como cinematográfica.
       El libro, La manzana helada (2017), lleva la lector de la mano de Eden y Emmerich a pasear y a deslumbrarse ante el escaparate de Tiffany’s, y quién no recuerda a Truman Capote, y la versión cinematográfica, Desayuno con diamantes (1961), de Blake Edwards,  y mientras deambulan por Brooklyn les viene a la memoria las novelas Ultima salida a Brooklyn o Réquiem por un sueño, de Hubert Selby. Y según constata el viajero, Nueva York se convierte, a cada paso, en el territorio de uno de los iconos literarios: Paul Auster, y una inabarcable nómina de grandes escritores neoyorquinos, desde Walt Whitman a Tom Wolfe, de Salinger a Pynchon, incluido Melville. Una ciudad extraordinariamente literaria porque está viva, tiene historia, se convierte en un punto y aparte. José Luis Muñoz sostiene que hay ciudades literarias, que son susceptibles de convertirse en personajes de un libro, y otras no, y Nueva York es esa ciudad literaria; cuando uno pasea por sus calles, bajando a sus catacumbas culturales, recorriendo sus museos, puede verse envuelto en un sinfín de historias. Y, sobre todo, en el texto se subraya el muestrario humano tan rico y variado que encuentra por las calles. El narrador convertido en improvisado fotógrafo, roba primeros planos de gente que después convertirá en personajes en futuros trabajos literarios, y en Nueva York se encuentran, a diario, buenos e improvisados modelos callejeros.
       La manzana helada es el primer libro sobre Nueva York, aclara el novelista José Luis Muñoz, aunque podría ser el inicio de toda una serie, por ejemplo, La vida oculta de los neoyorquinos, retratos de gente de la calle sobre los que inventar una vida y otras circunstancias para construir un calidoscopio neoyorquino. En una ciudad como Nueva York nadie pasea, se hace footing, por prescripción de un entrenador personal, y de forma muy disciplinada. Todo el mundo vive pendiente de su reloj, se palpa esa obsesión misma por el trabajo, la productividad que relega pequeños placeres: una buena comida, o una charla con amigos alrededor de una botella de vino, los neoyorkinos comen cualquier cosa, para saciar el apetito, mientras caminan o conducen, y al final uno acaba contagiándose de esos malos hábitos. El gran dios de la sociedad norteamericana es el negocio, todo se mide con parámetros económicos, y se siente esa incomunicación de las grandes urbes, y en Nueva York es aún más palpable, algo que el autor refleja en más de un pasaje de este libro que no dejará de interesar al lector más curioso.








LA MANZANA HELADA
José Luis Muñoz
Madrid, Bohodón Ediciones, 2017



martes, 19 de junio de 2018

Hoy invito a…


Pablo Hernán di Marco

Un café en Buenos Aires con Pedro M. Domene


     —Tus más de treinta años de experiencia como periodista cultural tal vez te ayuden a responderme la siguiente pregunta: ¿En qué varió el vínculo de los escritores con los periodistas? Te lo pregunto porque a veces pareciera ser más sencillo contactarse con el Papa Francisco que con cualquier autor de mediano éxito. Es como si hubiesen pasado siglos desde aquellos días en que Borges se dejaba entrevistar en su propia casa por cualquier adolescente aspirante a periodista.
       Lamentablemente vivimos en la era de la individualización y lo que antes hacíamos en una convivencia y en una comunidad, con gestos generosos y amables, hoy mucha gente tiende a vivir más aisladamente. Las posibilidades audiovisuales de la comunicación son muy variadas, deberían acercarnos, pero lamentablemente las personas se convierten en “islitas” a las que es imposible llegar; no obstante, yo tengo una opinión positiva al respecto, herramientas como facebook o mail, a través de Internet, me hacen llegar a gente interesante; en estos últimos meses entrevisté a algunas jóvenes promesas del mundo literario tanto español como argentino, por citar algunos ejemplos, casos de Irene Gracia, Raquel Taranilla, Marina Perezagua que viven en lugres tan alejados como Madrid, Qatar, Nueva York, o   Ariana Harwicz y Selva Almada que viven en París y Buenos Aires, respectivamente. También es verdad que las prisas provocan un periodismo más light, con gente menos informa; yo voy un poco por libre, y preparo temas y entrevistas en profundidad, con lo que la perspectiva de aquello sobre lo que escribo es mayor, y el acercamiento al entrevistado resulta más interesante.

     —¿Y qué me podés decir en relación a cómo evolucionó —o involucionó— la escritura y las temáticas en estos treinta años?
       A lo largo de treinta años los cambios en literatura son necesarios, las generaciones se enfrentan a retos distintos, y sus intereses varían, si en mi generación luchábamos por implantar la democracia en mi país, España, la literatura se hacía eco de esa problemática sobre la libertad, que además presuponía un amplio campo para la experimentación, y así surgen voces que claman aspectos nuevos en los distintos géneros, poesía, teatro y narrativa. Hoy los nombres de Mendoza, Vila-Matas, Marías o Muñoz Molina recuerdan que su literatura se convirtió en ese cambio necesario, y bastante después una generación más joven, con técnicas basadas en los medio audiovisuales, lo que se califica como “tendencia mediática”, irrumpen con una escritura distinta y más concreta o automática, caracterizada por la urgencia, la brevedad, la simplicidad, la frivolidad, la espectacularidad, la inmediatez y la superficialidad, aunque repitan temas como la soledad, la alienación, el paso del tiempo, casos de Fernández Mallo o Isaac Rosa, entre otros. 

     —¿Qué te llama la atención de la actual literatura latinoamericana?
       Curiosamente, también yo me he beneficiado de las nuevas tecnologías, ahora tengo un acceso mucho más rápido a ensanchar mi visión de la literatura en el mundo. Recientemente he podido contactar con jóvenes latinoamericanos que hace unos años no hubiera sido posible,  por ejemplo la cubana Wendy Guerra, y su visión de la infancia en una maravillosa ciudad, La Habana; la colombiana Margarita García Robayo y su extraña relación paternal, o las argentinas Selva Almada y su visión del paisaje,  Ariana Harwicz que narra la desolación humana y una insistente pulsión sexual en sus textos, y también Andrea Stefanoni y su mirada crítica de la emigración española en Argentina. Como verá una amplia visión del género humano y sus características más intrínsecas, que si no son nuevas, proceden de otras voces tan dispares como las que he señalado. Hay una curiosa diversidad de temas que jóvenes escritores están planteando, incluso aun alejándose de sus patrones propios y acercándose a una narrativa más cosmopolita y universal, lo que da pie a que puedan leerse en cualquier rincón del mundo.
    
—¿Qué le brinda el “Pedro Martínez Domene periodista” al “Pedro M. Domene escritor de novelas”?
       Son dos facetas que se complementan, al menos en mi caso: el periodista me otorga la inmediatez y una variedad de asuntos, pese a que estemos hablando de un periodismo cultural como el que yo practico, y me permiten acceder y conocer aspectos muy diferentes de la cultura contemporánea, de mi país y aquello que me interesa del extranjero; y la novela me ofrece la profundidad, la libertad de crear personajes y espacios donde ahondar en mis propias inquietudes, como la amistad, las relaciones humanas, los viajes y otras costumbres y culturas.

     —Pasaron más de diez años desde la publicación de tu novela Después de Praga nada fue igual. A la hora de idear y escribir una historia, ¿qué ganaste y qué perdiste desde aquellos días a hoy? 
       He ganado fundamentalmente experiencia, casi puedo afirmar que Después de Praga nada fue igual, fue un auténtico ensayo, la posibilidad de que yo escribiera una historia, con unos personajes, con una ambientación y que al final, todo aquello se pudiera leer. Tuve suerte y ganó un premio, y se publicó. Hoy las cosas son diferentes, y mis novelas siguientes se escriben desde la certeza de lo que estoy haciendo, con una mayor responsabilidad y aunque me siguen obsesionando casi los mismos temas, intento variar el registro para proyectar mis inquietudes hacia un lector interesado. Y si acaso he perdido algo, pues la inocencia y parte de mi juventud; pero no creo, en absoluto, que sea así.

     —En 2016 vas a publicar tu nueva novela El secreto de las beguinas. ¿Qué me podés adelantar?
       Sí, y me hace mucha ilusión. Es un proyecto en el que he invertido mucho tiempo, más de lo habitual en mí. Escribía y dejaba de hacerlo, no encontraba el pulso, porque es una novela escrita en dos planos históricos, el XVII español en una tierra que me fascina, Flandes, y concretamente ambientada en Brujas, y la actualidad, la de dos jóvenes investigadores que buscan el sentido de un suceso en el beguinato de la ciudad, el secreto de las beguinas. La publicará una editorial modesta, que me gusta mucho, Trifaldi, en Madrid, y su editor Máximo Higuera, creo que arriesga conmigo porque le gustó la historia.

      —Vamos con la última, Pedro: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.
       No quiero parecer presuntuoso, ya he tenido ocasión de tomar café con algunos escritores que me interesaban y por quienes sentía una especial amistad y estaba muy unido, y puedo hablarte de dos personajes muy opuestos, Medardo Fraile, de la generación española del 50, entrañable y magnífico cuentista ya fallecido, y Enrique Vila-Matas, hoy un referente en la narrativa contemporánea, y diría casi universal, y algún otro amigo escritor que no nombro para no cansar. Así que si me lo permite, tomaremos café usted y yo, y seguiremos hablando de literatura que según me parece, nos apasiona tanto a usted, Pablo como a mí.  
¡MUCHAS GRACIAS!

lunes, 18 de junio de 2018

Definición de la novela



     “Una novela se me antoja la perfecta combinación de una sucesiva invención de acciones, los caracteres con que doto a mis personajes, y el espacio donde los dejo desarrollarse, viven y mueren; en realidad, una estructura final que bien puede parecerse a la vida misma”. 
                                                                       Pedro M. Domene

viernes, 15 de junio de 2018

Sabías que...




  “En lo pequeño está lo grande. El niño contiene al hombre; el cerebro es estrecho y alberga el pensamiento, el ojo es un punto y abarca leguas”.
                                     Alejandro Dumas (1803-1870)

jueves, 14 de junio de 2018

Ríos ancestrales. Poesía Afroamericana Contemporánea


Ánfora Nova

       No resulta fácil, y por supuesto supone un arduo y complejo trabajo, mantener una revista literaria de una periodicidad considerable, sobre todo como suele decirse en los tiempos que corren. La revista cordobesa Ánfora Nova sigue en pie tras veintinueve años de amplio recorrido desde que un lejano 1989 diera la luz a su primer número, sin duda con la modestia que caracteriza a estas publicaciones, y desde un rincón como es Rute (Córdoba), de la mano de su editor-director, José María Molina Caballero.
       Hasta la fecha ha publicado 112 números de repercusión nacional e internacional y en la que han colaborado alrededor de quinientos escritores y artistas plásticos de más de cincuenta países, entre ellos destacados Premios Nóbel, José Saramago, Rigoberto Menchú, Wole Soyinka y Mijail Gorbachov entre una nómina más amplia; los Premios Cervantes, Rafael Alberti, Miguel Delibes, Antonio Buero Vallejo y una no menos curiosa y variopinta relación de escritores en pleno proceso de escritura, Soledad Puértolas, Javier Marías, Ángeles Caso, Arturo Pérez Reverte, Sergio Ramírez, Cristina Peri Rossi o los poetas Pablo García Baena, Ernesto Cardenal, José Hierro y Gonzalo Rojas.
       La revista ha publicado, a lo largo de estos años, numerosos e interesantes monográficos de variada y particular factura, “Ecología y Literatura”, “Juan Ramón Jiménez. Poesía y Prosa inéditas”, “Mujer y Poesía”, “Narradores hispanoamericanos de hoy”, “Cine y Literatura” o “Festival Arrabal” entre otros muchos.
       Considerada como una de las más prestigiosas publicaciones periódicas que se editan, en su género, a nivel hispanoamericano e internacional.



       El número doble, 109-110, es un monográfico que se titula, “Ríos ancestrales. Poesía Afroamericana Contemporánea”, y ofrece una amplia muestra de esa poesía comprometida con la marginación y la represión ejercida sobre las personas negras o níger en los numerosos estados de EE.UU., y presupone, según sus autores, un acto reivindicativo y, en buena medida, esa poesía de combate que ha acompañado a la mejor lírica norteamericana en las últimas décadas.  
       Con pórtico de Federico Mayor Zaragoza, la selección y notas son de Juan Ignacio Guijarro y la traducción de los poemas a cargo de José de María Romero Barea. Los poetas antologados son: Langston Hughes, Claude Mckay, Amiri Baraka, André Lorde, Nikki Giovanni, Lucille Clifton y Tracy K. Smith.