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lunes, 27 de marzo de 2017

Jesús Ferrero



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PÁJAROS DEL DESEO
              
       ¿Una novela sobre el destino? La narrativa de Jesús Ferrero (Zamora, 1952) se ha caracterizado, desde siempre, por elaborar discursos que contenían una amplia perspectiva temática y estructural que provenía de múltiples textos anteriores y con esa posibilidad de cambiar la mirada del lector hacia esa nueva obra, es decir, la de ofrecer una narrativa cómplice capaz de interesar a un lector inteligente.
       Una larga trayectoria jalona los pasos dados por Ferrero en el panorama narrativo de las últimas décadas desde su acertadísimo Belver Yin en 1981 hasta El secreto de los dioses (2003) con altibajos que, en nada desdicen su obra, sino corroboran la profesionalidad de un autor que se desenvuelve tan bien en el terreno lírico como el narrativo. Ahora entrega Ángeles del abismo (2005), el relato de un  narrador adulto que cuenta los difíciles años de su adolescencia, en torno a los años finales de los 60 y hasta los primeros de una emergente democracia, situando geográficamente la acción en un colegio de Zumárraga, su relación con un grupo de amigos, con los evidentes problemas de la adolescencia y su posterior paso a una edad adulta. Ejerce el escritor como señor que valora el poder y el peso de una memoria, la fuerza e intensidad del pasado y las experiencias llevadas a cabo durante buena parte de nuestra vida y que nutren el resto de la misma. Así que el narrador se reencuentra con su pasado cuando, transcurridos algunos años, retoma junto a una de sus jóvenes amigas ese deseo nunca fue consumado y que ahora desde una óptica de adultos se convierte en la definitiva experiencia que los salvará del pasado.
       La novela está estructurada en cuatro partes. Las tres primeras corresponden a la reconstrucción de la historia misma y la última, y más breve, justifica todo el relato anterior. En realidad, la historia se centra en el influjo que un personaje, Diago, un profesor de francés, ejercerá sobre el grupo de amigos, en particular, tres de ellos y la sumisión a la que somete a estos jóvenes. Valentín, Hans y Jonás sucumbirán a la extraña personalidad del profesor, a su afán posesivo incluso a la vejación sexual. Ferrero realiza, pues, una auténtica bajada a los infiernos desde esa mirada de indefinición que tienen los adolescentes, sometidos, en ocasiones, a las influencias de un camino por definir. El profesor encarna esa perversión que en la historia se transformará en un dominio absoluto de sus voluntades, un personaje tan detestable como creíble, capaz de sacrificar sus proyectos pedagógicos y su propia vida a una pasión, pero por encima de todo la voluntad del escritor hará que el futuro en ambos casos se trunque y se justifique por esa especie de destino o azar que rige nuestras vidas.







ÁNGELES DEL ABISMO
Jesús Ferrero
Madrid, Siruela, 2005

domingo, 26 de marzo de 2017

Desayuno con diamantes, 104



EL GRAN MOMENTO DE JUAN GARCÍA HORTELANO

     El pasado mes de abril, con sus lluvias y el anuncio de la primavera, nos regalaba el recuerdo de los diez años transcurridos desde la inesperada muerte de Juan García Hortelano (1928-1992), uno de esos autores de culto que han cubierto, con su obra y con su actitud, el panorama narrativo de la segunda mitad del siglo XX*.


        La novela social en la literatura española del siglo XX ha sido el reflejo de esas diferentes capas que formaron la sociedad del momento. Algunos escritores quisieron poner en tela de juicio la manifiesta abulia con que las gentes encaraban entonces el destino de sus vidas y su futuro. Las novelas que aparecieron en esta época trataban de resaltar la actitud, los valores morales y sociales de un determinado grupo social, bien referido a las capas bajas y a su deseo de cambiar o a la burguesía y a su conformismo. Por otra parte, muchas de estas novelas muestran la falta de orientación de la juventud del momento porque conviven en un ambiente poco gratificante y llevan una existencia totalmente vacía, sin propósitos mayores. El estudioso y crítico Pablo Gil Casado, que  ha estudiado magistralmente este aspecto de la narrativa española de la época, señala las características de estas novelas y cita las más importantes. Los temas y los asuntos muestran grupos representativos de uno varios sectores, los sucesos que narran son ficticios aunque reflejan un estado de cosas, esencialmente, ciertas. Se trata de relatos objetivos, la actitud general refleja una pasividad y una indiferencia, se crean personajes característicos de una clase o grupo y las actitudes suelen ser especialmente representativas de quienes están en conflicto con ellas.
        Las novelas a que nos referimos y los autores que apunta Gil Casado son: Esta oscura desbandada (1952), de Juan Antonio Zunzunegui, Mi idolatrado hijo Sisí (1953), de Miguel Delibes, Juegos de manos (1954), de Juan Goytisolo, El Jarama (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio, La fiebre (1959), de Ramón Nieto, Nuevas amistades (1959), de Juan García Hortelano y Encerrados con un solo juguete (1960), de Juan Marsé, entre otros. Insiste aún más, Gil Casado, que las novelas «parasociales» de la abulia están escritas al más claro estilo del realismo-naturalismo y, por lo general, desarrollan un largo período de tiempo, se narran sucesos que exponen la lasitud e inutilidad de las gentes, aunque la proyección histórica no tiene el propósito de ahondar en el estado de la conciencia nacional o de la burguesía.

Nuevas amistades

        El escritor Juan García Hortelano representa dentro de la literatura del medio siglo, junto a Rafael Sánchez Ferlosio, la corriente objetivista más extrema, esa que se denominó como behaviorismo o conductismo y que, concretamente, en el caso de García Hortelano se tradujo en una desencantada crítica a la burguesía y a sus modos de vida, con esa técnica que hemos calificado de estrictamente objetiva. Juan García Hortelano había nacido en Madrid en 1928, licenciado en Derecho, trabajó en la Administración del Estado hasta su muerte acaecida en 1992. La concesión del premio Biblioteca Breve en 1959 a su primera novela, Nuevas amistades, y la rápida difusión de la misma, le llevó a ser conocido muy pronto en los ambientes literarios y a convertirse en el modelo de una nueva forma de escribir, sobre todo de ver la realidad de una manera distinta de la entelequia nacional en que vivían los jóvenes autores. Lo que describe García Hortelano en su primera obra se inscribe en un enfoque puramente realista del mundo en el que él mismo vive. Se ha esforzado en contemplar todo lo que le rodea con una nitidez tremendamente objetiva y así se convierte en un sano intento por mostrar la vida inquieta, aturdida y ociosa de un grupo de jóvenes burgueses madrileños cuya absurda existencia se ve transmutada, inesperadamente, con la crudeza de una realidad. Desde el punto de vista técnico, García Hortelano, ha tenido muy en presente la novela de Sánchez Ferlosio El Jarama, aunque la utilización de un contrapunto narrativo a través de una serie de escenas con personajes diferentes se aleja de los planteamientos de la trama original de Sánchez Ferlosio. Existe, igualmente, una sola acción, un protagonista colectivo, una multiplicidad de personajes que recuerdan escena de la novela realista, pero se intenta ahora que la historia se convierta en la disección de un problema moral. 


        Alternan, en proporción dosificada, anotaciones objetivas de los pensamientos de estos jóvenes, junto a los abundantes diálogos que éstos desarrollan a lo largo de la obra y que reflejan, por otra parte, el grado de soledad en el que todos conviven. La intuición que desprende la novela Nuevas amistades lleva al autor a realizar el esfuerzo de plantear una sátira social como corresponde al drama de irresponsabilidad y de inconsciencia que vive un sector de la juventud española del momento. Hecho que les lleva a subsistir en una especie de mundo artificial, sobre todo en la alta burguesía madrileña, en realidad, hijos de familia, señoritos provincianos, estudiantes y sus respectivos padres que, al igual que ellos, viven la trivialidad y el absurdo del momento, pendientes de actos gratuitos e inconscientes que llenan, por otra parte, el vacío de sus vidas y poco más. En esta novela, finalmente, aflora el egoísmo, la inconsciencia, el miedo, la irresponsabilidad, la falta de sensibilidad y el sentido de una moral recta, la ignorancia de una realidad cuya miseria misma les lleva a ser petulantes por su propia condición de privilegio.

Tormenta de verano

        El siguiente libro de García Hortelano, Tormenta de verano (1961), mantiene esa misma temática y este relato se convierte en otra manifestación más de esa misma inquietud. En realidad, se trata del ajuste de cuentas a las clases acomodadas, bien tomando como excusa a los jóvenes, caso de su primera novela, bien a la burguesía enriquecida al amparo de los privilegios que supuso para algunos la larga postguerra. La técnica en esta novela es superior y el comportamiento de sus personajes se ejemplifica en una primera persona, caso de Javier, hecho que le permite desvincular al autor del resto de historias o anécdotas que puedan aflorar a lo largo del relato. Pero si esta narración se parece estructuralmente hablando a la anterior, habrá que apuntar que en realidad, el escritor madrileño, ha sabido reconstruir y resaltar mejor los elementos de los que dispone ahora: los diálogos en esta ocasión son mucho más complejos, se evita la monotonía de lo que se va narrando e incluso la imagen que el lector percibe de ese grupo social retratado es mucho más nítida y evidente. Los personajes sirven para resaltar las notas distintivas de esos burgueses ociosos aunque en esta ocasión la incorporación de otros no pertenecen a ese mundo, dispensan a la obra de un verismo y de unas cualidades mucho más interesantes, veáse en este sentido, por ejemplo, el gremio de pescadores, el cuerpo de policía, el inspector o incluso la prostituta hallada muerta.


        El gran momento de Mary Tribune, aparecía en 1972, y se trata de nuevo de una historia sobre la abulia. Un personaje—el narrador—singular y adinerado renuncia a la sociedad en la que vive y se recluye, voluntariamente, buscando una personalidad perdida, en una casa abandonada de la que, finalmente, también deserta. Este planteamiento le sirve al autor para enlazar, por consiguiente, con las estructuras de sus dos novelas precedentes. La diferencia en este texto es la subjetividad con que dota al relato y que supone desde el punto de vista narrativo en primera persona, además de incluir el humor, la ironía y el sarcasmo. García Hortelano ha cambiado de personajes, en cierto modo, de técnica y de forma de expresión para realizar su crítica particular. Ejemplifica ahora en ese mundo burgués en personas de edad fronteriza al medio siglo que, alejadas de planteamientos más sociales, se refugian en el alcohol, la diversión y el sexo. También es evidente una manifiesta crítica de amplios contenidos culturales, muy propios del momento, con lo que narrador completa aún más su campo de significación y comienza, desde este momento, nuevas perspectivas que darán lugar a nuevas novelas que iniciarán un camino diferente en su narrativa. Los vaqueros en el pozo (1979), es otra vez el estudio de los hábitos y de las relaciones de un grupo de personas que entablan un diálogo de sordos cuando están de visita y alternan, como es debido, un variado dominio y sumisión de los papeles que representan. Gramática parda (1982), se convierte en su novela más ambiciosa, intelectual, con un profundo fondo humorístico que obliga a una lectura atenta con evidentes y denostados propósitos testimoniales que dan lugar a certeras anotaciones características, incluido el costumbrismo del que tanto hizo gala el narrador García Hortelano en sus comienzos.

Los cuentos

        En una amplia entrevista que en 1971 realizaba con el crítico mejicano Federico Campbell, el novelista afirmaba que «la literatura se compone de dos cosas, en realidad, de tres: la literatura es una cuestión de malas intenciones (siguiendo a Gide); la literatura no es nada más que una lengua y, en tercer lugar, es una preocupación temporal». Algunas de estas significaciones biográficas vienen a cuento porque en Gente de Madrid (1967), el autor incluye dos relatos extremadamente personales, dos cuentos de su infancia ambientados durante la guerra civil. Aseguraba al entrevistador que, muchos años después, no pudo resistirse a la tentación de escribir sobre este tema. El primer trauma de su vida—aseguraba el escritor—había sido aquella derrota, su primera caída, su primera angustia, la herida... Entonces no tenía ninguna idea política, ni sociológica, ni económica, pero vivía, eso sí, en un mundo dividido y el final de aquel mundo significó, entonces, la pérdida de la libertad, de la calle y se avecinaba el colegio de curas, los horarios, el rigor, en suma una vida aparentemente normal. De alguna manera, muchos años después, todo eso seguía siendo lo mismo porque de aquello aún no se había recuperado el escritor en los años setenta.


        Gente de Madrid es, efectivamente, uno de los libros más olvidados del autor quizá porque se trata de una colección de cuentos, cinco en total, de una extensión muy variada, y que, por el punto de vista adoptado, se pueden ver como una continuación de sus primeras novelas. El valor de estos textos es, eminentemente, testimonial pero a su vez sirven para constatar preocupaciones de mayor amplitud en el escritor, además de ese cliché adquirido de detractor de la burguesía franquista que le ha otorgado la crítica, puesto que dos de los relatos se desarrollan durante la guerra civil y tres en la postguerra. Es significativa la tipología humana que representa a la sociedad española contemporánea, cuyo origen se remonta a los enfrentamientos del 36. «Las horcas caudinas» y «Riánsares y el fascista» son dos cuentos vistos desde la óptica de unos niños que viven la guerra desde las peleas entre muchachos y la decepción que éstos recibían de un conflicto que les resultaba ajeno. No son, por tanto, historias de la guerra sino la de aquellas víctimas inocentes que después vivirían en el mundo de los mayores. Los otros tres sí participan del mundo habitual de García Hortelano, es decir, una cena burguesa con lamentaciones incluidas, como ocurre en el cuento titulado, «La noche anterior a la felicidad» o la irresistible ascensión de unos oficinistas que gastan su paga extra en darse en una auténtica juerga que incluye un poco de todo, en el cuento titulado «Sábado comida» o la visión de una trabajadora española en París y su visión de la emigración. En realidad, lo que puede resumirse de estos relatos, sobre todo en el momento de su producción, es el testimonio expresado por el autor, el comportamiento de otras capas sociales que pertenecían a la misma generación del escritor.
        García Hortelano insistió aún más en el género breve y en 1975 aparecía Apólogos y milesios, un volumen que recoge, en tres apartados, catorce cuentos, vistos hoy como esa prolongada y parsimoniosa visión de la vida que le tocó vivir. Nuevas entregas, Mucho cuento (1987), veinte nuevos relatos y Los archivos secretos (1988), una colección que, como señala el crítico Rafael Conte, ofrece una especie de muestrario del arte narrativo del mejor García Hortelano. Desde sus cuentos más antiguos a los más modernos, relatos sobre los tiempos de guerra, algún otro cuento poético y costumbrista, incluso sobresale su vena más satírica donde todo se vuelve al revés. El humor absurdo, los fantasmas generacionales del fracaso y la búsqueda de la identidad o la burla, en realidad, el vivo retrato de un autor singular que deja traslucir en sus textos la imagen de un hombre tierno que ofrece con su prosa la mejor de las cortesías y de las delicadezas. En 1992 aparecían sus Cuentos completos en una edición que el autor había revisado y establecido personalmente poco antes de morir. En el mes de abril, concretamente, un cáncer le arrebataba la vida. Cinco años más tarde se volvían a editar sus Cuentos completos (1997), una nueva edición que según su editor, Juan Cruz, respetaba la edición anterior e incluye, además, una sección titulada «Cuentos contados», que agrupa una veintena de relatos publicados de manera dispersa durante más de treinta años de ejercicio literario.
        Diez años después la realidad literaria de Juan García Hortelano es la siguiente: del material custodiado por su viuda han ido apareciendo un poemario, La incomprensión del comercio (1995), una edición realizada por su amigo Antonio Martínez Sarrión; Crónicas correspondidas (1997), una selección de sus artículos que realizó Manuel de Lope y una nueva compilación, esta vez de artículos literarios y una entrevista que, con el título genérico de Invenciones urbanas, se publicaba en el 2001. El gran momento de Juan García Hortelano está aún por llegar. Ojalá, como suele decirse, no caiga demasiado silencio sobre la obra y la figura de aquellos literatos que la muerte nos arrebata tan impunemente. La justicia exige aún su presencia en nuestro mundo y tal vez debamos pensar por un momento en la esperanza de que alguna vez estas voces silenciadas vuelvan a deleitarnos con la sabia y la magia del arte de su prosa.     

*Escrito y publicado en la primavera de 2012, Cuadernos del Sur (Diario Córdoba).

sábado, 25 de marzo de 2017

Tres tristes tigres








(Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 - Londres, 21 de febrero de 2005)




Tres tristes tigres, Seix Barral, Barcelona,1967.
50 años después.

   Novela del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, publicada por primera vez en 1965 y nuevamente en 1967, en una versión ampliada y revisada. Su autor manifestó que «está escrita en cubano». Fidel Castro la vetó en Cuba.
   Escrita en el período de auge del boom latinoamericano, y enmarcada a veces dentro de este, es considerada una de las novelas más importantes de las letras hispanoamericanas. Se caracteriza por el uso ingenioso del lenguaje introduciendo coloquialismos cubanos y constantes guiños y referencias a otras obras literarias, volviéndose un texto complejo y de gran riqueza lingüística, fuertemente oral —el mismo Cabrera sugiere en una nota aclaratoria al principio de la novela que «no sería mala idea leerla en voz alta»—, que recrea el ambiente nocturno de La Habana, a través de las andanzas de tres amigos en el transcurso de una noche.
     En 1970 recibió el Prix du Meilleur livre étranger (Premio al mejor libro extranjero).
    Esta novela ha sido traducida a varios idiomas. Entre otros, al japonés, por la pluma de Ryukichi Terao. Además, el cineasta chileno Raúl Ruiz la adaptó en un filme de 1968.


viernes, 24 de marzo de 2017

Divagaciones sobre la lectura



LEER PARA SER MEJORES
Pedro M. Domene

              
        No creo que exista ningún método pedagógico que afirme que la obligatoriedad de la lectura garantice el éxito de la misma. Difícil tarea, pues, nos imponemos desde las filas de los lectores para desarrollar un título como el presente: «LEER PARA SER MEJORES». El deseo de leer—afirma Víctor Moreno—no es natural. La obligatoriedad de la lectura se convierte en ese calvario por el que pasan los «jóvenes posibles lectores» que observan desde su negación esa necesidad que les imponemos los mayores, con la única garantía de que la lectura proporciona placer, también humaniza, en algún sentido libera, forma intelectualmente, entretiene a unos y a otros, pervierte en la mayoría de los casos y, finalmente, se convierte en una pasión. Ninguno de estos argumentos son suficientes para convertir en lectores a aquellos niños o aquellos jóvenes que jamás han tenido un libro en sus manos. El proceso de lectura, visto desde otra óptica, exige, por tanto, una dosis muy abundante de heroicidad e, insistiendo en este sentido, no sabemos hoy muy bien si cualquier niño o cualquier joven quiere o pretende ser un héroe. Leer un libro exige, por otra parte, una capacidad de concentración a la que los no lectores no están dispuestos a someterse. Es decir, exige inteligencia y concentración, dos actitudes difíciles de compaginar en la sociedad contemporánea.
        La experiencia de la lectura puede pensarse, en el mejor de los casos, como esa imagen de algo que penetra en lo más profundo de nuestro ser y, por consiguiente, al leer permitimos que algo se apodere de esa imaginación, de esos deseos y de esas ambiciones que conforman nuestra vida. Más allá de esta visión se me ocurre apuntar que lo importante no sería intentar convertir la experiencia formativa de la lectura en ese «objeto» del que siempre tendríamos que dar cuenta, sino que, más bien, se trataría de ponernos a escuchar toda esa clase de experiencias con el mundo de la lectura e intentar pensar que todas encierran mucho de verdad. Así entendemos cómo Maeterlink llegaba a intuir que, en realidad, leer era como sumergirse en una especie de abismo en el siempre creemos descubrir objetos maravillosos. Si les aplicamos semejantes conceptos a nuestros jóvenes lectores, parte del éxito estará logrado. La actividad subjetiva de la lectura conllevaría una respuesta personal a esa exigencia imposible en que se convierte el propio acto de leer.
        Me voy a permitir terminar con la referencia a un libro que acabo de leer y que tiene mucho que ver sobre este concepto sobre el que vengo divagando, me refiero a un libro titulado, No es para tanto. Divagaciones sobre la lectura (2002), de Víctor Moreno en el que, entre otras, dice cosas como la siguiente: «escribo (...) a cuento de las exageraciones que sueltan algunos analistas de la cosa lectora con el objetivo loable de defender la lectura... para los demás. Con los años, aprendes que la dignidad no requiere madurez (...), ni lectura, pero, al parecer, quien a lo  largo de toda su infancia y adolescencia no vio jamás un libro en casa de sus padres, debió estar privado de ella». Y personalmente añado lo siguiente: en mi casa no había libros, aunque, sí, muchos tebeos, y siguiendo al profesor Moreno, afirmo que tal vez esas lecturas, las de los tebeos, me refiero, no me imprimieron esa dignidad o madurez que se esperaba de las grandes obras, pero sí puedo afirmar que me llevaron a un mundo de puertas tan abiertas que hasta el momento nadie a conseguido cerrármelas y, si esto no un acto de dignidad suficiente, al menos a mí me ha servido como esa propensión a la libertad absoluta que todos ansiamos. En este sentido la mía ha sido tal que aún sigo añorando los años felices en los que me pasaba los días leyendo las aventuras de mis héroes dibujados.  

jueves, 23 de marzo de 2017

Ana María Moix



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UNA AUTOAFIRMACIÓN
      
       Ana María Moix (Barcelona, 1947) fue una aventajada escritora cuya precocidad puso de manifiesto José María Castellet al incluirla en su libro Nueve novísimos poetas españoles (1970). En el período de poco más de tres años dio a la imprenta tres poemarios que recogería posteriormente en A imagen y semejanza (1984). La editorial Lumen publica «La biblioteca Ana María Moix» e incluye seis títulos de su quehacer narrativo. El primer volumen es una nueva entrega y recoge diez cuentos escritos en los últimos años, lleva el título significativo, De mi vida real nada sé (2002). La colección constará, además, de la novela, Vals negro, publicada, inicialmente, en 1994,  Las virtudes peligrosas, libro de relatos que se publicó en 1985, Walter, ¿por qué te fuiste?, novela de 1973, su primera colección de relatos, Ese chico pelirrojo a quien veo cada día, publicado en 1971 y, finalmente, la novela Julia, una de sus primeras incursiones en literatura de 1970.
       Los cuentos, De mi vida real nada sé, vienen a significar, tres décadas después, la reflexiva madurez de toda una obra anterior y, a su vez, ponen de manifiesto el enriquecimiento personal de una autora que ha ido observando cómo pasa el tiempo, ha sufrido los consabidos desengaños, tanto los personales como los ajenos, se enfrenta a una madurez consciente y afirma de forma muy consciente que, en realidad, de su vida real apenas sabe nada. Se trata, evidentemente, de una autoafirmación que muestra la elegancia de todo un estilo. Además, de los diez relatos que contiene este breve volumen, algunos resultan una sorprendente visión particular, como el primero, porque reinventa el extraño fenómeno de esa «metamorfosis» kafkiana; en el resto, insiste,  entre otras cosas, en esa realidad que esconde todo un mundo de ficción, el de las apariencias y en esa otra prolongada visión de la agonía de la muerte, ensayada por la narradora anteriormente y así escribe el no menos fabuloso relato titulado, «Autobiografía mortal», cuya presentación resulta no menos excepcional. Otros temas de igual calaje salpican sus historias, la atmósfera que recrean los personajes de «Ronda de noche», el suicidio y la muerte de «Un árbol en el jardín», el humor y la moralidad «Un día, de repente, sucede» o la hipocresía, los desencuentros amorosos, la sátira social, y todo tamizado por una mirada con un hermoso acento lírico. Quiero resaltar los personajes de Ana María Moix, vistos desde una panorámica narrativa más amplia, porque ejemplifican en anteriores historias publicadas hasta el momento, lo que ella siempre ha defendido, «que es la propia voluntad del protagonista quien decide cómo aparecerá en el texto», casi paralelamente como por la vida, es decir, con absoluta discreción o haciendo todo el ruido posible. Incluyen sus textos, también, aquellas verdades que como mentiras se convierten en esos valores morales que resultan variables según la época.







DE MI VIDA REAL NO SÉ NADA
Ana María Moix
Barcelona, Lumen, 2002.

miércoles, 22 de marzo de 2017

150.000

       Creo que no está nada, pero nada mal, la cifrada de estos últimos días...




martes, 21 de marzo de 2017

José María Merino



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CUADERNO DE LA IMAGINACIÓN
              
       La frontera entre la realidad y la ficción es una relación sobradamente cuestionada en la narrativa contemporánea. En lo que respecta al relato o cuento y su variada extensión, esos mismos términos y la temática esgrimida por los mismos, han sido puestos en tela de juicio a la hora de hablar del género y de su dosificación. Hablaremos de microrrelatos cuando se refiere a una economía del lenguaje y a sus variedades temáticas y argumentales. El escritor José María Merino (La Coruña, 1941) es, a estas alturas, dueño de una amplia labor en el terreno de la narrativa breve. Ahora sorprende a sus lectores con Días imaginarios (2002), cien invenciones literarias, como reza en la contraportada del libro, que contienen toda una miscelánea de textos inclasificables por su heterodoxia y riqueza, tanto narrativa como imaginativa.
       Los textos se parecen a apólogos, esbozos de cuentos, sueños, sentencias, recogen leyendas y mitos o se verifican como auténticos artículos que nos remiten al mundo de su ficción. El escritor gallego ya había recogido en algunas colecciones, Cuentos del reino secreto (1982), Artrópodos y adanes (1987), El viajero perdido (1990), Cuentos del Barrio del Refugio (1990), 50 cuentos y una fábula (1997) buena parte de este mundo. Muchos de los textos que contiene este último libro nos remiten a sus permanentes obsesiones literarias, aunque con esa particularidad del verdadero escritor capaz de compaginar lo clásico con lo moderno, lo humanamente experiencial que conlleva la vida y la literatura. Así, en buena parte de estas historias, se puede hacer un auténtico rastreo de lo cotidiano, como por ejemplo, en los textos denominados, «Del almanaque...», doce en total, que se refieren a los meses del año y a sus fiestas más señaladas: Reyes, Semana Santa, flores de Mayo, vendimia, día de Santos..., y que enlazan con toda una tradición universal.
       Breve ensayo de prosa multigenérica en textos que rezuman magia, sugieren incluso más de lo evidente, contienen imágenes repletas de ironía que remiten tanto a la fantasía como a la cotidianidad. Sabiduría oriental u occidental, erudición para salvar muchas leyendas contenidas en el baúl de nuestros recuerdos y recobradas por la prosa de Merino. Otra interpretación sería la del esbozo de un cuaderno de notas, artefacto válido para interpretar la literatura y lo que confiere su mundo.






DÍAS IMAGINARIOS
José María Merino
Seix-Barral, Barcelona, 2002