Páginas vistas en total

lunes, 15 de octubre de 2018

Hoy invito a…


José Antonio Saéz, poeta.

     En la otra ladera (2018) constituye un corpus de poemas en prosa donde el poeta se sitúa fuera de toda vana pretensión que no sea la del despojamiento espiritual y estético ante sí mismo y ante los demás, en la búsqueda de una poesía verdadera, capaz de hacer comunicables las emociones y sentimientos más auténticos. 


       Libro de profundas intuiciones líricas, de hondas y meditadas reflexiones que persiguen el objetivo de una belleza perdurable, depurada y quintaesenciada a través del ejercicio doloroso que es vivir. Textos nacidos desde la constatación de la sencillez y la contención expresiva, con economía de elementos, pero en los que la palabra intenta ir más allá de su significación última. No se entiende este libro si no es bajo la óptica de la dimensión espiritual del hombre y la indagación en la propia conciencia, en la mejor tradición literaria y en la originalidad que se pretende añadir a ella, motivada por las vivencias personales e íntimas que constituyen la base de unos textos fragmentarios. 


       Conciencia, dimensión espiritual y experiencia vital se dan la mano en este poemario que aspira a dar fe de la más noble de las aspiraciones humanas: la búsqueda de la belleza como alma espiritual del mundo y la constatación de la vida como ejercicio de dolor.

domingo, 14 de octubre de 2018

Poéticas, 7


Hasier Larretxea

 

UNA TRILOGÍA POÉTICA

1)

ESCRIBIR sobre la corteza del árbol huida, añoranza,
retorno sobre la explosión de colores del otoño en el
valle. El reflejo del paisaje de hojas en el iris que brilla
como la tierra y su raíz, gota de rocío del amanecer.

Escribir sobre los escondrijos del bosque y sus secretos
patria, mirlo, cesta, sudor. Escribir tierra, cielo, camino.

Escribir miedo, sus portillos. Escribir mano, fuego,
cariño, despedida.

Escribir la libertad del campo, su disposición. Escribir
a través de la ventana. Escribir vencejo, pastor, ladrido,
mus.

Escribir vida. Escribir sueño. Escribir ser. Escribir,
escribir después de la muerte.

Escribir, siempre, a través del paisaje.


De Niebla fronteriza (El Gaviero Ediciones, 2015).


2)

ESCRIBIR
es el paisaje desde donde contemplar.

El mirador
desde donde ver
a través de la niebla,
a través de los límites del horizonte,
sorteando y volando sobre ermitas, pastos, y portillos.

Escribir la visión
en lo alto del monte,
el sendero, el helecho recién pisado,
la bellota que lanzamos hasta el riachuelo.

Escribir es insuflar (el viento del norte),
acunarlo al sonido del cencerro
y a las gotas de lluvia que se ahogan
en el charco del prado,
el movimiento del tractor
y la soledad del perro.

Escribir,
la única manera de atravesar el valle
sin pisarlo.



De De un nuevo paisaje, (Stendhal Books, 2016).



3)

ESCRIBIR es habitar los silencios. Escribir para dar forma a la historia interminable
del pasado y sus fronteras sin cicatrizar. Escribir para esclarecer los nudos, liberar
alambradas. Soltar a los gorriones. Escribir es caminar descalzos sobre la tierra
y su bendición de rocío. Escribir para recoger con el rastrillo la hierba que cortaron
a tiempo. Volver a aprender a saborear las cerezas recién recogidas. La textura
de la lechuga, la pulpa del tomate que brilla ante el cuchillo recién afilado. Escribir
como si fuéramos a limpiar las tripas del cerdo que mataron para alimentar durante
el invierno a toda una familia. Escribir es otra manera de alargar el vacío. El
tirachinas con el que aprendieron a lanzar piedras en terrenos vedados.

De Meridianos de tierra (Harpo Libros, 2017)


(De Neorrurales. Antología de poetas de campo; selección e introducción de Pedro M. Domene; Córdoba, Berenice, 2018; 156 pp.)

sábado, 13 de octubre de 2018

Caricaturas



CARICATURA
                   (Del italiano caricare: cargar, exagerar) retrato que exagera o distorsiona la apariencia física de una persona. 



viernes, 12 de octubre de 2018

Sabías que...




     “¿Te ha pasado alguna vez que estás buscando un lápiz y lo tienes en la mano? Pues algo similar ocurre con la felicidad”.
                                                                                Anónimo  

jueves, 11 de octubre de 2018

Fernando Aramburu


..me gusta  
UN DOLOR COLECTIVO


              
       Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es un autor con una sólida y variada obra literaria hasta el momento, desde que se iniciara con una primera singular novela, Fuegos con limón, a la que siguieron, Los ojos vacíos, El trompetista del Utopía, Bami sin sombra, o Viaje con Clara por Alemania, el curioso texto, Vida de un piojo llamado Matías, y los libros de relatos, No ser no duele, El artista y su cadáver, Los peces de la amargura y ahora, El vigilante del fiordo (2011), una colección de ocho cuentos que, de alguna manera, prolonga la temática esgrimida por el narrador vasco en su anterior libro de relatos. La base de sus textos se sustenta por el territorio de la oscura experiencia, el miedo, la violencia y el terrorismo, y finalmente la muerte, como concepto, que siempre planea en sus historias.
       El vigilante del fiordo aborda, sin embargo, registros narrativos muy variados donde el drama no es tan perceptible como cabria esperarse, quizá por eso el lector agradece que el libro lo encabece un texto como «Chavales con gorra», un relato repleto de silencios, donde la sombra de un extrañamiento sobrecoge a sus protagonistas y, se cuenta todo cuanto pueda ocurrir sin que realmente llegue a pasar. Lo que se esgrime en la mayoría de estos nuevos cuentos es más borroso o elusivo, incluso parece que los personajes, están mejor dotados psicológicamente, resultan más importantes; en la misma línea del anterior, «Mi entierro», el último y más breve de la colección, las dudas asaltan al muerto porque parece que nada haya sucedido durante buena parte de su vida. Un relato como «Lengua cansada» muestra la obsesión de un adulto y convierte la iniciación al sexo de unos jóvenes, en un desastre final y accidentado; la perspectiva que aborda Aramburu en La mujer que lloraba en Alonso Martínez, se aleja del conjunto quizá porque tan solo profundiza en una simbólica percepción que muchos hemos observado a nuestro alrededor y que no tiene o no llega a solucionarse. El más dramático y eje del libro, «El vigilante del fiordo» combina, perfectamente, una forma tradicional de narrar con una equilibrada descripción del paisaje y una mejor textura de diálogo dramático que convierte esta historia en el mejor de los relatos, por esa habilidad de presentar el pasado del protagonista, funcionario de prisiones, que contrasta con su situación actual en un psiquiátrico, tras un profundo sentido de culpabilidad que lo ha llevado hasta allí, y mejor aun su extraña misión que justificaría su locura con la  justicia, un relato maestro cuya estructura se extiende hasta «Nardos en la cadera» una farsa con ancianos como protagonistas. «Carne rota» ofrece una visión dura de la matanza del 11 M, los sucesos de Atocha, que Aramburu presenta creando una serie de planos o casi secuencias cinematográficas que desvelan a medida que vamos leyendo una misma experiencia trágica con palabras que se repiten al final y al comienzo de cada episodio narrado; sutil, intenso, individual termina en ese dolor colectivo que muchos españoles experimentaron. 







EL VIGILANTE DEL FIORDO
Fernando Aramburu
Barcelona, Tusquets, 2011

miércoles, 10 de octubre de 2018

Poéticas de campo, 6



David Hernández Sevillano


Poética
       Para mí la poesía es una manera de mirar el mundo que nos rodea. A partir de esa mirada exterior aparece la magia, que es la identificación con los diferentes elementos que conforman ese mundo exterior. Es ahí donde uno se intuye. El siguiente paso, a estas alturas ineludible, es la mirada interna. Es acá donde uno se conoce y se puede construir. Por eso la poesía no deja de ser una búsqueda constante de las preguntas, cada vez más certeras, que nos ayuden a explicarnos.
       Según esta manera particular de entender la poesía, el mundo que rodea al poeta tiene un gran peso en su obra porque funciona de espejo. Y cuando me refiero al mundo que lo rodea me refiero a lo espacial, pero también a lo temporal; me refiero al ritmo de que se rodea en su vivir; las relaciones que establece; las circunstancias que lo han llevado a ser lo que es. En mi caso la naturaleza en cuanto a espacio y también en cuanto a ritmo tiene una importancia fundamental y añadiría que incluso en cuanto a elección de vida.
       Por tanto -y entendiendo que  los poemas surgen del vivir, del día a día y son un reflejo de la propia mirada-, mi escritura está indisolublemente unida a mis vivencias. Es por ello que en parte de mi poesía la naturaleza tiene un valor esencial como punto de partida del poema, como escenario a partir del cual el poema cobra aliento y se mueve y trepa y trota y gime y vive.
(De Neorrurales. Antología de poetas de campo; selección e introducción de Pedro M. Domene; Córdoba, Berenice, 2018; 156 pp.)





martes, 9 de octubre de 2018

Marcos Giralt Torrente


…me gusta
             
EL AMOR Y OTRAS POSIBILIDADES



               Desde sus comienzos, Marcos Giralt Torrente ( Madrid, 1968), ha venido tanteando cuál es su lugar en la literatura de nuestros días, así debutaba con un primer libro de relatos, Entiéndame (1995), al que seguían las novelas, París (1999) y Los seres felices (2005), cinco años después, una entrega aun más personal, Tiempo de vida (2010), un texto que reconstruye la relación del autor con su padre enfermo, el pintor, Juan Giralt, y al mismo tiempo, un pequeño volumen, Cuentos vagos (2010). Vuelve a ser noticia por partida doble, por ganar el II Premio Ribera de Duero, que recompensa su trabajo con un nuevo libro de cuentos El final del amor (2011). Repite género y según parece, es una estructura que se adapta bastante bien a sus pretensiones de escritura.
               Este libro reúne cuatro relatos cuyo motivo temático se sugiere ya en el título mismo, contado por un narrador que siempre forma parte de las historias, observa las relaciones humanas y el deterioro sucesivo de unas vidas truncadas que, de una manera u otra, terminan en ruptura. Los títulos, «Nos rodeaban palmeras», «Cautivos», «Joanna» y «Última gota fría» invitan a la presunción o a una elucubración, incluso a la incertidumbre de parte de una existencia, a toda esa sombra de dudas que quedan en el aire sin resolver, y muestran las motivaciones y, finalmente, condicionan las conductas humanas. Algunas situaciones recuerdan motivos pasados, la ausencia de un padre, incluso la ficción se confunde con algunos aspectos biográficos propios, que nos recuerdan pasajes de anteriores entregas de Giralt Torrente. Una pareja de turistas quiere ver en otra, la misma situación por la que ellos están pasando, como si vieran que esa degradación a la que han llegado en su relación fuese en otros una justificación consoladora; en realidad, los protagonistas de todos estos relato son víctimas de una escéptica visión romántica, y esto es lo que ocurre en el primero de los cuentos, aunque con una proyección temporal mayor se desarrolla «Cautivos», la historia de Alicia, la protagonista, desde una temprana juventud hasta su matrimonio con el excéntrico Guillermo Cunningham, y el posterior deterioro de su vida en común, para terminar en un final cruel y con un peculiar acuerdo de separación; lo mejor del relato, la aguda observación de un primo de la joven, equidistante y único testigo de lo ocurrido. Un inconfesado amor juvenil planea sobre la historia de «Joanna» que pese al tiempo transcurrido pervive en un estado melancólico en un joven cada vez que recuerda los años de su juventud, y termina con un final inesperado; y el último, sin que decaiga en ningún momento, la tensión y la fuerza narrativa en las historias, «Última gota fría» una vez más una relación imposible, que no excluye la profundidad de un amor verdadero, visto desde lo ojos de un adolescente y los problemas a que los mayores someten sus vidas. Cuatro ventanas, según Marcos Giralt Torrente, a un tema inagotable en la creación literaria.






EL FINAL DEL AMOR
Marcos Giralt Torrente
II Premio Internacional Narrativa Breve
Ribera del Duero
Madrid, Páginas de Espuma, 2011