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domingo, 21 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 111



EL EROTISMO COMO POSIBILIDAD

         Libro deslumbrante, curioso y audaz, Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006) que el granadino Gregorio Morales entrega y con el que propone sumergirnos en lo más variado del mundo del erotismo, en cuanto a imaginación y realidad.

              
         No resulta nada fácil escribir y teorizar sobre la variedad de las prácticas sexuales o acerca de las curiosidades del mundo del erotismo. Gregorio Morales (Granada, 1952), autor de un completísimo libro anterior titulado El juego del viento y la luna. Antología de la literatura erótica (1998), y de numerosos trabajos sobre sexo y erotismo, publica ahora Por amor al deseo. Historia del erotismo (Espasa, 2006), un extenso ensayo donde desglosa la historia del erotismo desde puntos de vista tan curiosos para poder vislumbrar aspectos tan comunes como  «La historia de la mamada» o la  «Historia del 69» y se incluyen, entre otros interesantes capítulos, un repaso documentado de las grandes ninfómanas de la historia, el curioso mundo de los sex-shop, las lolitas o las chicas de calendario o se describe el mundo de los susurros, los suspiros y los jadeos que pueden rastrearse en las grandes obra de la literatura, como el oportuno apartado dedicado al erotismo en El ingenioso hidalgo don Quijote de las Mancha. Morales sostiene en su libro que, en la actualidad, hay un exceso de pornografía y una gran escasez de erotismo y afirma que lo afrodisíaco constituye la esencia de cuanto nos rodea. El cine X o la Historia de la Literatura Erótica, también, forman parte de otros de los más interesantes capítulos de este volumen.

¿Qué es erotismo?
         Se pregunta el autor al comienzo mismo del tratado para situar al lector desde las primeras líneas y en el prólogo mismo acerca de lo esencial de su libro. Para Morales el erotismo no es acto, sino la pura potencialidad del mismo y, al mismo tiempo, la posibilidad. Reside, por tanto, en lo invisible, en aquello que no se ve y se agota cuando puede verse y medirse.  Y responde por consiguiente a: erotismo o verdad, imaginación o realidad y deseo o fisiología. El erotismo se convierte en un juego, como afirma el autor, si por jugar entendemos la capacidad de fabular, de ensayar por medio de la ficción otros mundos y otros lugares. La historia del erotismo nos da los suficientes ejemplos de hasta qué punto hombres y mujeres de todas las épocas han centrado su atención en el otro, porque el deseo nos lleva a cifrar nuestros anhelos en otras personas. Gregorio Morales llega a la conclusión de que el hombre occidental está tan falto de erotismo como de amor y esta Historia del erotismo, que él mismo escribe y presenta, es una oportunidad para aunar con la propia experiencia el bagaje que va desde los antepasados de todos los tiempos hasta la más absoluta contemporaneidad, reavivando siempre una fuente en plena efervescencia.


Ninfomanía
         Cantidad, compulsividad, insatisfacción, fuerza irreprimible de deseo, transposición de los límites, larvada o patente potencia..., así queda calificada por el autor la ninfomanía de la que escribe un interesante capítulo dedicado a las grandes ninfómanas de la historia, empezando por María Magdalena y ese concepto esgrimido por la Biblia de ser una mujer habitada por siete demonios que ungió los pies de Cristo. Pero será Mesalina la ninfómana por antonomasia, casada con el emperador Claudio a los dieciséis años se dio a todo tipo de excesos y buscaba a los hombres con las artes propias de una meretriz hasta el punto de que muchos de los varones de Roma llegaron a temer por su seguridad y la de sus familias o el caso de Anula, la «viuda negra», reina del antiguo Ceilán durante los años 48-44 a.C., cuya principal actividad, además de la ninfomanía, fue la de ir envenenando a los distintos reyes con quienes se casaba: príncipes, guardias de palacio, carpinteros, leñeros incluso un sagrado brahmán, todos ellos sucumbieron al excesivo apetito sexual de una reina que nunca tuvo suficiente con un solo hombre. Algo semejante se puede afirmar de Cleopatra que llegó a tener un templo especial donde residían vigorosos jóvenes, cuya misión consistía estar al servicio sexual de la reina, y la lista que Morales añade a este capítulo sigue en Catalina la Grande, Gala y su castillo de Púbol, lady Jane Ellenborough, la actriz Vivien Leigh, sin olvidar algunas jóvenes en la actualidad como Annabel Chong, Jasmine St. Clair, o una tal Houston que ha batido el récord hasta el momento: seiscientas veinte veces ininterrumpidamente.

Sex-Shop
         La curiosidad de los sex-shop data de los años sesenta, pero parece ser que, ciertos artículos eróticos, se vendían de los tiempos más inmemoriales: fundas, aumentadores, anillos, y preservativos de toda clase y especies. Y aún más antiguos, muñecos, filtros de amor, cinturones de castidad o consoladores de la antigüedad griega y romana o la Edad Media. Está constatado cómo a partir del siglo XIX las principales capitales europeas albergaban lujosos prostíbulos que se servían de abundante material erótico, por ejemplo, las «sillas del amor» donde era posible practicar algunas de las posturas más inusuales. Hoy se utilizan piercings, cremas y ampollas y, cada vez más, los artículos de lencería que ocupan un lugar primordial con atrevidos, fantásticos y afrodisíacos diseños. Y sobre todo en los modernos shops abundan los artículos para homosexuales, sin olvidar ese tipo de artilugios que se concretan en bozales, fustas, correajes, esposas, máscaras, cadenas que dan lugar a lo que moderna y comúnmente se denomina como erotismo colectivo.
         Aún cabe esperar más del desarrollo del cibersexo, un proceso parecido al que llevaron a cabo las cabinas privadas y que nos trasladarán a realizar nuestros caprichos virtualmente y nos transportarán a nuevas experiencias, aunque como señala el autor, lo interesante de todo este proceso es que tiendas y objetos seguirán cumpliendo ese objetivo propuesto que constituye incentivar nuestra fantasía, quizá el motor más importante del erotismo.

Lolitas
         ¿Qué es una lolita? se pregunta Gregorio Morales en uno de los más interesantes capítulos de Por amor al deseo. En realidad, es una preadolescente que desgarra los corazones de los hombres maduros. Fundamentalmente de la novela de  Nabokov, Lolita, publicada en 1955, proviene, realmente, el término y, sobre todo, el escándalo que produjo la obra y las prohibiciones que se sucedieron con respecto al nombre de la protagonista, la niña de once años. Pero en realidad, fue Lewis Carroll uno de los primeros varones atraídos por lolitas y lo mismo le ocurrió al rey David, eclipsado por la belleza de Abisag o Mahoma cuando vio por primera vez a Aixa, una niña de siete años.  El cine moderno ha alimentado el mito durante estos últimos años y a las versiones de la obra de Nabokov, la filmada por Kubrick en 1962 y Lyne en 1997, el tema se ha repetido una y otra vez, vuelve en Taxi Driver (1976), de Scorsese, en Pretty Baby (1978), de Malle, Las edades de Lulú (1990) o American Beauty (1999). A parte de la explicación jungniana del anima masculino y el animus femenino, existe una explicación mitológica, según la cual el complejo de lolita estaría relacionado con el mito del vampiro, y esa suerte de dráculas que, agobiados por los años, tienen esa continua necesidad de sangre fresca. O una explicación biológica, cuando uno descubre pelo, piel suave, grandes ojos, mejillas sonrojadas, nariz pequeña que nos atrae por los recuerdos del bebé y nuestra inclinación biológica a amar por encima de todo; una antropológica que nos remonta a la historia de la humanidad y esos matrimonios celebrados en la adolescencia, entre los doce y quince años; y una final, psicoanalítica que habla, en realidad, de una homosexualidad disfrazada, ya que lo que realmente amarían sería al andrógino o efebo. 
                 Un repaso interesante por las «chicas de calendario» calificadas de simpáticas, guapas, pícaras, hospitalarias, frágiles, alocadas, maternales y tentadoras. Calificadas, también, como pinups , así se definen como esa chica de quince años en un cuerpo de veinte.


El cine X
         Unas semanas después de las primeras proyecciones de los hermanos Lumiére en 1895 se rodó una película Bain (1895) protagonizada por una bailarina de striptease, la francesa Louise Willy. Desde esta fecha hasta la Segunda Guerra Mundial no existió la censura en Europa y el cine vivió su época dorada hasta que el 1975 fue relegado a las famosas salas X.  El porno vivió en la clandestinidad y durante años fue impulsado y distribuido por verdaderas mafias, pero los tiempos cambiaron y poco a poco la pornografía se legalizaría en Austria, en Dinamarca, en Estados Unidos y en España, finalmente en 1983. El capítulo extenso que dedica Morales al tema es lo suficiente ilustrativo como para no reproducirlo aquí, y está lo suficientemente documentado como para que el lector pueda tener una idea clara al respecto. Quizá una última y valiosa reflexión debida a Patricia Highsmith que no duda en afirmar que, en su opinión, «la pornografía ha sustituido a las religiones».
         Términos como «kiki», «fast web», «aventura», «cipote de Archidona» son explicados con esa gracia que aboga por una vida sexual plena. Incluso la literatura no queda al margen del análisis de Gregorio Morales que, resulta obvio, dedica en un extenso capítulo a la figura y obra de Don Quixote. El ensayista Alexandrian en su Historia de la literatura erótica (1989) reflexionaba sobre numerosos textos con indicaciones biográficas que subrayaban la psicología de sus autores y el objeto que planteaba al evaluar dicha literatura. Sin olvidar que esta había nacido en Europa precisamente importada de Oriente de donde había llegado tras otorgarle un sentido profano. Existen, pues, obras maestras griegas, latinas, francesas, italianas, inglesas y alemanas porque la censura de la Inquisición en España relegó el género a la literatura sentimental y caballeresca. El libro de Alexandrian hace un minucioso recorrido por el arte de amar en la antigüedad, la lujuria en la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración y la edad de oro del libertinaje, o los grandes libros clandestinos del XIX, incluida la literatura erótica femenina hasta llegar al erotismo surrealista. Morales añade, también un somero repaso por «Historia de la literatura erótica» para terminar con el curioso capítulo de la «Historia del cinturón de castidad», ese invento u objeto del que se empezó a hablar, precisamente, en la Edad Media, cuando el flujo de hombres a las cruzadas dejó a cientos de mujeres que podían ser violadas o entregarse a sus furores eróticos. 

         Un documentado «Diccionario del Erotismo» cierra el curioso libro Por amor al deseo, con entradas tan variadas que recogen nombres propios relativos al mundo del erotismo, películas famosas y actores o simplemente voces que explican ese sentido que no se les da en los diccionarios al uso.
         El mundo erótico o la literatura, pese a lo esgrimido por numerosas voces, no es síntoma de decadencia porque como es sabido ha florecido en los grandes períodos de nuestra civilización, el siglo de Augusto, el Quatrocento, el Siglo de las Luces, incluso no se puede calificar como un signo de inmoralidad o abyección puesto que numerosos autores, entre otros el cristiano Ausonio, lo cultivaron sin remordimiento alguno. Nos quedaría quizá pensar en si, todo lo relativo a lo erótico, tiene algo de corruptor puesto que este siempre fue el motivo invocado para pasar a la proscripción. Que cada cual juzgue tras la lectura de este interesante libro y practique, en la medida de lo posible, la fantasía de su propia sexualidad.

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