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viernes, 26 de mayo de 2017

José María Merino



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MINIATURAS

              
     Hay que viene sosteniendo en estos últimos tiempos que el microrrelato, los hiperbreves o los microcuentos son, sin lugar a duda, la literatura del futuro, a tenor de las prisas y del escaso tiempo de ocio del que disponemos a diario. Pero nada más lejos de esta afirmación o consideraciones al respecto que para nada benefician a una literatura ensayada por autores como Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca y anteriormente buena parte de autores significativos del siglo XIX. Es indudable que las editoriales, las revistas especializadas, incluso los suplementos han incorporado textos de una extrema brevedad en estas últimas décadas y si se me apura, insistentemente, en el último lustro, pero también habrá que apuntar que algunos autores de relatos breves o de cuentos en su sentido más estricto, siempre han incluido en sus colecciones relatos de una variada factura. Buena cuenta de ello ha dado siempre, José María Merino (La Coruña, 1941) autor de una amplia narrativa breve que demostraba un especial talento para el género en Días imaginarios (2002) o Cuentos del libro de la noche (2005), además de colaborar en numerosas antologías de las que se da cumplida referencia en el final de este libro, La glorieta de los fugitivos (2007), en realidad, recuento de esos libros señalados y algunos inéditos y dispersos, además de una extraordinaria segunda parte titulada «La glorieta miniatura». Merino califica a la criatura, como él la llama, de «nanocuentos» que es otra más de esas definiciones que ya deambulan por ahí como microrrelato, minicuento, minificción, minihistoria o cuento cuántico. En realidad, poco importa salvo que los autores y, en este caso Merino lo hace sobradamente, otorgan categoría a este género de la brevedad, como ese vicio o voluntad inconfesable para someter al lenguaje a una extremada concisión.  
        Estos cuentos que se reúnen por primera vez en un solo volumen tienen un hilo común conductor, al margen de su brevedad, y es la extrañeza de lo cotidiano, el misterio que nos otorga nuestra vida diaria, además de esos otros temas que literariamente hablando suelen repetirse como la muerte, el horror, la historia, el sueño, la memoria y todos aquellos aspectos que asolan a la existencia del ser humano con sus aciertos y equivocaciones. Algunos son un fogonazo de ritmo expositivo que sorprenden por la resolución de los mismos y en ellos, precisamente, se aprecia ese valor anecdótico que el autor otorga a muchas de estas historias.  La segunda parte contiene «veinticinco pasos» que suponen su intervención en el Congreso Internacional de Minificción en la Universidad de Neuchâtel, un auténtico ensayo sobre teoría lingüística y la necesidad de la ficción como vivencia existencial paralela a la propia o, lo que es lo mismo, «la ficción, —como señala el profesor Souto, alter ego, de Merino—  primera sabiduría de la humanidad.






LA GLORIETA DE LOS FUGITIVOS
José María Merino
Madrid, Páginas de Espuma, 2007


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