Páginas vistas en total

domingo, 31 de agosto de 2014

Propósito



          A lo largo de casi toda una vida quienes de alguna forma nos hemos dedicado a garabatear y poner en limpio cuanto dejábamos por escrito durante los fines de semana, o en las sucesivas vacaciones, incluso a diario, y a ratos, robándole horas al sueño y, en otras muchas ocasiones a la familia y a los amigos, hemos añorado ese particular estado cuando, por primera vez, no tuviéramos que cumplir un horario de trabajo riguroso y, en ocasiones, excesivo, y tan solo aspirábamos a que las horas transcurrieran con cierta placidez y a disponer de ese dilatado tiempo sin que pesaran los segundos, los minutos y las horas, los días y las semanas, o los meses, y disfrutáramos de un ritmo diario a nuestro antojo.
           Quizá, si supiéramos definirla, esta podría ser una suerte de felicidad, cuando conscientes de tener cubiertas nuestras necesidades básicas y las de la familia, ya disponemos, como suele decirse, “de todo el tiempo del mundo”. Pero a ese estado de gracia se llega a una edad determinada, y tras un largo y entregado bagaje profesional, un duro camino en el que hemos dejado los mejores años de la juventud, nuestro crecimiento personal e intelectual, y nos asomamos ya a eso que los sabios califican, la madurez.
           A este momento concreto he llegado, sin que me pese la edad o el trabajo realizado hasta el momento, así que por primera vez dispongo de tiempo para realizar largos paseos, ir a solucionar problemas de banco e instituciones públicas, a despachar papeles y documentos innecesarios, a comprar el pan, o hacer los recados pertinentes, y al final, algo fundamental, tiempo para escribir…, o leer a mi antojo. De ahí que en, Acabo de leer…y me gusta, intentaré hacer eso, básica y exclusivamente: leer y escribir.
          Y, cuando escriba, recordaré siempre al maestro Edgar A. Poe, y como él, “seré valiente, severo, y absolutamente justo con amigos y enemigos”.