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lunes, 11 de mayo de 2020

Centenarios, mayo



    09 de mayo de 1920, nace Richard Adams, novelista inglés.
11 de mayo de 1720, nace Barón de Münchhausen, escritor alemán.
    11 de mayo de 1920, muere William Dean Howells, viajero y escritor estadounidense
21 de mayo de 1920, nace James Plunkett, escritor irlandés.




viernes, 8 de mayo de 2020

Luisa Etxenike


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                      Ritual de la incertidumbre
              
          Nocturna Ediciones publica la última novela de Luisa Etxenike.




          Luisa Etxenike (San Sebastián, 1957) ha publicado las novelas Querida Teresa (1988), Efectos secundarios (1996), El mal más grave (1997), Vino (2000), Los peces negros (2005), El ángulo ciego (Premio Euskadi de Literatura, 2008), El detective de sonidos (2011),  y Absoluta presencia (2018). Su última entrega narrativa es una historia contenida y lírica sobre la paternidad y la responsabilidad de los padres acerca de los actos de los hijos en esa edad intermedia entre la madurez y la vejez, visto a través de un personaje tan curioso como misterioso que ingiere alimentos dulces para aplacar el amargor interno que, como sabemos, convive desde hace tiempo con él. La premisa fundamental es saber quién es ese hombre, y eso es lo que se preguntan a diario los vecinos al ver a un desconocido entrar y salir de una casa a deshoras, un hombre con pinta de mendigo aunque no sea su apariencia externa lo que más impresiona sino todo lo que quiere ocultar en su interior. Ha regresado a su casa, en el País Vasco, pero allí ya no están su mujer y su hijo.
       Aves del paraíso (2019) nos va desvelando cómo la vergüenza acompaña al protagonista en sus largos paseos y el azar pondrá en su mano una guía de aves abandonada en un banco, y el descubrimiento del mundo de los pájaros poco después. El propietario de la guía, un viejo en silla de ruedas, Agustín, aparecerá en la escena avanzado el relato; en realidad, Etxenike plantea una sencilla metáfora que hila a medida que vamos leyendo las páginas de este breve texto, y en un intento de que las dudas de su personaje se vayan disolviendo, aunque desde el comienzo queda muy claro que Miguel no es hombre de palabras; se muestra herido pero no parece dispuesto a confesar sus problemas y debemos interpretar que, a medida que va desarrollándose el relato y cambian sus circunstancias, empieza a experimentar una posible solución de futuro.   
       El planteamiento de la narradora habría que justificarlo en esa toma de conciencia de un padre y esa quiebra radical que conlleva, en una vida normal, la ilusión sobre las expectativas que siempre genera un hijo, y que en el caso que se cuenta provoca una crisis vital y se concreta en un aislamiento voluntario y en una profunda depresión. Etxenike se decanta por una perspectiva emocional frente al relato argumental de una historia a contar, quizá porque el tema de fondo es el terrorismo de ETA, aunque la misma historia podría ocurrir en cualquier ámbito geográfico distinto porque tanto la universalidad como la perspectiva de la narradora vasca resultan sumamente originales. El lector siente un curioso interés desde la primera página, una vez que descubre el origen del sufrimiento del hombre, de su exilio real y moral; sin duda porque Etxenike parte en su historia de unas insinuadas consecuencias para alcanzar la causa aunque, en realidad, la información aparece en un aparente desorden que sigue los vaivenes emocionales del padre, su vagabundeo por el sur de Francia y el País Vasco, que se describe como una tierra de una absoluta belleza convertida en un simple paisaje de dolor bajo los ojos del protagonista. La habilidad narrativa de Etxenike hace que a medida que vamos pasando las páginas todo quede encajado aunque el lector no tenga la certeza total de lo ocurrido hasta que la autora decide mostrarlo de una manera directa, sin dejar lugar para la ambigüedad. El reto de ofrecer un texto breve precisa una elección narrativa muy concreta: una tercera persona cercana a una primera, un narrador que se convierte en la sombra absoluta del protagonista, en gran medida sobre su vida, porque el personaje ha decidido olvidar todo aquello que no quiere ni puede asumir, aunque no deba hacerlo y, como todo humano, al final se vea obligado a asumir la verdad y las consecuencias de la misma.
       La descripción de las aves, casi un auténtico catálogo científico, sus rituales y características quedan como muestra de una naturaleza indiferente al dolor humano, que prosigue su curso, hábitos tan prácticos como inmutables, y las ilustraciones en blanco y negro de James Ellsworth evocan en su estilismo a esas láminas del pasado. Ayuda la fluidez de una prosa que no deja de transmitirnos cierto aire poético, entonando un tono lírico que aporta una singular belleza al conjunto. Una vez que como lectores nos acercamos al final, Etxenique recurre a un cierre contundente, el diálogo entre un padre y un hijo destinados a la incomunicación hasta que, en una hipotética posibilidad y un futuro, si ambos siguen vivos, el hijo pueda tomar conciencia de la realidad histórica a la que se han visto sometidos.






AVES DEL PARAÍSO
Luisa Etxenique
Ilustraciones de James Ellsworth
Madrid, Nocturna Ediciones, 2019

miércoles, 6 de mayo de 2020

Joaquín Pérez Azaústre


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                                   VOCES Y ROSTROS

                       

       La muerte de Franco posibilitó nuevos espacios de libertad que ya aireaban universidades, sectores culturales, o núcleos industriales. El Gobierno Arias-Fraga, primer gabinete de Juan Carlos I, fracasa; en enero de 1977, bajo la presidencia de Adolfo Suárez, se promulgó la Ley 1/1977 para la Reforma Política. Franco había muerto dos años antes y la ciudadanía se pronunciaba a favor de la democracia de partidos, la libertad y la amnistía para los presos políticos, aunque las estructuras de la dictadura se resistían a perder sus privilegios. Los despachos laboralistas fueron una herramienta de los trabajadores que defendían jurídicamente sus intereses; la alternativa oficial, el Sindicato Vertical, nunca ofreció las garantías suficientes.
       El asesinato de los abogados laboralistas de la calle de Atocha, 55 no fue una iniciativa aislada de la ultraderecha, sino la última tragedia en la recta final de la lucha contra el franquismo, el preámbulo para recuperar la democracia en el país. Oriol había sido secuestrado, el fascismo campaba a sus anchas en connivencia con sectores de la policía político-social; la fracción inmovilista del Régimen intentaba crear las condiciones de desestabilización que permitiera una intervención militar, y un día antes del asesinato de los abogados, la ultraderecha asesina al estudiante Arturo Ruiz, durante una manifestación donde se pedía amnistía para los presos políticos. Al día siguiente, lunes, se conoce la noticia del secuestro del Teniente General Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, al mediodía en otra manifestación un bote de humo impacta sobre la frente de la estudiante universitaria Mariluz Nájera, causándole la muerte. La noche del 24 de enero un comando de extrema derecha irrumpe en un despacho de jóvenes abogados laboralistas, militantes del Partido Comunista de España. Fueron asesinados Luis Javier Benavides Orgaz, Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Enrique Valdelvira Ibáñez, Serafín Holgado de Antonio y Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Luis Ramos Pardo, Dolores González Ruiz y Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell.
       Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) cuenta un episodio que, cuarenta años después, relacionamos con el dolor más absoluto, cuantifica las motivaciones éticas y políticas del momento, cuando el ejercicio de la abogacía en la defensa de los obreros y de los presos políticos al final del franquismo y el paso a la democracia se interpretaba como un devenir de consecuencias imprevisibles. Atocha 55 (2019) es un relato psicológico de instantes emocionantes que rehúye la novela testimonio, o el concepto histórico, se presenta como una realidad trasmutada, una catarsis social que, a través de la literatura, muestra esas sutilezas del corazón porque, cuando pasamos sus páginas, mantenemos esa estrecha relación con el dolor. Personajes como Manuela Carmena, Cristina Almeida, José María Mohedano se reconocen en el generoso rostro de sus amigos de juventud, Ruano, González y Sauquillo, o Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, la voz que media entre esta crónica viva para cerrar esa herida que sangra, y aún debemos curar.
       Cinco instantes, un epílogo, cuarenta años, que dignifican una transición siempre malversada, recuerdo de unos instantes con unos compañeros y amigos que se reencuentran frente a ese espejo de lo que fuimos, y aún somos, la memoria inexpugnable que nos acompaña toda la vida, el recuerdo de unos hechos que emocionan.
          



ATOCHA 55
Joaquín Pérez Azaústre
V Premio de Novela Albert Jovell
Córdoba, Almuzara, 2019