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miércoles, 1 de abril de 2020

Cuaderno en blanco, marzo


Cuaderno en blanco

 

         Dicen aquello de “marzo airoso…” que nos trae días de sol y viento. Los días de este singular mes me devuelve a la memoria la música de Chopin, la escritura de su amante, George Sand, y el recuerdo de un clásico, Robert Graves, cuya tumba he visitado en Deiá, en un minúsculo cementerio repleto de tumbas de nombres extranjeros que se retiraron a vivir en aquel hermoso lugar, en la isla de Mallorca. Y el confinamiento, al menos, durante quince días por el Covid-19, que nos obliga a permanecer en casa para cumplir el “estado de alarma” decretado por el gobierno; un sacrificio relativo para quienes estamos acostumbrados a un retiro de lectura y escritura voluntaria durante buena parte de nuestra existencia.
       Seguimos confinados, y parece que se alargará aún más de lo previsto, aunque la monotonía no se vuelve tediosa, aprovechamos para leer y escribir sobre lo que nos gusta, y esperamos la noticias de una pronta normalidad. Entretanto, los cuentos de Astrolabio, del gran Ángel Olgoso. Y para Los diablos azules una propuesta de Clara Morales, escribir sobre aquellos libros que han marcado nuestra vida, en mi caso, El camino, porque para el Mochuelo, como para nosotros, habrá un antes y un después. Escribo y disfruto con esta singular novela de Delibes.
       El cambio de hora nos alargará las tardes un buen rato más; quizá el buen tiempo de la instalada primavera traiga aires de fortuna, aunque de momento las lluvias nos acompañan.
       El confinamiento sigue, y la esperanza de ver un final se resiste, pero como siempre todo llegará, al menos siempre ha sido así hasta en los más oscuros momentos de la Humanidad.

      


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