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jueves, 3 de noviembre de 2016

Alexander Pushkin



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Una obra cumbre de la fantasía, según Dostoievski

     Ediciones Nevsky edita una nueva traducción ilustrada de La reina de picas, de A. Pushkin.


     El escritor Alexander Pushkin se convirtió en el autor clásico de la literatura rusa del romanticismo con una obra breve pero de una fuerza e intensidad asombrosas: La reina de picas, escrita durante 1833, y publicada en la revista literaria Biblioteka dlya chteniya, en 1834. A pesar de ser un relato bastante breve, La reina de picas, es la obra que mejor desarrolla el tema de la avaricia. Tan monumental es su ejecución, tan precisa y metódica su composición, que incluso en 1890 Tchaikovsky la adaptaría como una no menos curiosa la ópera.

Una nueva traducción

     La novela comienza cuando Hermann, un oficial del ejército ruso, contempla una partida de cartas sin animarse a participar. Al enterarse de que una anciana condesa conoce el secreto para ganar tres partidas de cartas seguidas y obtener una gran cantidad de dinero, cambia de idea y busca a la mujer con el objetivo de que le revele el secreto antes de morir. Sin embargo, los acontecimientos no ocurren tal y como Hermann pensaba y las cosas se complican cuando otros personajes entran en juego.

     La Reina de Picas resulta por su planteamiento y brevedad una novela muy entretenida, porque en tan solo ochenta páginas nos cuenta una original historia bien construida y ambientada en la Rusia del siglo XIX. Temas como el amor, la avaricia, la amistad, la crueldad, el poder, la justicia y la moralidad aparecen en partes iguales como tema principal de esta novela. Un relato corto bien estructurado y caracterizado, con partes muy diferenciadas, en la que se muestra la maestría de Alexander Pushkin como contador de historias y como escritor que plasma la realidad social de la Rusia de aquella época. De forma sencilla y sin demasiadas florituras, nos conduce fácilmente a aquellos paisajes y nos traslada a una compleja historia con moraleja y sorpresa final.
Pushkin, se convertiría con esta novela, en el modernizador de la lengua rusa, y como señalábamos en el máximo exponente del romanticismo en este idioma. Y, como buen romántico, no podía dejar de tener en su haber una historia fantástica. Una, para los cánones de la época bastante buena donde fantasmas, o la obsesión y la locura avisan sobre los peligros de la avaricia, aunque una vez leída logra convertirse en una pequeña obra maestra entretenida y de bella factura literaria.



     La edición de Nevsky, con una ejemplar traducción de Marta Sánchez-Nieves, profesora de lengua rusa, y especialista en algunos de los clásicos y referentes de la mejor literatura universal, Turguénev, Dostoievski, Gógol, Tolstói, Starobinets, o Bábel entre otros, es dueña de los recursos necesarios para establecer una ajustada prosa de tan significativa lengua eslava.
El volumen incluye, además, una hermosa colección de ilustraciones de Sandra Rilova (Burgos, 1988), una curiosa artista que ha dedicado su vocación a libros infantiles y juveniles.

Biografía
     Alexander Pushkin, figura eminente de toda la literatura rusa y creador de su mejor lenguaje literario, fue uno de los duelistas más empedernidos de su época: el duelo con d'Anthès, que le costó la vida, fue el 21 desafío en el que se vio envuelto. El poeta arrojó el guante quince veces y en seis ocasiones recibió “la invitación”. Once de estos duelos no tuvieron lugar porque los amigos de Pushkin lograron pacificar a las partes involucradas.
Nació el 6 de junio de 1799 en Moscú. Su padre pertenecía a la nobleza rusa y su madre era bisnieta de Abram Gannibal. Sus familiares testimonian que ya de niño solía mostrar un carácter bastante difícil: era muy inteligente y aficionado a la lectura pero no estudiaba mucho, se sentaba solo en algún rincón abandonado o iniciaba juegos “salvajes” con otros niños.
Pasó su adolescencia en el liceo imperial de Tsárskoye Seló, una localidad cercana a San Petersburgo, antigua residencia de la familia imperial rusa. En la primavera de 1820, tuvo que dar explicaciones a las autoridades de San Petersburgo por el contenido de unos versos políticos, un hecho que no correspondía al cargo de funcionario estatal que ocupaba. Fue enviado a seguir con sus tareas para la administración pública al sur del país, en una especie de destierro “suave”. En su viaje al sur, Pushkin se enfermó y para curar su pulmonía, sus amigos lo llevaron al Cáucaso y a la península de Crimea, donde pasó una parte del verano y el otoño. Allí siguió trabajando en su poema El cautivo del Cáucaso que lo convirtió en el poeta más famoso del país y le granjeó el título de “Lord Byron ruso”. Allí nació la semilla de otro poema, La fuente de Bajchi Sarái, y de su obra más famosa, la novela en verso Eugenio Oneguin.
     En 1823 cambió de nuevo de lugar de residencia y pasó a trabajar en Odesa, renunció a seguir con los servicios para el Estado, y comprendió que su verdadera vocación era la literatura. Durante este período creó unas cien obras, entre ellas el drama popular Borís Godunov, el poema burlón El conde Nulin, el poema Los gitanos, y uno de sus versos más famosos, “El Profeta”. Además, siguió trabajando en la novela Eugenio Oneguin.
En 1830, el poeta de treinta y un años de edad, consigue la mano de la famosa y bella moscovita Natalia Goncharova, de tan solo dieciocho. Antes de la boda, en otoño de 1830, Pushkin fue a Bóldino, la hacienda de su padre, para tomar posesión de una de las aldeas que le había regalado con motivo de su futuro matrimonio. Permaneció tres meses debido a la cuarentena promovida en todo el país a causa de una epidemia de cólera. El “otoño de Bóldino” resultó ser el mayor evento de toda la literatura rusa. Formó definitivamente la lengua literaria propia rusa y las tradiciones de versificación, cuyas características principales son: elementos del habla popular viva, precisión y brevedad de presentación de la idea. Compuso una “imitación” en verso de cuentos de hadas populares, El cuento sobre el pope y su bracero Baldá, y la serie de obras en prosa Los relatos de Belkin, que provocaron una revolución en la literatura rusa: presentaban imágenes de gente ordinaria e insignificante, con historias dramáticas y cotidianas, algo que era incomprensible en una época de protagonistas románticos y heroicos que suscitaría muchas críticas.
Desde los inicios de la década de 1830, Pushkin empezó a dedicarse más a la prosa que a la poesía. En 1831 recibió el encargo del zar de escribir la historia del emperador Pedro I, y obtuvo un permiso especial para trabajar en los archivos. En otoño de 1833 Pushkin vuelve a Bóldino, y a pesar de que el segundo “otoño de Bóldino” fue más breve que el primero, la cosecha literaria es de la misma importancia. Crea el poema El jinete de bronce, cuyo protagonista es otra vez una “persona superflua”, la noción y el término que formarán esa parte imprescindible de toda la época posterior de la literatura rusa y escribe nuevos cuentos populares en verso: El pescador y el pececillo y La princesa muerta y los siete guerreros. Empezó a trabajar en las novelas, La reina de naipes y La historia de Pugachov, y en una de sus más conocidas, La hija del capitán, una historia de amor pero que tiene como trasfondo la rebelión campesina.
     En noviembre de 1836 surgió la tensión entre Alexandr Pushkin y Georges-Charles de Heeckeren d'Anthès, un aristócrata francés. El 27 de enero de 1837 tuvo lugar el duelo que acabó con la vida del poeta.




miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nuevas travesías



OTOÑO

          Cada nuevo otoño me devuelve a la memoria ese libro soñado, ese libro total de Gabriel García Márquez, El otoño del patriarca (1975), una de sus novelas de mayor riesgo formal, y cuyo ritmo, y el propio sonido de las palabras decidieron al colombiano a romper una moderada tradición y estructura para sustentar un arrollador relato caracterizado en gran parte por la grandiosidad del lenguaje. García Márquez utiliza un narrador omnisciente, que no es uno solo; en realidad, somos quienes asistimos al derrumbe del dictador y la imagen de una patria que semeja un círculo dantesco, comparable al infierno de la Divina Comedia, aunque en parodia tropical, y comienza precisamente un lunes en la madrugada cuando “la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y podrida grandeza… No tuvimos que forzar la entrada, pues la puerta central pareció abrirse al solo impulso de la voz”.
       Trescientas páginas cuya lectura se convierte en un avasallante documento, poblado de allanamientos a la imaginación, convocados a ese lugar común: la ficción; un texto con pulso y tensión. En mitad de un ritmo pausado, constatamos lo que ya sabemos, lo que aun está por venir porque el lector se sumerge en un mundo caótico, de contornos que recuerdan al clásico Gargantúa y Pantagruel, y un acertado intento por recordar al poeta fallido o tímido que pretendiera el colombiano, el García Márquez adolescente ensayó poemas, fue lector del Siglo de Oro español e imaginó convertirse en el nuevo Rubén Darío, pero se decidió por la prosa, y escribió primero cuentos, reportajes en prensa, y después grandes novelas. Y 40 años después, El otoño del patriarca aun aporta la visión permanente de la literatura sobre los dictadores en la América Latina.


martes, 1 de noviembre de 2016

Medardo Fraile



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LOS  MEJORES CUENTOS DE FRAILE

 Foto. Belén Díaz

       Medardo Fraile (Madrid, 1925) cuenta ya con una excelente edición de sus mejores cuentos o al menos con una selección tan variada y rica como abundante que permite al lector tener una amplia visión de su obra cuentística hasta el momento. En Cuentos de verdad, que se edita en la prestigiosa colección «Letras Hispánicas», se recoge una variada muestra de los libros publicados por el autor desde 1954 hasta 1999, el último volumen publicado por el autor tan solo hace unos meses. La edición de María del Pilar Palomo es ejemplar, aunque ella misma señala que la selección ha sido realizada por el autor expresamente, lo que añade aún más interés al libro mismo. En la amplia introducción, la profesora Palomo hace un repaso exhaustivo de los primeros pasos literarios del autor, reconocido miembro de la «generación de los niños de la guerra» junto a Aldecoa, Fernández Santos, Martín Gaite, Sastre, Sánchez Ferlosio y otros. Hay un excelente recorrido por la etapa infantil del escritor, plasmada en muchos de sus cuentos posteriormente. A propósito del autobiografismo contenido en sus relatos, el autor, ha advertido siempre escribir narrativamente y no literariamente, porque las evocaciones biográficas son una auténtica creación literaria.
       La introducción recorre, igualmente, el mundo madrileño de Fraile en los años 40 y su amistad con Alfonso Sastre, Alfonso Paso y Carlos José Costas, amigos de Arte Nuevo, interesante proyecto de teatro experimental colectivo. Más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras, su grupo de amistades de ampliará, y a los miembros ya citados de los «niños de la guerra» se unirán José María Valverde, Juan Guerrero Zamora, Alfonso Albalá, Manuel Seco, Lauro Olmo y Antonio Prieto, entre otros. La literatura y la amistad irrumpe en la vida del joven Fraile. Entretanto van surgiendo títulos como Cuentos con algún amor (1954) y A la luz cambian las cosas (1959). La obra literaria de Medardo Fraile se expande cosmopolitamente en 1964 cuando se incorpora a la Universidad de Southampton. De esta larga estancia surgirán sucesivas impresiones de un español en Inglaterra, de alguien que tiene siempre España en su interior: La penúltima Inglaterra (1973), ampliada posteriormente en La familia irreal inglesa (1993), además de otras recopilaciones de artículos que seguirán con el paso de los años, Entre paréntesis (1988) y Documento Nacional (1997).
       La gran innovación de Fraile, en palabras de la profesora Palomo, fue la creación de un tipo de cuento ajeno a ese denominado realismo social que imperó en los cincuenta y parte de los sesenta. Su preocupación literaria por la individualidad humana le han apartado, desde siempre, de los problemas colectivos de una literatura coetánea. La prueba de esa atemporalidad puede verse en el resto de sus colecciones, Cuentos completos (1991) que recoge su producción hasta el momento y añade algunos inéditos y, posteriormente, Contrasombras (1998) y Ladrones del Paraíso (1999). Lo mejor de los relatos del escritor madrileño es que «no ayudan a soñar» porque no acaban cuando acaba el cuento, sino cuando acaba el hombre mismo. Pero siguen, siguen... acompañándole hasta que se convierten en una sola palabra, una voz única y se muestran como lo que son, auténticos «cuentos de verdad».







CUENTOS DE VERDAD
Medardo Fraile
Madrid, Cátedra, 2000

lunes, 31 de octubre de 2016

Caricaturas



         Don Pío Baroja, 60 años después.
30 de octubre de 1956, Madrid-30 octubre de 2016



© Marcelo Pereira Pinto

domingo, 30 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 85



ALGO NUEVO SOBRE EL INFIERNO


       Malcolm Lowry (1909-1957) considerado hoy como un clásico por su novela, Bajo el volcán (1947), nunca dejó de escribir cartas a lo largo de su vida, una actividad que para él constituía la otra cara de la ficción, la materia prima de la que se nutriría su obra posterior; llegó, incluso, a escribir cartas personales que más tarde incluía en un texto narrativo o las convertía en poemas. Ocurre, por ejemplo, con la apasionada carta que el cónsul escribe en el primer capítulo de Bajo el volcán, supuestamente una de las muchas que redactara el novelista desde Oaxaca a su primera esposa Jan Gabrial que, por entonces, ya lo había abandonado y que más tarde sería la modelo Yvonne de su más famosa novela. Es Lowry, por consiguiente, un escritor de cartas muy peculiar—según comenta Carmen Virgili, la autora de la selección y del prólogo de El viaje que nunca termina (Correspondencia, 1926-1957)—, alguien que partía de la base de que sus cartas podían convertirse en ficción, y de este modo, en la voz de algún personaje también. Rompía Lowry con los límites establecidos entre realidad y ficción y confirmaba, así, el carácter autobiográfico de muchos de sus textos.
               El período que abarca la correspondencia es de 1926 a 1957, una de las últimas está fechada a mediados de junio, unos días antes de fallecer en Ripe (Sussex), a donde se había recluido un año antes para volver a escribir. La correspondencia editada por Tusquets es una selección de los dos gruesos volúmenes publicados por Sherrill E. Grace en 1995. La presente edición se ha dividido en ocho grandes apartados que corresponden a fechas muy emblemáticas de su vida, además al final de la edición se incorporan unos apéndices que incluyen su famosa «Carta al Querido Señor Dios», y una pequeña cronología. Los diferentes apartados van introducidos por una explicación de la editora que comenta aquellos aspectos biográficos de Lowry a tener en cuenta ante la lectura de las cartas seleccionadas. El contenido es variado: breves, muy breves anotaciones, extensas misivas que analizan algunos aspectos importantes de la vida del escritor o las dirigidas a su primera esposa Jan Gabrial, a algunos amigos como los poetas Aiken, Grieg, sus agentes literarios o su misiva más famosa al editor Jonathan Cape, fechada el 2 de enero de 1946 en Cuernavaca, un auténtico ensayo defendiendo su novela más famosa, Bajo el volcán, en la que desmenuza capítulo a capítulo su contenido. La mayoría de las dirigidas a su familia se han perdido, aunque se conservan algunas enviadas al padre y su hermano Stuart, que muestran las relaciones tortuosas que mantuvo con ellos.


        Debemos entender que la vida de Lowry se confunde con el mundo de su propia ficción y el conjunto de estas cartas son buena prueba de ello, quizá la muestra inequívoca de una vida en marcha, como ese proceso escriturario del que da sobradas referencias el escritor a lo largo de esta selección. El universo lowryano queda manifiesto en El viaje que nunca termina y su representatividad queda manifiesta en el esfuerzo que Tusquets está haciendo por recuperar la singular obra de este no menos singular fracasado de la literatura. Es, pues, parte de la reconstrucción de un itinerario vital y la autenticidad de una biografía supuesta.

EL VIAJE QUE NUNCA TERMINA
(Correspondencia (1926-1957)
Malcolm Lowry
Tusquets, Barcelona, 2000


viernes, 28 de octubre de 2016

Luisgé Martín



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OTRA AUTOBIOGRAFÍA SENTIMENTAL


       En el curioso mundo de la ficción, el fingimiento, la postulación sobre una identidad, y aun más la conformación de una doble vida, convierte en rareza todo aquello que no catalogamos como el corsé de la normalidad, y así desde un punto de vista temático cuanto podamos calificar de sentimental, del amor como un auténtico paraíso, de la sexualidad como pulsión y pilar de la personalidad, y que podamos conformar esa definitiva idea de nuestra identidad, de lo que somos, y/ o dejamos ver. Luisgé Martín (Madrid, 1962) resuelve su nueva obra, El amor del revés (2016), en un conmovedor viaje por las sombras que protegen a nuestra identidad, y una vez cuando nos quitamos la máscara, el resto de nuestra existencia se traduce en esa ansiada búsqueda de la felicidad, o en el decepcionante temor a un continuo fracaso.
       Luisgé Martín descubre en su adolescencia su homosexualidad y aterrado por la época vivida entonces, finales de los 70, se juró que jamás nadie lo sabría nunca, pero transcurridos los años, cubierto todo una largo camino de perfección, pone al descubierto su mayor secreto y nos entrega una memorable autobiografía sentimental, que titula curiosamente, El amor del revés, en la que cuantifica, se sincera y expone valientemente toda su trayectoria homosexual, los difíciles años de la represión, tanto física como psicológica experimentada en una desordenada adolescencia hasta el presente, la plenitud de una madurez en la que ya no hay motivos para esconderse de una determinada condición sexual y la homosexualidad es una opción más en una sociedad progresista. Luisgé Martín ya había explorado su condición en libros anteriores, en las colecciones de relatos Todos los crímenes se comenten por amor (2013) y Lo que no se dice (2014), y también en algunas de sus novelas, Los amores confiados (2006) y La vida equivocada (2015), que procuraban sondear esos sentimientos más profundos que soslayaban una realidad de aparente normalidad.  En esta ocasión, el madrileño traza un relato veraz y exhaustivo, hasta donde ha sido posible hacerlo, y convierte su lucha particular por ser en la historia de alguien diferente. La suya, esa primera persona, es un yo tan convincente como medido que dosifica a lo largo de los años su condición de homosexual, desvelando capítulo a capítulo, las diferentes actitudes adoptadas en el momento, los sufrimientos y esos guetos de protección y libertad que vivió en un Madrid más oscuro y vulgar.
       Luisgé Martín escribe sobre lo que ha vivido, sobre aquello que ha sentido e, incluso, imaginado tras la máscara de una masculinidad, pero sobre todo, al final del texto, nos desvela cómo solo él ha logrado, pese a las muchas dificultades, restituirse a sí mismo en persona, tras una adolescencia de frágil identidad y abrumada por la brutalidad de un mundo inmaduro que no comprende y destruye esa otra forma de ser, una sociedad que, pese a una aparente permisibilidad y tolerancia es capaz de destruir a un individuo, sin tener en cuenta que es un individuo quien, sin condición alguna, construye la sociedad. Es decir, que el resultado va mucho más allá de unas “sinceras memorias o una autobiografía novelada” sino que la historia que cuenta Luisgé Martín nos hace ver que el amor sincero, el deseo sexual sin condicionamientos y la moral aparecen en una luz nueva que, en una u otra medida, a todos nos concierne, y un texto como El amor del revés se convierte en el más honesto, descarnado y estremecedor relato que a estas alturas de nuestra vida podamos leer.










 EL AMOR DEL REVÉS
Luisgé Martín
Barcelona, Anagrama, 2016

jueves, 27 de octubre de 2016

Una gavilla de cuentos



La universalidad del hombre, el novelista y el genio

La editorial Traspiés edita la antología, Cervantes tiene quien le escriba.

  
   Una gavilla de cuentos para un clásico, motivo más que suficiente para recordar, de alguna manera, el cuarto centenario de su muerte, la del inmortal Miguel de Cervantes, el universalmente celebrado autor de los personajes, Don Quijote y su inseparable Sancho.

   Carolina Molina y Ana Morilla, editoras del volumen, Cervantes tiene quien le escriba (2016), aseguran que, “tal vez nadie sabe a ciencia cierta por qué Cervantes fue un peregrino de la vida como los protagonistas del Persiles, un caballero andante como don Quijote y alguien tan errante como su Gitanilla, sin una continuada residencia fija y estable, un vagamundo formado intelectualmente en Italia, cautivo en Argel y encarcelado en numerosas ocasiones en España. Este libro justifica buena parte de su vida, e intenta dar respuestas a esos interrogantes".

   La antología según, María Pilar Queralt del Hierro, historiadora y prologuista, engloba toda la vida del escritor aunque encontrarnos otras narraciones centradas en los hechos más destacados de su vida: su bautismo en Alcalá de Henares, su infancia en Córdoba, su traslado a tierras vallisoletanas y su estancia en la cárcel de Sevilla; o el aspecto soldadesco y la pérdida y lesión del movimiento de la mano izquierda, su cauterio en Argel, sin dejar en el olvido las facetas más personales, como su casamiento con Catalina de Salazar o los enfrentamientos literarios con Quevedo o Lope de Vega.


    Se trata de recreaciones y una acertada ambientación que incluye, características y lenguaje cervantino, todo un recorrido desde su infancia a su muerte, aunque eso sí con esos diferentes estilos, los que indudablemente ofrecen veinte conocidos escritores de novela histórica: María Pilar Queralt del Hierro, José Calvo Poyato, Antonio Gómez Rufo, Antonio Mateo-Sagasta, Luis García Jambrina, Baltasar Magro, José Vicente Pascual, José Luis Muñoz, Nerea Riesco, Ramón Acín, Francisco Morales Lomas, Carolina Molina, Olalla García, Herminia Luque, Alfonso Cost, David Yagüe, Víctor Fernández Correas, Francisco Gallardo, Ana Morilla y Brígida Gallego-Coín, y con títulos tan evidentes como, “El preso de las sierpes”, “Breve crónica necrológica o sucinta noticia de la muerte de Cervantes”, o los sugerentes, “La verdadera historia del Quijote” y “El soldado hidrópico o bien la braveza de Claudia Rentoy”.

   Una ocasión para recrear los escenarios cervantinos, volver la mirada a nuestro clásico y, también, degustar relatos más o menos extensos que nos sorprenden por las curiosidades con que podemos encontrarnos en esta singular recopilación. Merece la pena.








V.V.A.A.; Cervantes tiene quien le escriba; Carolina Molina y Ana Morilla (Coord.);  Granada, Traspiés, 2016; 224 págs.