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sábado, 29 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 85



ALGO NUEVO SOBRE EL INFIERNO


       Malcolm Lowry (1909-1957) considerado hoy como un clásico por su novela, Bajo el volcán (1947), nunca dejó de escribir cartas a lo largo de su vida, una actividad que para él constituía la otra cara de la ficción, la materia prima de la que se nutriría su obra posterior; llegó, incluso, a escribir cartas personales que más tarde incluía en un texto narrativo o las convertía en poemas. Ocurre, por ejemplo, con la apasionada carta que el cónsul escribe en el primer capítulo de Bajo el volcán, supuestamente una de las muchas que redactara el novelista desde Oaxaca a su primera esposa Jan Gabrial que, por entonces, ya lo había abandonado y que más tarde sería la modelo Yvonne de su más famosa novela. Es Lowry, por consiguiente, un escritor de cartas muy peculiar—según comenta Carmen Virgili, la autora de la selección y del prólogo de El viaje que nunca termina (Correspondencia, 1926-1957)—, alguien que partía de la base de que sus cartas podían convertirse en ficción, y de este modo, en la voz de algún personaje también. Rompía Lowry con los límites establecidos entre realidad y ficción y confirmaba, así, el carácter autobiográfico de muchos de sus textos.
               El período que abarca la correspondencia es de 1926 a 1957, una de las últimas está fechada a mediados de junio, unos días antes de fallecer en Ripe (Sussex), a donde se había recluido un año antes para volver a escribir. La correspondencia editada por Tusquets es una selección de los dos gruesos volúmenes publicados por Sherrill E. Grace en 1995. La presente edición se ha dividido en ocho grandes apartados que corresponden a fechas muy emblemáticas de su vida, además al final de la edición se incorporan unos apéndices que incluyen su famosa «Carta al Querido Señor Dios», y una pequeña cronología. Los diferentes apartados van introducidos por una explicación de la editora que comenta aquellos aspectos biográficos de Lowry a tener en cuenta ante la lectura de las cartas seleccionadas. El contenido es variado: breves, muy breves anotaciones, extensas misivas que analizan algunos aspectos importantes de la vida del escritor o las dirigidas a su primera esposa Jan Gabrial, a algunos amigos como los poetas Aiken, Grieg, sus agentes literarios o su misiva más famosa al editor Jonathan Cape, fechada el 2 de enero de 1946 en Cuernavaca, un auténtico ensayo defendiendo su novela más famosa, Bajo el volcán, en la que desmenuza capítulo a capítulo su contenido. La mayoría de las dirigidas a su familia se han perdido, aunque se conservan algunas enviadas al padre y su hermano Stuart, que muestran las relaciones tortuosas que mantuvo con ellos.


        Debemos entender que la vida de Lowry se confunde con el mundo de su propia ficción y el conjunto de estas cartas son buena prueba de ello, quizá la muestra inequívoca de una vida en marcha, como ese proceso escriturario del que da sobradas referencias el escritor a lo largo de esta selección. El universo lowryano queda manifiesto en El viaje que nunca termina y su representatividad queda manifiesta en el esfuerzo que Tusquets está haciendo por recuperar la singular obra de este no menos singular fracasado de la literatura. Es, pues, parte de la reconstrucción de un itinerario vital y la autenticidad de una biografía supuesta.

EL VIAJE QUE NUNCA TERMINA
(Correspondencia (1926-1957)
Malcolm Lowry
Tusquets, Barcelona, 2000


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