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domingo, 9 de octubre de 2016

Desayuno con diamantes, 82



EL INVISIBLE  J. D. SALINGER

       J. D. Salinger, autor de El guardián entre el centeno (1951), fallecía el 27 de enero de 2010 en su casa de Cornish (New Hampshire, N.Y.), a donde se había retirado, durante las últimas décadas, protegiéndose del mundo exterior y mostrando un especial interés por el budismo zen. 


       El biógrafo Ian Hamilton emprendió en 1983 lo que después resultaría una ímproba empresa: el recuento de la vida literaria de uno de los escritores más leídos del siglo XX norteamericano, pero también el más oculto por una voluntaria reclusión que se extendería a lo largo de más de cincuenta años hasta su muerte acaecida el 27 de enero de 2010. Hamilton le comunicó al escritor J. D. Salinger que se proponía realizar un estudio sobre su «vida y su obra» y que acudiría a su casa de Cornish (New Hampshire, N.Y.) para formularle algunas de las preguntas o si, en su defecto, prefería que se las hiciera llegar por correo. Al mismo tiempo le señalaba que los escasos y fragmentarios «hechos» relacionados con su vida publicados hasta entonces, resultaban a menudo contradictorios y, por consiguiente, necesarios de aclarar y justificar para el futuro de su obra por lo que apelaba a su consideración para que él pusiera orden a la misma.
       Según Hamilton, desde siempre Salinger había sentido un profundo desprecio por las «biografías literarias», incluso por sus editores con los que no había tenido contacto alguno durante las dos últimas décadas tras la publicación de Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour, una introducción (1963). El biógrafo utilizó todas sus armas para que el novelista contestara negativamente a su requerimiento puesto que, en ningún momento, el crítico se había planteado una biografía convencional y sus continuos rechazos constituían el experimento de un triunfo posterior. Aunque con respecto a una vida ordinaria era alguien invisible, desde el punto de vista literario seguía siendo una fuerza mítica en plena actividad. Era un personaje famoso, precisamente por no querer ser famoso. El guardián entre el centeno (1951) seguía ejerciendo una seducción incomparable en los jóvenes lectores de las generaciones posteriores a su publicación. El resultado final, el documento, que Hamilton publicó en 1988 con el título de En busca de J.D. Salinger, nos introduce en la infancia neoyorkina del escritor, sus años adolescentes en la Academia Militar de Valley Forge, su sorprendente carrera militar y participación en la Segunda Guerra Mundial, sus amistades más íntimas y sus primeros amores, sus éxitos literarios en la revista New Yorker, su súbita y arrolladora fama y, finalmente, su reacción ante esta fama.

La gran tradición


       La novela americana que se desarrolló después de 1945, tras la gran guerra, fue en muchos sentidos diferente de la obra de sus predecesores inmediatos, tanto en la descripción de vastos paisajes míticos, como en esa cierta tendencia pastoral que había abundado en el modernismo norteamericano. Alejados de Hemingway, Faulkner, Fitzgerald o Dos Passos, incluso de la ficción judía-americana, para centrarse en un realismo urbano o el descubrimiento de los procesos literarios en desarrollo en Europa, esa conocida tendencia a un realismo con matices existencialistas y, sobre todo, conceptos del mundo del absurdo. En este sentido,  los libros de J.D. Salinger, por consiguiente, se dirigen a un público de un gran refinamiento. Su prosa, su narrativa casa muy bien con la urbanidad y sofisticación de la época con los artículos de fondo publicados por The New Yorker sobre personajes y ciencia, sobre fiestas y ocio, sobre el mundo del vestido o de las bebidas. Una novela como El guardián entre el centeno se aleja de su modelo Las aventuras de Huckleberry Finn porque el protagonista de Twain contempla el mundo a su manera; mientras que el de Salinger se muestra en su aspecto exterior e interior para que parezca tan imaginativo como su precedente, aunque los conocimientos de Holden se concretan en la visión  y conocimientos que un simpático muchacho de escuela pueda obtener: profesores, padres, taxistas, o incluso ascensoristas, y pertenece, además, a un ambiente familiar donde aún la comunión, la comprensión y la lealtad son posibles, mientras se mantengan al margen de ese mundo corrupto. Holden contempla el mundo con los ojos de un muchacho de su edad, al tiempo que se compadece de aquellos personajes a quienes desprecia. Siente un especial cariño por su hermana Phoebe, hacia Allie, su hermano muerto, y a su otro hermano, D.B. escritor en Hollywood. Lo mismo que los protagonista de Franny y Zooey (1961), los Glass, la familia Caulfield ambienta su vida en el orden, la comprensión y la lealtad, actitudes aún posibles mientras se mantengan al margen de ese mundo exterior que se viene desmoronando. Los dos relatos publicados por Salinger bajo el título de dos de los hermanos Glass, están ambientadas en el Manhattan de 1955 y forman parte de esa saga familiar que ya había aparecido en Nueve cuentos (1953) y, reaparecerá, posteriormente en Levantad, carpinteros, la viga del tejado (1963), Seymour: una introducción (1963) o Hapworth 16, 1924 (1965), este último publicado en una revista. En realidad, Buddy Glass contará las dos historias: la primera, está protagonizada por Franny, estudiante en una famosa escuela de arte femenina, que se siente desencantada y engañada por el egoísmo reinante a su alrededor; la segunda historia, la protagoniza Zooey, su hermano, cinco años mayor que ella, pero un superdotado que le brinda su ayuda cuando la joven cae en una terrible y profunda depresión. La angustia y la inseguridad emocional vuelven a ser importantes en este libro, como ya lo había ensayado Salinger en El guardián entre el centeno. Su siguiente obra, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción (1963), también está formada por dos relatos, publicados anteriormente en la revista The New Yorker y cuenta como Buddy está realizando el servicio militar durante la II Guerra Mundial y obtiene un permiso para la boda de su hermano Seymour, con su prometida, Muriel. Pero su hermano no se presenta a la boda y Buddy debe afrontar las especulaciones en torno a su hermano. La segunda historia es, en realidad, un monólogo interior en el que Buddy Glass habla de su hermano y de su mundo, además de algunos otros miembros de la familia y los eternos temas del narrador norteamericano: el budismo, la filosofía hindú, que esconden abundantes referencias biográficas. Inmediatamente después del éxito de su primera novela, Salinger publicó Nueve cuentos (1953), donde se incluyen dos de sus relatos más famosos, «Para Esmé, con amor y sordidez» y «Un día perfecto para el pez banana», protagonizado por Seymour Glass y cuyo carácter, inconformista y pesimista, queda de manifiesto, alterego del propio autor.

Biografía
       Jerome David Salinger nació el 1 de enero de 1919. Su padre, Sol Salinger, era oriundo de Cleveland, Ohio, y se dice hijo de un rabino, pero se apartó de la ortodoxia judía lo bastante como para hacerse importador de jamones y casarse con una gentil, la escocesa Marie Jillich, quien cambió su nombre por el de Miriam para estar más a tono con la familia de su marido. Aunque, según Hamilton, casi nada de esto era verdad: Sol Salinger había trabajado para una empresa de Chicago que importaba quesos, regentada, además, por italianos y cuando el biógrafo acudió a ellos, estos le comentaron que acudiera a su chico, al parecer escritor: Jerry Solomon Salinger había muerto en los setenta, se había trasladado muy joven a Nueva York, y su vida, en general, había sido muy inquieta porque, entre 1919 y 1928, se habían mudado tres veces hacia el sur de N.Y., como lo constata en sus posteriores textos el propio Jerome. William Maxwell habla, en 1951, de «Una infancia neoyorkina como una singular experiencia. Entre otras cosas, los lugares notables tienen una connotación diferente. De chico, Jerry Salinger jugó en las escalinatas de edificios públicos que cualquiera no nacido en Nueva York reconocería y de los que él ignoraba el nombre. Anduvo en bicicleta por Central Park. Se cayó en La Laguna. Macy´s y Gimbels, esos casi deificados grandes almacenes, equivalen para él a la sección de juguetes en Navidad. Park Avenue significa coger un taxi para ir a la estación ferroviaria Grand Central al comienzo de las vacaciones». En 1939 se matriculó en la Universidad de Columbia y escribió críticas de cine para una revista juvenil. Poco después empezó su trayectoria literaria publicando en revistas de Nueva York: Story, Saturday Evening Post, Esquire y The New Yorker. Se alistó voluntario en la Segunda Guerra Mundial y participó en 1944 en el desembarco aliado de Normandía. Testigo de los horrores del combate por toda Europa escribió algunos de sus mejores cuentos que después reuniría en Nueve Cuentos (1953). Se casaría dos veces y dos veces se divorciaría, hasta retirarse voluntariamente en 1967 a su granja en Cornish (New Hampshire), donde siguió escribiendo historias que nunca ha publicado.

Mi verdad

       Joyce Maynard, en la introducción a su libro Mi verdad (1998, existe edición española en Circe, 2000), escribió: «Cuando yo tenía dieciocho años escribí un artículo para una revista que cambió mi vida. Llevaba por título: «Una chica de dieciocho años contempla la vida». Se publicó en The New York Times Magazine con una fotografía mía en la cubierta de la revista. En él describía qué significaba hacerse adulto en los años setenta y manifestaba una honda sensación de cansancio y alienación del mundo. Hablaba de mi deseo de irme a vivir al campo y de apartarme del mundo. «El retiro me suena tentador», escribía.
       Entre los centenares de cartas que recibí tras la publicación del artículo una revelaba una profunda apreciación de mi escrito y la preocupación de que en años venideros pudiera haber quien quisiera explotarme. La persona que la escribió fue J.D. Salinger desde su casa de campo situada en lo alto de una colina, donde se había retirado hacía muchos años.
      Aquella primavera me embarqué en un correspondencia con Salinger. Me enamoré de la voz que escuché en sus cartas y, así que terminó el curso, le hice una visita. A los pocos meses abandoné los estudios y me instalé a vivir con él. Pasé la mayor parte de aquel año viviendo con él en un extraño aislamiento, trabajando en un libro y convencida —a pesar de los treinta y cinco años de diferencia que nos llevábamos— de que estaríamos siempre juntos. Poco antes de la publicación de mi libro Mirando hacia atrás, en primavera, J.D. Salinger me echó de su casa. Yo seguía desesperadamente enamorada de él». Ella misma subastaría la cartas que Salinger le había escrito durante su relación, hecho que provocaría un nuevo escándalo al poner de manifiesto relaciones con aspirantes femeninas a escritoras durante buena parte de su vida. Maynard termina su libro asegurando: «Si vendí la cartas no fue por venganza, tampoco una lealtad llevada hasta sus extremos me impidió venderlas. Las vendí porque creo que estarán mejor en manos de alguien cuyo aprecio de Salinger se base en un comprensible amor a su prosa que en la de alguien que cometió el caro error de vivir fantasías que es mejor dejar para la literatura». En el año 2002 se publicaron más de ochenta a Salinger escritas por escritores, críticos y admiradores. Lo cierto es que Salinger no dejó de escribir durante sus años de reclusión. «Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer», dijo el escritor en una de las escasas entrevistas publicada por Lacey Fosburgh en The New York Times, en noviembre de 1974.

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