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martes, 7 de febrero de 2017

Nativel Preciado



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QUERIDÍSIMA MEMORIA

       El mundo de los sentimientos, una visión laberíntica de los mismos, la fuerza que otorga el amor tras una auténtica entrega para justificar toda una vida, cuando uno comprende que lo experimentado se concreta en esa suerte de espontaneidades que producen las cosas; entonces, solo entonces, interpretamos que hemos llegado al final de ese laberinto sentimental. Calificada por el jurado del Premio Primavera de *viaje físico, sentimental y moral+ la novela, Camino de hierro (2007), de Nativel Preciado, periodista y narradora, finalista del Planeta con El egoísta (1999), habla sobre el valor de la intimidad, la libertad o las múltiples facetas del amor.


       Se escribe para huir de una realidad, afirma la narradora al comienzo de su relato, para vislumbrar el final de un camino de hierro que supone recuperar la memoria. Paula, la protagonista, iniciará un doloroso viaje, un triple recorrido personal que le llevará, en una primera reivindicación, a la búsqueda del pasado, a un reencuentro familiar. De alguna manera, la literatura como la vida, le ayudan tanto a olvidar como a comprender, pero paralelamente vive con la esperanza de recuperar el amor de Lucas, el marido ausente sin motivo alguno y, habitual en la prosa de Nativel Preciado, el más importante de los tres recorridos, esa experiencia de búsqueda personal para, finalizada la narración, reivindicar su propia autoestima. La protagonista, inducida por una nota de su desaparecido marido, viajará a León, con el encargo de reconstruir la historia del abuelo Román, detenido por las tropas franquistas, encarcelado en San Marcos y fusilado en 1936. Una carta de despedida a su familia será la pista a seguir. Paula llegará hasta el mismo escenario del crimen, convertido en hotel, para entrevistarse con su anciana tía Olvido, último eslabón vivo del ayer. La reconstrucción de ese pasado constituye la mayor parte del relato: datos, documentos, recuerdos y precisiones recompondrán el álbum familiar. Paralelamente, la narradora, experimentará la sinrazón que conlleva la más absoluta soledad puesto que vive la melancólica situación de un abandono conyugal y ansía noticias mientras sobrevive a la investigación. Otros personajes irán surgiendo a lo largo de la historia, los presentes: Rodrigo, esposo de una de sus primas; le ayudará en sus pesquisas y dulcificará su estancia, aunque es alguien con un lóbrego pasado en un relato de vencedores y vencidos; o las ausentes, como Francesca, confidente y voz amiga. Todo orquestado en, sucesivos y excelentes, monólogos que agudizan ese sentimiento de melancolía de toda la narración para justificar, de alguna manera, la situación presente que vive Paula. Hasta que, casi al final, recibe la llamada de su amado Lucas, retirado del mundo, en una voluntariosa actitud para morir en paz. Los dos últimos capítulos certifican esa continua referencia a una plenitud junto al esposo, cómplice y maestro, con quien había soñado terminar su existencia. Podría tratarse de un canto a la feminidad, a lo absoluto femenino, por esa capacidad ensayada de sobreponerse a la desgracia y de enfrentarse a la epistemológica visión de las cosas que recuerda a los relatos minuciosos y subjetivos de narradoras de la segunda mitad del pasado siglo, por la evocación de un ambiente y de una vida provincianas, el análisis íntimo de pocos personajes y un marco histórico, familiar que conlleva un análisis sociológico.
       Las referencias autobiográficas en Camino de hierro se evidencian por un relato salpicado de versos, citas, títulos de películas, países y lugares donde gozar con el amante. Una novela costumbrista de contenido ideológico que informa sobre la contextura formal de una sociedad caduca, pero desvela una hermosa historia de amor y de entrega que escenifica la particularidad de todo un colectivo y ofrece al lector una solución tan personal como política, conjuga toda una visión psicológica del mundo femenino, el mito cultural feminista y el valor de la mujer ambivalente, que deja a un lado la propia individuación por el melodrama de la existencia humana sin querer escribir una historia de mujer.






Nativel Preciado; Camino de hierro; Madrid, Espasa, 2007; 235 págs.

lunes, 6 de febrero de 2017

Desayuno con diamantes, 97



DESTINO Y FORTUNA DE THOMAS BERNHARD.
(25 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE)

     Los personajes y las vivencias de Thomas Bernhard producen una destemplanza en el lector, a la vez que un reconocimiento de esa humanidad manifestada. Y lo que más llama la atención de sus obras, esa continua crítica a su país, Austria, a la clase política y al conformismo de la sociedad vienesa. Su lenguaje, rico y lleno de matices, y espléndidamente traducido por Miguel Sáenz, explicaría por qué Bernhard es uno de los grandes de la novela europea de los últimos cincuenta años, y hay que pensarlo junto a escritores como Franz Kafka, uno de esos artistas en que biografía y fisiología, marcan su trayectoria literaria. Y la sombra que arrojó sobre su existencia, el hecho de que su madre Herta, soltera, fuera a Heerlen, un pueblo holandés, a dar a luz, y educado bajo la tutela de sus abuelos, o pasara tiempo en instituciones sociales y colegios donde el cuerpo y el alma de los niños salen con profundas cicatrices. El estilo de Bernhard consiguió, no obstante, la genialidad de convertir el sentimiento en un compromiso social.
        Thomas Bernhard murió en Austria el 12 de febrero de 1989, y dejó tras de sí una obra considerable: diecinueve novelas, diecisiete obras teatrales y otros tantos libros breves o autobiográficos. En su calidad de testigo de la historia reciente y, en concreto, de su país, su saga autobiográfica, El origen (1974), El sótano (1976), El aliento (1978), El frío (1981)  y Un niño (1982), aproxima a la realidad del ser humano doliente y hermético porque analiza sin piedad el mundo que le ha tocado vivir. De su obra narrativa sobresale Helada (1964); en Trastorno (1967), un médico y su hijo visitan a los enfermos de los pueblos de un valle y descubren en enfermedades no sólo físicas, sino también morales y sociales; en La calera (1970), un marido obsesionado por el estudio del oído humano asesina a su esposa paralítica, con la que vive aislado en un caserón perdido; su obra más celebrada, Corrección (1975), indaga sobre los motivos del suicidio de un arquitecto atacado por un incurable perfeccionismo, autor de una estructura en forma de cono aislada en la mitad de un bosque; El malogrado (1983), se centra en el fracaso de un estudiante de piano en contacto con un genio, un estudio sobre las limitaciones humanas. Formó parte del llamado Teatro de la Nueva Subjetividad, caracterizado por sus irónicos monólogos, sus textos más conocidos son El ignorante y el demente (1972), La partida de caza (1974), La fuerza de la costumbre (1974) y El reformador del mundo (1979), una auténtica exploración del absurdo en la vida y de los sentimientos humanos.
       
Infancia y juventud      
   Indudablemente para conocer al joven Bernhard recurrimos a la lectura de los cinco libros autobiográficos que por estilo y contenido resultan hoy la mejor introducción posible a su obra. En una pequeña nota autobiográfica de 1953 el escritor habla, por primera vez, de su madre y de su origen: «Mi vida comenzó en febrero de 1931 en un convento holandés. Mi madre era asistenta y una mujer maravillosa, mi padre carpintero». En otras ocasiones afirmaría: «Mi madre nació en Basilea. Una hermosa niña. Esa hermosa niña conservó su hermosura. Yo admiraba a mi madre y estaba orgulloso de ella»
        Nicolaus Thomas Bernhard nace el 9 de febrero de 1931 en Heerlen Países Bajos, algunos meses después, su madre romperá con Alois Zuckerstátter, quien desaparecerá sin asumir sus responsabilidades paternales; en 1938, es localizado en Berlín y aunque un tribunal de primera instancia lo declara deudor de esa paternidad y lo responsabiliza a pagar los alimentos del niño hasta la edad de dieciséis años, el padre jamás cumplirá esa obligación. Recurrida la sentencia en 1941, un abogado de oficio notifica a Herta Bernhard la muerte «accidental» de su defendido; dejaba una mujer legítima, de la que estaba separado, y una hija, Hilda, la única hermanastra de Bernhard, quien se enterará de su parentesco con el famoso escritor, en febrero de 1989, cinco días después de su muerte.


        Las circunstancias del fallecimiento de Alois Zuckerstätter, nunca fueron esclarecidas; estaba borracho y se quedó dormido mientras fumaba, se produjo un pequeño incendio sin llama; la policía informó que la muerte le sobrevino por una intoxicación de humo. Este hecho marcaría la existencia del escritor Bernhard quien vería en este suceso semejanzas con la muerte de la gran poetisa austríaca, Ingeborg Bachmann, ocurrida en 1973. En cuanto a la muerte de su madre, acaecida en 1950, de un cáncer de matriz, motivó actitudes diversas que le llevaron a escribir: «En el fondo, mi madre no me insultaba a mí, insultaba a mi padre (...) No sólo me pegaba a mí, sino también al causante de su desgracia, cuando me pegaba». En su autobiografía, Bernhard se siente incapaz de enfrentarse abiertamente con el recuerdo de su madre, «con la que, realmente, durante toda mi vida, sólo pude convivir con el mayor grado de dificultad y cuyo ser no tengo todavía hoy capacidad para describir...». El niño Bernhard fue confiado a sus abuelos con quienes pasará varios años de su vida. Su abuelo, Johannes Freumbichler era un conocido escritor que llegaría a recibir el Premio del Estado Austríaco por su novela Filomena Ellenhub. En 1947 termina su bachillerato y trabaja en un almacén de comestibles; un año más tarde contrae una grave pleuresía que le llevará a un hospital de Salzburgo y a una casa de salud, en Grossmain. Cuando en 1949 muere su abuelo, el aun joven escritor ingresará, enfermo de tuberculosis, en un sanatorio de Grafenhof. En 1950 conoce a Hedwig Stavianicek, una mujer treinta y siete años mayor que él, que se convertirá en su mecenas y el ser de su vida. Publicará en el Salzburger Volksblatt, Demokratisches Volksblatt y el Münchner Merkur. En 1957 aparecen sus primeros poemas, en 1959 sus primeros textos en prosa, y en 1960 su primer libreto de ópera, Cabezas, y los dramas surrealistas, La inventada y Primavera. Recibe diversos premios por Helada y en 1964 conocerá en Hannover a Siegfried Unseld, editor de Suhrkamp.

Madurez y muerte
     Helada, su primera obra, recibe importantes premios, el «Julius Campe» en Hamburgo, Premio de Literatura Libre, en Bremen, el «pequeño» premio del Estado austríaco, el «Anton Wildgans» y en 1970 el prestigioso, «Georg Büchner», de la Deusche Akademie für Sprache und Dichtung. Continúa con su infatigable labor como novelista y dramaturgo con sonados éxitos, La partida de caza (1974), La fuerza de la costumbre (1974), El Presidente (1975), Immanuel Kant (1978). En España se publica una primera obra narrativa, Trastorno (1978). Estancia en Mallorca durante el año 1981, primer encuentro con Krista Fleischmann con quien realizará una larga entrevista para la televisión austríaca; estreno de En la meta. En 1983 recibe el prestigioso premio Mondello y viaja por Andalucía y Madrid. Un año más tarde se prohíbe su obra Tala, secuestrada por orden judicial. En 1986 aparece Extinción, una de sus grandes novelas, y vuelve a realizar una larga entrevista para la televisión con Krista Fleischmann, ahora en Madrid. Estancia en Sintra durante 1987, publica Elisabeth II, que se estrenará en Berlín, tras su muerte. Un año más tarde aparecen los siete dramitas titulados, Comida alemana, y el 4 de noviembre de este mismo año Heldenplazt que, además, de un gran escándalo, le proporcionó el Premio Médicis, en Francia. Pasa una breve temporada en Torremolinos y vuelve a Austria, donde muere repentinamente. Las relaciones de Bernhard y la muerte —según Miguel Sáenz— fueron siempre estrechas. De niño, su abuela lo llevaba a visitar cementerios, depósitos de cadáveres y capillas ardientes para que viera a los muertos, que a ella le fascinaban, fervor que transmitió a su nieto, a quien contaba que a los muertos se los enterraba con una campanilla para que pudieran avisar si resucitaban. A partir de los años ochenta, Bernhard se sabe ya que es hombre muerto, lo acepta con sumisa resignación. A Krista Fleischmann le llega a decir, «No pienso en absoluto en la muerte, pero la muerte piensa continuamente en mí».


Bernhard escritor
   Artista de la exageración, maestro de la nada, monómano incorregible, patriota, sentimental, intrigante, moralista, aguafiestas, vulnerable, depresivo, desconfiado, cortés, sensible, alegre, romántico, satírico y contradictorio, son algunos de los epítetos empleados para describir a este oscuro personaje, de quien se sabía muy poco a finales de los cincuenta cuando publica su primer poemario, Así en la tierra como en el infierno (1957) y su primer teatro, La montaña (estrenada en 1970); su primera novela de 1963, Helada. Y la serie de libros biográficos, y Los comebarato (1980), Hormigón (1982), El sobrino de Wittgenstein (1982), El malogrado (1983). En 1986 se publica Extinción, una de sus grandes novelas escrita unos años antes.
     Su prosa caracterizada como de la condensación, presupone una mezcla entre cotidianeidad y metafísica, un relato interior con abundantes dosis de descripción autobiográfica para llegar a un monólogo íntimo que implica al lector y se diluye por toda su obra poética, narrativa y teatral. Miguel Sáenz ha caracterizado cinco de sus obras como lo más sólido de su producción, y se refiere a Helada una obra que la crítica señaló como de un indudable talento, pero de construcción argumental algo floja; sin embargo, los escritores Zuckmayer y Bachmann se identificaron con esta obra bernhardiana, una novela donde se apuntan todos los temas recurrentes de su posterior literatura, la locura, la enfermedad y la muerte. Lo mismo ocurre con Trastorno, caracterizada por alemán Reich-Ranicki de excesiva, aunque Peter Handke afirmó: «Y leí, leí, leí...»; La Calera, obra romántica tardía, que calificaba a su autor como el Beckett austríaco; Corrección, su novela más perfecta, poco considerada como tal por críticos como Wolfgang Igneé y Madeleine Rietra que resaltaban una «manipulación de las formas aceptadas en la novela, a las que sólo se convoca para destruirlas». Y, Extinción, un homenaje a la ciudad de Roma y a la novelista Ingeborg Bachmann.         
     Cuando apareció Trastorno en España (1978) un autor como Javier Marías publicaba en el suplemento de Arte y Pensamiento de El País una reseña y recibía la obra de Bernhard con inusitada expectación, tras el estreno de Immanuel Kant y El sótano, y afirmaba que el mundo de las novelas del escritor era inequívocamente centroeuropeo, el mismo de Kafka, Canetti, Walser o Musil. La única diferencia advertida por Marías, el austríaco era capaz de ofrecer el medio para soportar el horror: muestra su mundo con una prosa cortante, seca y reiterativa; los temas van surgiendo una y otra vez como una melodía, alternándose, con el diálogo, afirmando y negándose mutuamente. Corrección apareció traducida en 1983 y, según Miguel Sáenz, es una novela con claves, aunque quizá solo haya que hablar de una, la familia Wittgenstein. Amigo personal de Paul Wittgenstein, el filósofo Ludwig aparecerá insistentemente entre sus páginas: una gran fortuna familiar dilapidada, la dicotomía Austria/Inglaterra, una filosofía insólita, el retiro a una aldea como maestro, y la atracción que surge por las gentes del pueblo.         
     A finales de los setenta y durante los ochenta, Bernhard empieza a ser sobradamente conocido, proliferan las entrevistas en los medios periodísticos y las apariciones en televisión; el periodista de la ORF (Radiotelevisión Austríaca), Kurt Hofmann consigue mantener una serie de largas conversaciones que se desarrollaron en Ohlsdor, entre 1981 y 1988, inicialmente difundidas por radio, más tarde materializadas en un libro, Conversaciones con Thomas Bernhard (1988, publicado por Anagrama en 1991, traducido, por Miguel Sáenz). En realidad, la franqueza con que el escritor respondía a las preguntas motivó que se tradujeran en una mezcla de declaraciones hechas a lo largo de los siete años, y se construyeran de una forma temática; Krista Fleischmann es una de las personas que mejor entendieron al Bernhard humano; realizó con él toda una serie para la televisión austríaca: en Mallorca (1981), Viena (1984) y Madrid (1986) que se recogieron en forma de libro en 1991 y se publicaron con el título de Thomas Bernhard. Un encuentro (Tusquets, 1998). Se trata de un documento inestimable, no sólo por la importancia del autor, sino por observar la actitud del escritor en España. Bernhard se encuentra cómodo cuando habla lejos de Austria. El libro leído hoy, resulta una suerte de resumen de todo ese pensamiento atormentado del escritor, y muestra la seriedad con que se tomaba las cosas de la vida, incluidas las más banales; la ironía y el humor ponen de manifiesto esa vena poco difundida y capaz de hablar de cualquier cosa menos de literatura, aunque en estas Conversaciones el magisterio del austríaco también esté presente, hasta el extremo de afirmar que «cada frase que se piensa, se dice o se escribe es al mismo tiempo verdadera y no verdadera».


domingo, 5 de febrero de 2017

Caricaturas


















               Fecha de nacimiento, 28 de julio de 1917, Madrid
Fecha de la muerte, 27 de noviembre de 1998, Madrid



sábado, 4 de febrero de 2017

Susana Fortes



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TÁNGER, 1936

      
     Una particular visión y un toque cinematográfico le ha conferido Susana Fortes (Pontevedra, 1959) a su más reciente novela, Fronteras de arena (2001), finalista del Premio Primavera 2001, además de dotarla de un marco geográfico que se complementa con abundantes datos históricos sobre la ciudad de Tánger en la década de los treinta,  los meses que precedieron  a la sublevación militar de 1936 en España. Es, por consiguiente, una novela de sucesos concretos: los preparativos de la conspiración militar en el Norte de África y en las islas Canarias en contra del gobierno establecido de la República. Pero la novela no tendría nada de sobresaliente si la narradora gallega no le hubiera conferido a su relato algunas características que ya había esbozado en entregas anteriores, esto es, un ambiente poético, los efectos visuales, las impresiones que nos puede proporcionar la geografía, la precisa creación de unos personajes con altos valores psicológicos dotándolos de una compleja actitud ante la vida, es decir, el secreto de sus emociones, sus sentimientos y esa ineludible marca que los caracteriza como seres truncados, de existencias rotas por algún que otro motivo de la vida.
      La tesis que esboza Fortes en su novela es la de los preparativos que llevaron a los militares a esbozar su estrategia, la conspiración de algunas potencias en contra del gobierno español, el contrabando de armas y la expresa renuncia de algunos gobiernos para sofocar desde mucho antes la consabida sublevación. En este marco coinciden en ese tiempo y en Tánger tres personajes que por motivos diferentes han llegado a la ciudad y cuyas relaciones se ven sometidas a esa prueba que la vida otorga en ocasiones a los seres humanos y que oscila entre la amistad y el amor, el odio y los celos, la intriga para enhebrar un triángulo amoroso entre quienes se ven reflejados en otros tantos personajes como nos ha proporcionado la literatura y el cine. Kerrigan es un desencantado y escéptico corresponsal de prensa inglés que verá como su destino se cumple pese a toda una suerte de adversidades; el oficial español Alonso Garcés es un noble y entusiasta joven que vive un África de aventura, fascinado por el embrujo del desierto, y la enigmática Elsa Quintana, una mujer que aparece en el escenario con un pasado misterioso, huyendo de un frustrado amor no menos exento de preguntas sin respuesta. Será ella quien convierta a estos dos hombres en oponentes de un sentimiento equívoco y contradictorio, indudablemente ese contrapunto que otorga a la historia la verosimilitud de un relato que se sostiene por lo que cuenta y lo que puede desprenderse de su lectura, además de ofrecer una trama donde quedan reflejadas las pasiones humanas en esa eterna visión que ofrece la realidad  y la literatura. 






FRONTERAS DE ARENA
Susana Fortes
Espasa, Madrid, 2001
                                 

viernes, 3 de febrero de 2017

Ana Rossetti



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INSACIABLE AFÁN

                         
       La nueva eclosión del cuento en la década de los 80 vino a poner de manifiesto que éste era un género que lejos de haber mostrado su agotamiento, resurgía con renovadores intentos, sobre todo de mano de jóvenes autores que se planteaban, al mismo tiempo, escribir novelas y ensayaban con características semejantes el cuento breve, proponían una variedad tan amplia que a lo largo de las dos últimas décadas se ha traducido en registros tanto universales como personales y que, vistos en la actualidad,  muestran la pesada mirada de autores como Chejov, Poe, Kafka o quizá los más contemporáneos y cercanos, Cortázar, Monterroso y Carver. Se vuelve a un renovado concepto tradicional por contar que incluye  historias fantásticas, eróticas o de terror, evocaciones del pasado y la memoria o crónicas urbanas en los últimos años del siglo XX.
       Ana Rossetti (San Fernando, Cádiz, 1950) está de actualidad por la publicación de Recuento. Cuentos completos (2001), aunque, anteriormente, había publicado diversas colecciones a lo largo de estas dos últimas décadas, Alevosías (1991) y Una mano de santos (1997). En la «Nota de la autora» se especifica que muchos de los relatos fueron publicados aquí y allá y que ahora se ofrecen su versión definitiva. Se incluye, además, un relato más extenso titulado El antagonista, en realidad, el germen de una novela más extensa. En la primera parte del libro se recogen aquellas historias que han formado parte de diversas antologías y encargos estivales. Son esencial historias eróticas, tema en el que Ana Rossetti ha volcado esencialmente  su obra. Críticamente se ha relacionado el género como uno de los más característicos de la transición a la democracia, que ha incorporado colecciones exclusivamente dedicadas al género donde han publicado muchos de los autores españoles que hoy están considerados como de lo mejor que se ha escrito en novela. En realidad, el mundo narrativo de las relaciones eróticas presenta una linealidad que tiende a ofrecer una sensualidad y una fisiología que se combinan con ese proceso sentimental que se espera de las historias, además de presentar temáticas heterosexuales, homosexuales, incestuosas, lesbianismo, zoofilias, y otras. Parte de este mundo se ofrece en Recuento, además de esa otra vena lírica que es por la que se conoce a Rossetti y que tan importantes triunfos le ha proporcionado. En sus poemas se vislumbra el mundo de la infancia, de la religión, de los deseos y de la fantasía, con princesas, ángeles, vírgenes, dragones y criaturas míticas que también conforman su mundo narrativo. Evocaciones del pasado, frustraciones amorosas, esbozos celestiales, alegorías. No se pierdan «El joyero de la Infanta», «El reino de Maud» o «El antagonista».






RECUENTO
Cuentos Completos
Ana Rossetti
Páginas de Espuma, Madrid, 2001

jueves, 2 de febrero de 2017

Hoy invito a…



José Antonio Sáez



       El escritor y crítico literario Pedro M. Domene (Huércal-Overa, Almería, 1954) ha publicado su cuarta novela, El secreto de las beguinas (Madrid, Trifaldi, 2016), en un proceso de maduración estilística digno de ser apreciado y estimado. Tras una primera entrega Después de Praga nada fue igual (2004), que mereció el II premio de novela juvenil Los Pedroches y que fuera publicada por editorial Anaya, de la cual se han realizado dos ediciones hasta el momento; vino después Conexión Helsinki (2009), aparecida en la misma editorial, y posteriormente Las ratas del Titanic (2014); todas ellas dirigidas esencialmente a los lectores más jóvenes. En esta cuarta novela, que yo calificaría de “novela puente”, en cuanto puede observarse en ella un cambio sustancial respecto a la trama narrativa, que se complica notablemente y que la sitúa en el ámbito de un público lector mucho más amplio que el juvenil; al igual que un lenguaje urdido con voluntad de estilo, tanto más pulido y trabajado que en sus entregas anteriores. 
       El nexo de unión o el hilo conductor con sus novelas juveniles anteriores radica en los personajes de los dos hermanos viajeros que se deciden a emprender una investigación sobre un suceso acaecido en la ciudad de Brujas en el siglo XVII: el auto de fe seguido contra una forma de vida, elegida por algunas mujeres ya desde el siglo XII, que decidían libremente vivir en comunidad en un beguinato, declarados patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998 (manzana de casas unidas con un patio central y bajo la autoridad de una supervisora, pero sin formar parte de ninguna congregación religiosa ni, por supuesto, realizar votos). Estas mujeres atendían a enfermos y desamparados, regentaban escuelas y orfanatos, a la par que vivían de su trabajo relacionado con la lana, el bordado, etc. Los sindicatos recelaban de ellas porque entraban en competencia para ellos desleal y la iglesia católica las miraba también con recelo porque no estaban sometidas a ninguna autoridad eclesiástica ni masculina. Pues bien, durante el sitio de Ostende, un capitán español cae herido de gravedad y es acogido en el beguinato de Brujas. Allí es atendido por Elisabeth, una joven casada que ha sido confiada al beguinato por su esposo durante una larga estancia de éste fuera de la ciudad y con la que al parecer huye el capitán, tras el proceso inquisitorial que se les sigue a las beguinas y por el que fueron llevadas a la hoguera, tras ser cruelmente torturadas.  
       Estas mujeres, para algunos sospechosas de dejar morir a los soldados españoles que llegaban heridos, acusadas de brujería y de invocar al diablo por la inquisición, han seguido existiendo a pesar de persecuciones y devenires históricos hasta el año 2013, en que falleció en Bélgica su última representante.
       Aparentemente, la trama sigue al menos dos líneas narrativas fundamentales: una que podríamos llamar de investigación, que corre a cargo de los dos hermanos, Diego y Jorge, narrada en primera persona por un narrador autobiográfico,  testigo y partícipe de la investigación; y otra que podríamos calificar de histórica, basada en los hechos acaecidos en 1604 en la ciudad de Brujas y en el sitio de Ostende; esta segunda narrada en tercera persona por un narrador omnisciente. Personalmente, no considero que esta novela pueda calificarse estrictamente de histórica, aunque algo o mucho tiene de este subgénero narrativo. La trama se desarrolla en 28 capítulos en que se alternan los dos tipos de narradores, de manera que ello dota de amenidad a la lectura, pues se trata de una obra que se lee con fluidez.
       Por otro lado, el autor ha sabido mantener el interés del lector hasta el final de la historia, desvelando muy despaciosamente y en pequeñas dosis los detalles del “secreto” de que habla el título de su obra. Ello puede conducirnos a pensar que su propósito era escribir una novela de suspense o de intriga (también de ese subgénero reúne características esta historia), dejando un tanto la resolución del final a la imaginación del lector, para que éste saque sus propias conclusiones o realice sus propias conjeturas, por ejemplo en lo que respecta a si el personaje de Elisabeth huye finalmente con el capitán español. No todo queda definitivamente resuelto, atado y bien atado, por decisión del autor, en la resolución del conflicto, aunque sí suficientemente.
            El secreto de las beguinas supone, a mi juicio, un salto considerable respecto a las pretensiones narrativas y de estilo en el escritor Pedro M. Domene, relacionado con la búsqueda de un público lector más amplio que al que se había dirigido hasta su tercera entrega narrativa. Y es, quizá, una novela puente, con un nivel de elaboración y rigor mucho mayor que en sus tres entregas anteriores, pues supone un gran salto entre las dos orillas de un posible público lector.

                                                             Publicado en La mirada ausente
                                                                          jueves, 14 de julio de 2016









El secreto de las beguinas
Pedro M. Domene
Madrid, Trifaldi, 2016

miércoles, 1 de febrero de 2017

Medardo Fraile



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UNA ESPAÑA HABITABLE
                                          
       La obra de Medardo Fraile ofrece la versatilidad que se espera de un gran escritor. Su condición de profesor de español en diversas universidades inglesas queda plasmado en una obra tan genuina como la que acaba de publicar y además con un título tan sugerente como La letra con sangre, aclarando, en un subtítulo académico, que son Estudios literarios.
       La letra con sangre (2001) reúne diez estudios, ensayos y artículos de crítica literaria escritos a lo largo de tres décadas aunque, según declara en el prólogo el propio autor, fueron concebidos como conferencias, para ser publicados después en revistas o publicaciones diversas. Ahora ofrecen el valor de agrandar la mirada hacia ese terreno del estudio y la interpretación textual que se presupone en la buena literatura. Dos de los ensayos tienen por objeto la obra  Misericordia de Galdós, («Una autocorrección y una ironía galdosianas en Misericordia, y un posible germen de esta novela»; y«Tesoro de la Misericordia galdosiana: una interpretación»). En ellos Fraile lleva a cabo una interpretación aguda y profunda acerca del papel que otorga Galdós a la Iglesia y a la sociedad española de su tiempo, de la que destaca la hipocresía y ambivalencia frente a los pobres de la primera, y la injusticia histórica hacia los desarraigados y marginados de la segunda. En los tres siguientes textos analiza magistralmente el género teatral. En «Don Latino de Hispalis y otros laberintos de Luces de Bohemia», expone algunas de las teorías y lugares al uso como la simbiosis entre cinematografía y teatro en la obra. En «Introducción a La casa de Bernarda Alba», cuenta, en una original introducción literaria, acerca de la realidad física e inmediata que sirvió a Federico para construir su inmortal obra. En «Teatro y vida en España: La camisa, La corbata y Tres sombreros de copa», realiza una magnífica aproximación en clave de humor para reseñar tres obras que pintan una España empobrecida, mísera y caduca, pero que tienen un nexo común: la preocupación por la apariencia. Algo más olvidado está Alfonso Albalá y en el ensayo, «Estábamos jugando en la plazuela», ofrece un espléndido homenaje a la trilogía novelesca del poeta extremeño formada por El secuestro (1968), Los días del odio (1969) y El fuego (1979). En «El Henares, El Jarama y un bautizo», Fraile sostiene que es posible rastrear en muchos de los pasajes de Alfanhuí, claves y señas, que, posteriormente serían desarrollados en  El Jarama.
        Resulta excelente su «Guía del cuento contemporáneo en España» en la que ofrece sus conocimientos sobre el cuento y sus cultivadores, desde el final de la Guerra Civil hasta la llegada de la democracia y se enfrenta a todos y cada uno de los que, con mayor o menor acierto, han sido en el género. Lleva a cabo una furibunda defensa del mismo y lamenta la desconsideración que, desde siempre, se ha mostrado hacia este género tanto la crítica especializada como la política editorial.«Los recuentos inútiles (Sobre el cuento español contemporáneo)» amplian el anterior estudio. Por último, en «La Gaznápira (Novela total)», realiza una elogiosa crítica de la novela de Andrés Berlanga, publicada en 1984 argumentando la multiplicidad de lecturas que esta novela ofrece, un libro hoy prácticamente descatalogado. La letra con sangre resulta, pese a su carácter erudito, un libro necesario por la agudeza y la frescura que Fraile otorga a estos ensayos de calaje universal.






LA LETRA CON SANGRE
Estudios Literarios
Medardo Fraile
Salamanca, Almar, 2001