Y leíamos
y disfrutábamos de tantas aventuras en una navidad de frío y castañas calientes…
“Los buenos libros se escriben para que gusten a sus autores; luego a Dios o al Diablo, o quizá a ambos; y en tercer lugar, para nadie”. Juan Carlos Onetti
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viernes, 15 de diciembre de 2017
jueves, 14 de diciembre de 2017
Hoy invito a…
Lucila Cornejo
Secreta
Una novela de Lucila Cornejo
Una novela de Lucila Cornejo
Con una prosa ligera y
veloz, Secreta
es una novela íntima
que sabe conducir al lector y no soltarle la mano hasta la última página.
que sabe conducir al lector y no soltarle la mano hasta la última página.
“Aquello que probablemente pedí y finalmente tuve, vino sin embargo a dejarme carente como un niño que anda solo por la tierra”, escribe Clarice Lispector y Lucila Cornejo lo retoma.
La autora de Secreta se posiciona con esta segunda novela como una escritora precisa y lúcida para narrar una historia en la cual muchas y muchos pueden sentirse identificados.
"La
casa estaba en completo y total silencio. Bajé por la escalera con los tacos en
la mano mientras repasaba mentalmente el número de un radio taxi conocido.
Llegué al hall de entrada y me detuve en ese cuadro que desde el primer día me
había deslumbrado. Intenté buscar la firma pero sólo vi un garabato… ¿de quién
sería? Estaba iluminado por dos focos tenues dirigidos directamente hacia la
tela, lo que realzaba aún más las formas y colores. Bajé la vista, sobre un
mueble de madera a media altura había cuatro manojos de llaves. Miré la puerta,
enorme, imponente, parecía de hierro y tenía varias cerraduras, una encima de
la otra. Sentí el corazón acelerado y las manos húmedas. ¿Por qué estaba
haciendo eso? ¿Qué necesidad tenía de salir corriendo como una fugitiva cuando
podría haberme despedido como una persona normal? Tomé aire y agarré una de las
llaves. La realidad era que estaba muerta de miedo, por lo que estaba viviendo,
por lo que sentía, por lo que podría venir, por todo. Aterrada de pensar que él
no hubiera sentido nada, pero a la vez con pánico de que sí lo hiciera. Apurada
por volver a casa, pero muerta de ganas de quedarme…"
Fragmento de "Secreta".
Lucila Cornejo nació en Buenos Aires en 1973. Estudió Administración de Empresas en la Universidad Católica Argentina y se desempeñó durante mucho tiempo en el área de marketing de diferentes compañías.
Desde chica disfrutó de viajar y escribir, y al día de hoy cuenta con infinidad de diarios de viaje compilados durante años así como una cantidad de cuentos y relatos cortos de su autoría. En 2015 publicó su primera novela, Descalza.
Asiste al taller literario Tangerina de Ana Guillot desde 2008, con quien ha realizado además diferentes cursos y seminarios.
Secreta es su segunda novela.
Lucila Cornejo, Secreta.
Buenos Aires, Vinciguerra, 2017.
359 págs.
Buenos Aires, Vinciguerra, 2017.
359 págs.
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Otra Navidad, 1
Hubo un
tiempo en que las navidades eran distintas…
A golpe
de lectura, de diversión en papel, pasando las páginas de nuestros tebeos…
lunes, 11 de diciembre de 2017
Esther García Llovet
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EL MUNDO
SIGUE VIVO
Esther García Llovet (Málaga, 1963) ha
ensayado en todos sus textos hasta el momento una incesante búsqueda, y en su
nueva entrega, Cómo dejar de escribir (2017),
su personaje protagonista pretende, mientras deambula por los barrios más
anónimos de un Madrid reconocible, encontrar un manuscrito; se trata del hijo
apócrifo del gran Ronaldo, el mítico escritor latinoamericana/ léase, sin duda,
Bolaño. Ya en anteriores tanteos narrativos, valga Coda (2003) describía una atmósfera asfixiante para sus personajes,
convertidos en seres sujetos a códigos no establecidos, y cuyas relaciones
cruzadas constataban que existe una sociedad suburbana de tintes tan
inquietantes como imprevisibles, y parte de un cotidiano vivir en nuestras
ciudades.
Resolviendo sus referentes literarios, la
devoción de García Llovet por el chileno es manifiesta desde sus comienzos, así
convierte su novela, breve por extensión y trama novelesca, en un diálogo con
el narrador de culto que provoca en los lectores esa mirada entrevista por la
malagueña con las necesarias referencias a la literatura de Bolaño. Renfo, un
veinteañero, busca en un caluroso verano madrileño y bajo una mirada tan
absurda como brillante, el manuscrito perdido de su padre fallecido años atrás,
al tiempo que se propone reconstruir su figura escribiendo una biografía de la
que apenas si lleva redactada media página. El curioso personaje se cruza en su
deambular con tipos igualmente extravagantes y grotescos: el expresidiario
Curto, un parado de larga duración que ejerce de jardinero, Claudia la chica
pija o la extraña pareja de Los Maridos que forman Pato y Carnicero; todos
coinciden en numerosos espacios cutres, calles que huelen a meadas de perro,
bares con olor a fritanga, pero también se pasean por fiestas de gente
acomodada, desde Arturo Soria a Sol, donde abundan las drogas y el ambiente
sórdido.
Cómo
dejar de escribir está contado desde un presente narrativo que nos sitúa en
plena crisis actual, abundan las supresiones de acontecimientos obviados en la
linealidad temporal del relato, y las oportunas secuencias en la recuperación
de historias y episodios del pasado cuando el narrador sueña con su padre o se
apuntan los recuerdos de experiencias vividas por otros personajes. La
novela ofrece una
estética cuya brevedad se condensa en capítulos de cuatro o apenas cinco
líneas, muy próximos en su estructura al microrrelato, de tanta actualidad.
García Llovet apuesta por una narrativa fragmentaria porque de lo que se trata
es de constatar que sus personajes aislados se esfuerzan por comunicarse en
esta sociedad de la incomunicación, en un espacio y con esas relaciones que
sólo se logran a través de la esperanza de un seguir avanzando. La prosa de la
narradora malagueña es sobria, los recursos visuales empleados efectivos y la
variedad de sentimientos expuestos deja constancia de lo que está pasando. La
narración ensayada elabora sus resonancias a partir de la simplicidad, posee
una estructura que hace del todo la suma de las partes. Y así los significados
de esa narración lineal se elaboran con sencillez, resultan verosímiles, casi
relatos propios, y sus personajes acosados por una variada gama de problemas,
personales en su mayoría, los une esa realidad solo percibida por quienes nos
acercamos a ella.
CÓMO DEJAR DE
ESCRIBIR
Esther García
Llovet
Barcelona,
Anagrama, 2017
Desayuno con diamantes, 127
LAS
VOCES DEL CUENTO*
El intento de trazar una
panorámica amplia referida a un tema considerado como *cenicienta+ de las letras españolas en estas últimas décadas, puede
encerrar las dificultades obvias que lleven a confundir a ese lector habitual
de lo que se denomina cuento o relato breve, y sin que por ello tengamos que
pensar, generosamente, y a primera vista, en un auge del género durante estas
últimas décadas, aunque sí estemos en disposición de afirmar que en estos últimos
años se ha cultivado mucho más el cuento entre los escritores y que sus
defensores pertenecen a todas las generaciones que, de alguna manera, han sido
importantes y de miembros tan dispares como la del realismo de los 50, el
experimentalismo de los 60, la indagación subjetiva de los 70 y la apertura
cultural de los 80. Para llegar a aquellos autores más jóvenes que se
han ido abriendo camino en las letras españolas en la última década y que hoy,
recién inaugurado el siglo XXI, forman ya parte de la promoción de cuentistas
contemporáneos entre cuya actividad literaria le otorgan una especial preferencia al cultivo del cuento y, además,
como expresión inequívoca de su compromiso literario con los lectores, sin
limitaciones técnicas o estructurales que, entre otros, les llevan a ofrecer
relatos de corte fantástico, realismo renovado, una narratividad expresa ,
conceptos de metaliteratura, feminismo, indagación psicológica o ensayos
variados de un relato policíaco o negro.
Es verdad que el cuento,
literariamente hablando, es el género con más peculiaridades que el resto de
disciplinas porque, históricamente, es anterior puesto que existe desde que el
hombre tuvo necesidad de inventarse historias sobre dioses o héroes, de hombres y mujeres, o
viajes fantásticos que incluían seres imaginarios en ese sentido
estricto de lo que denominamos *narración+ o *relato+. Ha dado lugar también a alguna que otra confusión
puesto que el criterio se ajusta más a ese concepto de cuento popular oral, de
duendecillos o hadas frente a ese mero producto que se denomina relato o narración corta que, sin lugar a
dudas, procede de la imaginación de un escritor y de la libertad con que se
enfrente a la ficción. Cabe pensar que la literatura es un inmenso campo de
experimentación en el que los escritores ofrecen lo mejor de su imaginación y
los lectores lo completan con su mejor interpretación. Erna Brandenberger ya se
cuestionaba en 1973 delimitar la extensión de cuento literario y, en el examen
que realizó, en más de cien relatos, demostró que sus límites habría que
establecerlos en torno a la estructura y a la técnica y no con respecto al
número de páginas, convenciéndonos de que se trataba de un género mixto que
explicaba la diversidad de sus formas y zonas de contacto con otros géneros
literarios. Juan Antonio Masoliver Ródenas piensa hoy que, con respecto al
cuento, el escritor es quien debe adaptarse a las exigencias del género, lo único que caben son
variaciones y más allá de estas variaciones el cuento dejaría de ser cuento.
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| Gonzalo Calcedo |
En esta muestra hemos recogido
la obra de unos autores nacidos de 1960 en adelante, cuya perspectiva, amplia,
sin estar todos lo que son como cabría esperar, muestra un inequívoco auge del
mismo y la sensibilización de las editoriales ante colecciones de cuentos que
empiezan a venderse en las librerías
igual que una novela, es decir, que empieza a cultivarse la técnica del relato como una forma de
entender el hecho narrativo desde el punto de vista tanto ético como estético. Alejados hoy de una desafortunada
historia reciente en España, herederos de una democracia asentada, los jóvenes
escritores ven la posibilidad de plantear en sus cuentos aspectos críticos de
una realidad del país como una mirada testimonial que se entendería que
proyecta la lírica, el teatro o la narrativa extensa. Si los autores del medio
siglo fueron realistas y testigos de circunstancias históricas importantes y
llegaron a producir cuentos de una multiplicidad extraordinaria y la década
siguiente optó por una renovación de la narrativa y una renovación formal, de
la misma forma los años 80 y 90 supusieron la aparición de grandes cambios en
el mundo cultural y el apoyo periodístico y editorial al cuento para que el
género adquiriera relevancia.
El cuento ha necesitado desde
siempre unas condiciones especiales para poder desarrollarse y para poder
subsistir. Llegado el
momento de ese cambio cultural apuntado, el mercado del relato breve se abrió hacia un espacio
editorial más sensible al género que buscaba, especialmente, nuevas perspectivas
en la creación narrativa. La prensa apostaba por encargar a una serie de
escritores profesionales el ejercicio de su labor en épocas tan señeras como el
verano, publicando relatos estivales en períodos especialmente agradables para
la lectura reposada, además de predisponer a unos lectores interesados por un
género de tan variada y rica tradición en este país. De este modo muchos libros
de cuentos han visto la luz en estas últimas décadas a expensas de apuestas como las que señalamos.
Editoriales como
Anagrama, Tusquets, Alfaguara, Alianza, Debate, Pre-Textos, Valdemar o Destino,
finalmente, han apostado por colecciones de difícil mercado. Pero hay otra
realidad, el cuento español actual, y me refiero al que se ha venido
escribiendo en estos últimos diez años, precisamente del que se pretende
recoger aquí una muestra inequívoca de ese buen quehacer, mirando hacia atrás
con las valiosas aportaciones de generaciones como la del 36 que incluye los
nombres de Camilo José Cela, Francisco Ayala, Gonzalo Torrente
Ballester, Álvaro Cunqueiro, Francisco García Pavón, Vicente Soto; la del *medio siglo o de los niños de la guerra+ con representantes tan significativos
como Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gaite, Medardo
Fraile, Antonio Ferres, Ana María Matute; la del 68 con Luis Mateo Díez, José
María Merino, Ricardo Doménech, Antonio Pereira, Juan Eduardo Zúñiga y lo que
puede denominarse como *generación de la democracia+, a partir de 1975, como Juan Pedro Aparicio, Ana María
Navales, Álvaro Pombo, Cristina Fernández Cubas, Enrique Vila-Matas, Martínez
de Pisón, Soledad Puértolas, Javier García Sánchez, Pedro Zarraluki, Antonio Muñoz Molina, por
citar algunos nombres de la extensa nómina que podría proporcionar; perdón por
este extenso paréntesis, el cuento, repito, se ha caracterizado por una
variedad de registros que le han proporcionado a los autores una absoluta
libertad con que caracterizar un estilo, una estructura o el tema a elegir.
Buena muestra de ello se puede apreciar en estos autores nacidos en dos décadas
diferentes, la de 1960 y 1970, cuya incorporación al relato se produce en una
década también de diferencia, es decir, fundamentalmente, la del 90, como una
simbólica puerta de entrada hacia otro milenio. Los autores seleccionados para
esta muestra no sólo disponen de los maestros del género de generaciones anteriores sino
que echan mano de una tradición universal que bien puede oscilar entre el
realismo de Chejov, la fantasía de Cortázar y Borges o la actualidad grotesca
de McCullers o Carver por citar ejemplos que, indudablemente, han sido leídos
por estos jóvenes autores. Las
dimensiones de lo fantástico como valor inequívoco en un tipo de relato como el
que nos ocupa, la realidad sucia con pizcas de una visión irónica no exenta de
un humorismo hiriente o el ejercicio del poder del lenguaje como esa muestra de
un relato bien construido cuya fuerza redunda en el estilo literario en sí, los
convierte a todos en maestros de esa idea que nos dice que el cuento ha dejado
de ser un mero ejercicio o divertimiento para convertirse en algo que ofrece la
posibilidad de contar con una tensión narrativa muy eficaz.
En esta selección, como creo
que en todas, deben existir unos criterios que justifiquen la presencia de
estos y no otros autores, el único que se me ocurre y con el que he contado
desde el principio, es de la calidad y el hecho de tener una edad común los
incluidos. El año 1960 en
adelante me parecía una perspectiva lo suficiente interesante como para poder vislumbrar la importancia de
una obra en la mayoría de los casos y una firme apuesta en algunos otros. Uno,
dos, tres, y en algunos casos más,
libros publicados de este difícil arte, avalan este criterio que es únicamente
personal. Por otra parte en estos últimos años, la proliferación de antologías
sobre el cuento español nos ha ofrecido una panorámica amplia sobre el género
que cubre los últimos cincuenta años del
panorama narrativo breve español. En un somero recuento cito algunas, tales como Los niños de la
guerra (1983), selección de Josefina R. Aldecoa, Cuento español de postguerra
(1986), edición de Medardo Fraile, El cuento español (1940-1980) (1989),
edición de Óscar Barrero Pérez, Cuento español contemporáneo (1993), en edición
de Ángeles Encinar y Anthony Percival, Últimos narradores. Antología de la
reciente narrativa breve española (1993), selección de Joseluís González y
Pedro de Miguel, Son cuentos. Antología del relato breve español (1975-1993)
(1993), edición de Fernando Valls, Madres e hijas (1996), edición de Laura
Freixas, Páginas amarillas (1997), con
una introducción de Sabas Martín y Los cuentos que cuentan (1998), edición de
J.A. Masoliver Ródenas y Fernando Valls, o Vidas de mujer (1998), selección de
Mercedes Monmany. La autora del
prólogo señala, en el mismo, cómo *aisladas, orgullosas, subterráneas o
paralelas a la vida real, las mujeres siempre han logrado sobrevivir y crean su
propio mundo clandestino+. Nada más lejos que constatar ese
concepto de supervivencia a la hora de incorporar en esta antología los tres
cuentos de tres singulares narradoras. Ellas forman parte de esa generación de
buenos cuentistas que hoy publican lo mejor del género.
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| Marta Rivera de la Cruz |
No habrá que ver en la
presente selección nada más que el rigor de un cuento bien escrito, y por autores
que en su obra lo han abordado con esa suficiencia de la que queda aquí
manifiesta presencia, porque quizá, para la mayoría de ellos, la literatura y
la vida quedan concebidas como un proyecto común del que se da noticia en su
escritura y, además, se convierte en un propósito que va más allá del
didactismo o la moralidad porque de lo que se trata es de ofrecer las voces del
cuento y esto avalado por una invención que celebra la realidad más
inmediata, repleta tanto de tensión como
de esa amenidad que ofrecen las experiencias propias. Las características más relevantes que puede
proporcionar al lector la presente selección es la diversidad tanto en temas,
como enfoques y estéticas si hemos de hablar aquí de este concepto que bien
puede aplicarse al cuento, pero sobre todo habría que hablar de un gran
desarrollo del género por parte de estos autores cuya edad oscila entre los 40
y los 30 años. Muchos de ellos configuran sus historias entre lo absurdo, lo
fantástico, la realidad o la fabulación, en suma, levantan un acta cotidiana
desde enfoques irónicos o humorísticos, paródicos o caricaturescos, con
personajes excéntricos, infantiles o femeninos, desde una categoría sumamente
expresiva, inmersos por supuesto, en un mundo contemporáneo que proporciona
relaciones interpersonales que ofrecen una proyección mayor. Estos jóvenes
autores muestran una sólida condición literaria como
puede desprenderse de sus textos, y se afirman en un discurso que
ejemplificaría esa adecuación a un proyecto narrativo concreto y su calidad
expresiva como
soporte conceptual. Existe fervor y pasión por el relato como vehículo de expresión preferente en un
universo discursivo mayor que pretende mostrar esa imagen equívoca de una
realidad distorsionada o el esfuerzo por cambiarla.
Haciendo un somero repaso de
las características de los autores seleccionados, podemos ver como Carlos
Castán ofrece en sus cuentos un mundo inquietante y sombrío, dominado, como la
vida, por el desamor y el dolor, donde la soledad se convierte en una pesadilla
de la que no se puede despertar. La estética cortaciana, por citar un
referente perceptible en la obra de este autor, ofrece la densidad de un
silencio corroborado en una eficaz sugerencia. El ámbito de la angustia
caracteriza la actitud de unos personajes que intentan una y otra vez
reconstruir su existencia. Sus cuentos ofrecen un virtuosismo lírico poco
habitual, la hondura de los materiales utilizados es su mejor variedad formal,
metáforas y aforismos refuerzan un lenguaje repleto de matices que proporcionan
la desesperación de cualquier personaje en su continuo tormento de existir.
Guillermo Busutil incluye, quizá, en sus cuentos el mejor
ejemplo de esos seres marginales de una sociedad en la que éstos no parecen
tener cabida. Poco importa
de dónde provengan y que sean timadores, ladrones de guante blanco, artistas en
declive o políticos, lo importante es que muchos de ellos se desdoblan y nos resultan tan desagradables como entrañables. La
crítica ha señalado la atmósfera de sus relatos como una de sus más singulares
características, además de la solidez de un estilo elaborado con un lenguaje
que fluye hasta llegar a giros acertados tanto en su expresión como en su
comprensión. El propio título de su última colección de relatos, Individuos S.A. lleva a considerar a sus personajes y a sus
nombres hasta resonancias insospechadas porque su caracterización es tan
impecable como
acertada.
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| Martín Casariego |
Gonzalo Calcedo cree firmemente que los
cuentos adquieren pleno sentido en forma
de libro y sólo en la revelación de su propio significado. Calcedo posee la habilidad de poder
presentar, en unas cuantas páginas, el transcurso de unas vidas, seleccionando
un momento de las mismas, aunque desdobla el tiempo narrado con esa habilidad
que hace que percibamos el antes y el después de la escena, sugiriendo, en todo
momento, los lugares por donde puede transitar la imaginación del lector.
Muchos de los cuentos de este joven narrador transcurren en unas horas, en
espacios abiertos, con pequeños desplazamientos o viajes para subrayar así la
banalidad de una existencia. También
muchos de sus personajes están solos, atrapados en una soledad indeseada, están literalmente rotos y
se percibe en ellos una condena hacia un vacío. Todo ello construido con un lenguaje conciso,
sobrio y elegante.
Hipólito G. Navarro ofrece estrategias narrativas muy
heterogéneas que se formulan inicialmente de un pequeño elemento que llevará al
relato a un crecimiento incontrolable. Quizá la mayor consideración que puede otorgarse a
la narrativa breve de Navarro sea su imprevisibilidad que lleva a sus cuentos a
terrenos donde el humor campea junto al absurdo. Su arte es una rebelión
continua frente a estructuras formales estereotipadas. La crítica ha afirmado
que su obra hasta el momento consigue la liberación de la tonalidad con que
puede entenderse el conjunto de reglas que desarrollan el planteamiento
narrativo, tanto en su eje formal como temático. Para
el narrador onubense, la realidad tiene pliegues invisibles por los que se
puede extraviar el hombre.
Martín Casariego emplea en sus
relatos una técnica compleja que debe tanto a la literatura como al cine, bien
sea por imitación como por referencia. La imitación del
cine es uno de sus más sobresalientes rasgos y técnicamente hablando describe
tanto escenas deportivas, como
emplea fábulas clásicas o incluye fragmentos de gran belleza poética. Imágenes
insólitas, juegos de palabras surrealistas, guiños y referencias a otros
autores, además de la ironía que sustenta una prosa de enorme eficacia. Sus
relatos cobran una verosimilitud final por el artificio de su lengua, por
el uso del español o una gramática
descriptiva que constata en su caso, la inteligente utilización del humor y la
exploración lingüística más aguda, donde la sonoridad, las imágenes, el color
para describir, vienen a completar toda la estructura sentimental sobre la que
se basa el mensaje de sus historias. Entre sus claves estarían la identidad y
la obsesión, como
muestras de un aprendizaje que, en muchos de los casos, le exige toda su atención
al lector.
Para Paula Izquierdo la vida
literaria aún puede resultar la insufrible búsqueda de un paraíso perdido. Esta es, además, la constatación de
algunos de los planteamientos narrativos de estos últimos años en la literatura
española. Uno de los pocos placeres que, de alguna manera, nos recompensan es
poder sentirnos al margen de nuestra propia vida, como si de un espíritu se tratara que espía
libre y desocupado sin ninguna otra cosa que hacer. La depresión, la
insatisfacción domina a sus personajes, generalmente femeninos que, en primera
o tercera persona, se autorretratan o desnudan en momentos de desequilibrio,
pero también de gracia. Paula Izquierdo consigue indagar en las percepciones de
sus personajes para ofrecer una visión del
carácter psicológico de los mismos.
José Manuel Benítez Ariza ha
señalado que escribe como si de una especie de lavado público se tratara, con
materiales autobiográficos en primera, segunda o tercera persona
convenientemente tratados para capturar las situaciones de nuestra vida, el
clima sentimental y nuestra capacidad para retener nuestros recuerdos. Sus relatos son, en cierto modo, esa
manera intensa de vivir una vida que de otra manera se perdería en el desván de
los recuerdos.
Por otro lado Juan Bonilla piensa
que contar es una manera de pensar, de construirse un mundo propio, de *no ser escrito por otros+. En sus cuentos muestra un sutil humor y una acción
trepidante. Reflexiona sobre los mecanismos de violencia y el enfrentamiento
entre la realidad y la ficción. Sus textos están repletos de homenajes
literarios, es decir, que su núcleo argumental revive, de alguna forma, el
oficio de escritor o la creación literaria. Todo ello para expresar una mirada
sobre un ambiente donde el humorismo y el drama conviven, además de dotar a sus
cuentos de una profunda reflexión sobre nuestro mundo. Sus relatos, además, son
capaces de divertirnos a la vez que hacernos pensar. Forman un conjunto
narrativo sólido, excelentemente escritos con una abundante imaginación y con un
ingenio que hacen de este autor un particular representante por su intencionado
propósito de contar historias.
Una primera obra no debería
ofrecer, aún, la perspectiva necesaria para apostar por un autor como Carlos
Peramo, pero raras veces se ofrece en literatura una intensidad narrativa como
la que exhibe este joven barcelonés en su primer libro de cuentos. Su mundo es claustrofóbico y refleja una
inusitada maldad. Sus personajes están obsesionados por el excesivo pánico que
preside sus vidas. Lo importante es que el autor se pone al servicio de sus
lectores y les ofrece todo tipo de detalles. Ironía y sarcasmo son lo mejor de
los cuentos publicados hasta el momento para quien *nada se alcanza, sin una obvia obsesión+.
Ignacio García Valiño recorre en sus cuentos
los espacios urbanos de finales de los 90, en los que se muestra el humor y las
costumbres. La crítica ha
señalado que su prosa ha renovado con humor y sutileza toda una suerte de
banalidades postmodernas que hoy nos acosan hasta la exasperación. Sus relatos
meditan sobre el amor, sobre las relaciones entre el sexo y las pasiones
amorosas, sobre la pasión, la justicia, el poder y la extrañeza, en una firme
búsqueda de la propiedad de una escritura que resulta, tanto en sus relatos
extensos como en los breves, original y repleta de sabiduría.
Félix J. Palma muestra un
mundo literario que resulta ser tan amado como odiado, pese a que diariamente
tengamos constancia de que está ahí, pero la realidad nos devuelve a otra
repleta de espejos cóncavos donde la soledad acentúa el dramatismo de nuestro
existir, de algunas situaciones asombrosas marcadas por lo irreal y lo
inesperado. Como reza en la
solapa de su primer libro, *el vértigo del absurdo, porque un hombre
es contratado para vigilar los movimientos de una salamandra; un poeta vende
los besos de su prometida para publicarse sus rimas; un oficinista contempla
atónito cómo sus infidelidades transforman el talante de su gato o un hombre
intercambia su reflejo con el de una desconocida+.
Nicolás Casariego es un autor
cuya percepción de la vida rezuma escepticismo y algo de fastidio, aunque en
ocasiones siente compasión por sus criaturas como ocurre en el cuento
seleccionado. Sus relatos,
también, ofrecen tristes destinos y las relaciones que establecen sus
personajes son frágiles y derivan hacia la incomunicación. Fluidez y amenidad
caracterizan los cuentos del primer volumen del joven Casariego, que de alguna forma retrata la
desolación de una desacralizada sociedad y esto como
una suerte de sortilegio para escapar del
vacío existencial al que se encamina nuestra humanidad.
Marta Rivera de la Cruz consigue imaginar, en
una amplia variedad de episodios, la vida y milagros de muchos de los
personajes que pululan por las páginas de sus cuentos y novelas y nos sorprende
por su capacidad de fabular e inventar las historias que pone en boca de sus
personajes que nos hablan de amores irrealizables. Característica esencial de su prosa es la agilidad
narrativa, en sus posibilidades lectoras, por las múltiples historias
integradas que se suceden unas a otras y nos sirven para recorrer toda una
variedad temática en serie de muchos de los usos y costumbres que pertenecen al
mundo de la realidad que se hacen plausibles a través del mundo de la ficción,
así lo verdadero se confunde con lo falso, la hipocresía se convierte en
fingimiento, la soledad se disipa con la búsqueda del amor, como otra reflexión
que puede desprenderse de la lectura de sus obras en las que al final termina
por no salvar a sus protagonistas.
![]() |
| Care Santos |
En Care Santos sobresale la
intensidad de un estilo desde sus dos primeros libros de cuentos, donde el
desamparo, el fracaso y la desolación son los motivos que reaparecen en su
narrativa. En sus relatos
se percibe el sentimiento de frustración, de soledad, de íntima necesidad de desahogo.
Contados en primera persona, sus narradores masculinos y femeninos luchan por
compartir experiencias. En todas sus historias late el sentimiento de una
incuestionable verdad, esa que nos dice que en cada experiencia humana, sea
cual sea, hay una historia digna de ser contada. El registro de Care Santos es
muy variado, su literatura hasta el momento se reparte en varios libros de
relatos, narraciones juveniles, donde la música ocupa un lugar preferente, y
dos novelas notables, perfecto muestrario de las desgracias humanas, de excesos
vitales y amores cotidianos.
Óscar Esquivias es el más
joven de los autores seleccionados. Su obra hasta el momento se haya diseminada por las revistas en las
que hasta el momento ha ido colaborando. Su relatos y sus novelas reflejan el
mundo de parejas que rompen y mienten compulsivamente a causa de las muchas
debilidades de nuestra sociedad. El cuento para él *sigue siendo una fruta jugosa
que da mucho juego para contar+.
Hay una característica común a
casi todos los autores seleccionados que no quiero dejar de apuntar, y es su
dedicación, también, a la narrativa extensa. Casi todos han probado suerte con la novela y
además su resonancia en el panorama narrativo
español es hoy muy importante. Cuento, novela corta y novela en su sentido
estricto han venido alternándose desde el siglo XVI cuando Cervantes ya
afirmaba que él era el único autor de este tipo de relatos, de clara influencia
italiana. La estrecha unión entre ambos conceptos hace que muchos de los
recursos puedan ser aplicados en ambas acepciones y de lo que sí podemos estar
seguros es de que la confusión terminológica
persistió a lo largo del siglo XVII, XVIII y aún en el XIX, cuando
algunos autores señeros calificaban sus obras de novelas cortas, cuentos,
narraciones, historietas, hasta que una vez conseguida la independencia, la
novela, la novela corta y el cuento siguieron, en algunos casos, caminos
paralelos pero radicalizando posiciones que propiciarían alejamientos mutuos,
por supuesto. Nunca hay que olvidar que la novela es un género híbrido y todos
los procedimientos narrativos y técnicos de la historia literaria española y
mundial están ya presentes en las obras de muchos de nuestros narradores y así,
este género, vuelve a convertirse una y otra vez en esa especie de cajón de
sastre donde todo cabe. Es frecuente encontrar cuentos que forman parte de
novelas o cuya técnica consiste en una composición de unidades narrativas
menores que funcionan como
relatos independientes. Es verdad que las conexiones entre relatos distintos
consisten en la repetición de esquemas, tipos de narrador, temas, escenarios y
sobre todo la aparición de unos mismos personajes o tal vez similares en
diversas obras de un mismo autor. En definitiva, entre novela y cuento no
podemos hablar de unas jerarquías que puedan separar ambos géneros; más bien
habría que indagar y justificar características que no es el caso indicar aquí.
Sí, por supuesto, constatar que muchos de los autores aquí seleccionados han
ensayado el relato extenso, esto es, la novela como
obra literaria en prosa, en la que se narran hechos total o parcialmente
imaginarios presentados como
componentes de una unidad, según definición clasicista.
Los cuentos, como ha escrito
Eugenio Fuentes y hago mía esta definición porque es hermosa, son como frutos
de un bosque por el que uno se pierde con toda facilidad, un espacio lleno de
sorpresas que por corazón tienen a un pez que pugna por escaparse de nuestras
manos. Pero sobre todo
permiten experimentar, indagar nuevos territorios narrativos con mucha
flexibilidad. En un relato se determina lo significativo, aquello que se cuenta
sobre una base estricta y en la medida de lo necesario, de lo imprescindible,
esa condensación que actúa siempre en favor de la intensidad, como elementos
sustanciales de un género que Ccomo afirmaba CortázarC*todo debe conducir a una especie de
fabulosa apertura de lo pequeño hacia lo más grande+. Finalmente el cuento esCsegún Antonio PereiraC*el resultado de saber una buena historia y saber contarla con la
intensidad y brevedad necesarias+. Los relatos aquí reunidos tienen mucho
que ver con esta afirmación porque todos y cada uno de ellos se concretan en
esa sabia mezcla de equilibrio que se produce entre la precisión y la vaguedad.
La presente edición reproduce,
íntegramente, la mexicana de Grupo Editorial Eón/ Universidad de Veracruz y el Instituto
Veracruzano de Cultura, y sólo se actualizan las fichas bibliográficas de los
autores porque, inquietos como son, no han dejado de estar presentes en el
panorama narrativo español tras el tiempo transcurrido. Esto es algo que confirma esa sólida
condición literaria que los caracteriza, como
afirmo en la introducción. Bueno es que estos cuentos se muestren ahora en los
escaparates de nuestras librerías y corran su suerte entre los lectores
españoles. No me arrepiento de nada de lo que digo sobre ellos, es más, quizá
me haya quedado corto, aunque tal vez esas otras maravillas deban decirlo otros
por mí. La suerte del cuento o del relato sigue siendo incierta aunque, para suerte de
algunos, las colecciones se suceden cada
vez más y los devotos del
mismo, me temo, y pese a reticencias de editores y de empresas editoriales,
aumentan en porcentajes que se podrían considerar bastante significativos para
los tiempos que corren.
* Prólogo-Introducción de la
antología, Lo que cuentan los cuentos; México, Eón, 2001.
domingo, 10 de diciembre de 2017
Sabías que...
“No perdáis vuestro tiempo ni en llorar el pasado ni en
llorar el porvenir. Vivid vuestra horas, vuestros minutos. Las alegrías son
como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja”.
Edmond
Goncourt
sábado, 9 de diciembre de 2017
La tradición del cuento
CUENTO AL SUR*
La
tradición del cuento en España no es ya sólo un hecho constatado sino que en
las últimas décadas del pasado siglo XX se ha venido confirmando la vigencia y
el interés que el género ha despertado en aquellos autores más jóvenes que
durante las dos últimas décadas se han
incorporado al panorama narrativo. El almeriense Fernando Valls
calificó, hace unos años, a este fenómeno de «resurrección del género», desde
la tierra quemada de los años setenta, aunque también señalaba como, una y otra
vez, se enlaza con un cultivo continuado del mismo en cada etapa de las letras
españolas desde el último tercio del siglo XIX.
Ahora en las décadas que nos ocupan, 1980-2000, se vive un momento
estable y creativamente muy variado en el que los editores no arrugan la nariz
ni se encogen de hombros y los escritores no se sienten minusválidos o
disminuidos literarios por el cultivo de la narrativa breve y quizá porque,
—como sigue señalando el profesor Valls— «de Hispanoamérica llegó hace ya
muchos años la conciencia de la perfección literaria a través de la narración
corta con autores como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy
Casares, pero también con Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro o Augusto
Monterroso. Y en nuestro país, y es más, en el Sur, no sólo son muchos los
escritores con devoción expresa por el género (...), sino que sirve cada vez
más de carta de presentación del escritor nuevo». De la nómina que se compone Cuento
al Sur Romero Peche, Ruiz Torres, Busutil, Hipólito G. Navarro, Ramírez Escoto,
Álamo, Bonilla, Palma y Felipe R. Navarro empezaron su vida literaria
escribiendo cuentos y lo siguen haciendo, los novelistas tampoco han obviado el
género y Campos Reina, Talens, Rossetti, Morales, Muñoz Molina, Téllez, Benítez
Ariza y Gutiérrez Solís han escrito y siguen escribiendo buenos relatos.
Hace
unos años, concretamente en 1993, Ángeles Encinar y Anthony Percival,
justificaban su Cuento español contemporáneo, argumentando la ausencia
de un volumen de cuentos que englobara escritores representativos del momento
y, además, argumentaban que aunque se habían publicado algunas antologías, en
general, habían quedado restringidas dentro del contexto de la narrativa de
postguerra, o bien habían sido realizadas con enfoques monotemáticos, con fines
comerciales o estructuradas, y esto resultaba interesante, con una perspectiva
regional: se refería, por citar algunas, a Narradores andaluces (1981),
de Rafael de Cózar, Los andaluces cuentan (1981), de José Antonio
Fortes, Narradores murcianos (1986), de Ramón Jiménez Madrid, Figuraciones
(1986), de Santos Alonso, Cuentos barceloneses (1989), Cuentos
literarios de autores asturianos (1990), de María Elvira Muñiz o Narradores
almerienses (1991), de quien suscribe. Hay, además, toda una pequeña
bibliografía en torno al género y en cuyos volúmenes, de una manera u otra, se
incluyen bastantes autores nacidos en nuestra región, sin que, por este hecho,
haya que leer necesariamente entre líneas. Lo mismo que en la colección de
Encinar y Percival se cuenta con Muñoz Molina, en Verte desnudo (1992),
se incluye a Ana Rossetti, Últimos narradores (1993) incorpora a Eliacer
Cansino, Antonio Muñoz
Molina, Son cuentos (1993), de nuevo a Muñoz Molina, Trece historias
breves (1995) a Juan Bonilla y Juan Madrid, Páginas amarillas(1997),
a Antonio Álamo, Felipe Benítez Reyes y Juan Bonilla, Relatos para un fin de
milenio (1998), a Eduardo Mendicutti, Los cuentos que cuentan (1998),
a Juan Bonilla, Antonio Soler y Manuel Talens, Vidas de mujer (1998), a
Fanny Rubio y Ana Rossetti, Cien años de cuentos (1998) a José Moreno
Villa, Francisco Ayala, Manuel Andújar, Carlos Edmundo de Ory, Antonio Martínez
Menchén, Fernando Quiñones, Antonio
Muñoz Molina, Felipe Benítez Reyes y Juan Bonilla, Cuentos
eróticos (1999), a Manuel Talens, Eduardo Mendicutti y Felipe Benítez
Reyes, Lo de amor es un cuento, 2 vol. (1999) a José Navarro, Antonio
Álamo, José Manuel Benítez Ariza y Juan Bonilla, Historias de adulterio
(2000), a Muñoz Molina, Cuentos de trenes (2000), a Hipólito G. Navarro
y José Antonio Muñoz
Rojas, Historias de recetas de cocina (2000), a Francisco Ayala, Cuentos
españoles (2000), a Fernando Quiñones. Evidentemente el muestrario es
amplio y no menos significativo de lo que estamos defendiendo.
Lejos
de pretender una parcelación o adjudicación de un fenómeno para Andalucía, la
presente muestra que no excluye, y por consiguiente, tampoco agota autores o
libros, sirve de una referencia más a este género que sigue siendo cenicienta
de las letras españolas pero que no deja de estar presente en forma de
antologías, compilaciones, selecciones, encargos de revista o periódico o en
cualquier manifestación donde se precie
y se pueda disfrutar de un buen relato. Ya
hemos señalado como Valls afirmaba que la situación del cuento mejoraba:
había salido del encasillamiento en el que se hallaba. Los autores de las
últimas generaciones lo cultivan con acierto y los editores están dispuestos a
publicarlos. «La diversidad y riqueza del cuento—señalaba José Luis Martín
Nogales— en la literatura española actual se pone de manifiesto en el empleo de
múltiples fórmulas en los libros publicados. Se teoriza, dramatiza o se
mantiene una actitud lírica sobre diferentes aspectos para llegar a una
síntesis argumental y a una condensación narrativa que ofrece una
heterogeneidad tan amplia como sorprendente. Formas, recursos, procedimientos y
sobre todo dominio del lenguaje caracterizan al cuento español».
Para las referencias al relato andaluz, al menos
escrito en Andalucía o por andaluces, tendríamos que remontarnos al XIX con
autores como los que, hace ya bastantes años, señalaba el profesor Baquero
Goyanes, es decir, Fernán Caballero o Pedro Antonio de Alarcón, el malagueño
Arturo Reyes, incluso Colombine y Villaespesa que participaron y contribuyeron
a la expansión del género con las características de la época y la diversidad
de nombres o definiciones o autores que siguieron a estos andaluces
universales. Antes de la guerra civil, Francisco Ayala y José Antonio Muñoz Rojas, en la
posguerra Manuel Andújar, Rafael Narbona, Concha Lagos, Sebastián Bautista de la Torre, Carlos Edmundo de
Ory, Alfonso Grosso, José Fernández Castro, Fernando Quiñones, Antonio Martínez
Menchén. Durante las últimas décadas, las que por necesidades de espacio y
dimensión temporal, nos ocupan, 1980-2000, otros autores se han sumado a la
nómina señalada contribuyendo desde diversas provincias a engrandecer aún más
su actitud ante el relato breve: Diego Granados, Julio Alfredo Egea, Francisco
Izquierdo, Carlos Muñiz Romero, Pilar Paz Pasamar, José Asenjo Sedano, Julio
Manuel de la Rosa,
María José Clemente, Herminia Luque y me consta que jóvenes narradores están
obteniendo premios en sonados concursos como el NH de Relatos, instituido por
primera vez en 1996, y en el que ya figuran autores como José Fernández Reyes,
José Villalba, Luis M.. Fuentes, Antonio Gallo y Juan Antonio Sánchez.
La nómina de autores durante los últimos años, sobre
todo los referidos a la denominada «transición democrática» no ha hecho sino
afianzar el papel importante de los autores más jóvenes que se han incorporado
al panorama literario y que hoy se muestran en el esplendor de su actividad
creativa. Cuento al Sur no es, evidentemente, una propuesta definitiva,
no pretende hacer resurgir un fenómeno a propósito de un boom comercial,
sino reunir una nómina nunca completa de autores que a lo largo de su vida
literaria han trabajado el cuento, lo siguen trabajando o se encuentran en
estos momentos en pleno proceso de producción en este género que, por otra
parte, hace falta reivindicar desde los ángulos más diversos. Compilaciones o
antologías como la presente quieren ayudar a engrandecer y difundir a autores y
sus obras. No habrá que ver en
esta selección nada más que el rigor de un cuento bien escrito, y por autores
que en su obra lo han abordado con esa suficiencia de la que queda aquí
manifiesta presencia, porque quizá, para la mayoría de ellos, como ya he dicho
en alguna otra ocasión, la literatura y la vida quedan concebidas como un
proyecto común del que se da noticia en su escritura y, además, se convierte en
un propósito que va más allá del didactismo o la moralidad, porque de lo que se
trata es de ofrecer variadas voces del cuento y esto avalado por una invención
que celebra la realidad más inmediata, repleta tanto de tensión como de esa
amenidad que ofrecen las experiencias propias. Las características más
relevantes que puede proporcionar al lector la presente selección es la
diversidad tanto en temas, como enfoques
y estéticas si hemos de hablar aquí de este concepto que bien puede aplicarse
al cuento, pero sobre todo habría que hablar de un gran desarrollo del género
por parte de estos autores cuya aparición en el panorama literario se cifra en
los años de la transición, los felices 80 e incluso, el final del siglo en los
90. Muchos de ellos configuran sus historias entre lo absurdo, lo fantástico,
la realidad, lo erótico o la fabulación; en suma, levantan un acta cotidiana
desde enfoques irónicos o humorísticos, paródicos o caricaturescos, con personajes
excéntricos, infantiles o femeninos, desde una categoría sumamente expresiva,
inmersos por supuesto, en un mundo contemporáneo que proporciona relaciones
interpersonales que ofrecen una proyección mayor. Estos autores muestran una
sólida condición literaria como puede desprenderse de sus textos, y se afirman
en un discurso que ejemplificaría esa adecuación a un proyecto narrativo
concreto y su calidad expresiva como soporte conceptual. Existe entre ellos
fervor y pasión por el relato como vehículo de expresión preferente en un
universo discursivo mayor que pretende mostrar esa imagen equívoca de una
realidad distorsionada o el esfuerzo por cambiarla.
El
panorama narrativo breve en Andalucía, escrito entre nuestras fronteras o fuera
de ellas, es mucho más amplio pero quizá no más heterogéneo. Algunos autores no
ha querido sumarse a esta reunión de amigos que es en lo que se ha convertido
este puñado de buenos relatos: casos de Felipe Benítez Reyes, hemos llamado
insistentemente a un teléfono de Antonio Soler, no he podido contactar con Juan
Madrid o Juan Herrezuelo, aunque autor madrileño, reside en nuestra tierra
desde hace años y escribió cuentos en los albores de su labor literaria y no sé
si continúa haciéndolo, lo mismo que Pilar Mañas, igualmente madrileña, y otros
autores citados en la bibliografía que han escrito de forma casual relatos y
que con el tiempo nos ofrecerán nuevas obras. En definitiva, con los aquí
antologados, los señalados, los desconocidos y quienes se vayan sumando lentamente
a esta gran familia, la suerte del relato o del cuento está asegurada,
independientemente del sentimiento regional o nacional. Quienes quieran ver una
obra total en esta modesta muestra pronto se darán cuenta de que nada más lejos
de semejante presupuesto. Eso sí, a excepción de dos nombres, Miguel Ángel
García Argüez y Andrés Pérez Domínguez, ambos como una apuesta válida para el
futuro, el resto de la nómina corresponde a excelentes narradores que hasta el
momento, en su producción narrativa, han ensayado tanto el relato breve como el
extenso y figuran ya en los estudios y monografías de la narrativa española del
último cuarto de siglo.
Finalmente
un cuento—según apunta el maestro Antonio Pereira—« es el resultado de saber
una buena historia y saber contarla con la intensidad y brevedad necesarias».
Creo que los relatos aquí reunidos tienen mucho que ver con esta afirmación
porque todos y cada uno de ellos se concretan en esa sabia mezcla de equilibrio
que se produce entre la precisión y la vaguedad.
* Monográfico de la revista
literaria Batarro publicado en 2001.
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