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viernes, 26 de junio de 2020

Cuaderno en blanco


Junio


       Los días de un junio luminoso avanzan acercándose a un verano que nos trae aires de una desescalada lenta y juiciosa, y con algo de suerte nos aleja de una pandemia que ha dejado sus huellas en nuestra vida cotidiana. Hoy mismo, 1 de junio, comienzo con la lectura de Poeta chileno, voluminosa e interesante entrega, de Alejandro Zambra, un reto que me llevará un  trabajo firme en las próximas semanas.
       Alterno la lectura con otro libro de mi buena amiga Carmen Canet que publica Olas (2020) una excelente colección de aforismo que ella escribe con una extraordinaria calidad.
       Las tardes largas, las noches cálidas y esa perspectiva de una nueva normalidad antes un horizonte de imprevisibles razones. Esperemos lo mejor, siempre. Avanzamos en el mes de junio que me trae de vuelta, treinta años después, la primera novela importante de Alejandro López Andrada, La dehesa iluminada, que rescata del olvido Berenice y que supone esa primera piedra de todo un monumento a la Naturaleza y su dimensión más ecologista y espacial. López Andrada incide sobre esa España despoblada que ya se veía venir, y esa necesita de resucitar las costumbres y hábitos al hilo de una simbiosis hombre-naturaleza.
       Entra el verano con unos días calurosos, mientras el mes de junio se desvanece y nos encaminamos a un julio repleto de sorpresas en esa prometida “nueva normalidad”.

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