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jueves, 20 de agosto de 2020

Amelia Noguera


                       Crónica personal de la desbandá

     Amelia Noguera publica El camino de los canadienses (2020)              
      


          La carretera que une Málaga con Almería, escenario de la desbandá, se convirtió durante unos días en la trágica imagen de la muerte. Nadie ha explicado aún qué pasó en los cinco días de terror entre el 7 y el 12 de febrero de 1937, no existe testimonio de la soledad con que vivieron la masacre los supervivientes. Se ha estimado que el número de desplazados estaría entre los cien mil y los ciento cincuenta mil, y según el Socorro Rojo Internacional había atendido al menos a cien mil malagueños que habían llegado caminando a Almería. Las cifras surgen de la observación visual de los testigos directos, como Norman Bethune, un médico canadiense que socorrió a muchas de las familias que huían, aunque Bethune salió desde Almería el día 10, tres días después de que comenzara el éxodo, así que su perspectiva nunca ofrecería una cifra completa, y un teniente de carabineros testimonia que llegaron al tramo entre Adra y Almería unas doscientas mil personas, y otros  se dieron la vuelta y regresaron, hambrientos, exhaustos o heridos, pero otros murieron en el camino.
       ¿De cuántas víctimas estaríamos hablando? No existe una certeza sobre las cifras, aunque las estimaciones más fiables oscilarían entre los cinco mil y los diez mil muertos, porque hay quien asegura que muchos cuerpos fueron arrojados al mar, y otros siguen en las cunetas esperando que alguien los desentierre, incluso supervivientes explicaban cómo encontraron cuerpos amontonados entre los cañaverales; otros testimonian lo difícil que era recorrer el camino por la noche sin pisar los cadáveres, incluso vivieron cómo desde tierra se oían las risas de los marineros de los buques que se dedicaron a bombardear la costa, y consultado el cuaderno de bitácora del Canarias, donde se reflejaba la munición y las salvas, se lee que empezaban a las 6,45 de la mañana, pero no el objetivo. En cuanto a los vuelos, hay constancia documental de un vuelo de reconocimiento, en el que el piloto observa a los fugitivos, y "desde Tablada le dicen que el objetivo es disparar. Él pide que le repitan la orden y le dicen que dispare".


       Durante décadas, el franquismo ocultó lo que ocurrió, y muchos fueron los que callaron la desgracia de tantos andaluces. La respuesta a qué ocurrió aquellos cinco días de febrero está en la memoria de quienes sobreviven, y en los sótanos de algunos archivos, que aún guardan los secretos de una de las peores masacres del ejército franquista.

La novela
       Amelia Noguera (Madrid) cuenta la amistad de dos niñas, Azucena y Martina, y las consecuencias que vivieron tras la experiencia que las unió en el triste episodio histórico que se describe en la novela, El paseo de los canadienses (2019), una ficción que se inspira en un episodio histórico donde se describe la tragedia vivida por miles de familias que huían de las amenazas del general Queipo de Llanos ante la llegada y ocupación del ejercito nacional a Málaga.   
       Azucena y su madre se verán obligadas a dejar Málaga y a encaminarse a Almería donde tienen familia, uniéndose a todos aquellos que caminan por la carretera que une las dos ciudades y llevan su misma dirección. Durante la marcha Azucena coincide con otra niña de una edad muy parecida a la suya que, como ella, viaja con su madre, y enseguida advierten que sus madres se conocen, aunque no parece que ninguna de las dos quiera recordar esa antigua amistad de su niñez, y mucho menos entablar ningún tipo de relación durante el viaje por más que las niñas se busquen e intenten estar juntas, pero al final entre ellas surge una conexión especial que se intensificará por los sucesos que tendrán que vivir cuando la larga caravana humana empiece a ser ametrallada y bombardeada a lo largo de la carretera que recorren. 


       Amelia Noguera construye su relato alternando los testimonios de algunos de los protagonistas, una intrahistoria desde los más diversos puntos de vista, el espía y filósofo Koestler, un piloto italiano, un miliciano republicano, un arquitecto canadiense, un falangista del buque Canarias, otro anarquista republicano, una enfermera del Socorro Rojo Internacional, un jornalero, un militar profesional republicano, una presa de la cárcel de mujeres de Málaga y un exdiplomático estadounidense, entre todos ofrecen la perspectiva de esos documentos orales necesarios que corroborarán tanto silencio sobre aquella carretera de la muerte que Noguera sintetiza en un relato duro y no menos triste pero que al lector le llena de emoción en cada una de sus páginas, y que sirva para que de alguna manera se cierren las heridas de un pasado de auténtica vergüenza en uno y en otro de los bandos.
       La ambientación resulta convincente y el escenario físico se ajusta, evoca y recrea ese miedo que atenazó durante tanto tiempo a la población, y como lectores vivimos ese clima de terror y los continuos abusos de poder, o la impunidad con la que se movían cuántos se consideraron vencedores. Málaga, se convierte en escenario y protagonista de esta historia, aunque los personajes van creciendo a medida que los vamos conociendo, muestran la fuerza y la entereza en situaciones que describen esas abundantes contradicciones de muchas de las actitudes humanas que no dejarán a nadie indiferente, sobresale la fuerza y determinación de Ángela, una mujer acostumbrada a llevar las riendas de sus negocios y de su vida, a saber cual es su sitio, mantiene su palabra y dispuesta a cumplir con sus obligaciones hasta el final; esa rivalidad sostenida entre Isabel y Fernanda, y todas las circunstancias ocurridas tras su vuelta a Málaga que completa la historia de El paseo de los canadienses y que nos devuelve la fe en la buena literatura capaz de sustentar toda una trágica experiencia con la fluidez narrativa.









EL PASEO DE LOS CANADIENSES
Amelia Noguera
Córdoba, Berenice, 2019


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