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miércoles, 13 de enero de 2021

Javier Morales


                                        Miradas de Hopper

 


                       Foto: Isabel Wageman

 

       Contar historias, y poco más, esas que surgen de la realidad inmediata, se traducen en relaciones personales, y pese a insatisfacciones, fracasos, o frente a una soledad absoluta tienden a ciertas alegrías, salvando esos problemas diarios para convertirse en historias que se miran en el espejo de la incertidumbre cotidiana. Javier Morales (Plasencia, 1968) publicó, La despedida (2008) y Lisboa (2011), dos colecciones que ofrecían la realidad moral de toda una vida, y sobre sus personajes recaía, o se construían las historias que giraban en torno a nuestro mundo. Autor de profunda tradición chejoviana, entregó, Ocho cuentos y medio (2014), relatos con calculadas elipsis que dejan el hueco necesario para que el lector interprete, o reinterprete las historias. El narrador arranca de una realidad inmediata, el resultado es tan desolador como dramático porque, como lectores únicos, no reflexionamos acerca de la percepción inconsciente del conocimiento de toda una vida.

       Los relatos de su última entrega, La moneda de Carver (2020) tienen bastante de recorrido biográfico, quizá por ese personaje o narrador interpuesto que se convierte en el alter ego del propio autor. Estructurado en tres apartados, los dos primeros cuentos, “El tiempo del tabaco” y “Cementerio alemán” evocan el tiempo de la infancia y la adolescencia, corresponden a relatos de formación; el primero, entre el temor y la rivalidad con un esquivo antagonista repasa las casi extintas labores del tabaco y los veranos de duro trabajo cuando se forja el carácter, y una vocación, esta más evidente; en el segundo cuento, el encuentro con un escritor llamado Paul Kirkwood abrirá los ojos a un chaval picado por el gusanillo de la literatura. En la segunda parte, Ninguna necesidad, se rinde homenaje a tres escritores muertos demasiado pronto que marcaron una significativa trayectoria literaria, Raymond Carver, el poeta y traductor Ángel Campos Pámpano y el novelista José Antonio Gabriel y Galán que, con su ejemplo, le había señalado al protagonista por su condición de escritor y placentino el camino para salir de la ciudad, como se apunta en el relato, “Gayga”. Nuevos homenajes en “El perrito de la dama”, un guiño a Chéjov, otro de sus referentes, que abre la tercera sección del libro titulada, Nuevas miradas, y ofrece un conjunto de relatos, tres en total, novedosos, que sitúan al lector a las puertas de un nuevo tiempo en su narrativa, ante ese cambio de estilo con finales menos intrincados que el autor atribuye a su concepción de la literatura como búsqueda personal, a la necesidad de explorar territorios y otras formas de narrar; un homenaje a Hopper en “Habitación de hotel”, y el significativo ejemplo de “La casa de Eccles Street”, que cuenta la eufórica hazaña personal con la que el protagonista intenta superar una pérdida, y nos sumerge en un final esperanzador, y esa sensación de haber leído un excelente cuento, porque Javier Morales considera que la realidad, con esa sensación de soledad y de fragilidad, nunca recrea un realismo sino que, en realidad, lo interpreta.

 


 

 

 

 

La moneda de Carver

Javier Morales

Madrid, Reino de Cordelia, 2020

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