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martes, 27 de abril de 2021

Antonio Fontana

                       Qué hacemos nosotras aquí

                     

             

        

       Las residencias de mayores provocan, en una primera instancia, un baño de realidad, y conforman la visión inequívoca de un auténtico microcosmos humano, y un no menos significativo micromundo en sí mismo que convierte cada una de esas desconocidas y anónimas existencias en esa otra historia a contar, la de toda una vida, así que si nos instalamos durante un breve espacio de tiempo, curioseamos unos instantes, seremos capaces de obtener esa instantánea, en blanco y negro, de una realidad que nos sorprendería: la imagen de un grupo de personajes que, entre quejas y achaques, entusiasmo y pesimismo, viven en un mundo cercano a la extravagancia, y lo bastante alucinante porque nos daremos cuenta de que aquello se constituye en un espacio divergente, a vueltas con las mismas ideas: la presencia de la añorada niñez, y de ese pasado lejano que ahora se antoja muy importante, como ocurre en Hasta aquí hemos llegado (2021).

       Antonio Fontana (Málaga, 1964) propone en una falsa residencia, Peña Hincada, la curiosa y divertida historia de unas internas más que charlatanas: La Socorro, La Sonrisas, La Millones, o La Académica, y La Enterradora o La Ciempiés, junto a otras que apenas figuran para protagonizar su soliloquio, y configuran una coral de voces, y entre esos aparentes desvaríos sus testimonios arrojan las claves de una vida entera, en un momento concreto, contando unas vidas que se acercan a una cotidiana realidad, o debamos entender como esa ficción posible en sus más dilatados disparates. Todas parten de un común denominador, vivieron un pasado de dolor y de guerra, o la miseria de la posguerra, con edades que oscilan entre los ochenta y cien años, conviven con abundantes achaques, sobrellevan enfermedades, a veces sienten una eufórica alegría y ríen, otras sucumben a una inusitada tristeza y lloran, y casi al final por convicción, o una simple de suma de casualidades se han convertido en unas activas feministas, aunque con toda probabilidad ni siquiera ellas lo sepan o se hayan parado a pensarlo.

       El grupo de ancianas convive, casi a diario, con la muerte, un tema tan incómodo como irreverente, de una lamentable y constante actualidad que, en cierta manera, aleja al lector de esa mirada que, en estas historias, se traduce como ese evidente concepto previo para calificar, Hasta aquí hemos llegado, de comedia porque subyace un tono gris en todas y cada una de ellas, ahí está La Millones, que cumple su destino como resignada mujer florero, o La Socorro, el personaje que da cohesión al libro, tiene una carrera, hizo Magisterio, pero su destino era casarse, y además con un señor mayor insoportable con el que tiene que vivir, encerrada en un matrimonio sin la menor pizca de amor por ambas partes; todas ellas comparten otro rasgo, un elevado tono de causticidad porque lo único que les queda es el valor de la palabra, o cuanto son capaces de recordar, y su mejor arma es la lucidez, y ese sentido jocoso porque nada les importa que se pueda pensar de ellas.

 


 

                                  Hasta aquí hemos llegado

                                       Antonio Fontana

                         Premio de Novela Café Gijón, 2020

                                   Madrid, Siruela, 2021

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