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martes, 12 de enero de 2016

Émile Chasles



CUENTOS DE TODOS LOS PAÍSES

        “Amenidad, diversión, tradición y fantasía”, en palabras del editor Máximo Higuera, para proponer la lectura de una cuentística universal, Cuentos de todos los países (Trifaldi, 2015).



    Nunca han quedado claras las relaciones que estudiosos establecen entre lo popular, lo tradicional, lo oral, el folclore, y los conceptos referidos al cuento o la leyenda, y sobre todo con respecto al contenido tanto de unos como de otros, esas ambigüedades que desde siempre se han calificado en función de un público lector, joven o adulto. Existen, sin embargo, compilaciones de cuentos y leyendas de una variedad asombrosa, y de lugares extraños y remotos que nos llevan a un mundo de fantasía.

Cuentos de todos los países

   Émile Chasles recopiló en 1867 cuentos de las más variadas fuentes y tradiciones, otorgándoles una auténtica vocación de universalidad, al tiempo que basaba sus investigaciones en los recursos tradicionales que despertaban su curiosidad. Y esta misma curiosidad le llevó a la cuentística alemana, a los volúmenes recopilados de Johann Kart Musäus (1735-1787), precedente de los hermanos Grimm, como el cuento de “Las tres hermanas”, que el traductor y editor Máximo Higuera selecciona para el presente libro, Cuentos de todos los países (Trifaldi, 2015); y lo mismo hace con “La ninfa de las aguas”, del mismo autor; un relato en la tradición de las ondinas, las ninfas acuáticas de la más clara tradición grecorromana, que incluso llegó a tratar Bécquer en una de sus leyendas. Sin duda, el más celebrado, el más conocido y versionado, es “El califa cigüeña”, de Wilhelm Hauff (1802-1827); del mismo, se conoce la adaptación del mismo de Sara Cone Bryant y su colección, How to tell stories to children (1905) y la más reciente de Fernando Alonso, Feral y las cigüeñas (1971).

La edición de Trifaldi
   Higuera edita y traduce un total de veintitrés leyendas y cuentos de una curiosa y amena variedad: nórdicos, lapones, noruegos, finlandeses, y aquellos que el propio Chasles calificó de españoles, concretamente, un andaluz, titulado, “El Tabadit”, pero de procedencia árabe, y algunos ejemplos que proceden de El Conde Lucanor y una de las leyendas más famosas de raíz española, Los siete Infantes de Lara. El folklore persa está representado por tres cuentos, “El Tesoro”, “El Goul” y “El regreso del ingrato”; pero podemos, también, admirar historias albanesas, tártaras o argelinas que no es necesario enumerar, todas y cada una de ellas, que provocan, una vez leídas, ese regusto de saborear la buena literatura y disfrutar de una traducción magistral, ajustada, otorgándole el ritmo y la cadencia que debe darse a una fábula y su capacidad imaginativa. Y tal vez porque, como señalaba Camilo José Cela, esa categoría de “hombre universal” es la que consigue crear y obtener el mayor premio que se considera la fabulación literaria, porque se trata de un inmenso taller experimental que no conoce fronteras ni tiempos. Tampoco echamos de menos, los clásicos Boccaccio y Chaucer, también representados con el cuento “Griselidis”, calificado aquí como cuento italiano.  

El autor

   Émile Chasles, nació 28 de de febrero de 1827 en París y murió 24 de septiembre de 1908, a los 81 años, en Tracy-sur-Mer, fue un eminente filólogo, historiador y escritor francés. Enamorado de la cultura española, dedicó un estudio a Cervantes, muy citado por la crítica especializada en el clásico español. Estudió la influencia de nuestra literatura sobre la francesa, los valores de La Celestina en la gran comedia gala a partir de ser traducida en el país vecino en 1527. Con una clara vocación de abarcar la cuentística universal, inspirándose en las más variadas fuentes y tradiciones recopiló en 1867, Cuentos de todos países.










Émile Chasles; Cuentos de todos los países; Madrid, Trifaldi, 2015; 218 págs.


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