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miércoles, 6 de enero de 2016

José Abad



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El acero y la seda


EL LEGADO DE LOS SAMURÁIS

La editorial granadina, Traspiés, publica el libro de relatos, El acero y la seda, de José Abad, cuatro textos que reflexionan acerca de la ofensa, la venganza, el honor y el coraje de estos guerreros que formaron parte de los acontecimientos culturales, sociales y políticos en Japón durante un período de más de mil años, trazando una línea que iría desde los antiguos guerreros de los siglos V y VI hasta la supresión formal de la casta samurái tras la restauración Meiji de 1868.

La leyenda de los 47

Una ofensa pública obligó a Asano Naganori a suicidarse sin que las causas fueran investigadas a fondo; sus propiedades fueron confiscadas y sus vasallos privados de sus medios de vida. Los samuráis a su servicio, sin amo, pasaron a convertirse en rốnin y vagaron desvalidos pero con el secreto propósito de vengar a su señor. En una fría noche de diciembre de 1702, los 47 leales asaltaron la residencia de Kira Yoshinaka, causante de la muerte de su señor, lo mataron y llevaron su cabeza a la tumba de su amo en el templo de Sengaku. La fama y las alabanzas de esta proeza se convirtió en leyenda, quedando demostrado el tratamiento incorrecto que había recibido el señor Asano, aunque sus vasallos fueron condenados y obligados a hacerse el harakiri (es decir, el suicidio ritual), y fue así como siguieron a su señor a la tumba, prevaleciendo ese espíritu samurái sobre cualquier derecho legal.


El acero y la seda

Es una colección de cuatro cuentos, acerca de la ofensa y la venganza, el honor y el coraje, pero sobre todo sobre la crueldad del destino que José Abad (Granada, 1967) publica en la siempre interesante y minoritario editorial granadina Traspiés, en su colección de “Vagamundos. Libros ilustrados”, con dibujos, en esta ocasión, de José Ruanco, granadino de Valderrubio. Abad es, autor, además, de las novelas Nunca apuestes con el diablo (2000) y El abrazo de las sombras (2002), y el libro de relatos King Kong y yo (2006)
“Holocausto”, “Kagemusha”, “El vuelo incierto de la libélula, el vuelo inquieto del gorrión” y “Un cerezo en flor y un charco de sangre” son las cuatro historias que se recrean en el marco de un Japón milenario y que, como reza en la contraportada, son excelentes fábulas que como el filo de una katana, dejan un profundo tajo.
Abad ha seguido fiel a aquellos asuntos que motivaron toda una tradición japonesa y el mundo del samurái que frente a las rivalidades entre clanes que propiciaran ofensas y venganzas, prevalecía el honor siempre en sus actuaciones.
Los textos de José Abad ofrecen la impresión de estar escritos en ese estado puro que se le supone al cuento, dejan la sensación de estar leyendo una historia que nuestra memoria recordará más allá de ese final, y con sutileza convierte a los personajes y a sus acciones en un inquebrante disfrute más allá del proceso lector. Lo lírico y mágico, el valor y la tristeza cubren las paginas de El acero y la seda, marca que nos deja esa huella que con toda sutileza nos proporciona la buena literatura.
El primero, “Holocausto” recrea el clima de esas leyendas japonesas donde honor y justicia se convierten en el tema elegido, un relato sobre la enemistad entre los clanes Azuma y Kasuga, una historia que bien puede servir de símil en la actualidad y que contada por Yasunari Eguchi tiende un puente entre pasado y presente para justificar un sacrificio, pero sobre todo para unir los caminos del lector con el escritor. En “Kagemusha” se recrea una implacable persecución, perfectamente descrita, rodeada de un paisaje que se traduce en constante tensión, que abunda en sombras sobre las que Abad recrea las actuaciones de sus protagonistas, y les lleva a un auténtico desafío, y somete al lector a una vertiginosa lectura que no decae hasta el final del relato y convierte lo narrado en una excelente versión casi cinematográfica del mejor John Ford. El tercero es el más extenso, y sin duda el más ambicioso, “El vuelo incierto de la libélula, el vuelo inquieto del gorrión”, una vez más, el desafío entre los clanes Minamoto y Taira y el amor entre el señor Matsubara y su esposa, a quien un día golpea una ráfaga de viento y la sume en una extraña enfermedad; es entonces cuando sueña con libélulas y gorriones que le descubren retazos del futuro: la visión de una cabaña junto a un riachuelo y una niña recién nacida, y así se convierte en una hermosa parábola sobre el amor. Quizá, de todos lo relatos, sea el más emblemático, el que mejor recrea esa sutil destreza por lo mágico e inexplicable, o por la sabiduría milenaria nipona. Y en el cuarto, el samurái Senbei, junto a su discípulo, ordena sus pensamientos, antes de batirse en duelo con su rival Fukasaku y para ello vuelve a la memoria y a su amor por la poesía antes de caer abatido bajo la sombra de un cerezo en flor.
La historia milenaria de los samuráis es tan diversa como compleja, sus raíces se pierden en el no menos complejo entramado político, militar y latifundista del Japón de la Edad Media, y pese a todo prevalece el código del honor y del valor que se les atribuyen, y los cuentos del granadino Abad contribuyen a un mayor conocimiento, por el marco de su ambientación, los temas elegidos, y la descripción de sus personajes, así como la firmeza de sus actitudes vitales que muestran cuantos códigos caracterizaban y prevalecían en tan insignes guerreros.
El volumen contiene las excelentes ilustraciones de José Ruanco.












José Abad; El acero y la seda; ilustr., de José Ruanco; Granada, Traspiés, 2015; 96 págs. Col. Vagamundos. Libros Ilustrados.

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