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domingo, 31 de julio de 2016

Desayuno con diamantes, 74



AIRE DE NUESTRO TIEMPO



         E. L. Doctorow hijo de judíos rusos afincados en Nueva York ocupó, desde sus comienzos, un lugar singular en la narrativa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Su obra, a caballo entre dos generaciones significativas: Bellow, Malamud, Roth y Updike y los posmodernos: Kerouac, o los poetas Creely, Duncan, Ginsberg o Corso, quedó fuera de esas dos corrientes sin que su producción narrativa se resintiera por ello. Característica esencial, su capacidad de abarcar asuntos muy variados en la historia y/o el tiempo de su país; comprometido con los derechos humanos, la justicia, o la realidad social, no se consideró un escritor de combate, testimonial o didáctico. Sus novelas, profundas reflexiones que comparten espacio común en el pensamiento, la acción, o la lucidez, siempre bajo una estricta mirada literaria; y así, enfoques e historias se asocian a una estética específica en sus planteamientos. Excepcionales, los títulos, Billy Bathgate (1968), un joven prometedor a quien acoge un capo de la mafia: Dutch Schlutz; El libro de Daniel (1971), crónica de la guerra fría, juicio y condena de los esposos Rosenberg; Ragtime (1975), fascinante visión de la América de principios de siglo través de una familia, con una variada línea argumental y personajes secundarios de lujo; dos muestras de la amplitud de su propio mundo, El Lago (1980) y La gran marcha (2005). Y un último vigor personal, su espléndida novela, Homer y Langley (2009), escrita a los 80 años.
          El Doctorow de estos Cuentos completos (2015), reunidos por primera vez, según Eduardo Lago, es un escritor distinto del novelista, porque “leer un cuento de Doctorow es una experiencia estética un tanto desasosegante. No falta nada en estos relatos, y sin embargo dejan en el lector una desazón muy profunda, como si exigieran que ocurriera algo más, cosa que de hecho sucede, sólo que, extrañamente, fuera de la página”. Transmite tal desasosiego que en ciertos casos vuelve tediosas o extrañas algunas de sus páginas, caso de “Willi”, relato de corte onírico, con trasfondo familiar y violento, o el extraño e inquietante “La depuradora”, el soliloquio de “Todo el tiempo del mundo”, e incluso el relato extenso que cierra el libro, “Vidas de los poetas”. Cuentos que al lector le costará entrar para familiarizarse por su tono enigmático, aunque contrastan con otros sobresalientes que dejan entrever el talento de Doctorow, agudo observador de la vida americana. Elige perfiles de ciudadanos maltrechos, nacidos o crecidos en condiciones muy particulares, y convierte sus pequeñas historias en una radiografía del vivir cotidiano, soñadores en grandes ciudades o en la carretera, huérfanos, mujeres maltratadas o inmigrantes. El propio autor aseguraba, “ni el cuento ni la novela tienen reglas. Y si las tienen, están ahí para ser rotas”. Él las rompe, cuesta percibir sus intenciones, los mencionados son textos experimentales, otros ejercicios interesantes, “Wakefield”, una vuelta de tuerca al sensacional cuento de Hawthorne: un hombre abandona sin decir una palabra a su mujer para vigilarla durante años y regresar a casa como si nada; “El cazador”, retrata una maestra frustrada y algo desequilibrada, “Una casa en la llanura”, recrea la huida de una madre y su hijo al antiguo Chicago, o “Niño muerto”, un chiquillo encontrado sin vida en las inmediaciones de la Casa Blanca. El lector disfrutará de cuentos de una perfección absoluta, repletos de fuerza e intensidad, entretenidos y palpitantes, con personajes de cuerpo y psicología magníficamente trazados: “El escritor de la familia”, un adolescente es impelido a redactar cartas para contentar a su abuela, que pasa su ancianidad en un asilo; o “Jolene”, sobre una chica de sexualidad y matrimonio precoces cuya suerte a la hora de encontrar nuevas parejas se le volverá en contra; “Bebé Wilson”, una mujer loca y tierna rapta a un recién nacido ante el miedo y la lealtad que manifiesta su novio; o “Integración”, un matrimonio de conveniencia para conseguir los papeles con los que dos emigrantes pretenden quedarse en Estados Unidos, con un telón de fondo mafioso y al fin esperanzadamente amoroso.
               Magistrales, las traducciones de Carlos Milla Soler, Isabel Ferrer Marrades, Gabriela Bustelo y Jesús Pardo de Santayana.








CUENTOS COMPLETOS
E. L. Doctorow
Barcelona, Malpaso, 2015; 460 págs.


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