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lunes, 22 de agosto de 2016

In Memoriam



(Ignacio Padilla, México D.F., 1968-2016)  

        
MONSTRUOS IMAGINARIOS


       Tres autores mejicanos decidieron mediada la década de los noventa formalizar, sin pretensiones de escuela o grupo, una especie de nombre de guerra que los vinculaba en actitudes y circunstancias que, en realidad, se resumían en una profunda amistad o camaradería y, técnicamente, en un deseo de cambio o inflexión en la literatura mejicana dominante en aquellos momentos, aunque fundamentalmente intentaban expresar perspectivas y temas muy diferentes en el mercado editorial imperante. Los tres jóvenes en cuestión, Jorge Volpi (México, D.F., 1968), Ignacio Padilla (México, D.F. 1968) y Eloy Urroz (Nueva York, 1967), iniciaron una prometedora carrera de narradores, cuya perspectiva literaria se ha extendido por toda Europa y en estos últimos años a España, avalados por una interesante obra publicada en su país. A la iniciativa se sumó muy pronto Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) y, en 1995, el grupo se convertía en un quinteto porque Ricardo Chávez (México D.F. 1961) rivalizaba, igualmente, contra la cerrazón editorial vigente y abogaba por el magisterio de la generación del Medio Siglo mexicano para «combatir la ofensiva mediocridad de los padres literarios del realismo con una alianza inédita entre hijos y abuelos». El grupo, no obstante, no tuvo mucha suerte porque se enfrentaba a todo un imperio editorial y tan sólo el sello Nueva Imagen se decidió a publicar los primeros libros de estos jóvenes: Si volviesen sus majestades (1996), de Padilla, Bolero (1996), de Palou, Las Rémoras (1996), de Urroz, El día del hurón (1997), de Chávez y Sonar tu piel amarga (1997), de Volpi. Al mismo tiempo, según Chávez, el grupo quedaba definido, según su opinión, por una visión común y cinco individualidades distintas y contundentes: «La palabra de Padilla, el brío de Urroz, la inteligencia de Volpi, el saber de Palou y el propio lamento de Chávez». El «crack» se convirtió así en la primera manifestación narrativa seria en las letras mexicanas del siglo XXI o, al menos, lo más novedoso en cuanto a experimento lingüístico y relato polifónico que abarcaría muchas voces narrativas. Lectores, además, de Collins, Machen, Brod, Musil, Broch, también de los mejicanos José Emilio Pacheco y Sergio Pitol, el primer autor que escribe sobre Europa Central, traduce a rusos y polacos, conoce el viejo mundo y es, en realidad, una especie de abuelo literario de toda la generación.
      Ignacio Padilla (México D.F. 1968) es un joven pero prolífico autor de varias novelas, colecciones de relatos, ensayos y alguna incursión en la narrativa juvenil. En España consiguió, en el año 2000, el Premio Primavera de Novela con Amphitryon; se trata de una nueva versión de Anfitrión, el mítico rey de Tirinto, que, por el arte del narrador mexicano, se convierte en la historia de un problema de identidad como se pone de manifiesto en las pesquisas en torno a la verdadera personalidad del criminal de guerra Adolf Eichmann, secuestrado en 1960, en la ciudad de Buenos Aires y juzgado en Tel Aviv, en 1962. La novela relata una auténtica partida de ajedrez, sobre todo por los elementos que intervienen en torno al azar, lo previsible o, incluso el futuro. Se trata, en realidad, de una ficción de intriga que sobresale por encima de la creación de los personajes que van apareciendo a lo largo del relato y de la que no se esperan respuestas, aunque se pide la participación del lector y el esfuerzo de su memoria. Un relato para lectores de novelas, en su sentido estricto. Para Padilla,  habitual en su obra, el estilo y el ritmo marcan la musicalidad de un lenguaje sobre el que se fundamentan sus historias.
        La producción de relatos hasta el momento del mexicano se concreta en Subterráneos (1989), cuentos sobre la realidad cotidiana, con un entorno urbano, que incluye el mundo de las oficinas y el metro, espacios cerrados y asfixiantes, frente a esa otra sensación que produce la vida al aire libre; en 1991 publica, Trenes de humo bajo alfombra, con un lenguaje mucho más elaborado, protagonista, de una colección de relatos de corte fantástico donde la muerte, la fantasía y la lucha por el poder se convierten en los temas dominantes; Las antípodas y el siglo (2001) es su tercera entrega y con ella rinda homenaje a los exploradores ingleses de todos los tiempos, en realidad, recuento de vidas románticas que tenían una enorme pasión por lo desconocido, sentimiento hoy en día muy alejado de la realidad. Su estancia en España e Inglaterra le llevó a un mayor conocimiento de la literatura europea, cuya devoción había expresado en sus primeras lecturas, huellas de Stevenson, Joyce o Dostoievski. Con esta colección inicia su serie titulada Micropedia.
         En su última entrega, El androide y las quimeras (2008), explora el universo femenino y el mundo de la fantasía, donde mezcla tragedia y realidad para contar, en definitiva, el mundo de las relaciones humanas. Ficción y realidad se mezclan de la mano de Padilla porque, en algunos de los cuentos de esta colección, identificamos la obsesión de Edison por crear una muñeca parlante e introducirla en le mercado estadounidense, o la enfermiza afición de Carroll por fotografiar adolescentes o rememorar el autómata de Kempelen. Muñecas y autómatas se convierten en protagonistas de estos relatos para ejemplificar, de alguna manera, lo siniestro frente a esa denotada belleza e inocencia de las niñas que provocan esa desazón moral e intelectual. Y frente a todo, las quimeras como monstruos imaginarios para subrayar ese sentido de denuncia de la crueldad humana. El libro está dividido en dos partes: El androide en nueve tiempos y Quimeras de tres orillas. En ambos casos, los cuentos recrean fabulosas reinterpretaciones de historias que apelan a una incredulidad, con una sólida base en la tradición que bien puede confundirse, aunque Padilla maneja sus recursos con esa habilidad que se le otorga a la buena literatura pero, sobre todo, con esa sutileza y con esa habilidad logra integrar referencias banales para construir sus relatos y sorprender al lector sintiendo este cómo el narrador juega con la suspicacia y se recrea en nimiedades y detalles que conforman su literatura y provocan ese sentido de auténticas denuncias sociales, como ocurre en los cuentos «Las furias de Menlo Park» y «Antes del hambre de las hienas». El primero avalado por el premio NH de Relatos 2003 y «Viaje al centro de una chistera» reconocido con el XXI Premio Internacional de Relatos Policíacos Semana Negra Ateneo Obrero, 2008. 
      Singulares, especialmente, los relatos de la segunda parte, los mitos de «Galatea en Brighton», el desdoblamiento y la extraña transformación de la adolescente, Sibhoan Kearney, o la historia de «Miranda en Chalons», recreación del caso de los niños salvajes que tanto han interesado a la opinión pública y que en este cuento se remonta al XVIII francés, la niña esquimal, que cuando aprendió a hablar contaba cómo había visto a grandes animales marinos que comían peces, un ejemplo donde consciencia y destino se truncan en culpa; y «Circe en Galápagos», la hechicera que transformaba a sus enemigos, conocida por sus conocimientos de herborística y medicina.
    Lo gótico, lo sórdido, imágenes en apariencia ingenuas, casi infantiles, se diluyen en las páginas de El androide y las quimeras para conseguir una cadencia en la prosa de estilo compacto, casi artesanal en su ejecución, profusa en alusiones y en sugerencias, repleta de posibilidades para construir diversos mundos tras una idea obsesiva, recurrente que desemboca en una o mil imágenes para hilvanar sus historias. Sorprende la unidad de estos relatos en cuya primera parte se recogen nueve del total de los doce para poner de manifiesto esa visión de la niña o de la mujer amada, incluso destruida por la voluntad del hombre. Pese a todo, se trata de una convivencia pacífica, ellas se ha convertido en esa presencia inequívoca de un mundo enigmático, tan apasionante como bello, tan repleto de paradojas como las que han rodeado a la vida de estos singulares seres que, de la mano de Padilla, se muestran como víctimas y verdugos al mismo tiempo. Pedro M. DOMENE

Ignacio Padilla; El androide y las quimeras; Madrid, Páginas de Espuma, 2008; 114 págs.

Publicado originariamente en Turia, núms..., 89-90 (2009).

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