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lunes, 1 de julio de 2019

Los viajes de Colombine: Portugal



                        Carmen de Burgos
                              Colombine
                               Portugal


      Uno de los aspectos del perfil multifacético y singular que caracteriza la obra de Carmen de Burgos, Colombine, fue la especial vinculación que mantuvo a lo largo de toda su vida con Portugal. Ese vínculo se debió a la combinación de factores muy diversos que no empezaron a actuar hasta el momento en que se dieron una serie de importantes transformaciones en la vida del país vecino, las mismas que alentarían, aunque en menor medida, la curiosidad de una buena parte de los intelectuales españoles, indiferentes hasta entonces hacia todo lo que viniera del país ibérico, con la excepción de Miguel de Unamuno. Dos acontecimientos estuvieron en el origen de ese súbito interés por Portugal de los intelectuales hispanos: la proclamación en 1910 de la República Portuguesa, un acontecimiento que, tras el período de excepcionalidad que se había iniciado en España en 1909 con la Semana Trágica y su represión, convertía a Portugal en ejemplo político para los intelectuales españoles de ideología más radical; y seis años después, con su entrada en la Primera Guerra Mundial, Portugal daba ejemplo de nuevo y se reafirmaba en sus posiciones a los intelectuales aliadófilos y republicanos de su vecino ibérico.
        Estos acontecimientos suscitaron en España un gran interés por las noticias procedentes de Portugal e hicieron que los periódicos enviaran por primera vez corresponsales a cubrir la actualidad portuguesa, aunque, en ocasiones, los periódicos se limitaron a aprovechar los viajes privados de algunos de sus colaboradores para encargarles crónicas políticas, como ocurriría en más de una ocasión con la propia Colombine. Y ese interés por Portugal coincidió con el resurgir que desde el fin de siglo habían experimentado en España las ideas iberistas. Por lo que respecta al caso de Colombine hay que decir que fue la Guerra Mundial la que, unida a la relación con Ramón Gómez de Serna, acabó encaminando sus pasos hacia Portugal. Las particulares características de la relación que la autora mantenía con Ramón desde 1909 habían convertido los viajes al extranjero en una necesidad para la pareja. Por esa razón, después de que la guerra la obligara a interrumpir el viaje por Europa que había emprendido en el verano de 1914, y después también de la breve escala en la playa de Figueira da Foz que hizo a su regreso, Colombine le propuso a Ramón que su siguiente viaje al extranjero tuviera como destino Portugal. El viaje tuvo lugar en 1915 y quedó reflejado en la novela autobiográfica La Flor de la Playa (1920), donde la autora narraba la aventura portuguesa de una pareja de novios españoles.
A ese primer viaje siguieron otros muchos que fueron consolidando la relación de Colombine con Portugal. Así, en el que hizo en 1919, la autora envió a El Heraldo de Madrid una serie de entrevistas con personajes públicos de la joven República, mientras que en 1920 impartió un curso de Literatura Española en la Universidad de Lisboa y un ciclo de conferencias en la Academia de Ciencias de Lisboa, institución a la que pertenecía la almeriense que, por la defensa que había hecho de la República Portuguesa en España, había sido nombrada asimismo Comendadora de la Orden de Santiago de la Espada. Por esos mismos años, Colombine colaboró en el diario O Mundo con la sección “Coisas de Espanha. Crónica de Colombine”, dedicada a la actualidad literaria española, mientras hacía otro tanto, aunque en sentido inverso, en las páginas de El Heraldo y la revista Cosmópolis.
La relación de la autora con el país ibérico se estrecharía más después de que Ramón emprendiera, a comienzos de 1922, la construcción en Estoril del chalet “El ventanal” que permitió a la pareja residir de forma estable en Portugal entre finales de 1924 y marzo de 1926. Tras abandonar el país en este último año, Colombine volvería a Lisboa en 1927 y, unos meses antes de su muerte, en 1931.
Gracias a sus viajes, la autora logró entablar estrechas relaciones con el mundo literario portugués y, sobre todo, con las escritoras y feministas lusas, como Ana de Castro Osório, autora de Às Mulheres Portuguesas (1905) y fundadora de la “Liga Republicana das Mulheres Portuguesas”, a quien Colombine llamó en 1916 “la escritora portuguesa más representativa”. Vínculos personales que explican la significativa presencia del país en la obra de Colombine. De hecho, además de las crónicas ya mencionadas, la autora publicó hasta siete novelas cortas de tema portugués a raíz de sus distintos viajes por el país vecino. Las tres primeras parecen haberse gestado en los viajes de 1915-1916: Los míseros (1916), ambientada en la colonia de veraneantes españoles de Figueira da Foz; Las tricanas (1916), que narra la historia de la amante de un estudiante de Coimbra, y Don Manolito (1916), inspirada en un personaje real, un republicano español exiliado al que Carmen y Ramón conocieron en Lisboa. Las restantes fueron escritas a comienzos de los años veinte, aunque todas antes de instalarse en “El Ventanal”: La Flor de la Playa (1920), Los amores de Faustino (1920), ambientada en el zoológico de Lisboa; El suicida asesinado (1922), construida sobre las notas de un ahogado en Cascais, y finalmente El hastío de amor (1923), basada en las Lettres Portugaises (1669). A ellas hay que añadir El retorno (1922), una novela extensa de tema espiritista que fue publicada simultáneamente en portugués y español y que transcurre en los ambientes cosmopolitas de Estoril.
La imagen de Portugal que encontramos en los textos de Colombine sobresale un importante componente de subjetividad que hace que lo que en un principio no es más que un simple viaje de “descubrimiento“ del país acabe convirtiéndose en “peregrinación”, es decir, en un proceso de autodescubrimiento. Donde mejor se muestra ese componente subjetivo de la visión que Colombine tiene de Portugal es en capítulo dedicado en Mis viajes por Europa, capítulos LIX- LXXI, y en sus novelas, como en la autobiográfica La flor de la playa, donde, como refugio de la pareja de amantes, el país aparece presentado como paraíso terrenal.



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