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jueves, 25 de marzo de 2021

Esther Ginés

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                                         Promesas de futuro

         

                          

       El mar se convierte en el protagonista indiscutible de la historia que nos cuenta Esther Ginés (Ciudad Real, 1982) porque las vidas de Elisa y Kylian, incluso el resto de los personajes, se encuentran muy ligados a ese piélago hasta el punto de transmitir su mundo interior a través de las transformaciones y movimientos que provocan sus olas, y ese misterioso concepto de vida que se va formando en torno a él. A través de Elisa, y de algún otro personaje, la autora expone una serie de reflexiones que, de alguna manera, hacen que el lector se sienta identificado: la pérdida, el duelo, la ausencia, el olvido, los cambios, el sentimiento de pertenencia a un lugar, la barbarie y la naturaleza, la confianza humana, los secretos que esconde un pasado, o el poder sanador del amor, serían algunas de ellas.

       La novela, Mares sin dueño (2020), cuenta una, en apariencia, historia sencilla y añade al argumento un secreto, aunque no se trata de que la trama sea apoteósica o, tal vez, frenética, sino que el lector descubra y sienta a unos personajes inolvidables, puesto que la fuerza de la trama se justifica en una extraordinaria y maravillosa ambientación, en ese extenso y sublime viaje que lleva a cabo su protagonista, y se convierte en todo un descubrimiento que se desliza por las páginas de este relato y nos lleva a conocer el sentido de la historia en los últimos párrafos. A sus dos protagonistas, Elisa y Kylian, les une la fascinación por el agua y, de hecho, es en ese elemento precisamente donde acaban por entregarse el uno al otro, y se convierte en una de esas pasiones que te hacen ir al fin del mundo en busca de la persona amada. Del mismo modo que el mítico Orfeo bajó a los infiernos en busca de Eurídice, Elisa sigue a Kylian hasta el fin del mundo, o lo que es lo mismo, hasta una remota isla escocesa, y así será como se oponen las dos naturalezas del mar, la benéfica y la colérica, con un contraste clásico, y ese antagonismo entre norte y sur. Elisa proviene del sur, de la isla de Sal, en Cabo Verde, donde un mar cristalino de aguas cálidas lame playas de arena blanca, y viaja hasta las islas Orcadas, al norte de Escocia, donde el mar es una fuerza salvaje e indómita, que pone en juego la vida de sus habitantes a cada momento. Una vez allí, se unirá a su pareja, un ornitólogo marino que acaba de regresar a su lugar de nacimiento, después de pasar años recorriendo diferentes lugares del mundo y tras recibir una interesante propuesta de trabajo. Sin embargo, poco después de la llegada de Elisa a las islas, un hecho del pasado que desconocía de su pareja saldrá a la luz y trastocará los planes de futuro que ambos habían previsto.

 

       Esther Ginés, tras El sol de Argel (2012), una novela de identidades y de búsquedas, de encuentros y desencuentros, y En la noche de los cuerpos (2017), un relato tan intimista que esconde una feroz crítica al mundo del arte, y a esos límites que sobrepasan los artistas en su intento de conseguir que sus obras trasciendan más allá de sus propias vidas, vuelve con su tercera entrega, Mares sin dueño, a sumergirnos en una historia reflexiva y pausada, tan introspectiva como intimista, construida con un lenguaje cuidado y preciso, repleto de una simbología con que se representa ese primer nivel de significado, y aún se añade un segundo dotado de un rico vocabulario que consigue trasladar al lector cada una de las emociones que describe la autora, ante la visión de una geografía agreste e indómita. El relato está narrado en primera persona, desde el punto de vista de Elisa, y avanzamos con ella, reconociendo buena parte del terreno que va descubriendo, mostrándonos sus inquietudes o sus miedos, incluso sus esperanzas y la certeza de un reencuentro con Kylian. El choque cultural a que se enfrentará Elisa al llegar a las islas es abismal; el clima, las horas de luz, las relaciones entre vecinos o incluso la hostilidad y virginidad del territorio no solo consiguen interesar al lector, sino que se verá sumergido en un mundo que permite conocer una ancestral cultura escocesa por los aportes tradicionales que se entremezclan en el relato confiriéndole un halo feérico, onírico y mitológico. Del mismo modo, Esther hace uso de referencias artísticas, la visión del celebrado cuadro El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich musicales y literarias de corte clásico, caso de la Odisea o Drácula que, de alguna manera, conforman y complementan la vida de sus personajes que así se convierten en parte de la trama.

       Elisa hará su particular descenso a los infiernos, en muchos sentidos, viajará al que podría ser uno de los lugares más alejados, inaccesibles y solitarios del planeta, para salvar a Kylian de la perdición, un territorio donde la realidad se tiñe de leyenda, en el que existen seres fabulosos y fantásticos, y donde la joven se pregunta, ¿durante cuánto tiempo uno puede huir del pasado?, ¿qué precio debemos pagar por dejar atrás ciertos episodios de nuestra vida?, y sobre todo, ¿cómo somos capaces de mirar hacia el futuro cuando una mano invisible nos ata al pasado? Estos, y algunos otros más, son esos interrogantes que plantea esta novela en la que Esther Ginés construye su relato insiste sobre temas como la incomunicación, lo oculto, la fuerza de la naturaleza, los lazos familiares y la identidad.

 


                                      Mares sin dueño

                                        Esther Ginés

                             Madrid, Tres Hermanas, 2020

 

 

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