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martes, 9 de marzo de 2021

Julio Castedo

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 UNA CONDICIÓN HUMANA

      Durante la Primera Guerra Mundial nunca se sucedieron episodios de redención ni purificación, sino que un intenso e injustificable dolor se extendería por toda Europa y llevaría a los protagonistas de la contienda a una inevitable sinrazón de insospechadas confluencias. Julio Castedo (Madrid, 1964) propone en su novela, El fotógrafo de cadáveres (2012) esa especie de redención nunca llevada a cabo en la figura de sus dos protagonistas, el fotógrafo Stefan Adler, a quien las Damas de la Cruz Roja hacen un curioso encargo, y el adolescente Arthur Klammer, llamado a una guerra que no le importa nada. El fotógrafo viajará la frente serbio y el lector conocerá muy pronto el curioso trabajo que debe llevar a cabo; el joven soldado, viaja al mismo frente, con un fusil en la mano, y allí se encontrará con esa extraña frontera donde la vida humana se debate matar o sobrevivir.

      Los treinta y ocho capítulos que emplea Castedo para contarnos su historia se suceden alternativamente para conocer las vivencias de ambos personajes, y un narrador omnisciente que utiliza el presente para acercarnos a los sucesos, intenta visualizar con nosotros el destino absurdo de estos hombres empujados a un incierto infierno. Los puntos de vista que les otorga el narrador a cada uno de sus personajes, conforman su manera de actuar, la madurez y experiencia de Stefan que ha llegado hasta allí empujado por una nueva perspectiva y esperanza de vida, aunque subyace su deseo de convertirse en útil fotografiando los cadáveres de los jóvenes soldados para que sus familiares conserven un recuerdo de ellos, contrasta así con la sinrazón del joven Arthur, culto, nihilista y solitario, desencantado igualmente de la vida, cuya realidad no le satisface y vive entre sueños que se rompen por la realidad de una guerra que no comprende y será el fin de sus anhelos. En ambos casos asistimos a una perspectiva diferente de contemplar el horror de la guerra y, sobre todo, la misión del primero ejerciendo una justa profesión de encargo humanitario, y otra desgarradora visión de las trincheras en el caso del segundo, el joven soldado que se mueve entre ratas, devastación y miseria entre un fuego constante de artillería, aunque el contraste aparece en el personaje de María, capaz de justificar ambas historias en un mismo punto final común.

      Julio Castedo contextualiza el momento histórico sin que le peso del tiempo pasado rompa la intención de redención y purificación que se le supone a sus protagonistas. La prosa ajustada, los momentos difíciles calculados, el lirismo contenido y una estructura de aparente sencillez, provocan en El fotógrafo de cadáveres una profunda reflexión sobre las insospechadas confluencias del sinsentido humano.

 


                              EL FOTÓGRAFO DE CADÁVERES

                                          Julio Castedo

                          Barcelona, Plataforma Editorial, 2012

 

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