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jueves, 11 de marzo de 2021

Socorro Venegas/ Juan Casamayor

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                                                                       Invisibles  

     

                   María Luisa Elio                           

       El estadounidense Harold Bloom fue quien con su polémico libro El canon occidental (1995) cuestionó el concepto “canon” como la voluntad de seleccionar en un corpus limitado a los mejores escritores y relegar a los incompetentes, y sostiene el crítico que responde a un criterio restrictivo, un repertorio limitado y abarcable; otros aseguran que el criterio para escoger estas obras se concreta en la excelencia estética, un aspecto subjetivo que dos lectores apreciarán de manera diferente, pero quienes se limiten a consumir los textos establecidos pierden la oportunidad de conocer otros de mayor aceptación, o de más nivel intelectual y emocional. Tal vez por este, y no otro motivo, Socorro Venegas, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México y Juan Casamayor desde su propia editorial, Páginas de Espuma, seleccionan, editan y anotan una antología de cuentos de escritoras latinoamericanas del siglo XX cuyos nombres fueron silenciados, o con toda evidencia ocultados, y hoy conforman ese otro canon de la literatura hispanoamericana.  

       El volumen, Vindictas (2020) reúne a veinte autoras y rescata un auténtico “mapa secreto” de la narrativa breve latinoamericana, el inventario de una amplia nómina de escritoras que no tuvieron las mismas oportunidades en el panorama narrativo de su momento frente a ese concepto editorial machista que se desarrolló a lo largo de los años 30, 50 y 60, todo un fenómeno que, además, se repetía en todo el continente americano y en la España franquista, aunque ambos editores dejan constancia que no se trata de las veinte mejores narradoras de cada país, o veinte voces exclusivas, sino de cuestionar a lo largo de décadas, ¿si hemos leído los mejores cuentos latinoamericanos?, y ¿si conocemos a sus autoras y su obra? El volumen apela a la curiosidad de los lectores para conocer la mirada de esa otra mitad del mundo que no está representada en la mayoría de las colecciones de cuentos, y conviene dejar bien claro que esta no es una antología en el sentido tradicional; así, Vindictas, se convierte en una acepción muy generosa, reivindica en sus distintas acepciones, “venganza”, “resguarda” y “protege”, y desde esta misma generosidad, las autoras ofrecen entrar en sus textos, husmear en los estantes de las bibliotecas, y piden a los libreros su mediación para volver a poner en manos de los lectores libros que siempre debían haber estado ahí.

       Entre otros muchos aciertos, las narradoras de esta antología convierten sus historias en un auténtico artificio lingüístico que implica esa prescripción social femenina prevista en un matrimonio donde deben soportarlo todo, aunque en muchos de estos cuentos descubrimos personajes femeninos con un mundo interior asombroso, mientras viven a expensas del esposo o el amo, y su consciencia les lleva al experimento del placer y del deseo puesto que en estas historias no hay un reconocimiento de la sexualidad de la mujer, se muestran como cuerpos silenciados, despojados de cualquier apetito sexual, y ante un proceso de cosificación femenina por parte del hombre, aunque como iremos descubriendo, en la mayoría de estos relatos, la magia y el arte literario de sus autoras va mucho más allá de una sensualidad frustrada, léase “Cuando las mujeres quieren a los hombres”, de Rosario Ferré, “Barlovento”, de Marvel Moreno, o “Guayacán de marzo”, de Bertalicia Peralta; la prostitución, el destino que deben cumplir la mujeres de una familia, o esa lucha individual que llevará a cabo una protagonista sin medios y en un absoluto secreto. Aunque escasean los personajes masculinos, cuando aparecen empujan a las mujeres a decidir; otros temas se dibujan en este panorama breve narrativo: la maternidad, el mundo infantil o adolescente, la muerte que aparece de modo central, o tangencial, subrayar el cuento “Nadie llama de la selva”, de Mirta Yánez con una carga simbólica de absoluto poder, la austeridad y economía del lenguaje que muestra el mundo de la vejez ensayado en “Jacinta Piedra”, de Mercedes Durand, o la brevedad elíptica de “Desaparecida”, de Ivonne Recinos, o “Locura”, de María Luisa Elio.       

       Venegas y Casamayor reivindican la posibilidad de ampliar el panorama narrativo breve con las voces de estas autoras y la necesidad de poner de manifiesto la invisibilización de las mujeres como un hecho histórico que forma parte ya del pasado.

 


Vindictas

Cuentistas Latinoamericanas

Edición de Socorro Venegas y Juan Casamayo

Madrid, Páginas de Espuma, 2020

 

 

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