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lunes, 7 de noviembre de 2016

Desayuno con diamantes, 86



LA HISTORIA INTERMINABLE DE MICHAEL ENDE

       Michael Ende estuvo siempre convencido de que un mundo no habitable por los niños tampoco podría serlo por los adultos. El reino de la fantasía pobló de imaginación su escritura y de su pluma salió la historia fantástica que jamás se haya contado, La historia interminable (1979), la historia del reino de Fantasía y sus mágicos pobladores. Michael Ende abandonaba este mundo el 29 de agosto de 1995 y su propósito fue siempre recurrir a lo mágico para explicar la realidad.

       Durante años se ha escrito y pensado despectivamente sobre la literatura infantil, calificándola como un subgénero sin futuro alguno y escrita, precisamente, para un público poco exigente. Las últimas décadas han demostrado que ya se está muy lejos de tales afirmaciones, sobre todo a raíz de éxitos tales como Momo (1973) o La historia interminable (1979), ambas del autor alemán Michael Ende, Harry Potter, de J. K. Rowling o nuestro Manolito Gafotas, de Elvira Lindo, que hoy se han convertido en clásicos de la literatura juvenil. Las obras del desaparecido escritor alemán muestran ese juego libre e ilimitado que posee la imaginación, ese que se sustenta en la búsqueda del placer, de la belleza y de la verdad y cuya esencia está en ese reino donde habita el misterio y la maravilla. Era consciente, además, de que lo mágico debe tener un ancla muy visible para unir lo imposible a la tierra. Supo en todo momento que su literatura era una forma de ofrecer educación a una población lectora que de otra forma nunca se acercaría a un libro.

Una vida maravillosa

       Michael Ende había nacido en la localidad bávara de Garmisch-Partenkirche en 1929 y fue el hijo único del pintor surrealista Edgar Ende, cuyo arte debió influir posteriormente en su carrera literaria. Siendo ya un joven, se vio inmerso en la segunda guerra mundial en la que participó como mensajero de la organización clandestina antinazi. Después de la guerra, un amigo lo introdujo a un comunidad cristiana fundada por el pensador Rudolf Steiner. Allí tuvo los primeros contactos con la filosofía, que luego profundizó cuando su padre, decepcionado de la pintura, se decidió a investigar el mundo interno de los humanos. El espejo en el espejo (1984), es la obra de Michael Ende con más influencia paterna, donde muestra al lector cómo conocer el mundo lejano de lo visible. Al mismo tiempo que recibe esta doble influencia, decide ingresar en una escuela de teatro, permaneciendo en ella entre 1947 y 1950, sin tener ningún éxito. Empieza a escribir guiones para cabaret y fue director del «Teatro del Pueblo» en Münich. Finalmente, decidió dedicarse a la literatura y, tras varios intentos, publicó en 1960 un libro que muy pronto le abriría las puertas del mundo infantil y juvenil, Jim Botón y Lucas el maquinista, la historia de un rey que habita un isla y tiene tres súbditos y medio, pero un día el maquinista y su ayudante tienen que abandonar la isla para iniciar un maravilloso viaje que les llevará hasta la China, un país muy literario y posteriormente al desierto, habitado por seres maravillosos como el gigante aparente. En 1973 publicó Momo, uno de sus grandes éxitos, en realidad una alegoría sobre cómo saber utilizar el tiempo y no ser dominado por él. A partir de este momento y a raíz de recibir el «Deutscher Jugendbuchpreis», el equivalente al Premio Nacional de Literatura Infantil,  su vida estará consagrada a la literatura.

Sus principales obras


       Tras el éxito de Momo las apariciones de Ende por medio mundo se convierten en un ir y venir que pronto agotará al escritor. Muere su madre a quien ha acompañado en los últimos años de su vida, escribe una ópera inspirada en los textos de Momo, visita Japón y da por terminada la que iba a ser su obra más famosa, La historia interminable que se publica en 1979. Es la historia del joven Bastián Baltasar Bux, un niño tímido al que le encanta leer y posee una portentosa imaginación, hasta que un buen día descubre un fantástico libro en el desván de su colegio y se pregunta acerca de dónde puede estar ese lugar denominado Fantasía. Para ello tendrá que zambullirse en la lectura de ese mágico libro y lo que allí se cuenta es la historia de Atreyu, el valiente guerrero y también del lector protagonista que, a lo largo de la historia, llega a ser Emperador junto a una galería de personajes que forman ya parte de la gran historia de la literatura juvenil. El cine pronto se aprovechó del éxito y le ofreció a Ende la posibilidad de adaptar su obra en una gran producción. La película se rodó en 1984 y el resultado no gustó nada al autor que muy pronto vio como su historia era falseada; no obstante en 1990 se rodó una segunda, puesto que la primera sólo había puesto imágenes a la primera parte del libro y aún una tercera de un director desconocido. Nuevas historias se sucedieron en la década de los ochenta, Tragasueños (1983), El Goggolori (1986), Jojo, historia de un saltimbanqui (1988), y posteriormente El secreto de Lena (1991), La sopera y el cazo (1993), El largo camino hacia Santa Cruz (1994).
               En marzo de 1992 se le detectó una inflamación en el esófago en un chequeo que le hicieron. Viajó a Japón de octubre a noviembre para celebrar la venta de un millón de ejemplares de Momo, la que sería su última visita al país. En junio del siguiente año le fue detectada una úlcera en el estómago, nuevamente en junio de 1994 se le descubrieron células cancerosas y fue operado en el Hospital de la Universidad de Münich donde pasaría más de quince días internado; en agosto empezó el tratamiento anticanceroso. Finalizó el tratamiento en enero de 1995, en abril, un médico le dijo que ya no se podía curar su cáncer, en mayo se internó en un hospital cerca de Stuttgart, a finales de julio era incapaz de comer y el 28 de agosto a las 19´10 en el horario europeo de verano falleció a los 65 años el mago de la imaginación.
       En 1994 aparecía en las librerías el libro más atípico de Ende, sus Carpetas de apuntes (edición española de 1996) que contiene, en palabras de Roman Hocke, el resumen de un archivo con montones de fichas, hojas manuscritas, además de otro material de escritura menos usual, facturas, entradas de teatro, sobre las que escribía comienzos de novelas, ideas de todo tipo, escenas sueltas, borradores de nuevos relatos. En general esta compilación pretende ofrecer esa otra característica del singular escritor que fue Ende, la coexistencia de imágenes y pensamientos de su mundo imaginativo, ese que ofrece también la perspectiva de un mundo especulativo en el que se vio inmerso este renovador de la literatura fantástica y juvenil alemana.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Caricaturas



100 años, Henry James
28 de febrero de 1916, Chelsea, Londres, Reino Unido, - 2016


sábado, 5 de noviembre de 2016

Hipólito G. Navarro



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INSUMISIÓN

       Lo más importante es la manera de contar las historias—afirma Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961)—porque, entre otras cosas, todas las historias están ya contadas. La mejor consideración que podemos tener con respecto a este narrador es que su escritura parece doblar los pliegues de la imaginación y se ofrece como si no estuviera sujeta a ninguna convención, aunque en sus cuentos la sombra de Cortázar y Monterroso, entre los hispanoamericanos o de Kafka y Chejov, entre los europeos, planea por los 32 relatos que componen, Los tigres albinos (2000), su más reciente entrega.
      La fantasía y el absurdo recrean el mundo particular de este narrador onubense que es capaz de escribir sobre las cosas cotidianas viéndolas desde su esquina más absurda. Parte de este mundo estaba ya en su anterior entrega, El aburrimiento, Lester (1996), esa colección que le abrió las puertas a un nuevo concepto de relato donde la composición, de una forma libre, le permitía improvisar todo tipo a acciones para llegar a la conclusión de que nuestra vida se compone de pequeñas muestras cotidianas sin aparente explicación alguna. Sus historias combinan, perfectamente, una asociación verbal y unas ideas que parten de formas diferentes, por hablar de un modelo textual que es capaz de excitar a un lector inteligente que siempre verá en estos cuentos itinerarios tan imprevisibles como anárquicos y, por supuesto, que no están exentos de un sutilísimo humor.
        El libro se compone de dos partes bien diferenciadas, una primera que bajo el título de «Inconvenientes de la talla L», recoge 16 cuentos más extensos, aquellos que pertenecen a ese mundo del absurdo y de esa nueva convención y una segunda, la que da el título al conjunto, «Los tigres albinos» que recoge, bajo el subtítulo de «Un libro menguante», el resto de cuentos calificados de micro-relatos y sobre los que quiero llamar la atención. Es este concepto, ya ensayado por autores como Darío, Borges, Cortázar, Monterroso, incluso J. R. Jiménez y Aldecoa, Sánchez Ferlosio, Matute o Fraile, por citar los más cercanos, y consiste en ofrecer una reducción tipográfica extrema, por su extensión se trata de narraciones de una o media página, a veces de tan solo algunas líneas y no admite mayor complejidad argumental o diálogos. Su estructura pretende ser simbólica, el inicio y el final adquieren una dimensión relevante porque se sugiere más que se cuenta, la economía artística radica en su mensaje, cada palabra en ellos pertenece al mundo de la totalidad, donde la connotación en su expresión más explícita. Hipólito G. Navarro ensaya esta sección con un planteamiento decreciente, de las cuatro breves páginas del primer relato, Plano abatido, una metáfora arquitectónica sobre el suicidio amoroso, hasta las siete palabras y treinta y seis caracteres del último titulado «El dinosaurio», en el que leemos, «El dinosaurio estaba ya hasta las narices».  La concisión, la manipulación de situaciones, la reflexión sobre las flaquezas humanas, el hábil manejo del absurdo que ejerce Navarro certifican esa búsqueda de la originalidad con que había calificado la crítica su anterior obra. Los tigres albinos muestra, en definitiva, la puesta en práctica de su rebelión particular.








LOS TIGRES ALBINOS
Hipólito G. Navarro
Pre-Textos, Valencia, 2000

viernes, 4 de noviembre de 2016

Antonio Pereira



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UNA MIRADA ALREDEDOR

       Antonio Pereira justifica el presente volumen, Cuentos del medio siglo (1999), treinta años más tarde escribiendo un pequeño prólogo a la edición que Espasa Bolsillo ha puesto, recientemente, en las librerías, y  advierte, entre otras cosas, sobre la inocencia del narrador de entonces y en la pérdida que éste ha sufrido con las malas compañías y con el paso del tiempo, además del conocimiento adquirido sobre diversas teorías literarias. Pero mucho me temo que este singular cuentista no haya perdido del todo esa inocencia al poner de limpio los dieciséis cuentos que contenían Una ventana a la carretera (1967) y añadir, además, otros cuatro escritos por la misma época, es decir, los años 50 y 60. Este preámbulo para asegurar que su validez sigue vigente, precisamente  a través en esa visión que nos ofrece de un mundo bien repartido entre la epopeya y la anécdota. La literatura de Pereira surge del cotidiano vivir de unos personajes que cuentan unas experiencias concretas y se convierten en una estampa costumbrista muy al uso de la narrativa española de los últimos cincuenta años, una técnica que, con cierto denuedo, sigue teniendo la misma actualidad y la misma fuerza de siempre.               
       Los cuentos de Pereira se pueblan de miradas alrededor que transmiten las situaciones y las descripciones de más hondura de la narrativa breve castellana, porque el humor y la ironía que contienen muchos de estos relatos, deja paso a planteamientos mayores y en ningún momento el lector deberá averiguar el por qué o la razón de la existencia de estos personajes que se ven seducidos por los imperativos de la vida, y las suyas son las aspiraciones y las sorpresas de gentes sencillas, experiencias y obsesiones que desembocan en, Cuentos del medio siglo (1999), en tenues insinuaciones eróticas como los casos de Desiderio y Rosinda, en el cuento titulado, «Una ventana a la carretera» o el célibe «Rabanillos» o ese delegado de ventas que en «Santa Bárbara, cuando truena» se siente tentado por la joven maestra que lleva en su coche. Todos casos de un erotismo sugerido que formará parte del mundo de otros cuentos en posteriores colecciones del leonés.
       La prosa, precisa, de Antonio Pereira se transmuta, como otra de sus características a señalar, en una propuesta  de sencillez sublime, en tanto que, se consigue percibir la realidad de unas vidas a través de una tendencia realista como la que practicaron los principales autores de la postguerra española, aunque lejos de esas actitudes patéticas de un humorismo convencional,  porque en el caso de Pereira hay que hablar más de un cariñoso trato de vecindad con sus personajes para tratar algunos otros temas predilectos del escritor, el mundo del comercio, casos de algunos de los cuentos que conforman el total de este volumen, «La tienda de Paco Santín», o «Tío Candela». Todo ello para constatar que el cuento, en realidad, es el resultado de inventar una buena historia y saber contarla con más o menos gracia, con mayor intensidad o con una sutil brevedad. El cuento—según este autor—se convierte en un efecto que surge de un buen golpe de mano, pero es un intento que fracasa si lo narrado lleva un exceso de impedimenta. Y en realidad, antes y ahora es un permanente desafío que transforma en inconformista y crítico al escritor.









CUENTOS DEL MEDIO SIGLO
Autor: Antonio Pereira
Edita: Espasa-Calpe, 1999

jueves, 3 de noviembre de 2016

Alexander Pushkin



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Una obra cumbre de la fantasía, según Dostoievski

     Ediciones Nevsky edita una nueva traducción ilustrada de La reina de picas, de A. Pushkin.


     El escritor Alexander Pushkin se convirtió en el autor clásico de la literatura rusa del romanticismo con una obra breve pero de una fuerza e intensidad asombrosas: La reina de picas, escrita durante 1833, y publicada en la revista literaria Biblioteka dlya chteniya, en 1834. A pesar de ser un relato bastante breve, La reina de picas, es la obra que mejor desarrolla el tema de la avaricia. Tan monumental es su ejecución, tan precisa y metódica su composición, que incluso en 1890 Tchaikovsky la adaptaría como una no menos curiosa la ópera.

Una nueva traducción

     La novela comienza cuando Hermann, un oficial del ejército ruso, contempla una partida de cartas sin animarse a participar. Al enterarse de que una anciana condesa conoce el secreto para ganar tres partidas de cartas seguidas y obtener una gran cantidad de dinero, cambia de idea y busca a la mujer con el objetivo de que le revele el secreto antes de morir. Sin embargo, los acontecimientos no ocurren tal y como Hermann pensaba y las cosas se complican cuando otros personajes entran en juego.

     La Reina de Picas resulta por su planteamiento y brevedad una novela muy entretenida, porque en tan solo ochenta páginas nos cuenta una original historia bien construida y ambientada en la Rusia del siglo XIX. Temas como el amor, la avaricia, la amistad, la crueldad, el poder, la justicia y la moralidad aparecen en partes iguales como tema principal de esta novela. Un relato corto bien estructurado y caracterizado, con partes muy diferenciadas, en la que se muestra la maestría de Alexander Pushkin como contador de historias y como escritor que plasma la realidad social de la Rusia de aquella época. De forma sencilla y sin demasiadas florituras, nos conduce fácilmente a aquellos paisajes y nos traslada a una compleja historia con moraleja y sorpresa final.
Pushkin, se convertiría con esta novela, en el modernizador de la lengua rusa, y como señalábamos en el máximo exponente del romanticismo en este idioma. Y, como buen romántico, no podía dejar de tener en su haber una historia fantástica. Una, para los cánones de la época bastante buena donde fantasmas, o la obsesión y la locura avisan sobre los peligros de la avaricia, aunque una vez leída logra convertirse en una pequeña obra maestra entretenida y de bella factura literaria.



     La edición de Nevsky, con una ejemplar traducción de Marta Sánchez-Nieves, profesora de lengua rusa, y especialista en algunos de los clásicos y referentes de la mejor literatura universal, Turguénev, Dostoievski, Gógol, Tolstói, Starobinets, o Bábel entre otros, es dueña de los recursos necesarios para establecer una ajustada prosa de tan significativa lengua eslava.
El volumen incluye, además, una hermosa colección de ilustraciones de Sandra Rilova (Burgos, 1988), una curiosa artista que ha dedicado su vocación a libros infantiles y juveniles.

Biografía
     Alexander Pushkin, figura eminente de toda la literatura rusa y creador de su mejor lenguaje literario, fue uno de los duelistas más empedernidos de su época: el duelo con d'Anthès, que le costó la vida, fue el 21 desafío en el que se vio envuelto. El poeta arrojó el guante quince veces y en seis ocasiones recibió “la invitación”. Once de estos duelos no tuvieron lugar porque los amigos de Pushkin lograron pacificar a las partes involucradas.
Nació el 6 de junio de 1799 en Moscú. Su padre pertenecía a la nobleza rusa y su madre era bisnieta de Abram Gannibal. Sus familiares testimonian que ya de niño solía mostrar un carácter bastante difícil: era muy inteligente y aficionado a la lectura pero no estudiaba mucho, se sentaba solo en algún rincón abandonado o iniciaba juegos “salvajes” con otros niños.
Pasó su adolescencia en el liceo imperial de Tsárskoye Seló, una localidad cercana a San Petersburgo, antigua residencia de la familia imperial rusa. En la primavera de 1820, tuvo que dar explicaciones a las autoridades de San Petersburgo por el contenido de unos versos políticos, un hecho que no correspondía al cargo de funcionario estatal que ocupaba. Fue enviado a seguir con sus tareas para la administración pública al sur del país, en una especie de destierro “suave”. En su viaje al sur, Pushkin se enfermó y para curar su pulmonía, sus amigos lo llevaron al Cáucaso y a la península de Crimea, donde pasó una parte del verano y el otoño. Allí siguió trabajando en su poema El cautivo del Cáucaso que lo convirtió en el poeta más famoso del país y le granjeó el título de “Lord Byron ruso”. Allí nació la semilla de otro poema, La fuente de Bajchi Sarái, y de su obra más famosa, la novela en verso Eugenio Oneguin.
     En 1823 cambió de nuevo de lugar de residencia y pasó a trabajar en Odesa, renunció a seguir con los servicios para el Estado, y comprendió que su verdadera vocación era la literatura. Durante este período creó unas cien obras, entre ellas el drama popular Borís Godunov, el poema burlón El conde Nulin, el poema Los gitanos, y uno de sus versos más famosos, “El Profeta”. Además, siguió trabajando en la novela Eugenio Oneguin.
En 1830, el poeta de treinta y un años de edad, consigue la mano de la famosa y bella moscovita Natalia Goncharova, de tan solo dieciocho. Antes de la boda, en otoño de 1830, Pushkin fue a Bóldino, la hacienda de su padre, para tomar posesión de una de las aldeas que le había regalado con motivo de su futuro matrimonio. Permaneció tres meses debido a la cuarentena promovida en todo el país a causa de una epidemia de cólera. El “otoño de Bóldino” resultó ser el mayor evento de toda la literatura rusa. Formó definitivamente la lengua literaria propia rusa y las tradiciones de versificación, cuyas características principales son: elementos del habla popular viva, precisión y brevedad de presentación de la idea. Compuso una “imitación” en verso de cuentos de hadas populares, El cuento sobre el pope y su bracero Baldá, y la serie de obras en prosa Los relatos de Belkin, que provocaron una revolución en la literatura rusa: presentaban imágenes de gente ordinaria e insignificante, con historias dramáticas y cotidianas, algo que era incomprensible en una época de protagonistas románticos y heroicos que suscitaría muchas críticas.
Desde los inicios de la década de 1830, Pushkin empezó a dedicarse más a la prosa que a la poesía. En 1831 recibió el encargo del zar de escribir la historia del emperador Pedro I, y obtuvo un permiso especial para trabajar en los archivos. En otoño de 1833 Pushkin vuelve a Bóldino, y a pesar de que el segundo “otoño de Bóldino” fue más breve que el primero, la cosecha literaria es de la misma importancia. Crea el poema El jinete de bronce, cuyo protagonista es otra vez una “persona superflua”, la noción y el término que formarán esa parte imprescindible de toda la época posterior de la literatura rusa y escribe nuevos cuentos populares en verso: El pescador y el pececillo y La princesa muerta y los siete guerreros. Empezó a trabajar en las novelas, La reina de naipes y La historia de Pugachov, y en una de sus más conocidas, La hija del capitán, una historia de amor pero que tiene como trasfondo la rebelión campesina.
     En noviembre de 1836 surgió la tensión entre Alexandr Pushkin y Georges-Charles de Heeckeren d'Anthès, un aristócrata francés. El 27 de enero de 1837 tuvo lugar el duelo que acabó con la vida del poeta.




miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nuevas travesías



OTOÑO

          Cada nuevo otoño me devuelve a la memoria ese libro soñado, ese libro total de Gabriel García Márquez, El otoño del patriarca (1975), una de sus novelas de mayor riesgo formal, y cuyo ritmo, y el propio sonido de las palabras decidieron al colombiano a romper una moderada tradición y estructura para sustentar un arrollador relato caracterizado en gran parte por la grandiosidad del lenguaje. García Márquez utiliza un narrador omnisciente, que no es uno solo; en realidad, somos quienes asistimos al derrumbe del dictador y la imagen de una patria que semeja un círculo dantesco, comparable al infierno de la Divina Comedia, aunque en parodia tropical, y comienza precisamente un lunes en la madrugada cuando “la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y podrida grandeza… No tuvimos que forzar la entrada, pues la puerta central pareció abrirse al solo impulso de la voz”.
       Trescientas páginas cuya lectura se convierte en un avasallante documento, poblado de allanamientos a la imaginación, convocados a ese lugar común: la ficción; un texto con pulso y tensión. En mitad de un ritmo pausado, constatamos lo que ya sabemos, lo que aun está por venir porque el lector se sumerge en un mundo caótico, de contornos que recuerdan al clásico Gargantúa y Pantagruel, y un acertado intento por recordar al poeta fallido o tímido que pretendiera el colombiano, el García Márquez adolescente ensayó poemas, fue lector del Siglo de Oro español e imaginó convertirse en el nuevo Rubén Darío, pero se decidió por la prosa, y escribió primero cuentos, reportajes en prensa, y después grandes novelas. Y 40 años después, El otoño del patriarca aun aporta la visión permanente de la literatura sobre los dictadores en la América Latina.


martes, 1 de noviembre de 2016

Medardo Fraile



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LOS  MEJORES CUENTOS DE FRAILE

 Foto. Belén Díaz

       Medardo Fraile (Madrid, 1925) cuenta ya con una excelente edición de sus mejores cuentos o al menos con una selección tan variada y rica como abundante que permite al lector tener una amplia visión de su obra cuentística hasta el momento. En Cuentos de verdad, que se edita en la prestigiosa colección «Letras Hispánicas», se recoge una variada muestra de los libros publicados por el autor desde 1954 hasta 1999, el último volumen publicado por el autor tan solo hace unos meses. La edición de María del Pilar Palomo es ejemplar, aunque ella misma señala que la selección ha sido realizada por el autor expresamente, lo que añade aún más interés al libro mismo. En la amplia introducción, la profesora Palomo hace un repaso exhaustivo de los primeros pasos literarios del autor, reconocido miembro de la «generación de los niños de la guerra» junto a Aldecoa, Fernández Santos, Martín Gaite, Sastre, Sánchez Ferlosio y otros. Hay un excelente recorrido por la etapa infantil del escritor, plasmada en muchos de sus cuentos posteriormente. A propósito del autobiografismo contenido en sus relatos, el autor, ha advertido siempre escribir narrativamente y no literariamente, porque las evocaciones biográficas son una auténtica creación literaria.
       La introducción recorre, igualmente, el mundo madrileño de Fraile en los años 40 y su amistad con Alfonso Sastre, Alfonso Paso y Carlos José Costas, amigos de Arte Nuevo, interesante proyecto de teatro experimental colectivo. Más tarde en la Facultad de Filosofía y Letras, su grupo de amistades de ampliará, y a los miembros ya citados de los «niños de la guerra» se unirán José María Valverde, Juan Guerrero Zamora, Alfonso Albalá, Manuel Seco, Lauro Olmo y Antonio Prieto, entre otros. La literatura y la amistad irrumpe en la vida del joven Fraile. Entretanto van surgiendo títulos como Cuentos con algún amor (1954) y A la luz cambian las cosas (1959). La obra literaria de Medardo Fraile se expande cosmopolitamente en 1964 cuando se incorpora a la Universidad de Southampton. De esta larga estancia surgirán sucesivas impresiones de un español en Inglaterra, de alguien que tiene siempre España en su interior: La penúltima Inglaterra (1973), ampliada posteriormente en La familia irreal inglesa (1993), además de otras recopilaciones de artículos que seguirán con el paso de los años, Entre paréntesis (1988) y Documento Nacional (1997).
       La gran innovación de Fraile, en palabras de la profesora Palomo, fue la creación de un tipo de cuento ajeno a ese denominado realismo social que imperó en los cincuenta y parte de los sesenta. Su preocupación literaria por la individualidad humana le han apartado, desde siempre, de los problemas colectivos de una literatura coetánea. La prueba de esa atemporalidad puede verse en el resto de sus colecciones, Cuentos completos (1991) que recoge su producción hasta el momento y añade algunos inéditos y, posteriormente, Contrasombras (1998) y Ladrones del Paraíso (1999). Lo mejor de los relatos del escritor madrileño es que «no ayudan a soñar» porque no acaban cuando acaba el cuento, sino cuando acaba el hombre mismo. Pero siguen, siguen... acompañándole hasta que se convierten en una sola palabra, una voz única y se muestran como lo que son, auténticos «cuentos de verdad».







CUENTOS DE VERDAD
Medardo Fraile
Madrid, Cátedra, 2000