Vistas de página en total

sábado, 7 de noviembre de 2015

Quim Monzó



… me gusta
EL MEJOR DE LOS MUNDOS

     Quizá para definir el estilo de El mejor de los mundos (2002), la última entrega narrativa de Quim Monzó (Barcelona, 1952), podamos servirnos de un término tan elemental y preciso como es el realismo, en su acepción más genérica y universal, es decir, aquel que contribuye a pensar en toda una tradición literaria anterior y hunde sus raíces en los autores de finales del XIX y principios del XX, y más concretamente en el detalle insignificante de Chejov y lo omnímodo importante de Kafka. Pero Monzó, al margen de referencias literarias, ha conseguido un mundo propio o tal vez un mundo diferente, con detalles tan irreales de nuestra realidad que sólo así justifican su literatura en la actualidad. Lo que el lector encontrará en las sucesivas historias contadas es toda una galería de enormidades, una tragicomedia o visión horrorosa de nuestras actitudes ante lo tangible y lo intangible, así como el lumpen humano vivido a diario en nuestra cotidianidad, con esas grandes dosis de sarcasmo que derrocha el escritor catalán y que se traducen en su literatura en una visión mediocre y un hastío del cotidiano vivir con excentricidades y enormidades incluidas; lean sino la historia familiar con cáncer incluido de toda una saga, la convivencia humana y mortal del protagonista de uno de los relatos con un cadáver en su propia casa o las peripecias de un violento conductor que provoca un accidente y desencadenas otros muchos horrores.

   El libro está dividido en tres partes: la primera formada por siete relatos de variada extensión. Sobresalen el estremecedor «Mi hermano», que abre la colección y contribuye a agrandar ese aire realista del que hablábamos, y sobre todo «Mamá» un espléndido ejercicio sobre la capacidad del lenguaje y las relaciones humanas. La segunda parte está formada por una novelita de casi cien páginas que tendría entidad para editarse por separado y que cuenta la vida angustiada de un poeta catalán que, año tras año, confía en obtener el Nobel y cambia periódicamente, del mismo modo, de vida y de vivienda, actitud que incluye nuevos proyectos, nuevos vecinos, reiteradas variaciones al discurso porque el título del cuento es «Ante el rey de Suecia», en realidad, un pequeño ensayo sobre lo obsesivo cotidiano de nuestra sociedad que, en ocasiones, degenera en locura. En la tercera parte, seis cuentos más que resultan breves y la intensidad decae algo con respecto a las dos partes anteriores, aunque la tensión dramática, la crueldad, la insolidaridad humana y la violencia resultan tan eficaces en estos relatos que no resta un ápice a la capacidad inventiva de Monzó. A resaltar «El niño que se tenía que morir», el más lírico, el más cruel, el más íntimo para mostrar la psicología infantil o el mundo de la infancia con sus dificultades.
  El mejor de los mundos es una excelente muestra sobre la superficialidad humana o una crónica sobre el diario convivir, extrañamente posible y enmarcado en un realismo tan absurdo como creíble, tan poco estimulante como amargo, pero con una fuerza creativa que pocos autores consiguen. En este caso Quim Monzó se supera y logra no sólo estimular al lector sino sacudirlo en la base de sus cimientos más elementales que sólo podrían justificarse por la jocosidad de muchas de las situaciones. 
                                       
EL MEJOR DE LOS MUNDOS
Quim Monzó
Barcelona, Anagrama, 2002

viernes, 6 de noviembre de 2015

Enrique Vila-Matas



… me gusta 
EL MAL DE MONTANO



     El escritor Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha conseguido treinta años más tarde sobrevivir a esa larga enfermedad que le ha venido acosando desde la década de los setenta.  Esta enfermedad no es otra que ese «mal de Montano» que ahora transcribe a modo de diario, en una voluminosa forma de libro, y que, al escritor catalán, le ha supuesto un ejemplar método de supervivencia para ésta y posteriores reflexiones en torno a posibles padecimientos en el futuro.
   La escritura metaliteraria iniciada por Vila-Matas en 1985, concretamente, con Historia abreviada de la literatura portátil, es decir, la conspiración shandy que el escritor rastreó desde la desembocadura del río Níger hasta Sevilla y desveló para los lectores españoles, se vio completada, quince años más tarde, con esa saga de negadores de nuestro mundo que son los bartlebys, que se concretaron en ese ejemplar Bartleby y compañía (2000), hasta su innegable deseo de supervivencia a esa aparente metáfora con que se conlleva la enfermedad de la literatura con un nuevo libro El mal de Montano (2002), consiguiendo, ahora sí, que la capacidad narrativa del escritor y su propia facultad de llevar un proceso creativo se conjuguen en la teoría de un ensayo que bien puede mostrarse como auténtica ficción, como una realidad, como un  juego o como un engaño. 
     El libro viene a romper, como nos tiene acostumbrados Vila-Matas, esas barreras tan precisas de la ficción para diluir los elementos empleados por el escritor en citas de lecturas, comentarios personales, páginas de diario, juego de una realidad y de una ficción, además de ir un más allá cada vez e incorporar elementos que conjugan ese todo en que se conforma esta especie de automedicación. Dos aspectos sobresalen en El mal de Montano: la invención de un escritor enfermo que sólo desde la literatura es capaz de sobrevivir, una novelita que, por tanto, hay que juzgar como auténtica literatura, y su reflexión teórica acerca del género elaborando un diccionario para venerar el arte de aquellos escritores que son referencia inequívoca en el escritor, vivos o muertos; algunos se manifiestan como esos espectros que al dictado le muestran al escritor el camino a seguir. Por otra parte, este libro traza todo un itinerario por ciudades como Nantes, Valparaíso y el hotel Brighton, el paisaje idílico de las Azores, Buenos Aires, Budapest, Varsovia, Praga, Lisboa, ciudades y países que, de alguna manera han acogido al escritor en estos últimos años de una fervorosa manera y cuya huella ha quedado suficientemente manifiesta en anteriores libros suyos; en realidad, Vila-Matas traza todo un viaje interior que llena una vida literaria repleta de vértigo. Así habrá que entender la narrativa del escritor en estas últimas entregas, amen de esa enfermedad que le lleva al repaso de no pocas similitudes con escritores como Kafka, Musil, Pessoa, Pavese o Walser, la historia de una literatura universal vista como esa sucesión de escritores instalados imprevistamente en la mente y recuperados por los recuerdos, una y otra vez.
     Tres partes más componen la novela que reincide en esa vocación por narrar cuando retrata al aventurero Tongoy; se permite una reflexión prousiana y consigue la salvación del espíritu realizando un viaje a una cumbre de los Alpes, en un refugio, al pie del Matz, leyendo, precisamente, un diario de Montaigne, una geografía literaria que combina alma y viaje. La literatura es intocable, con la literatura nunca han podido, con la literatura nunca podrán.











EL MAL DE MONTANO
Enrique Vila-Matas
Premio Herralde de Novela
Barcelona, Anagrama, 2002



jueves, 5 de noviembre de 2015

Eduardo Mendicutti



… me gusta
EL ÁNGEL DESCUIDADO



     Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1948) es un maestro del arte de la ironía y además uno de los escritores contemporáneos que, con mayor atrevimiento y despliegue estructural, sigue teorizando sobre la homosexualidad y sus variantes. En su última novela, El ángel descuidado (2002), avanza algo más en sus posturas y sitúa la acción en el marco del noviciado de los Hermanos de la Sagrada Familia y centra su atención en las circunstancias y situaciones en las que se produce ese «primer amor», evidentemente, homosexual.
      Mendicutti se adentra en el hermético clima de una orden religiosa, en el mundo de una casa profesal, convive con novicios y con maestros, repasa día a día los aprendizajes y las  vicisitudes que estos jóvenes deben ir tanto descubriendo como adquiriendo, aunque, en ocasiones y para relajar la tensión, el narrador con su relato traspase los muros para contar alguna anécdota o algún acontecimiento que revolucione la tranquilidad mística de la congregación. La acción está situada en los sesenta, concretamente en el año 1965, y la historia está salpicada de esos otros ecos de aquella España genuina: con el triunfo de El Cordobés, el desarrollo económico y turístico o la visita de los Beatles; paralelamente, y lejos del mundanal ruido, se va desgranando la vocación de dos adolescentes, se vislumbra su afán por convertirse en siervos del Señor y mártires de las misiones, se insiste en sus votos de castidad y, también, en el descubrimiento del amor, masculino, una pasión y un temor que los marcará para el resto de sus vidas.
     Treinta y cinco años después, Rafael Lacave, en la actualidad un conocido personaje del espectáculo y de la televisión, decide, por una eventualidad, ponerse en contacto con su condiscípulo Nicolás Camacho, ahora un casado y próspero empresario. Quedan citados telefónicamente pero muy pronto comprobará Rafael que Nicolás posterga, una y otra vez, su encuentro, quizá porque éste ya ha olvidado la naturaleza de sus relaciones y las circunstancias que lo llevaron a intimar con el narrador. El relato se compone, pues, de las vivencias y de las relaciones íntimas que ambos adolescentes vivieron en ese opresivo marco y supone, años más tarde, la constatación de la renuncia a una verdad expresa, al menos, por uno de los protagonistas porque, entre otras cosas, Camacho renuncia expresamente a una historia de amor por miedo a lo que presuponen las convenciones sociales. Pero lejos del dramatismo de la historia contada, Mendicutti, que es un hábil fabulador, envuelve toda la tragedia con un finísimo humor y un lenguaje vivo y sensible para conseguir que los hechos morales resulten evidenciados por una serie de insinuaciones que van más allá de la resignación que se presupone en actitudes como las vividas por ambos jóvenes y resulte convincente la afirmación de que las cosas no son siempre como aparentan ser.









EL ÁNGEL DESCUIDADO
Eduardo Mendicutti
Barcelona, Tusquets, 2002


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Luis G. Martín



… me gusta
EL ALMA DEL ERIZO



     El escritor Luis G. Martín (Madrid, 1962), autor de una breve pero sólida obra narrativa, busca a través sus textos el lado oscuro del ser humano o al menos esa otra posible cara que poseemos los seres inteligentes de la creación. Así lo ponía de manifiesto el narrador madrileño en su primera obra de ficción, Los oscuros (1990), trece historias breves en las que practicaba un análisis del comportamiento humano desde la perspectiva del amor, sin exceptuar  las virtudes y los defectos. En realidad, el autor escribía sobre amores imposibles, eludiendo sistemáticamente deliquios y estremecimientos íntimos. En estos cuentos se medían los sentimientos por sus consecuencias, por los acontecimientos que los desencadenaban, por los quiebros que en cada persona imprime el destino. Las pasiones, evidentemente, se sobreentienden. En el mismo sentido se inscriben sus dos novelas posteriores, creadas con la lentitud que produce la buena escritura, La dulce ira (1995) y La muerte de Tadzio (2000), ambos relatos, por otra parte, tan imaginativos como crueles.
    En El alma del erizo (2002), incluye ocho historias breves y una novela corta. El autor insiste, una vez más, en el horror del ser humano hacia no pocas cosas de esta vida y sobre todo descubre que cuando una persona se ve obligada a traspasar la frontera de esa realidad en que vive, su vida cambia por completo, y se sumerge en el lado oscuro de nuestro mundo. Relatos como «Bertrand Romaild», «El perdón de las ofensas» o «Los amores del Rey Baltasar», seguramente, incomodarán a un lector que busque, esencialmente, entretenimiento en estas historias, es más, la crueldad y el odio a que se ven sometidos estos personajes, hacen que la realidad se trueque en una hermosa visión romántica donde todo es posible incluido el horror y la mezquindad que puebla nuestras ciudades. Por otra parte, los seres creador por Luis G. Martín subrayan ese límite a que nos vemos sometidos los seres humanos alguna vez en nuestra vida. Tras la búsqueda de ese canon de belleza se encuentra el otro lado de las cosas, puesto que su tesis parece sostenerse en esa precisa premisa que otorga a aquellos hombres virtuosos los deseos más abyectos. Son esta especie la que proyecta su ego hacia las pasiones más incontrolables o al menos las políticamente más incorrectas. Odio, rencor, pasión, venganza son algunas de las obsesiones del narrador, aunque también el amor tiene cabida entre sus páginas, como ocurre en la novela corta «Toda una vida», una apasionada historia colonial que se inicia en la Cuba española con amor frustrado incluido y termina por desarrollarse, muchos años después, en el Madrid de los años sesenta y en la persona de la joven Adela que termina, como su antepasada, su propia experiencia de la misma forma sorprendente como ocurre en el resto de los relatos, esto es, con esa evidente marca de perdición. Como en su anterior colección, ese tono premeditado, esa especulación sobre el comportamiento, esa truculencia que se convierte, a veces, en irrealidad, subraya la potencia de una estilo.












EL ALMA DEL ERIZO
Luis G. Martín
Alfaguara, Madrid, 2002

martes, 3 de noviembre de 2015

Juan José Millás



… me gusta
DOS MUJERES EN PRAGA



     La literatura ensayada por Juan José Millás recrea una atmósfera narrativa que oscila entre lo irreal, lo fantástico o lo visionario. Sus historias exponen tramas insignificantes que se yuxtaponen para ofrecer un relato mucho más complejo a lo largo del desarrollo del mismo. En Dos mujeres en Praga (2002), la historia contada supone el breve encuentro entre dos mujeres que muy pronto intiman y de la relación posterior que inicia el joven escritor Álvaro Abril con una de ellas. Surge, además, un narrador, periodista de reportajes, que queda incluido en la historia para transcribir, al hilo de la novela, otro relato motivo del presente y que, en realidad, tratará el tema del bastardo sobre el que se concreta toda la trama final.
    Millás es un hábil constructor de falsas identidades y sobre esta premisa edifica este juego de espejos en el que sus personajes, en ocasiones, se pierden por encontrar su propia realidad. La historia se concreta en la relación que establecen dos mujeres que hacen coincidir sus vidas: Luz y María José. La primera es una enigmática señora madura de vida irresoluta que acude a una Escuela de Letras para que escriban su biografía; la segunda, una joven empeñada en escribir sobre el lumbago desde la perspectiva más absurda: viviendo y utilizando el sentido de una de las partes del cuerpo, anulando por completo el otro, el izquierdo o el derecho y/o alternativamente. Para eso cubre uno de sus ojos con un parche que le dificulta la visión de la realidad en la que vive. Al hilo de estos acontecimientos, el joven profesor se muestra interesado en escribir la biografía de la no menos enigmática Luz Acaso, dueña de una fantástica vida a medio camino entre la realidad, el ensueño, la fantasía, la falsa identidad o el concepto expresado del doble. Cuestiones que, por otra parte, añaden una desconcertante personalidad al personaje y nos sumergen a los lectores en esa idea caótica que podamos tener acerca de nuestra propia realidad.  El resto de la novela está salpicada de anécdotas como el hecho de que una de las calles de Madrid, donde se localiza el relato, se parezca a una de Praga y las dos mujeres que viven en ella  fantaseen constantemente acerca de esta mágica ciudad.
      El humor, la ocurrencia, como es habitual en el escritor valenciano, la paradoja y otros recursos textuales y estructurales de su fabulación reproducen un mundo donde lo que más sorprende es la visión caótica de nuestra existencia. Un halo de frivolidad recorre estas páginas quizá para hacernos ver que, pese a todo, las cosas han de tomarse con un claro signo de jocosidad porque de otra forma no sería posible aguantar nuestra existencia.










DOS MUJERES EN PRAGA
Juan José Millás
Premio Primavera, 2002
Espasa, Madrid, 2002

lunes, 2 de noviembre de 2015

Desayuno con diamantes, 59



POESÍA COMPLETA
Luis García Montero
Barcelona, Tusquets, 2015; 923 págs.



     A nadie le cabe la menor duda del compromiso contraído por Luis García Montero (Granada, 1958) durante sus años de juventud en las aulas universitarias de su ciudad natal, una actitud que se prolonga hasta hoy tras una dilatada trayectoria como el poeta representante de la intensidad sentimental, o de la ironía, que aun se sustenta por una proyección biográfica gestada en la política y la cultura convulsa de los ochenta.
     Esta Poesía Completa (1980-2015) reúne todos los libros escritos bajo ese largo y dilatado período de treinta y cinco años, un todo que se concreta en un “ejercicio de memoria y de conciencia”, según el propio García Montero. Y a esta edición, prologada por José-Carlos Mainer, se añade, Además, que reunía en 1994 esas composiciones que el autor calificaba fronterizas en su producción; es decir, versos que convierten su mundo en una explicación, en una visión de lo más irónico y, sobre todo, un amparo; y, también, esos otros poemas nunca publicados en libro que formarían parte de ese carácter fronterizo.
    ¿Qué va a encontrar el curioso lector en esta voluminosa Poesía Completa (2015)? El seguidor de García Montero se reencuentra, con toda seguridad, con el poeta de la vida, del amor, del dolor, alguien que ha sido capaz de dignificar la conciencia individual y el diálogo con sus semejantes, y desde siempre ha reivindicado la conciencia humana y la certeza de haberse dedicado a una noble tarea; y quien apenas lo haya leído, o solo degustado y parafraseado alguno de sus versos, casi la totalidad del magno conjunto de su obra. Un somero acercamiento por algunas de sus inquietudes temáticas, acercará al lector a un García Montero en su perfil lírico. El volumen empieza con uno de sus primeros libros, Poemas de Tristia (1982), una obra del apócrifo Álvaro Montero, un seudónimo con los rostros de Álvaro Salvador y Luis García Montero, una auténtica reflexión histórica, una introspección emotiva, o ese firme compromiso con lo inmediato que se intensificaría en El jardín extranjero (1983), premio Adonais de 1982, y que muy pronto se convirtió en referencia de la joven poesía española a comienzos de los años ochenta. Diario cómplice (1987), se convierte en un cancionero amoroso que desgrana la cotidianidad de un yo poético y construye su discurso en es línea capaz de separar la sinceridad y el artificio, la vida y la literatura. La variedad de registros es ahora mayor, y la pluralidad rítmica tendrá un desarrollo más amplio en Las flores del frío (1991), el siguiente poemario, publicado en un momento en el que convergen importantes cambios en el mapa político internacional, la caída del telón de acero, la disgregación del comunismo, o las tesis neoliberales sobre el fin de la historia. Las vacilaciones ideológicas posmodernas se prolongan en las estancias de Habitaciones separadas (1994), donde un sujeto-viajero transita entre la evocación amorosa, la memoria familiar y el apunte civil. A lo largo de su itinerario, el poeta defiende una racionalidad de ecos neoclásicos, en sintonía con el retorno a la Ilustración, y en Completamente viernes (1998), la presencia del tema amoroso impregna todas las facetas del personaje poético, desde un paseo por la ciudad o una llamada telefónica hasta el propio acto de escritura, y es a sí como extrema el ámbito de complicidad definido anteriormente en su poética, y añade a la epopeya subjetiva del enamorado ciertas dosis de ironía y unas gotas de escepticismo finisecular. La intimidad de la serpiente (2003) disuelve las fronteras entre el sujeto lírico y el sujeto real; el deliberado mestizaje del libro se extiende a su mezcla de tonos, tiempos narrativos y argumentos, materiales sometidos a una cosmovisión unitaria donde se dan cita su visión sobre la identidad, el enlace entre la historia pública y la historia privada, además de una profunda reflexión acerca del sentido de la poesía. Vista cansada (2008), es un libro que evoca las distintas etapas vividas por García Montero, y dedica algunos poemas a la defensa de la política, visto el descrédito absoluto del momento, cuando confundimos política con electoralismo, partidismo, sectarismo y corrupción. Y para una mejor definición, lo que el poeta mismo ha subrayado, “en última instancia, si crear es inventar un mundo y reflexionar sobre él, la creación es inseparable de la conciencia crítica”, e insiste, “la poesía crea preguntas, interroga, busca el matiz, y los panfletos no entienden de matices”. Lírica de la cotidianidad contemporánea sería una definición acertada para Un invierno propio (2011), un intento para demostrar que el individualismo es la única opción a la que nos aboca el desamparo generado por nuestra actual sociedad deshumanizada. El carácter autobiográfico es evidente, García Montero reflexiona sobre su labor como escritor, y muchos de sus textos tendrán cierto carácter metaliterario combinado con el tema principal: la melancolía, con un poso de tristeza e incluso de nostalgia.
    El resto de estas casi mil páginas de poesía de combate, o de actitud vital, se lo dejo al lector que sabrá sacar, sin duda, partido de uno o mil versos del granadino.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Caricaturas




     “La caricatura es una exageración burlesca de las partes mas marcadas de la cara de modo que el parecido se conserve y se pueda reconocer la cara de la persona de la cual se hace la carga”.
     Siguiendo el ejemplo de esta investigadora tomamos como referente conceptual un diccionario actual como el Larousse, para ver si existe alguna variación de la idea tenida en el siglo XVII con respecto a la que se concibe hoy por hoy como caricatura, encontrándonos que para éste la caricatura “es una figura ridícula en la que se deforma las facciones y el aspecto de algunas personas.”


                                                                                                 Vila-Matas