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martes, 3 de noviembre de 2015

Luis G. Martín



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EL ALMA DEL ERIZO



     El escritor Luis G. Martín (Madrid, 1962), autor de una breve pero sólida obra narrativa, busca a través sus textos el lado oscuro del ser humano o al menos esa otra posible cara que poseemos los seres inteligentes de la creación. Así lo ponía de manifiesto el narrador madrileño en su primera obra de ficción, Los oscuros (1990), trece historias breves en las que practicaba un análisis del comportamiento humano desde la perspectiva del amor, sin exceptuar  las virtudes y los defectos. En realidad, el autor escribía sobre amores imposibles, eludiendo sistemáticamente deliquios y estremecimientos íntimos. En estos cuentos se medían los sentimientos por sus consecuencias, por los acontecimientos que los desencadenaban, por los quiebros que en cada persona imprime el destino. Las pasiones, evidentemente, se sobreentienden. En el mismo sentido se inscriben sus dos novelas posteriores, creadas con la lentitud que produce la buena escritura, La dulce ira (1995) y La muerte de Tadzio (2000), ambos relatos, por otra parte, tan imaginativos como crueles.
    En El alma del erizo (2002), incluye ocho historias breves y una novela corta. El autor insiste, una vez más, en el horror del ser humano hacia no pocas cosas de esta vida y sobre todo descubre que cuando una persona se ve obligada a traspasar la frontera de esa realidad en que vive, su vida cambia por completo, y se sumerge en el lado oscuro de nuestro mundo. Relatos como «Bertrand Romaild», «El perdón de las ofensas» o «Los amores del Rey Baltasar», seguramente, incomodarán a un lector que busque, esencialmente, entretenimiento en estas historias, es más, la crueldad y el odio a que se ven sometidos estos personajes, hacen que la realidad se trueque en una hermosa visión romántica donde todo es posible incluido el horror y la mezquindad que puebla nuestras ciudades. Por otra parte, los seres creador por Luis G. Martín subrayan ese límite a que nos vemos sometidos los seres humanos alguna vez en nuestra vida. Tras la búsqueda de ese canon de belleza se encuentra el otro lado de las cosas, puesto que su tesis parece sostenerse en esa precisa premisa que otorga a aquellos hombres virtuosos los deseos más abyectos. Son esta especie la que proyecta su ego hacia las pasiones más incontrolables o al menos las políticamente más incorrectas. Odio, rencor, pasión, venganza son algunas de las obsesiones del narrador, aunque también el amor tiene cabida entre sus páginas, como ocurre en la novela corta «Toda una vida», una apasionada historia colonial que se inicia en la Cuba española con amor frustrado incluido y termina por desarrollarse, muchos años después, en el Madrid de los años sesenta y en la persona de la joven Adela que termina, como su antepasada, su propia experiencia de la misma forma sorprendente como ocurre en el resto de los relatos, esto es, con esa evidente marca de perdición. Como en su anterior colección, ese tono premeditado, esa especulación sobre el comportamiento, esa truculencia que se convierte, a veces, en irrealidad, subraya la potencia de una estilo.












EL ALMA DEL ERIZO
Luis G. Martín
Alfaguara, Madrid, 2002

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