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viernes, 27 de noviembre de 2015

José María Vaz de Soto



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DESDE MI CELDA



     La narrativa de José María Vaz de Soto (Paymogo, Huelva, 1938) arranca de esa definición esgrimida por Ruiz Copete que calificó sus primeras obras de «nuevo realismo tradicional» para insistir en que, más bien, se trataba de una técnica, tanto temática como narrativa que provocó no menos escándalos y anatemas, porque, entre otras cosas, ponía de manifiesto la realidad de muchos de los problemas sociales del momento, incluida una evidente desesperanza, la trágica visión de un pasado cercano y, sobre todo, el validez satírica de sus personajes hacia una vida cotidiana que se caracterizó por una censura en todos sus sentidos. Las primeras novelas de Vaz de Soto, dotadas de diálogos incisivos y filosóficos, se debatían entre un alto nivel de existencialismo y de rebeldía; así ocurría con El infierno y la brisa (1971), Diálogos del anochecer (1972) o El precursor (1975), distintas en su planteamiento, iguales en un propósito denunciador. Transcurrida una década, ese tamiz pesimista, ese carácter reflexivo e, incluso, la densidad filosófica o intelectual desarrollada a lo largo de su narrativa de los setenta, se acentuará en Despeñaperros (1988), quizá la obra que cerrará un ciclo para iniciar una nueva aventura; la de una literatura de factura expresa donde predomina lo narrativo, capaz de adscribirse a un género, el policíaco o detectivesco, que incluye Las piedras son testigo (1994), novela que contiene en igual proporción cierto costumbrismo, Síndrome de Oslo (1998), más ambiciosa y Perros ahorcados (2000). Tres resultados excelentes de la capacidad narrativa de Vaz de Soto sin bajar el nivel tanto estructural como expresivo.
   La nueva novela de Vaz de Soto Desde mi celda (2002), con un evocador titulo becqueriano, repasa y reconstruye parte de su mundo anterior y nos propone una lectura nihilista del mundo porque todo o casi todo se ha acabado para sus personajes, sobre todo para Was confinado en una celda desde donde evoca buena parte de su pasado aunque a lo largo de la novela no lleguemos a entrever el sentido último de su confinamiento y más bien pensemos en una de esas celdas hipotéticas de un futuro no muy lejano donde nos encontraremos algunos de los seres de la vida actual. En realidad, quiero creer que, Vaz de Soto, propone con esta novela una profunda reflexión sobre la vida, sobre la muerte, sobre el vacío existencial, sobre el destino irremediable de unos seres que nunca volverán a ser conscientes de la realidad de su libertad. Sobresale en el relato el valor de unas voces, las de Was, en su prolongado monólogo, o las puntuales conversaciones con su compañero Wer, ambos aislados, sin posibilidad de poder verse las caras, y la de un vigilante que, hipotéticamente libre, corrobora el mismo sistema que rige su propia vida, es decir, la ausencia de libertad para superar las actitudes de una vida que, en condiciones normales, no llevarían a los seres humanos a esa tesis del fracaso esgrimida por el novelista o, tal vez, por el hombre.









DESDE MI CELDA
José María Vaz de Soto
Renacimiento, Sevilla, 2002


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