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martes, 24 de noviembre de 2015

Antonio Ferres



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MEMORIAS DE UN HOMBRE PERDIDO



     El realismo fue un movimiento literario narrativo comprometido que ocupó los primeros años de la segunda mitad del siglo XX y, aún hoy, sigue teniendo esa misma vigencia de hace cincuenta años, porque, entre otras cosas, los autores que entonces fueron quienes, con su actitud y su literatura, sorprendieron a una sociedad inmersa en el miedo y la miseria, contaron y siguen narrando con esa clarividencia que otorga la verdad o la realidad de la vida. Jesús López Pacheco, Armando López Salinas, Alfonso Grosso, Juan Eduardo Zúñiga y Juan García Hortelano, son algunos de los nombres que Antonio Ferres (Madrid, 1924) rememora, junto a su propia experiencia, en su último libro Memorias de un hombre perdido (2002); en realidad, una revisión del realismo comprometido que proporcionó a los lectores un buen puñado de novelas de corte sociológico y resumen una etapa interesante de esa larga posguerra cuyo giro social a la izquierda se vislumbraba ya por entonces. Ferres es autor de una amplia obra iniciada en 1959 con La piqueta, los libros testimonio, Caminando por las Hurdes (1960), Tierra de olivos (1964) y las novelas, Con las manos vacías (1964), Los vencidos (1965), Ocho, siete, seis (1972), Al regreso de Boiras (1975), Los años triunfales (1978), El gran gozo (1979) y Los confines del reino (1997).
    Estos autores habían recibido el magisterio de una obra literaria anterior comprometida en los nombres Cela, Azcoaga, Romero, Delibes, Laforet o la alternativa posterior de los realistas, Aldecoa, Fraile, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, y así el propio Ferres junto a López Pacheco, López Salinas y Grosso, llevaron su particular cruzada antifranquista a su obra, aunque esta lucha los llevaría a un largo autoexilio y llegar a ser considerados auténticos autores de culto por las generaciones de lectores de los años sesenta y setenta, porque, entre otros motivos, sus obras fueron prohibidas sistemáticamente en nuestro país. Memorias de un hombre perdido es un relato autobiográfico tan desolado que contiene todo ese patetismo con que un escritor puede contar su pasado, empezando por su niñez y sus vivencias adolescentes de preguerra y postguerra, hasta llegar a una juventud inquieta que le llevaría a contactar con un grupo de jóvenes de activa militancia de izquierdas, enfrentada al régimen político. En realidad, se trata de visión personal de aquella época en la que lo íntimo y lo colectivo se convierten en el mejor relato que Ferres podría construir desde el frágil equilibrio de una memoria que repasa en capítulos muy significativos la visión de un Madrid actual junto al pasado de aquella ciudad entonces sombría y cuyo testimonio particular se convierte en una realidad universal. Pero, sobre todo, habrá que significar en este texto el valor social que aún mantiene su literatura puesto que su narrativa oscila, desde hace más de cincuenta años, entre un compromiso testimonial y otro más personalista.

MEMORIAS DE UN HOMBRE PERDIDO
Antonio Ferres
Madrid, Debate, 2002



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