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jueves, 10 de agosto de 2017

Andrés Barba



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MÁGICA FANTASÍA
              
       Explorar el mundo de la niñez es quizá la aventura más arriesgada que exista narrativamente hablando. Cocteau publicó Los niños terribles (1950), Sánchez Ferlosio escribió un delicioso Alfanhuí (1951), Golding inmortalizó el tema en, El señor de las moscas (1954) y, mucho antes, Rilke había publicado el espléndido poema, Réquiem a la muerte de un niño (1909). A partir de modelos como los precedentes, Andrés Barba (Madrid, 1975), se sumerge en este mundo aunque con dos planos que se suponen implícitos: uno pertenece, inevitablemente, a la realidad y otro a la fantasía. Uno es el de la experiencia y otro el de la imaginación para contar la historia de Marina, la niña protagonista de Las manos pequeñas (2008). Barba ya había ensayado un tipo de relato donde la fantasía y lo inverosímil caracterizaban el relato, su primera novela La hermana de Katia (2001) y, unos años más tarde, Historia de Nadas (2008) y recientemente, La alucinante historia de Juanito Tot y Verónica Flut (2008).
       Marina, ingresada en un hospital tras el accidente automovilístico en el que mueren sus padres, repite una y otra vez, con una lógica quebrada, y como si de una terapia se tratase, la misma frase: «Mi padre murió en el acto, mi madre en el hospital». Poco después es internada en un orfanato, donde iniciará un juego, que incluye enigmáticos rituales, con una muñeca ante la fascinación y el miedo de sus compañeras, hecho que a lo largo del relato habría que interpretar como algo psicológico para mostrar que el poder de seducción de la muñeca se convierten en el centro de atención de la niña y de sus amigas. Lo brutal, pero inocente de este juego, no dejará de ser un encuentro feliz que les permite, durante algún tiempo, soslayar esa realidad en la que viven y aún no son capaces de entender, porque el lado oscuro de esa realidad va mucho más allá de esa inocencia visión descrita y magnificada por Barba de la que él mismo habrá tenido que salir para terminar su relato.
       Barba escribe sobre las miserias humanas, sobre la soledad, y tal vez, sobre la falta de amor. Actitudes que se subsanan por la inmensa bondad que proyecta sobre sus personajes, en esta ocasión en la niña de Las manos pequeñas que no sabemos si va perdiendo lentamente su inocencia y se convierte así en un personaje memorable que, irremediablemente, hemos de sentir cerca, muy cerca, porque como suele ocurrir en nuestra vida cotidiana, repleta de absurdos, que ni siquiera necesitan parecer verosímiles, nos devuelve la fe en ella. Quizá también porque en un sentido más estricto, buscarle el sentido a la vida es otorgarle significado, aunque en esta novela la sorprendente economía, en un amplio sentido, es lo mejor del libro.





LAS MANOS PEQUEÑAS
Andrés Barba
Barcelona, Anagrama, 2008

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