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viernes, 2 de septiembre de 2016

Care Santos



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DESESPERANZADA SOLEDAD


       En la década de los setenta los narradores españoles buscaron una conexión con la sutileza narrativa de una literatura universal capaz de mezclar formas textuales, que enlazara diversos hilos narrativos, e identificara imperceptiblemente lugares comunes, y que ofreciera historias falsas con la suficiente credibilidad de convertirse en verdaderas. Ante este tipo de novelas, el lector descubre un modelo literario subyacente, al tiempo que se deleita con desaforados acontecimientos. Una vez aprendida la lección, algunos renombrados autores de nuestra novela más contemporánea, se han repetido en una Barcelona burguesa de finales del XIX y comienzos del XX, reflejo de la turbulenta unidad de una urbe en expansión que basaría su crecimiento en las especulaciones de quienes vieron la oportunidad de hacer fortuna y garantizarse un nombre, con hechos que, muchos años después, superarían cualquier trivialidad especulativa, y en cuya senda fraguarían sus fortunas personajes importantes del mundo catalán.
       Care Santos (Mataró, 1970) mezcla esa variada textura en su nueva novela,  Habitaciones cerradas (2011), y cuenta la historia de una herencia, la reconstrucción de un palacete en el Paseo de Gracia, o el ascenso y caída de la familia Lax, una significativa casta de comerciantes catalanes, con Rodolfo y María del Roser, a la cabeza, cuya estela de descendientes, Violeta, Juan y Amadeo, llega hasta nuestros días. Pronto a lo largo del relato, el ambiente vital y privilegiado se ensombrece con el paso del tiempo, y muestras de convicciones nacionalistas, e infidelidades y desapariciones familiares concluyen en indicios de un posible asesinato. En Habitaciones cerradas los episodios que componen el puzzle expuesto, los personajes protagonistas, incluso el papel de la joven Violeta reconstruyendo su propia historia, están subordinados a la negación más absoluta de la felicidad, persiste cierta amoralidad en algunos de ellos y sobresale, por supuesto, la negación colectiva de una época decimonónica, sobre la que planean personajes reales, Alfonso XIII, Macià o Maura, porque el tratamiento histórico en esta novela es algo consustancial y está unido a sus protagonistas, no adquiere una categorización independiente, y se funde con los de ficción, magistralmente perfilados por Care Santos, entre los que sobresalen las mujeres de la casa, ejemplo de percepción y sensibilidad femenina: María del Roser, la matriarca del clan y devota espiritista, acompañada siempre de la nodriza, Concha, mediadora durante años entre los principales miembros de la familia Lax, o, en la última etapa, la joven Teresa Brusés, víctima de esa inherente mal que caracteriza a la conducta humana, sobre todo cuando la matriarca desaparece, y forzada por los acontecimientos que se producirán en una Barcelona éticamente desoladora, un personaje que solo emerge cuando años más tarde se descubra toda la verdad de su pasado.
       Este libro sigue un procedimiento narrativo tradicional y añade, un auténtico collage que reconstruye la figura del pintor modernista Amadeo Lax: incluye descripciones de algunos de los cuadros conservados, se entrecruzan correos electrónicos, en el grueso de la narración, se añaden noticias relativas a la reconstrucción de la memoria del pintor, o se facilitan cartas y confesiones de algunos protagonistas secundarios que ofrecen el énfasis necesario, y la interpretación particular de Violeta cuando los descubre, dando forma definitiva a los acontecimientos y a las figuras protagonistas de su pasado familiar inmediato. En cierto sentido, se ofrece una visión apocalíptica y paralela de la historia, el ambiente y el estado de ánimo de una Barcelona cambiante y moderna, jamás vista anteriormente, con acertadas referencias políticas, culturales, económicas y, sobre todo, sociológicas que permiten una detenida mirada al contexto de la narración en los años finales de siglo, o en las décadas posteriores durante la Dictadura y la posterior Segunda República, hasta alcanzar la historia futura y la barbarie civil. Y años después, salvar el mito del abuelo pintor que, como queda dibujado por la narradora, muestra el desenlace de una crisis existencial y apuesta por una solución que decepcionará las estrictas normas familiares y sociales del momento, tras una intensa reflexión sobre el pasado con episodios y apuntes personales, cuando solo a través del arte se le ofrezca una compensación a los Lax, porque la historia pone al hombre frente a su irreversible condición humana, y sobre todo lo equipara con su destino. 







Care Santos, Habitaciones cerradas; Barcelona, Planeta, 2011; 488 págs.

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