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lunes, 6 de julio de 2020

Desayuno con diamantes, 151


               SONRÍE, SUEÑA Y HAZ EL AMOR EN LA HABANA  


       La vocación social de la novela cubana resulta una absoluta verdad y explica las peculiaridades que asume el género en el proceso creativo de la isla. La experiencia narrativa de las últimas décadas revela que la evolución de la narrativa cubana a lo largo de los siglos XX y XXI entrañaría esa búsqueda que defina un discurso propio, un paisaje y una ambientación distinta, esa pesquisa ontológica ante nuevas dimensiones estructurales que diversifique temas y modos expresivos. El cambio que se iniciaba en 1959 abriría nuevas expectativas a la evolución de la literatura cubana, un proyecto que transformaría la realidad socioeconómica, política y ética del país, recuperará esa identidad mutilada durante décadas por la dictadura de Fulgencio Batista, y anunciaba el desarrollo de un nuevo proyecto: el modelo revolucionario. Desde los primeros años de los sesenta, el discurso narrativo afronta el desafío estético que resulta de la tensión entre una perspectiva innovadora y la adopción de formas que garanticen la renovación del lenguaje. Uno de los fenómenos de mayor interés de la segunda mitad de esta década reside en la diversificación que registra el género, la aparición de nuevos proyectos armónicos que rebasen las necesidades expresivas nacionales.



       La década del sesenta traerá a la novelística cubana un crecimiento cuantitativo y modalidades genéricas antes inexistentes, un campo ideotemático que provoca la explora­ción desde diversos ángulos que se concreta en el reconocimiento del paisaje y el hombre, la modelación literaria del perfil psicosocial y cultural cubano a través de su historia, o se imbrica con la conciencia de identidad adquiridas, y se correlaciona con el proyecto de transformación de fondo de la sociedad. Será en los setenta cuando algunas obras conciban su mundo tomando en cuenta las peculiaridades y contradicciones de la realización práctica del mismo, se incorporan facetas del presente, el discurso altera su registro, y se produce una disonan­cia, entonces la novelística cubana del setenta y del ochenta muestra tal diversidad de proyecciones que permite vislumbrar una nueva etapa de cristalizaciones con fondo social y humano, y la reactivación de las formas como base de todo el proceso. Sin embargo, en los noventa, tras una larga etapa especial de paz en la isla, se produce un período de crisis económica como resultado del colapso de la Unión Soviética en 1991 y el recrudecimiento del embargo norteamericano desde 1992. La depresión económica fue especialmente severa a comienzos y mediados de los 90, se definió por restricciones en hidrocarburos: gasolina, diésel y combustibles, derivados que Cuba obtenía de sus relaciones económicas con la Unión Soviética. Este período transformó la sociedad cubana y su economía, y llevó a la isla a urgentes reformas en la agricultura, disminución en el uso de automóviles, y obligó a acondicionamientos en la industria, la salud y el racionamiento de alimentos. Fue una época de innovación y de creatividad para sobrevivir, etapa en la que el humor se convirtió en el reflejo más fiel de la capacidad de regeneración de los isleños. La joven Karla Suárez (La Habana, 1969) había publicado un primer cuento, “Aniversario” en 1994, y una colección de relatos, Espuma, en 1999. Consciente de la situación de su país convierte el Período Especial en ficción, y ofrece un singular retrato en Habana año cero. Se trata de un relato sobre aquellos años de hambruna, devastados por la desesperanza, una auténtica lección de vida sobre el hecho de buscar lo mejor en cada extraña y violenta situación que, en esta ocasión, viven los personajes creados por la narradora habanera.  
       La sombra de la depresión cubana nos devuelve aquella memoria ahora cuando la editorial española, Comba, recupera la premiada Habana año cero (2019). Cuenta los convulsos años 90, cuando en la Habana se vivía en una sucesión de minutos que no iban a ninguna parte, y cinco personajes: dos matemáticos frustrados, un escritor decadente, una periodista italiana fascinada por el caribe insular y un galán en declive, cifran sus esperanzas en el hallazgo de un documento histórico que les puede cambiar la vida. El documento probaría que el italiano Antonio Meucci confeccionó un prototipo de teléfono mientras trabajaba en el Gran Teatro Tacón, allá por 1835, años antes que Graham Bell patentara el invento. Los protagonistas se aferran a situaciones absurdas, manipulan y destruyen alianzas en función de sus intereses particulares, y el relato avanza a modo de intriga, la incertidumbre sobre quién realmente posee el manuscrito levita sobre toda la novela, y sus personajes articulan una red de subterfugios y pistas falsas que les permitan ganar ventaja sobre los otros. El interés científico, llevado a un segundo plano ante la falta de opciones y la necesidad de sobrevivir, desencadenará un caos donde se constata el malestar de la sociedad, y se destaca la sensación de estancamiento que se experimenta de forma individual.
       La narradora-protagonista, autonombrada como Julia, incómoda con su trabajo como profesora en el Instituto Superior Politécnico, define su lugar en la trama así, “estábamos buscando un papel que alguien había visto. Y ya sé que no tiene tanta importancia saber quién inventó el teléfono, ni tener un papel que lo demuestre, pero dame una situación de crisis y te diré de que ilusión vas a agarrarte”; en realidad, para todos era el año cero. El desosiego de Julia, y el resto de implicados que se sumarán a esta búsqueda con ribetes tanto de misterio como de comedia de enredo, es una historia donde la existencia cubana transpira un aroma y vigor únicos que, a lo largo de sus páginas, se convierte en una fantasía tropical alegre y brillantemente contada, con escenas de un erotismo calculado y elegante bajo el calor habanero, mientras los personajes sueñan y hacen el amor, porque al hilo de la investigación se propicia un triángulo amoroso entre Ángel, Lorenzo y la narradora, aunque sus sueños queden desmontados porque el Congreso de los Estados Unidos aprobará una resolución donde se reconoce a Meucci como el inventor del teléfono, y rotas las expectativas los personajes volverán a sus rutinas porque los documentos originales se traducen como la más satírica burla a los ingenuos, y porque Suárez escenifica una sociedad desgastada donde todos se aferran a lo único que no cuesta miles de fatigas: sonreír, hacer el amor y soñar. Los hechos se repiten, de alguna manera, en la Historia reciente, la primera vez como una tragedia, y la segunda como una inevitable farsa. Pedro M. DOMENE

Karla Suárez, Habana año cero; Barcelona, Comba, 2019.




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