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domingo, 26 de julio de 2020

Desayuno con diamantes, 152


La historia más triste de Ford Madox Ford

Sexto Piso edita, El buen soldado (2020), que Graham Green calificada como una de las mejores novelas del siglo XX. La nueva traducción es de Victoria León.

      

       El desarrollo de la ficción moderna convirtió a Gertrude Stein, F. Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway en escritores cuya influencia se prolongó durante las primeras décadas del siglo XX. Stein publicaría pronto, rompió con una narrativa lineal y las convenciones temporales del siglo XIX, y se convirtió en la pionera del modernismo anglosajón vanguardista europeo desarrollado entre Londres y París; Fitzgerald triunfó comercialmente, y por accidente Hemingway encarnó muchas de las corrientes literarias que despertaron el interés de los escritores jóvenes de la época, que Henry James calificó como la “casa de la ficción”, y cuya influencia llegó a escritores de géneros diversos, y en países diferentes.
       La obra de los últimos escritores victorianos quedó relegada y tanto Stein, Fitzgerald o Hemingway crearon formas proporcionales a la fuerza de la vida moderna: el verso libre en poesía, el expresionismo en teatro, y el lirismo, el impresionismo y la conciencia en la ficción, o esa prosa austera, lacónica e intensa característica de Hemingway, aunque con ecos de autores como Mark Twain, Stephen Crane, Sherwood Anderson, Ivan Turgueniev y Ezra Pound que sorprendió a los lectores del siglo XX como original y genuina, efecto perseguido por Hermingway, puesto que el estilo, la forma y el significado eran las partes de un todo inseparable.
       Durante el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial muchas creencias religiosas tradicionales perdieron su fuerza, el orden divino dejó de caracterizar al mundo, y el artista se vio comprometido a descubrir un nuevo significado de las formas. Ezra Pound, T.S. Eliot y Ford Madox Ford, escribieron, entre 1910 y 1930 cientos de reseñas y ensayos, repetían, de forma insistente, que “la literatura es la noticia que no deja de ser tal”, o que, “la tarea del artista es una labor en el mismo sentido en que lo es la creación de un motor eficiente o de una jarra o la pata de una mesa”, incluso que, “el Impresionismo te ofrece lo que es él mismo, su reacción ante un hecho; no el hecho en sí, o mejor dicho, no tanto el hecho en sí”.         Ford Madox Ford nació el 17 de diciembre de 1873 en Merton, Surrey (Inglaterra), y murió en Deauville (Francia) el 26 de junio de 1939. Estudió en diversos países europeos y comenzó su carrera literaria con un curioso libro, Un cuento de hadas: el búho marrón (1891), ilustrado por su propio abuelo, el afamado pintor Ford Madox Brown. Fundó dos importantísimas revistas literarias: The English Review (1908-1910), en la que colaboraron D. H. Lawrence, Thomas Hardy, H. G. Wells, Joseph Conrad, Henry James, Ezra Pound y W. B. Yeats, y Transatlantic Review (1924), donde aparecieron textos de Gertrude Stein, Pound, Ernest Hemingway, T. S. Eliot, James Joyce, John Dos Passos y Paul Valéry. Colaboró con Joseph Conrad en la escritura Los herederos (1901), Romance (1903) y La naturaleza de un crimen (1923). Sus obras más conocidas son El buen soldado (1915) y la tetralogía El final del desfile (1914-1928), compuesta por Hay quien no (1924), No más desfiles (1925), Se podría estar de pie (1926) y El toque de retreta (1928).
       La novela, El buen soldado, nos envuelve en una enloquecida e intrincada maraña de falsedades, rencores, pasiones, celos y venganzas, contada por una voz narrativa prodigiosa que nos involucra lectores desde el primer momento cuando leemos: “Ésta es la historia más triste que jamás he oído”. Y no es una afirmación en vano, la trama avanza de atrás hacia delante, de adelante hacia atrás, entre las aparentes torpezas y los olvidos involuntarios del narrador, Dowell, que dosifica la información página a página, matiza y modula acciones y personajes, rememora un pasaje conocido desde un inesperado punto de vista que cambia por completo su sentido y su alcance. A pesar de sus vacilaciones, sospechas y lagunas, la voz del narrador disfraza una soberana lección del arte de contar, y la vida de las dos parejas protagonistas, un matrimonio británico y otro estadounidense, gira en torno al son de una partitura magistral, que se convierte en una aterradora fábula repleta de estupideces y de engaños.


       Durante los tres primeros capítulos todo sucede dentro de una linealidad explícita y cronológica, y Dowell habla de sí mismo, de su mujer, Florence, de la familia de ella, de su muerte que coincide con la de su tío Hurlbird, entonces Dowell recibirá en herencia una considerable cantidad de dinero que lo salvará de cualquier contingencia. Una angustiosa llamada de Teddy Ashburnham desvela que, tanto él como su mujer, Leonore, necesitan hablar con él, cuando llega a Inglaterra encuentra a su amigo al borde de la desesperación. El relato saltará atrás, a 1904, al balneario de Nauheim, cuando se conocen y, aparentemente, empiezan a intimar; quedan establecidos los dos tiempos de la narración: el de narrador que cuenta lo que sucedió, y el momento cuando ya se conocen las dos parejas.
       Lo que sigue es un relato inteligente que trata de esclarecer cuanto hay detrás de cada personaje; el lector se enfrenta a una historia terrible de decadencia, mentiras, engaño, pasiones desatadas, maldad, egoísmo, celos, represión y dureza, la tragedia de la vida contada desde los restos del desastre. Los hechos reveladores aparecen a conveniencia del narrador, oculta o desvela según le parece, se atienen a su propio interés, y le obliga continuamente a atar cabos y crea el soberbio y terrible clima de esa tragedia humana que atraviesa la historia.
       Cuando, pasada la mitad del libro, hace su aparición la última protagonista, la dulce y joven Nancy, el cuarteto vuelve a organizarse tras un suicidio inesperado hacia una auténtica catástrofe. Ford hacía bien en enorgullecerse, nunca un escritor ha retratado las desdichas y las miserias de la institución matrimonial y la hipocresía de la alta sociedad con la ironía y la profundidad de esta asombrosa sátira.

Ford Madox Ford, El buen soldado; traducciónd e Victoria león; Madrid, Sexto Piso, 2020.

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