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miércoles, 15 de mayo de 2019

Emilia Lanzas escribe…


La travesía de 'Las ratas del Titanic', novela de literatura juvenil de Pedro M. Domene - ¡Zas! Madrid

«El objeto de la literatura juvenil supone ese esfuerzo que hacemos por ampliar los horizontes de nuestra percepción y perspectiva vital o anímica»


       Las ratas del Titanic acaba de ser reeditada en la editorial Almuzara
             
       Pedro M. Domene es autor de varias antologías y publicaciones sobre narrativa contemporánea, Narradores españoles de hoy, o Lo que cuentan los cuentos. Ha publicado dos monografías sobre literatura española y universal: Imposturas y Disidencias (en la Literatura Española Contemporánea). Ha publicado la novela El secreto de las Beguinas, y otras dos obras de ficción para jóvenes, Después de Praga nada fue igual, II Premio de Narrativa Juvenil Los Pedroches, y Conexión Helsinki.

¿El escribir Las ratas del Titanic, un libro enclavado dentro de lo que se denomina literatura juvenil, está relacionado con el hecho de ser exprofesor de Lengua y Literatura?             
       Quizá exista, de alguna manera, una inconsciente intención de despertar el interés por la literatura en los más jóvenes, y consciente de alguna manera que si alguien se aficiona a la lectura desde niño, con algo de suerte, jamás dejará el hábito, y puede convertirse en un lector asiduo el resto de su vida, y sobre todo con capacidad para ser riguroso en sus futuras lecturas.

¿Crees que este tipo de obras deberían inscribirse dentro de la “educación literaria” de los jóvenes?
       Existen opiniones para todos los gustos, desde que los mayores no debemos “guiar” o “proponer” a nuestros jóvenes las lecturas que deben hacer, otros que podríamos “aficionarlos” inicialmente con los clásicos, incluso quienes sostienen que deben ellos mismos quienes seleccionen sus propias lecturas, aunque debo decir que personalmente tengo experiencias de todo tipo, incluso cuando he recomendado y propuesto a antiguos alumnos, con una cuidadosa selección, algunas determinadas obras juveniles de autores de sobrada solvencia. Muchos de ellos se han enganchado a través de esta literatura calificada de juvenil que, de alguna manera, propone temas que les interesan: el amor, las drogas, la delincuencia, la moda, el misterio… Luego, una vez lanzado el anzuelo, vienen otros libros, sin lugar a dudas, incluidos esos clásicos y contemporáneos que afianzarán su afición lectora. Creo que no existe mayor misterio en torno a ese hecho.

El crítico Alfred Baumgärtner declaró que «quien se proponga escribir o hablar sobre la literatura juvenil se verá abocado a la curiosa situación de tener que explicar previamente cuál es en realidad el objeto que va a abordar». ¿Cuál es, para ti, ese objeto?

       Un claro intento de despertar el interés por algo como la historia que encierra las páginas de un libro, o la conciencia de situaciones ficticias que podemos vivir en la realidad, y por supuesto un auténtico divertimento, o ese esfuerzo que hacemos por ampliar los horizontes de nuestra percepción y perspectiva vital o anímica.

Las ratas del Titanic, en algunos capítulos, parodia escenas de la película de James Cameron, como el momento icónico de los protagonistas en la proa del barco…
       Es un guiño como cualquier otro porque a lo largo de la travesía intento contar lo sucedido en los escasos días que el Titanic navegó, y la historia de estas ratitas, RataKitty y RataMatt, los verdaderos protagonistas. Inevitablemente las poderosas imágenes de una película vienen a la mente cuando inventas una trama, aunque la historia a contar sea muy distinta, pero coincidimos en el mismo escenario aunque el tratamiento sea diferente. En Las ratas del Titanic el inmenso transatlántico, también, desaparece bajo las aguas, y el resto forma para de mi ficción literaria.

Aunque se consigue, resulta difícil luchar contra nuestra reacción atávica de repulsa hacia las ratas, para conseguir identificarnos con los personajes. ¿Por qué las elegiste?
       Sí, existe esa reacción, aunque todos sabemos que nuestra literatura está plagada de historias y cuentos de ratas. Hay una doble intención en mi novela, primero pretendo que las ratitas del Titanic sean graciosas y resulten agradables, y los personajes muestran su lado más humano, por supuesto; y luego habría que pensar, incluso, que en un transatlántico de lujo, habría algunas o bastantes ratas que hicieran la travesía.



Las ilustraciones de Ernesto Lovera están muy unidas al argumento de la historia; ¿es importante lo visual para complementar la novela, especialmente si esta va dirigida a los jóvenes?

       Ha sido toda una sorpresa, no sabía quién iba a ilustrar la novela sobre mis ratitas, y creo que el ilustrador ha sabido captar la esencia misma, y además pienso que es muy importante, bastante trascendental esa aportación visual a un texto que está escrito y pensado para un lector joven que además de imaginar puede ver, de alguna manera, esos magníficos dibujos de Lovera. Todo un acierto que complementa la historia de esta aventura de la mano de un afamado ilustrador.

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