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lunes, 6 de abril de 2015

Franz Kafka



G
Genio
“El genio es un rayo cuyo trueno se prolonga durante siglos”.
                                                       Knut Hamsum


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Kafka con sombrero y familia en Madrid
 


Kafka murió a mediodía del 3 de junio de 1924; dejó de respirar y Dora Diamant, que estaba a su lado, le cerró los ojos. Fue enterrado en Praga y Nelly, una muchacha a quien un joven Kafka, escribió un día una carta siendo ella niña, lloraba sola, ante su tumba, muy desconsolada porque la había perdido y, además, sabía que ya nadie le escribiría una igual, y lo peor: empezaba a olvidar lo que decía. En su tumba ha quedado una costumbre, depositar piedrecitas y flores, y también algún escarabajo dibujado.

Kafka con sombrero

Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) ha escrito una minúscula visión de un Kafka atormentado, y lo ha ilustrado aun mejor Antonio Santos (Huesca, 1955). Ambos nos sumergen en el paraíso del checo que se pasaba las noches de su vida escribiendo, según le contaba a su amada Felice Bauer, y de su imaginación quedó para la Historia Universal del Surrealismo Literario más absoluto, obras como El proceso, El castillo, La metamorfosis, La condena, El fogonero… y es así como debemos leer este Kafka con sombrero (2015), la semblanza de un modesto empleado de la Mutualidad de Seguros y Accidentes Laborales de Bohemia, donde convirtió a su mundo en algo minúsculo, ordenado y confortable, hijo de un severo y autoritario Herrmann Kafka (primero se quitaría una r y luego una n), propietario de un negocio de ropa y de Julia Löwry, hija de una próspera familia, muy pronto sufrió la pérdida de sus hermanos, Georg y Heinrich, aunque adoró a sus hermanas, Elli, Valli y Otla, quienes años más tarde morirían en los campos de extermino que asolaron Europa, Auschwitz, Dachau y Treblinka.
Tuvo, también, tres tíos, Rudolf, Alfred y Siegfried. Su padre siempre lo comparó con Rudolf, contable en la fábrica familiar, “acabarás como él”, solía decir; Alfred, “su tío de Madrid” vivió en la Calle Mayor, cerca de la Puerta del Sol, y fue director de una importante empresa ferroviaria; Siegfried, fue médico rural y aficionado naturista; con él pasó unas inolvidables vacaciones en el verano de 1907. Encontró el amor y se escribiría con Felice Bauer, Milena Jesenska, y terminó sus días con Dora Diamant, y las cartas enviadas al último amor de su vida fueron requisadas por los nazis en1933.   



Checo Universal

        La literatura para el escritor checo, Franz Kafka, era «algo poco menos que sagrado, absoluto, algo ajeno a toda forma de prevaricación, algo grande y puro». En realidad, un complemento ideal de la vida. Su biografía pone de manifiesto que como escritor se convierte en una verdadera aportación a su literatura. El propio Kafka no hizo mención alguna a sus actividades literarias, que iniciaría allá por los años 1897 o 1898, hasta que en 1907 cursó una carta a Max Brod, a quien había conocido cinco años antes, y al que ya le unía una gran amistad y a quien le había confiado su abundante actividad literaria en diversas publicaciones, así como algunos libros.

Lo que determina la escritura de Kafka es esa necesidad absoluta de librarse de escribir página tras página. Lo mismo que las voces, los gestos, los rostros que a diario observa el escritor deben ser reducidos a la precisa sensación de la palabra, de la frase o del fragmento, según el pulso riguroso que se le exige a la letra. Kafka escribe para vivir, quizá por este motivo el paso de los hechos a la escritura, a la palabra, en concreto, sirve para identificar la gravedad que sus textos presentan y para percibir el sentido último que parecen augurar. Quizá por todo esto, nunca llegaremos a saber si El castillo (1926) es una crítica metafórica del poder o una simple novela de aventuras, con grandes dosis de humor, o incluso si La metamorfosis (1915) es una simple novela realista o la interpretación de una profunda pesadilla en un excelente tono literario, incluso si El proceso (1916) encierra una burla a la moderna burocracia bien conocida por el escritor.


Los autores
Jesús Marchamalo (Madrid, 1960), escritor y periodista, ha desarrollado gran parte de su carrera en Radio Nacional de España y Televisión española. Autor de La tienda de las palabras, 39 escritores y medio, Tocar los libros, Las bibliotecas perdidas y Donde se guardan los libros.

Antonio Santos (Huesca, 1955), ilustrador, escritor, escultor, pintor. Estudió Bellas Artes en Barcelona, y ha realizado más de setenta exposiciones individuales. Ha obtenido el Premio Daniel Gil al Mejor Libro Infantil, 2003 y el segundo Premio Nacional de Ilustración, 2004. 

Jesús Marchamalo, Kafka con sombrero;

ilustrado por Antonio Santos;
Madrid, Nórdica Libros, 2015; 64 págs.






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