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sábado, 25 de julio de 2015

Hoy tomo café con…



DIEGO GRANADOS

PAISAJE ESPIRITUAL, REALIDAD VIVA



     Diego Granados (Albox, 1915) entiende la escritura como una verdadera vocación. Ha sido marido, padre, viajante de profesión, dinamizador cultural de una zona tan deprimida como es la Cuenca del Almanzora y, sobre todo, escritor. En estos últimos años, transcurridos esos oscuros años de silencio, con el bagaje de un larga experiencia y el tesón que han caracterizado a su persona ha dado a la imprenta una importa obra poética, narrativa y ensayística. En la década de los 70 fundó la revista literaria Batarro que, muy recientemente, cumplía sus 25 años de presencia en el panorama literario almeriense.
 
       ¿Sigue aún vigente esa máxima suya, de la que alguna vez hemos hablado, de concebir la escritura como una vocación?
        Sí, ¿es que hay alguien que pueda considerarla de otra manera? Me refiero al modo literario porque redactar catálogos comerciales o disposiciones administrativas, aunque también este comprendido dentro de la escritura, creo que no tenga nada que ver con tu pregunta.
               
        Haciendo repaso a su bio-bibliografía me encuentro con que los años setenta fueron una fructífera década de labor literaria y dimensión cultural. ¿Cómo resumiría hoy esos años?
        A veces pienso en ello y no le encuentro explicación. Eran tiempos difíciles para mí en el terreno particular y no sé, no llego a comprender de qué me valía para robar tiempo al tiempo y motivos creadores a mi atención. En ocasiones llego a la conclusión, quizá precisa, pero no muy recomendable, de que la vocación desbordada puede convertirse en vicio. ¿Qué otra cosa es la drogadicción, incluido el alcoholismo, que una falta de control de la voluntad, al principio, si no intencionada sí dentro de la confianza de poder encasillarla en cualquier momento dentro de nuestro deseo y después avasalladora, en busca de un placer no encontrado en la vida normal? ¿Qué otra cosas es el éxtasis que un desbordamiento de espiritualidad? La satisfacción interior y plena disculpa los medios por los que se alcanzan las cosas.
       
        El Primer Congreso de Escritores Andaluces en 1976. ¿Sigue pesando aún hoy esa convocatoria en el panorama literario? ¿De qué manera cambió el panorama cultural en la Cuenca del Almanzora?
        En realidad me haces dos preguntas, prefiero referirme, en primer lugar, a la segunda. Ni poco ni mucho, el Congreso, a pesar del eco que tuvo en la prensa nacional (hasta La Codorniz, aquel semanario humorístico, nos dedicó algún párrafo) pasó desapercibido en nuestra comarca, ¿motivos? Sobradamente razonables—ni indiferencia ni desatención—sencillamente la consecuencia de la falta de riqueza natural de nuestros pueblos que ha obligado siempre a sus habitantes a trabajar de forma obsesiva hasta el extremo de no dejar hueco el cansancio para ninguna distracción, ni siquiera en el ámbito cultural.
        Refiriéndonos a la otra, sí encontró la debida correspondencia en el panorama literario, pudiéramos decir territorialmente generalizado. Si te he dicho que no hizo mella en el panorama comarcal puedo hablarte de su persistencia, pero el caso es que precisamente ahora —siempre con mis contradicciones—cuando estoy personalmente acabado, recibo, cada vez con más frecuencia, de críticos e instituciones, peticiones de datos sobre aquella olvidada efemérides; tendría gracia que la viésemos convertida un Ave Fénix.
        Creo que he exagerado un poco mi primer juicio. No todo fue indiferencia, un escritor de renombre dijo que si este Congreso se hubiera celebrado en una ciudad importante y organizado por los profesionales de turno, a estas horas sus conclusiones, más bien el Pregón para andaluces con que se anunció estaría considerado como el catecismo político de nuestra Autonomía.
        Después de esta explicación creo obvio referirme a la primera parte.

        Diego Granados y Batarro van unidos indisolublemente con el paso de estos últimos años. ¿Hasta qué punto? ¿Sigue vivo el recuerdo del compañero desaparecido?
        Tu pregunta la convierto en afirmación, aunque no sólo de estos últimos años, sino desde su creación. A pesar de que en su primera época fue algo basado en el entusiasmo y llevado a lo loco, y ahora es una Asociación formal, no en el sentido de conducta sino en el administrativo, mi nombre no se concibe sin ir como apéndice de Batarro.
        Respecto a Martín, el recuerdo entre los compañeros de la Asociación sigue y seguirá siempre vivo. En mí, este recuerdo adquiere a veces tintes de emoción.

        Empezando a repasar su obra, el poemario Poemas de la noche (1989) actualizaba su temprana vocación poética, ¿qué significa ese poemario en conjunto de su obra?
Creo que ningún poeta que se vanaglorie o al menos se precie de serlo, deje de sentir en su inspiración la impresión de la Noche y del Amor.
Para mí estos elementos, sustentadores de la vida en su carácter espiritual, son tan importantes como los de Empedócles en el físico. Ciñiéndonos un poco a la pregunta, para mí, repito, son ramas cardinales d ela Poesía, quizá más acentuadas en el lírica, pero en general de cualquier intento poético: la primera como paisaje espiritual, la segunda como realidad viva de este paisaje. Resulta obvio que te señale autores de todos los tiempos que han cumplido con esta obligación literaria.
Cuando se me presentó ocasión de editar este libro pensé, como es lógico, en darle unidad a su contenido, quizá influyó en mí, para elegir éste, una frase litúrgica que me hizo mella y que, precisamente, encabeza el poemario. También me pareció oportuno uniformar su métrica y, de acuerdo con el sentido de mi intención, elegí el endecasílabo. Seleccioné de mi profusa producción de tantos años los poemas que se adaptaban al objeto perseguido y, como contaba el tiempo, plasmé otras diversas composiciones para completarlo. No quiere decir esto que las improvisara—no sirvo para eso—sino llevar a la expresión algunas ideas que bullen en mi mente como las notas del arpa becqueriana.
En el conjunto de mi obra, puesto que me lo preguntas, este poemario no significa o quién sabe si lo significa todo. Como cualquier otro mis notas inspiratorias aparecen cuando pueden y donde pueden y no esperan permiso de la atención para salir volando. En mi producción poética no existe la parcelación del tiempo.

En su poesía se conjugan temas como la vida, la muerte, la noche, la crítica social, la belleza, ¿se trata de recrear temas universales o pretende ser original con el tratamiento de algunos de ellos?
Siento verdadero amor por las situaciones extrahumanas, a veces tengo la impresión de estar prendido de ellas. Dios me libre de caer, conceptualmente, en el prometeísmo de la originalidad. Desde el primer balbuceo humano hasta hoy todo está dicho y más que dicho, mi aspiración es, ha sido, de otro estilo: expresar de modo comprensivo todas esas sensaciones que podemos llamar espirituales cobijándolas bajo el manto de esa especie de trinidad de la belleza en que encierras tu pregunta, «la vida, la muerte, la noche», aunque te ruego que no la profanes con ese cuarto tema «la crítica social» que me ha sonado, más bien parecido una puñalada trapera a la altura estética que la habías remontado.
Déjame que insista en esta contestación para manifestarte mi iluso deseo de lograr en esa expresión ser yo, por lo menos para mí, si quieres desnudo de toda gala circunstancial, pero saber o creer que en ella soy.




¿Qué supuso para Ud. el Homenaje Poético Bahía del Sur en 1991?
Algo inesperado y no sólo por no considerarme merecedor sino porque en mi ingenuidad—no te sonrías, aunque parezca que no cuadra con mi carácter adolezco de esta condición—creí siempre que esto era algo reservado, no digo secreto, sino destinado a...
Para mí fue emocionante y hasta motivo de vanidad. Sentí la impresión de que una mano amiga me ayudaba a superar dificultades en este camino tan tortuoso de la vida literaria.
Una pregunta más comprometida ¿Se puede ser poeta en los albores del siglo XXI?
Se puede ser poeta siempre, en cualquier momento, pero precisamente has citado un período de verdad atrayente para hablar de él, de este siglo preparatorio del próximo milenio. Encuadrándolo en la historia, no encontramos en ella período, podríamos decir más en desorden literario que éste.
Desde el novecentismo que, aunque visto en los albores del siglo que comentamos, en cierto modo enlaza con el noventa y ocho, con excepción de la pléyade de dramaturgos que supieron plasmar un delicado humor, tan lejos de la ordinariez como de la ligereza festiva, y del extremo grupo de narradores costumbristas que, junto con ellos llenaron el primer tercio, a pesar de las altas individualidades aparecidas en él, no encontramos una regulación de tendencias que nos permita estudiarlo debidamente, tanto en su faceta comparativa como en la de sus fuentes o sus influencias en los brotes nacientes.
Eso sí, cuando unos cuantos amigos—respeto siempre, como te he dicho, las individualidades—se reunían en un determinado período, en plan de peña, rotulaban sus charlas con el nombre de un autor clásico al que agregaban el ismo correspondiente, por lo menos para ellos, quedaba registrado, históricamente una nueva tendencia, generación, escuela... Esta profusión de opúsculos creo que, en parte, ha motivado la situación que he querido comentar. La regulación de estos altos valores y la clarificación de algunos de ellos separándolos de las circunstancias históricas y sociales en que se han visto envueltas es, a mi parecer el reto que tiene marcado este siglo XXI, en su actividad literaria.

¿Hasta dónde debería llegar, pues, la responsabilidad del poeta?
        Es una pregunta difícil de contestar. El listón es él quien tiene que situarlo y su entorno quien debe juzgar si el salto ha sido dado con limpieza. ¿Algo más? Temo caer en la divagación, pero... Se dice—Dios me libre de caer en la especialidad crítica—que cuando el ser natural empezó a cobrar forma humana, para ayudarse en el esfuerzo de transportar cosas pesadas o soportar largas caminatas, empezó a emitir unos apagados y rítmicos sonidos guturales que le ayudaban a dar un paso más y después otro y así... Con el tiempo, estos sonidos primitivos convertidos en voces, cada vez más distintas entre ellas, pero sin perder el ritmo, fueron hilándose naciendo de esta manera el canto, origen indudable de la poesía al llegar a su mayor edad y poder prescindir de la tonalidad sobre la que se apoyaban.
        Desde entonces hasta ahora, cuantos himnos de victoria, cuantas lamentaciones de tristeza, cuantos versículos religiosos de imploración, cuantas expresiones de amor, cuantas entonadas explosiones revolucionarias han encontrado en ella, en la poesía, diversamente manifestada, su sostén. La duda surge en si esta belleza expresiva de que hablamos se deriva de los acontecimientos citados o fue ella quien los provocó. ¡Cuidado! No conviene adelantar opiniones que apunten a la suposición del disparate. Si una arenga vibrante y oportuna es capaz de lanzar voluntariamente a unos hombres al combate sin pensar si es la muerte lo que les espera, por qué el tremendo atractivo d ela belleza hablada no ha podido iniciar o ayudar a que se produzcan algunos de estos acontecimientos, desde un incontenible arrebato de amor ante un poema lírico leído por el autor a su amada al escalofriante avance multitudinario en el que ha prendido, como un chispazo de justicia, ese poder del verbo hecho ira. Indudablemente, la poesía y sus valedores, los poetas, han tenido y tendrán siempre, en el campo espiritual de la vida, una indeludible y grave responsabilidad.
En fin..., no permitas que vuelva a extraviarme, atájame sin contemplaciones cuando abuse de esta indefensa actitud de la palabra.

En estos últimos años ha combinado su expresión poética con la publicación de obras en prosa. ¿De qué manera pueden separarse ambos espacios literarios?
¿Por qué esta pregunta? No hay manera se separar lo que no está unido. La prosa, incluida la prosa poética (Juan Ramón) se rige por sus normas y la poesía, incluidos los poemas narrativos (Alonso de Ercilla) lo hace por las suyas, y, más que difícil, es peligroso salirse de ellas.
¿No has tropezado nunca con algún libro de versos y que, al leerlo, si te has visto obligado, te haya dejado la impresión de un catálogo comercial?
Te repito que, aunque cubiertas ambos espacios por el manto de la estética, cada uno puede, o mejor, exige, vivir separado.

Ud., ha realizado agudas observaciones a través de sus cuentos, ¿la narrativa breve se presta más a expresar temas de nuestro tiempo?
Celebro que me hagas esta pregunta. Aunque todavía se cultiva la literatura infantil, aquella ingenuidad de «cuentos infantiles» ha pasado de moda, hoy esos niños a quien iba dirigida apenas aprenden a leer, saben lo que leen. Creo que el cuento en la actualidad se ha convertido en muestra de arte mayor. Aportando de este género sobre el que hablamos la faceta de relato que lo mismo puede ser histórico que legendario, eventual o, simplemente, un reportaje, el mismo no cabe ya en la fórmula en que todavía algunos pretenden encuadrarlo sino plenamente en el ensayo. El cuento para un crítico perspicaz, es un artículo al que se le ha suprimido el subtítulo genérico por temor a que el asiduo lector, no academicista, le cobre miedo de altura en el pensamiento o de oscuridad en la comprensión.
Si te paras en su análisis o lees con deleitada atención un cuento actual comprobarás que contiene una tesis: más simple o más complicada, más superficial o más profunda, pero que impide pasar la vista por él como un aperitivo literario. Precisamente aquí creo que está la dificultad de su creación y es que después de saltar la chispa, ya convertida en idea, a veces aparentemente pueril, hay que vestirla dignamente con el noble ropaje del interés o el voluptuoso de la amenidad.
No es fácil, no, cultivar este género con el respeto que merece. 

La crítica ha señalado en sus colecciones de cuentos una insistente preocupación por la forma ¿Hasta qué punto es importante ese recurso para Ud.?
No capto del todo el sentido de la palabra «forma» en el tono que tú la haces. Te refieres a la expresión gramatical o a una uniformidad de estilo que pueda convertirse en norma.
Sobre mi primera observación, sin rodeos de lengua, sí. He procurado siempre pulir las palabras y ordenar las oraciones hasta la máxima perfección que mi capacidad cultural permite, pero... ¡ojo! Siempre he creído y afirmado que existen dos formas de lenguaje: académica  y coloquial, ambas dignas del mismo y máximo respeto literario, aunque siempre apropiada cada una al tema que se desarrolla, a la persona que lo emplea o al público a quien va dirigida. No quisiera que se confundieran mis palabras y algo creyere que estoy distinguiendo dos grupos de actores. Cualquier persona que reúna las mínimas condiciones debidas puede y debe hacer uso de estas dos maneras de decir, lo que no concibo es que un orador en una conferencia de altura científica o filosófica, como genialidad, en busca de algún símil, intercale la zafiedad de algún chiste grosero, o que en nuestro sencillo lenguaje de comunicación ordinaria se llegara a la desproporcionada pedantería, para elogiar la obra de un artesano, de largarle el conocido alejandrino de Rubén Darío: «Que púberes...».
En cuanto a la segunda, reconozco que soy un escritor indisciplinado. No soy partidario de que el autor elija escuelas o tendencias, de eso deben encargarse los críticos en la actualidad y en el día de mañana, serenamente, los historiadores. Es tan difícil que una producción personal completa quepa en los límites de una de estas tendencias cuando, a veces, en un mismo poema o narración se pueden advertir muy claras estas diferencias a que nos referimos.
Otra característica es el humor, entendiendo éste como un aliviadero emocional que se extiende a toda clase de géneros literarios, ¿es otra de esas constantes en sus relatos?
La verdad es que me haces la pregunta en un tono que tú mismo la dejas contestada. A ella sólo puedo añadir un solo vocablo en el que se cierran todas las largas explicaciones que pudieran hacerse sobre este tema: sí.

En su obra El envés y la trama (1997) el misterio envolvía los ocho cuentos y, además, una cita del maestro Poe ilustra el libro. ¿mantiene viva esa conspiración para preparar el desenlace antes de que la pluma toque el papel?
Qué bella conspiración esa que me atribuyes preguntándome por su supervivencia. Daría algo porque fuera una realidad y en su caso merecería una especie de tratado para ser comentada. Si no temiera que tu duro juicio me tachara de pedante me atrevería a glosar o mejor plagiar con una pequeñísima y atrevida variación, la sentencia cervantina: «nunca la mente torció los trazos de la pluma ni la pluma se revolvió contra la idea».
Para cerrar este apartado de su narrativa breve, ¿Persiste aún esa idea de que el cultivo del cuento puede conducir inexorablemente a la santidad?
Al oírte he sentido casi un sobresalto. ¿Cuándo he dicho que el cultivo de la literatura (cuento o cualquier otra producción) puede llevar a la salvación? Y el caso es que además del sobresalto me has dejado pensativo.
Se dice que para llegar a la altura teológica—me parece anatema decir cumbre divina—hay tres escalas: la Verdad, la Belleza y el Bien. Tendría gracia que, como resultado de esta broma, descubriésemos que, por dedicarnos al que creíamos sencillo oficio de escribir, tuviésemos a nuestra disposición las dos primeras y, en ocasiones, la tercera.

¿Qué hay de sentido de la vida, del dolor, de diálogo con Dios, del paso del tiempo, de la muerte en el conjunto de su obra? ¿Y en qué medida?
Perdóname que, por una vez, no conteste debidamente tu pregunta. Sería entrar en un terreno difícil, digo difícil, no peligroso. Además, de hacerlo, hubiese preferido de mí, como autor, en lugar de hacerlo de mi obra. Bástete saber que en este campo, por encima de teorías, circunstancias y autoridades, mis ideas son radicales y, si cabe en ellas el adjetivo en el que duermo tranquilo y confiado, optimistas.

¿Sigue enamorándose estéticamente de los personajes que va creando y considerando esto un secreto particular suyo?
Oye, a la única persona a quien, en un rasgo de humor, hablé de este secreto fue a ti, hace bastantes años y no recuerdo con motivo de qué declaraciones, y ahora tú, como un pregonero me lo vas a vocear: ¡vaya faena!
Pues sí, sigo en mis trece viendo vivos a mis personajes o quien sabe si dándoles yo la vida. Con ello no hago otra cosa que igualarme a Pigmalión. Qué otra cosa hizo este rey, entre mítico y legendario—ya ves que no remiendo de viejo en mis comparaciones—que enamorarse de su obra, una estatua de marfil que iba esculpiendo, hasta quedar al final, unido a ella, enamorado. Antes de que llegue el Día del Juicio Final debemos comparecer todos en el Día del Sueño Final en el que cada ser humano dirá lo que quiso ser en la vida. Yo, si me ponen objeción a haber querido ser Tántalo...
Creo que los exegetas olímpicos interpretan equivocadamente este mito considerándolo sólo como un castigo interminable, cuando en realidad, superando el fondo legendario—al fin, eso, una leyenda—¿existe a o se concibe belleza mayor que la ansiedad, no orgánica sino mental, eternamente insatisfecha ¿Qué sería de un artista, de un pensador, que, en plena vida, viera su obra completa, terminada? ¿Qué haría después?
Te quería decir—me he ido por esos trigos de dios—que, de no haber sido Tántalo, me resignaría con ser Pigmalión.

Cuando esta entrevista se publique estaremos en el siglo XXI: Un deseo humano y un deseo literario ante una época tan repleta de nuevas perspectivas.
Tienes razón, aparte de tiquismiquis de si es o no comienzo del Milenio, su redondeo numérico es atrayente. Ciñéndonos nosotros a ese deseo de que me hablas—el otro, el humano, por su amplitud y altura queda para plumas más competentes o autorizadas—el reto que encierra el mismo, creo que te lo he dicho antes en otra pregunta, es la ordenación de toda la producción del pasado siglo para poder estudiarla debidamente clasificada por su concepto y estilo, y, junto a esto, el análisis de sus autores representativos, desnudos de circunstancias históricas y sociales.
Aunque no me lo has pedido, si quieres que este reto sea encauzado con criterio personal, pediría, con mi ingenuidad acostumbrada que, como parece que los avances científicos nos van a privar de la sonoridad o dibujo de la palabra que llegará el momento en que la idea, sin intervención de la lengua o la mano, quedará hablada o escrita en el medio que corresponda, que, al menos nos reserven una sola palabra para nuestro recreo espiritual: la pluma. No me refiero, como comprenderás, al objeto sino, además de su eufonía, al concepto que encierra y que durante siglos ha abarcado cuanto de bello ha podido contener esta etapa de expresión que, con un sentido natural parecía eterna y, sin embargo, está a punto de terminar.

* Esta entrevista se publicó en el año 2000, cuando afloraban los días del nuevo milenio y Diego Granados seguía cargado de proyectos poéticos y culturales propios. Pero lamentablemente nos dejó un 20 de diciembre de 2002, huérfanos los miembros restantes de Batarro de su magisterio, humanidad y entrega al mundo de la cultura.










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