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martes, 28 de julio de 2015

Ignacio Martínez de Pisón



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LA REPUTACIÓN LITERARIA DE MARTINEZ DE PISÓN


       La literatura ilumina ese sentido permanente y cambiante que le otorgamos a la identidad, ese sentido de permanencia que todos ansiamos, porque las personas cambian a lo largo de su existencia, le otorgamos la importancia suficiente al paso de los años, y comprendemos que una historia contada nos enseña como nuestra existencia es una simple tarea de resistir, pese a las múltiples derrotas que arrastramos a lo largo de nuestra vida. Y así ocurre en La buena reputación  (2014) la historia del matrimonio formado por Mercedes y Samuel, ella hija de un militar católico, y él un judío en la Melilla colonial, hombre de confianza del régimen franquista y líder de la comunidad hebrea en la ciudad, hasta que un día el mundo ordenado e idílico que vive Samuel se rompe, y entonces deberá replantearse muchas cosas, buscará con ahínco esa  “buena reputación”, y alejado ya de los dorados años vividos, descubrirá que ha vivido de espaldas a la realidad.
        Martínez de Pisón fabula sobre la Melilla de 1957, un lugar idílico donde acabada la Guerra Civil los judíos viven su existencia como siempre, y así lo hace Samuel, miembro importante de su Consejo Comunal, bien relacionado con las autoridades civiles y militares, y orgulloso de haber sido aceptado como socio de la Hípica, aunque a veces detecta que los elogios de la comunidad judía encierran una recriminación, o tal vez una burla. Su negocio en Melilla con intereses en Málaga va bien, le permiten un nivel de vida más que desahogado. Desde el principio en el matrimonio formado por Mercedes (católica practicante), Samuel (judío) y sus dos hijas, Miriam y Sara, ha quedado perfectamente establecido que el hogar se regirá por las creencias de la esposa, con alguna mínima concesión a la religión del marido. La vida transcurre felizmente, la familia celebra dos fiestas de Año Nuevo, la católica y el Rosh Hashaná, y asisten gentiles, mujeres que fuman y los hombres beben más de la cuenta, pero sus hermanas Rebeca y Esther, judías estrictas, siempre se quejan de la relajación religiosa del hermano. De forma periódica, y con la disculpa de negocios, Samuel hace una visita a Tetuán, donde lleva una segunda vida de la que Mercedes no sospecha nada. La inminente desaparición del protectorado de Marruecos y cómo afectará la independencia al norte de África se une a la incertidumbre para los judíos que residen en la pequeña colonia, al tiempo se habla del recientemente creado estado de Israel y la dificultad de llegar hasta él. Un día este mundo ordenado e idílico se rompe y Samuel deberá replantearse muchas de las cosas de su vida futura. Mercedes, una mujer posesiva, dirige la vida de todos con mano de hierro, les obliga a seguir el camino marcado para cada uno, indiferente al dolor que pueda ocasionar, incluso tras su muerte dejará amarrados a sus descendientes, siempre esclava de “la buena reputación” no descansa ni al final de sus días. Miriam, la segunda generación, está acostumbrada desde niña a ser tratada con condescendencia, anulada y en segundo plano tras su hermana mayor, Sara, a la que todos admiran, incluso en su madurez sigue siendo una mujer insegura; intenta contentar a todos, fundamentalmente a su madre, se casará con el primero que se lo pide: Ramiro, un hombre sólido y consistente, y tendrá dos hijos gemelos, Daniel y Elías. Aparentemente todo va bien, y cuando se le presenta la oportunidad de triunfar, no logra su propósito. Elías, la tercera generación, está convencido de su vocación religiosa, duro e intransigente con las debilidades ajenas, como el resto de su familia vivirá grandes cambios, crecerá a pasos agigantados en una época de incertidumbre y contradicciones, una sociedad que augura grandes transformaciones, y su vocación teatral interferirá con los planes que su abuela contempla para él. Daniel ha vuelto a Melilla obligado por las decisiones tomadas por su abuela, al contrario que Elías nunca tuvo inquietudes místicas, irresponsable aunque simpático, amigo de las juergas y del alcohol. La pequeña ciudad le parece una cárcel, y el trato con sus tías las viejas judías, penoso. Un suceso brutal le hará descubrir otro mundo, otra realidad, que le llevará a implicarse en una causa que él considera justa.
        En esta novela el lector vive no solo la vida de los integrantes de esta familia, abuelos, padres y nietos, y se acostumbra a conocer el mundo que se cierne sobre ellos, o los cambios ocurridos en este país en treinta años porque Martínez de Pisón realiza una pequeña crónica de Melilla, Tetuán, Málaga, Zaragoza y Barcelona, mezcla realidad con ficción, el incendio del Hotel Corona de Aragón, y noticias relacionadas con las colonias en el norte de África; sino que reflexionamos si esta no es la misma historia de otras muchas familias con las que muchos hemos convivido durante años y, una vez más, sentimos ese deseo de volver a preguntarnos, de volver al pasado para perdonar y finalmente, también ser perdonados por las diferentes actitudes tomadas. 












Ignacio Martínez de Pisón, La buena reputación; Barcelona, Seix-Barral, 2014.

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