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lunes, 11 de junio de 2018

Virginia Woolf


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      Momentos de existencia: Kew Gardens y otros cuentos, de Virginia Woolf, ilustrados por Elena Ferrándiz


      
   Las tres historias que componen el pequeño volumen, Kew Gardens y otros cuentos (2017), podrían ser consideradas y calificadas como historias de soñadores o de paseantes solitarios que observan su entorno como quien admira un cuadro. Y estos textos de Virginia Woolf, cien años después, nos implican como lectores curiosos, nos interrogan y nos fascinan, con la sutileza de una literatura que no envejece. Una fantasía romántica hecha de fragmentos, “Kew Garden” o una historia de fantasmas, “Una casa encantada”, y finalmente las intermitencias de “La marca en la pared”, esa extraña mancha que adopta cuantas formas quiere y ve en ella el narrador, y será quien empiece a tomar distancia de sí mismo, como cuando se imagina estar frente a un espejo roto.

Los cuentos
       Breves, de gran belleza literaria, y de un tono diferente entre sí, muestran la cualidad de la escritora para dotar de los más diversos matices a sus obras. “Kew Gardens”, el primero, que toma el título para esta breve recopilación, está ambientado en el jardín botánico de Londres del mismo nombre, y a través de una voz omnisciente en tercera persona, conocemos las conversaciones anónimas de varios paseantes, su manera distinta de recordar los acontecimientos vividos, la desmemoria de un anciano, o el movimiento lento de un caracol, en un caluroso día de verano. La narradora ha sido capaz de describirnos las sensaciones de estos personajes anónimos cuando leemos este cuento, y resultan tan acertadas que somos capaces de observarlas como ese espectador que nos permite cierta indolencia, meros observadores anónimos en medio de un jardín.



       El segundo cuento, “Una casa encantada”, que podríamos clasificar de clásico o tradicional, cuenta una historia de fantasmas y de una casa encantada, como indica el propio título, y nos habla de la visita de unos espectros a un hogar habitado por una pareja y relatado, quizás, por la mujer que habita en la casa. Resulta un cuento muy dulce y sutil a pesar de que nos hable sobre fantasmas, porque en realidad la historia girará en torno al mundo del amor. 

       El tercero y último, “La marca en la pared”, es quizás el cuento donde mejor se reconoce el estilo de Virginia Woolf puesto que reproduce un monólogo en primera persona, y gracias a la observación de una marca en la pared se iniciará un soliloquio sobre la evolución del pensamiento, la naturaleza o la religión; todo un exquisito discurso por la sutileza que emplea la narradora y por su agudeza de ingenio.

       Los tres cuentos considerados como fantásticos por Jorge Luis Borges, y quizá calificados de únicos o extraños. Relatos que rarifican la realidad, la amplían o cuestionan, desde la perspectiva inconforme de un narrador, como esa tercera persona en “Kew Gardens”, mediante un paisaje que configura una atmósfera de ensueño; o “Una casa encantada” que invita a auscultar varios planos de la realidad y a confundirnos en ellos de manera inquietante, y  finalmente “La marca en la pared” un monólogo que nos envuelve en una larga divagación, a propósito de un ínfimo detalle que activa la mente del narrador.

       Un añadido a los textos de Virginia Woolf, las delicadas ilustraciones de Elena Ferrándiz, que de alguna manera provocan que esa sensualidad sea captada por nuestra retina, otro pequeño placer acerca del mundo de Bloomsbury.






Virginia Woolf, Kew Gardens y otros cuentos; ilustr., de Elena Ferrándiz; trad., de Magdalena Palmer; Barcelona, Círculo de Lectores/ Nórdica, 2017.


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