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miércoles, 4 de abril de 2018

Los olvidados



LA SAGA/FUGA DE TORRENTE BALLESTER

       El cervantino Gonzalo Torrente Ballester, el autor de Off-Side, La saga/fuga de J.B. o Los gozos y las sombras,  hubiera cumplido 100 años este verano, disfrutando de los gozos y de las sombras, de algunas de sus novelas más emblemáticas.

  
       Gonzalo Torrente Ballester hubiera celebrado su centenario en el verano de 2010. Sin duda, un acontecimiento, porque el narrador gallego, nacido en Serantes, el 13 de junio de 1910, hubiera disfrutado del reconocimiento que tanto se le resistió a lo largo de su vida. Narrador, articulista, ensayista, dramaturgo, según destaca Sanz Villanueva, y posterior crítico teatral, Torrente tiene todo el perfil de un escritor polifacético. Desde su juventud y pese a su miopía, Torrente Ballester, resultó un lector inquieto y voraz, que en sus inicios leyó a Nietzsche y Spengler, y tras unos primeros contactos con las vanguardias a los principales autores del momento, Joyce, Proust, Unamuno, Ortega y Gasset y, posteriormente, a Poe, Baudelaire y Mallarmé. Estudió Bachillerato en La Coruña, no consiguió entrar en la Marina por su enfermedad ocular, se matriculó libre en la Universidad de Santiago de Compostela y, poco después, por motivos familiares se trasladó a Oviedo, donde se matriculó en Derecho. Allí iniciaría sus colaboraciones periodísticas, pasó por Madrid, frecuentó la tertulia de Valle-Inclán, inició estudios de Filosofía y Letras, volvió a El Ferrol, donde impartió clases de Latín, Gramática e Historia, y se casó con Josefina Malvido, se licenció en Historia y consiguió, en 1936, una plaza de profesor auxiliar de Historia Antigua en la Universidad de Santiago. En París le sorprende el estallido de la guerra civil y, tras dudarlo, se decide volver en octubre con su familia. Según, Sanz Villanueva, «fue uno de los teorizadores falangistas que trataron de imponer una estética literaria propia del fascismo español». Siguiendo la recomendación de un sacerdote, se afilió a la Falange, y en 1937 conoció en Pamplona a Ridruejo y al resto de intelectuales falangistas del Grupo de Burgos, Laín Entralgo, Rosales, Vivanco y con ellos empezaría a publicar sus primeros textos dramáticos y otros de corte propagandístico. En realidad, como insiste Sanz Villanueva, hablaba de un «modelo de épica nacional, hazaña» que celebrara la «liturgia del Imperio», logro escribir piezas alegóricas y abstractas que ni siquiera se representaron.



       En 1940 consigue una plaza por oposición a enseñanza media en Ávila, aunque permanecerá en Santiago. Comenzó a publicar en la revista Vértice, en 1941 intervino en la fundación de la revista Escorial, junto a los ya conocidos, Ridruejo, Vivanco, Rosales y el resto del grupo. Se traslada a Ferrol, donde enseñará en el instituto Concepción Arenal. Torrente se caracterizó por una afanosa búsqueda del éxito en la literatura que, sin embargo, le llegaría muy tarde, precisamente, a través de la televisión, con una trilogía que había publicado a finales de los cincuenta y que tituló, Los gozos y las sombras (1957-1962). Algunas de sus obras escritas durante estas décadas de la postguerra no encontraban editor, otras permanecieron olvidadas durante mucho tiempo, caso de Ifigenia (1949) o Javier Mariño (1943), quizá, también, por la férrea censura. Colaboró asiduamente con guiones en el cine español, sobre todo con José Antonio Nieves Conde. En 1947 ya estaba instalado Madrid e impartía clases de Historia Universal en la Escuela de Guerra Naval y aquí asiste a las conferencias de Ortega y Gasset y comienza su andadura como crítico teatral en el diario Arriba. Antonio Iglesias Laguna en, Treinta años de novela española (1970), escribe que «Torrente Ballester tuvo desde el primer momento la lucidez mental de intentar una narrativa densa y misteriosa que se conjugase, en lo argumental y anecdótico, con lo más granado de la tradición realista».
       Juan Luis Alborg publicaba sus dos volúmenes de Hora actual de la novela española (1958 y 1962) y en el segundo le dedicaba un amplio capítulo a Gonzalo Torrente Ballester, de quien destaca su dedicación periodística y teatral, y se queja de su poca atención como novelista hasta la concesión del premio March a su novela, El señor llega (1957), primer volumen de la trilogía apuntada. Destaca Alborg sus dos primeras novelas publicadas, Javier Mariño (1943) y El golpe de estado de Guadalupe Limón (1946), obras que, según el estudioso, habían caído en el olvido frente a una desaforada fama tanto de La familia de Pascual Duarte (1942) y de Nada (1944). Su comentario es el siguiente: «De la existencia de Javier Mariño da la impresión de que no se ha enterado nadie. Leyéndola ahora, con una perspectiva y conocimiento que, sin petulancia, creo que puedo estimar como suficiente, me atrevo a afirmar que Javier Mariño está en muchos aspectos bastante por encima de aquellas dos novelas: por sus calidades literarias y humanas tanto como por la densidad de su contenido». Torrente sitúa la historia en París, a raíz de la guerra civil española y cuenta como el protagonista se enamora de Magdalena, aristócrata comunista; en la segunda parte, la pareja se convierte al catolicismo y después deciden volver a España, en mitad de la guerra civil. La crítica, en general, la ha tachado de gran peso ideológico, tiene los grandes defectos de una obra primeriza. Abarca temas como la religión, el amor y la política, por su fecha de publicación, cabría encuadrarse dentro del realismo existencial. Sin embargo, su siguiente novela, El golpe de estado de Guadalupe Limón (1946), ofrece perspectivas mayores, una historia de amor y de intriga contada a través de la rivalidad entre dos mujeres. Proyecta una visión crítica y, sobre todo, es un relato anti-mítico, aspecto que ensayaría el autor en otras obras. Ocurre con Ifigenia (1950), novela que recrea el mito clásico y muestra, con otra obra posterior, La princesa durmiente va a la escuela (1950), su pesimismo tras la Segunda Guerra Mundial, pero cuya temática chocaría con el tremendismo de época. Según señala, María Dolores Asís en Última hora de la novela en España (1996), «La hasta ahora la producción de Gonzalo Torrente Ballester no obtuvo una atención suficiente, ni del público ni de la crítica, como para que se afianzara su vocación de escritor. Sin embargo, algo le empujó a escribir la trilogía Los gozos y las sombras, con la que comenzaría a ser un novelista discretamente leído». En 1963 publica Don Juan, en realidad, una reinterpretación mitológica, aunque subjetiva, personal y heterodoxa, que se presenta como un análisis intelectual de toda una rebeldía.  Y, una vez más, se acoge a la técnica realista, cercana al objetivismo, en Off-Side (1969), situada en el Madrid contemporáneo, donde el autor quiere manifestar que el individuo es fruto de las circunstancias y del ambiente. A través de pequeñas secuencias, el narrador deja hacer y hablar a sus personajes. Una extensa novela, en la que una prostituta intelectual resume uno de los personajes más humanos, sinceros y doloridos, jamás creados por Torrente. En ninguno de los dos casos, recibiría el narrador el favor de la crítica o del público, y a partir de ese momento se volcaría en la escritura de la obra que, unos años más tarde, lo consagraría como novelista puesto que su papel como crítico indiscutible ya lo tenía gracias a Panorama de la literatura española contemporánea (1956) y Teatro español contemporáneo (1957). Sin embargo, La saga/ fuga de J.B. (1972), una divertida fábula situada en un imaginario pueblo gallego, conoció un éxito clamoroso y, además, los premios Ciudad de Barcelona y de la Crítica. Fue el momento más oportuno para Torrente Ballester, porque en esos momentos, de la mano de la literatura hispanoamericana, se reivindicaba la imaginación y, sobre todo, se abrían nuevos caminos para la experimentación. Sanz Villanueva ha señalado, a propósito de la novela, que «entre los aspectos destacados de la concepción narrativa de la obra no pueden olvidarse sus recursos imaginativos, su problemática intelectual, su fantástica concepción del espacio y del tiempo, sus variados registros técnicos, su reivindicación del humorismo, su desenfadado empleo de los mitos...». Inaugura, por consiguiente, este libro una nueva etapa de Torrente Ballester que, sin duda, recoge mucho de su anterior obra narrativa y así, Fragmentos del Apocalipsis (1977) y La isla de los jacintos cortados (1980), sin formar un plan unitario con la anterior, guardan una evidente relación.


El éxito
       A finales de los 50 Torrente Ballester emprende una serie de novelas que poco o nada tendrían que ver con sus anteriores, tanto por el tema como en el tratamiento narrativo, una trilogía o ciclo novelístico que reunirá bajo el título Los gozos y las sombras. Por orden de aparición, el primer volumen sería El señor llega (1957), una novela intelectual, pesimista y acre, aunque con un tono humano notable, la siguiente, Donde da la vuelta el aire (1960), ahonda en la psicología de los personajes y La Pascua triste (1962), que según testimonia Iglesias Laguna, supera la dos anteriores, resume la historia de las vicisitudes humanas de Deza y Salgado. Un tipo de relato tradicional, casi decimonónico, de reconstrucción y ambiente histórico-social, con un firme valor testimonial y con un lenguaje bastante más fresco de lo habitual, un importante empeño para la época. La fortuna le sonrió al novelista gallego cuando entre marzo y junio de 1982 se emitió la serie completa en TVE, adaptada por Jesús Navascués y dirigida por Rafael Moreno Alba. Los trece capítulos fueron supervisados por el propio autor y, aunque habían pasado veinticinco años de su publicación, el éxito editorial posterior fue espectacular.  


       Lo individual y lo social se entremezclan a lo largo de toda la trilogía, cuya acción se sitúa en Pueblanueva del Conde, una villa imaginaria, cerca a las rías gallegas, entre 1934 y 1936, en los albores de la guerra civil, y cuenta el enfrentamiento entre un médico, Carlos Deza, y un rico industrial, Cayetano Salgado, que simbolizan dos concepciones de la vida: el prestigio personal, frente al poder del dinero. En realidad, Torrente quiso ofrecer un fresco del estado social y cultural de un sector de la población gallega, además de esas opciones, políticas sobre el pasado y el futuro de la modernidad, donde abundan los conflictos de tipo particular y colectivo. Antonio Vilanova en Novela y sociedad en la España de posguerra (1995), sostiene con respecto a El señor llega, que «se trata de una novela concebida y escrita deliberadamente al margen de las tendencias (de la época), más con arreglo a los procedimientos narrativos de la novelística tradicional, que de acuerdo con las nuevas técnicas al uso de presentación escueta y objetiva de los hechos». Con respecto a los personajes que se sucederán en las siguientes entregas, Vilanova habla de los que «poseen mayor humanidad y una más auténtica vida, son las deliciosas figuras femeninas que rodean al protagonista, desde la despótica, inteligente y altiva doña Mariana, a la sumisa y enigmática Rosario, y a la sensual y apasionada Clara, sin olvidar a la devota Inés y la desdichada doña Lucía».
       A partir de un merecido reconocimiento público y crítico, su obra adquiere, finalmente, dimensiones voluminosas, la popularidad de Torrente le lleva a una fecundidad extrema y en poco años dará a la imprenta una auténtica extensa lista de obras tanto ensayísticas/y periodísticas como narrativas: Cuadernos de La Romana (1975), Nuevos cuadernos de La Romana (1976), Cotufas en el Golfo (1986), Torre del aire (1992) y Memorias de un inconformista (1997), recopilaciones de sus colaboraciones en prensa; otras, son páginas ensayísticas o memorias literarias, Los cuadernos del un vate vago (1982), ensayos, El Quijote como juego (1975), o Ensayos críticos (1982). Y nuevos títulos, de orientación fantástica, muy imaginativos, Dafne y ensueños (1983), La princesa durmiente va a la escuela (1983, aunque escrita hacia 1950), Quizá nos lleve el viento al infinito (1984), La rosa de los vientos (1985), Yo no soy yo, evidentemente (1987), Filomeno, a mi pesar (Premio Planeta, 1988), Crónica del rey pasmado (1989), Las islas extraordinarias (1991), La muerte del Decano (1992), La novela de Pepe Ansúrez (1994), La boda de Chon Recalde (1995), y un relato juvenil póstumo, Domenica (1999).


       Santos Sanz Villanueva constata la gran variedad de procedimientos y de asuntos en la narrativa de Torrente Ballester que, al final de su vida, tiende hacia un relato culto, con tendencia a la digresión; se plantea, cómo explicar la existencias desde moldes que escapen del puro testimonio, un ideal que alcanzaría en su celebrada La saga/fuga de J.B gracias a un relato culto, lúdico y digresivo, donde concede un lugar importante a la pura invención. Y añade que las novelas del gallego son cervantinas por su matizado humorismo y su gusto por contar historias amenas. En 1985 recibió el Premio Cervantes, en 1987 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, en 1988 por la de Santiago de Compostela, y de La Habana, Caballero de Honor de las Artes y de las Letras de la República de Francia, Caballero de la Orden de Santiago de la Espada (Portugal), finalmente, falleció el 27 de enero de 1999 en Salamanca, y fue enterrado en Serantes, mientras se oía, «Negra sombra» en la gaita de Carlos Núñez.

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